Brico-zombi. Cómo inventarse zombis para tus historias

Los relatos de zombis están viviendo una especie de segunda edad de oro. Hay un revival del género y ahora los muertos vivientes inundan pantallas, libros, cómics, y demás. En la blogosfera también abundan las opiniones al respecto. Hace poco comentaba aquí mi particular visión del fenómeno zombi.

Si estáis pensando en hacer alguna historia (un corto, un relato…) de este tipo y apuntaros a la explotation antes de que se pase la moda, aquí tenéis algunas variables a tener en cuenta de cara a definir las características de vuestros zombis. Así, en plan ficha de rol. En función de cómo construyas a tus zombis, tus historias variarán en cuanto a acción, intriga, tragedia, etcétera.

¿Zombis que corren o zombis que andan?

Lo primero y fundamental es decidir si tus zombis serán de los que corren a lo sprint o por el contrario son de los que andan. ¿Que por qué es importante? Anda, mira:

Si son zombis que corren la historia estará más orientada a la acción (y lo suyo es que la historia en cuestión sea una peli o una serie para sacarle partido a esta característica). Los protagonistas correrán mucho más peligro y cada escena de confrontación entre humanos y zombis será de máxima tensión. Claro que la tensión hay que saber dosificarla, y si los zombis representan una amenaza tan grande habrá que repartir el número de ataques, y quizá la cantidad de zombis en cada ataque.

¿Cómo son de contagiosos?

La nueva hornada de historias de este género describen a los zombis como seres afectados por una enfermedad… contagiosa. En primer lugar, debes decidir si los zombis de tus historias contagian su maldición o se limitan a devorar cerebros. Y si no son contagiosos, deberás encontrar una razón para su existencia.

Pero asumiendo que serán de los que transmiten eso de ser zombis a otros humanos ¿cómo lo hacen? ¿Deben matar a la víctima para que el contagio sea efectivo o los vivos acabaran por convertirse? ¿Tienen que morder, arañar…? ¿Puede haber contacto entre los protagonistas y los zombis (agarrones, etcétera) sin peligro de contagio? ¿Las salpicaduras de sangre o saliva de zombi también pueden contagiar? ¿Sigue habiendo peligro de contagio una vez te los has cargado? Dependiendo de las respuestas las escenas de acción variarán, desde las que los personajes puedan salir indemnes de situaciones apuradas a los contagios más estúpidos porque te salpica una gota de sangre en el ojo como en 28 días después.

¿Qué hay que hace para matarlos?

Otra variable a tener en cuenta. Por lo general, para acabar con los zombis hay que ir a la cabeza: un disparo o un buen golpe en el cráneo, que además eso da pie a una escena con su punto de gore y eso es muy socorrido en el género.

¿Pero cuánto pueden aguantar hasta el golpe o tiro de gracia? ¿Pueden perder miembros como brazos y piernas y seguir dando guerra? ¿Podrían seguir andando (a ciegas) si se les decapita? ¿Se debilitan o mueren si no se alimentan durante un tiempo? Hasta que los protagonistas de tu historia averigüen estas cuestiones, tienes garantizados un par de sustos. Nada más efectivo (y efectista) que un zombi cortado por la mitad que de repente se lanza a por un personaje despistado. O en cualquier caso, te puedes echar unas risas con los zombis lisiados, al estilo de las parodias de The Walking Dead.

¿Qué nivel de fuerza / inteligencia tienen?

No se trata de darles una puntuación numérica como si esto fuese Dungeos & Dragons, pero casi. La fuerza e inteligencia de los muertos vivientes determinará las estrategias de los protagonistas para ponerse a salvo o intentar huir hacia un lugar seguro.

La fuerza de los zombis varía mucho de un relato a otro, y suele ser un poco ambigua. No tienen fuerza sobrenatural pero pueden desgarrar la carne humana con las uñas. ¿Pueden hacer eso tus zombis? ¿Quién ganaría en un forcejeo entre un zombi y un humano? ¿Cuántos zombis harían falta para derribar una puerta o alguna barrera (tipo alambrada o muro improvisado)?

En cuanto a la inteligencia, los zombis se guían por instinto y pensar no suele ser lo suyo. Aún así ¿pueden resolver problemas sencillos como abrir puertas o sortear obstáculos? ¿o por el contrario siguen andando como idiotas contra la pared? ¿Puede utilizar herramientas simples para ayudarse? ¿Son capaces de coordinarse o ayudarse entre ellos? ¿Serían capaces de detectar engaños, de aprender de sus errores, etc.?

Cuanto más fuertes e inteligentes sean tus zombis, peor lo pasaran los personajes humanos. Y más sufrimiento (o diversión? para el lector/espectador de tu historia.

¿A qué estimulos reaccionan?

Parece una tontería, pero en cada historia de zombis, éstos se guían por unos sentidos u otros, y eso influye en su comportamiento. Y por tanto, en las estrategias de tus personajes una vez se den cuenta de eso.

Por lo general los zombis se guían por el instinto de supervivencia y su necesidad de alimentarse. Para encontrar comida, algunos zombis tiran de olfato, otros se guían por la vista, y algunos son más sensibles al oído. Y tus zombis ¿se les puede engañar cubriéndote de entrañas de zombis para burlar su olfato como en The Walking Dead? ¿son prácticamente ciegos y en cambio reaccionan a los sonidos como en High School of the Dead?

Estas preguntas te permitirán diseñar escenas de tensión de cara a sortear hordas de zombis contra las que es imposible un enfrentamiento abierto.

