Este blog pasará a ser un servicio de pago

AVISO: esta entrada la escribí un 28 de Diciembre, día de los Santos Inocentes. Se trata de una broma como ya hiciera otros años (1 y 2). En esta ocasión, he querido parodiar esos mensajes que circulan por e-mail cada cierto tiempo y que aseguran que Hotmail será de pago o que te van a cobrar por WhatsApp. Es cierto que me gustaría mudar este blog a un servidor propio y utilizar la versión instalable de WordPress. Lo haré algún día. Y cuando eso suceda, os avisaré con tiempo. Eso sí, el aviso lo haré alguno de los otros 364 días del año 🙂

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Llevamos mucho tiempo sin actualizar el blog, y la razón es que para el año que viene habrá una remodelación completa de esta bitácora que incluye varias modificaciones. En esencia, El Tahúr Manco dejará de ser un blog de WordPress y pasará a ser una web independiente de este servicio de blogging.

En primer lugar, habrá un cambio de dominio fuera de los subdominios de wordpress.com. Esto es lógico y no tendrá mayores consecuencias. La nueva dirección será más simple y fácil de recordar. Tan sólo tendréis que modificar el feed del RSS en el caso de que estéis suscritos al blog en Google Reader o algún servicio similar.

En segundo, habrá un cambio en el diseño. Al convertirnos en página web y no depender de las opciones de wordpress.com tendremos acceso a un número mayor de plantillas y además podremos modificar libremente el código. Hemos escogido un theme que está en línea con la imagen que queremos transmitir: moderna, dinámica, a la vez que sobria y amigable para el usuario. Además, está escrita en HTML 5 y es totalmente compatible con dispositivos móviles como smartphonestablets. Las primeras pruebas están dando muy buenos resultados. No en vano, se trata de una plantilla de pago. Esa diferencia se nota.

Y por último, el blog pasará a ser de pago. Más o menos. Podréis ver la portada del blog y los avances de los artículos (los llamados excerpts). Pero los artículos completos y otras muchas funcionalidades del blog sólo estarán disponibles para los usuarios registrados.

Nos ha costado mucho tomar esta decisión, y más aún en estos tiempos de crisis. Pero precisamente ahora es cuando debemos destacarnos del resto de bitácoras ofreciendo artículos y contenido de calidad en una interfaz que satisfaga las necesidades de cualquier tipo de lector: del que utiliza el PC de toda la vida y del que usa el móvil para leer el periódico. Todo esto ha supuesto una gran inversión de tiempo y dinero y por eso el blog será de pago. Era eso o cerrar el blog, como ya han anunciado mis compañeros de La Parada de los Monstruos.

Los usuarios podrán acceder a los artículos que deseen leer pagando un pequeño precio (seguramente será de 0,99€, como las canciones de iTunes). Pero la mejor opción será sin duda la suscripción, que permitirá el acceso a todos los contenidos así como a promociones y sorteos de todo tipo, descuentos, etc. Por ello, queremos premiar a nuestros lectores que hasta ahora nos han sido fieles. En breve recibirán una invitación por correo electrónico (para comentar es necesario dejar una dirección de e-mail, y las tenemos todas en nuestra base de datos). Si nos responden y confirman su subscripción por un año ahora, RECIBIRÁN SEIS MESES DE SUBSCRIPCIÓN DE FORMA TOTALMENTE GRATUITA. Estamos hablando de un descuento del 50%. Los que no hayáis comentado, aún estáis a tiempo de beneficiaros también de esta oferta. Podéis dejar comentarios en cualquier entrada del blog hasta el 31 de enero. Y no olvidéis avisar a todos vuestros contactos por correo electrónico.

Muchas gracias a todos. Muy pronto tendréis más noticias sobre la nueva web del Tahúr Manco.

Microsoft cierra Messenger: ahora sí es cierto.

Durante años, las cademas de e-mails avisando del cierre de Messenger han bombardeado cada cierto tiempo la bandeja de entrada de mis cuentas de correo. Durante años, me esforcé por desmentir ese tipo de bulos (1 y 2). Evidentemente, no ha servido de nada. Argumentos como “yo me limito a pasar la información” o “lo envío por si acaso esta vez es cierto” han sido la respuesta a mis quejas por estos e-mails. El tipo de gente que reenviaba correos donde se hablaba de Messenger cuando el nombre oficial del servicio había cambiado a Windows Live son los que luego presumen de enterarse mejor que nadie de las razones de la crisis o de lo que no dicen los medios de la Casa Real.

En fin, al menos a mí estas mentiras me valían unas cuantas visitas al blog cada cierto tiempo de gente que buscaba información sobre ese supuesto cierre de Messenger o la conversión de Hotmail en un servicio de pago.

Pues bien, ahora sí que es cierto. El cliente de mensajería instantánea Windows Live Messenger de Microsoft dejará de existir en 2013. En concreto, Messenger se integrará con Skype, el popular servicio de telefonía a través de Internet, que Microsoft compró el año pasado. Esta integración se completará el el primer trimestre del próximo año.