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Hemos hablado de las características de los zombis. Para construir la historia hacen falta muchos más elementos a tener en cuenta: los personajes, el tono de la historia, el trasfondo, el mensaje que se quiere transmitir, etcétera. Si este artículo tiene buena acogida, a lo mejor soy bueno y hago una segunda parte explicando estos aspectos. Así que ya sabéis, comentad, retuitead, compartid en redes sociales, votad en agregadores de noticias y en general difundid el artículo 😉

Mucho zombi y poco extraterrestre

Hace unos días, Wortex preguntaba en Twitter sobre el auge que tienen hoy en día los zombies, mientras que otro género como el de los extraterrestres no vive su mejor momento que digamos. Le dejé una escueta respuesta en 140 caracteres diciéndole que cada género tiene sus ciclos de revival, pero que además, cada uno permite tratar un tipo de historias diferentes. Poco después, Wortex publicó este artículo en la web de La Parada de los Monstruos (de momento, estamos pendientes de la segunda parte) dando su punto de vista, con el que comparto muchas cosas. Pero claro, yo también estaba dándole vueltas al asunto y me pareció que daría para un buen post.

Como le dije a Wortex por Twitter, cada género se revitaliza cada cierto tiempo. En cualquier momento histórico dado, habrá un grupo dominante en las industrias culturales con unos rasgos comunes. Esos rasgos pueden ser simplemente demográficos. Y ese grupo tendrá referentes comunes a la hora de crear productos culturales. Dicho en otras palabras, la gente que dibuja cómics, escribe libros, dirige películas y programa videojuegos tiene una edad determinada, que se va renovando con los años (se van los viejos y entran los jóvenes), y a la hora de contar todas esas historias recurrirá a sus temas favoritos, posiblemente a lo que veía, leía, jugaba de pequeño. Por eso en los 80 había tanta moda de los 50 y hace poco hubo un revival de los 80. En parte, el género zombi ha resucitado porque los que ahora tienen ocasión de publicar y producir son los que de pequeños veían los films de George A. Romero.

Obviamente, la renovación demográfica no justifica por sí sola que ahora se pongan de moda los zombies. Las Industrias Culturales necesitan una renovación constante que no podría esperar a la década siguiente para renovar temáticas, historias y estéticas. Hay intereses comerciales y, en definitiva, si algo da dinero, surgirán productos en la estela de lo que triunfa, ya sean zombies, robots, o realities.

La ciencia-ficción es un género muy amplio, en el que los extraterrestres son sólo uno de los posibles enfoques. Un tipo determinado de ciencia-ficción estuvo muy de moda en los años 50 y 60, durante la carrera espacial. Cuando el espacio era un gran desconocido, resultaba creíble decir que podía haber vida inteligente en la Luna, en Marte, o en algún planeta pasado el Cinturón de Asteroides. Además, en un contexto de Guerra Fría contra los rusos, el enemigo estaba claramente identificado, y los extraterrestres simbolizaban muy bien la “amenaza exterior” (en este caso, la amenaza al sistema de vida capitalista y norteamericano).

Con los años, estas premisas se fueron haciendo obsoletas. La posibilidad de vida inteligente en el Sistema Solar está descartada, y los extraterrestres tendrían que venir desde alguna galaxia a miles de años luz, distancia poco conveniente de cara a la narrativa. La carrera espacial no tiene la ambición que tenía entonces (la idea de que el hombre visite Marte no tiene fecha a la vista). Y la Unión Soviética ya no existe, y el mundo es mucho más homogéneo en ese aspecto. La ciencia ficción hace ya tiempo que no mira a las estrellas sino a nuestra civilización, nuestra decadencia y nuestra tecnología: el cyberpunk. Les recomiendo este artículo de Iluminatus en la web de Viruete, especialmente la introducción.

El género zombie, en cambio, se adapta mucho mejor a las condiciones sociales de la actualidad. El enemigo ya no viene de fuera sino que nace de entre nosotros (con el revival, los zombies suelen serlo por contagio, como si se tratase de una pandemia). Y aquí coincido con Wortex: lo interesante del género no es huir de los zombies, que no tiene mucha complicación sobre todo si son zombies que andan y no que corren, sino el comportamiento de los supervivientes. Las nuevas historias de zombies plantean un escenario apocalíptico, en el que la población está diezmada y los grupos de supervivientes tienen que arreglárselas no sólo para mantener a raya a los muertos vivientes sino para subsistir en el día a día: encontrar comida, desplazarse, curarse de heridas y enfermedades… todo ello en un entorno en el que recursos como la energía eléctrica o el combustible se han agotado o están muy limitados.

Superada la primera fase de ponerse a salvo y buscar un lugar relativamente seguro, los supervivientes se enfrentan a la difícil tarea de empezar de cero en la sociedad. ¿Pueden mantenerse indefinidamente cazando y buscando comida o necesitarán organizarse para cultivar y criar animales? ¿Les conviene ir en grupos pequeños o unirse a grupos más grandes? ¿Cómo gestionar los recursos y tomar las decisiones: de forma democrática o estableciendo jerarquías de autoridad? ¿Qué hacer si otros supervivientes se convierten en una amenaza para lo poco que han conseguido reunir (comida, medicinas, armas, una porción de terreno donde se hayan establecido)? En una época en que el sistema económico se ha colapsado y estamos pagando las consecuencias, la persepctiva de tener que empezar de cero, aunque sea espantosa, tiene sus alicientes.

En resumen, el escenario pesimista de nuestro momento actual, en el que no existe un enemigo definido y corpóreo, sino una serie de amenazas etéreas (crisis, déficit…), hace que las historias de zombies nos resulten mucho más atractivas, frente a las aventuras de conquistas espaciales o de amenazas extraterrestres, más propicias en una época de optimismo y progreso.