Y esta vez sí lo han anunciado oficialmente, en concreto en el blog de Skype. Y esta vez ha tenido repercusión en los medios oficiales, en multidud de portales tecnológicos, incluido TechCrunch por citar a uno de los muchos que se hace eco de la noticia.

Las razones de esta integración son estratégicas. Son dos servicios de mensajería instantánea, uno de voz y otro de texto, que tienen muchas funciones parecidas. Además, Messenger ya no es tan popular como antaño, y los usuarios están optando por otros servicios como WhatsApp, el chat de Tuenti (en el caso de España), o el propio Skype.

Pero el objeto de esta entrada no es analizar las razones de esta estrategia. Tan sólo pretendía ser una forma de avisar de que esta vez sí. Esta vez cierre Messenger. De verdad. Y ahora que es cierto, nadie está diciendo nada.

Y ya podéis dejar de mandar correítos de una vez.

La convergencia entre medios: algunos mitos de la Sociedad de la Información

El origen de muchos conflictos que tienen lugar hoy en día en torno a Internet, la descarga de archivos y demás, se remonta a finales de la década de los 80. Por entonces, las telecomunicaciones y los medios de comunicación (y por extensión las Industrias Culturales) tenían dos modelos claramente separados. Si algo tenían en común, es que los dos se estaban agotando: el mercado de las telecomunicaciones era un mercado maduro sin muchas posibilidades de expansión (pensad en el servicio de telefonía básica, que ya no podía ofrecer mucho más ni ganar más clientes), mientras que la radio y la televisión no podían exprimir más un modelo de financiación indirecta basado fundamentalmente en la publicidad.

En ese panorama, la digitalización de las redes de telecomunicaciones (no sólo Internet, también la telefonía, la televisión por cable, los satélites…) ofrece grandes ventajas a los dos sectores. Por un lado, las telecomunicaciones pueden ofrecer servicios de valor añadido, como los que ofrecería más tarde la telefonía móvil. Por el otro, las Industrias Culturales (televisión y radio, pero también la industria discográfica, y la del cine-vídeo) pueden aprovechar la compresión de la señal para distribuir sus contenidos a través de nuevos canales y encontrar otras formas de monetización (televisión a la carta). Se fragua la idea de la convergencia y los dos sectores acercan posturas al tener intereses comunes.

Junto a la idea de la convergencia, que se populariza en los años 90, se extiende también el concepto (no tan nuevo) de Sociedad de la Información, que pasará a convertirse en toda una ideología. La maraña de conceptos relacionados con la Sociedad de la Información (desde Aldea Global a Economía del Conocimiento) descansaban sobre la premisa de que las nuevas Tecnolocías de Información y Comunicación (TIC’s) no sólo suponían una reducción de costes, sino que eso conllevaría un aumento de la productividad. Todos sabemos lo productivos que somos ahora que tenemos que atender docenas de correos electrónicos al día.

Aquí es donde nos colaron el primer gol. Los entusiastas de la Sociedad de la Información aseguraban que esta reducción de costes permitiría un descenso en el precio de productos culturales, es decir, desinflar la burbuja cultural. El problema estaba en que el abaratamiento de costes se produjo fundamentalmente en la fase de re-producción y distribución de contenidos. Los costes de producción no bajaron. Es cierto que algunas tecnologías digitales (cámaras, software de edición) suponen un ahorro frente a sus hermanos analógicos. Pero el trabajo creativo que se requiere en este tipo de industrias no se puede automatizar. Podemos escribir novelas y guiones de películas en un ordenador, pero la idea se nos tiene que ocurrir a nosotros. Así, los costes de producción se mantuvieron y mantuvieron la inflación habitual.

Si habéis leído alguno de mis artículos sobre Industrias Culturales (1, 2), sabréis que en este sector los costes más altos son los costes de creación y producción. Lo que vale dinero de una película es rodarla, pagar a los guionistas, a los actores, y luego hacer una postproducción en condiciones. Lo mismo con los discos, o los programas de televisión. Los costes de distribución, en cambio, son costes débiles. Y los de re-producción (sacar más copias) ya eran costes marginales con los soportes físicos. Vale que esto es una generalización que se suele cumplir más bien en el caso de los grandes grupos multimedia (la estructura de costes de las Industrias Culturales hace que se busquen economías de escala), pero en cualquier caso, la reducción de costes de distribución no es suficiente para que los productos culturales se puedan vender por la mitad de precio, por ejemplo.

El otro mito que nos querían vender era el de la desintermediación. La bajada de costes haría que no fuesen necesarias las economías de escala y eliminaría las barreras de entrada (algunas de ellas artificiales) del sector cultural y de la comunicación. Pero al no bajar precios, y al entrar nuevos actores en escena (gente como Apple con su iTunes, o negocios como Netflix), las economías de escala no van a desaparecer sino al contrario. Las empresas existentes no van a renunciar así como así a su trozo del pastel. Se producirá, más bien, una re-intermediación, en la que los agregadores y facilitadores de contenido cobran una gran importancia. Ya no necesitas que te distribuya tu disco una multinacional, pero  si puedes vender tu canción en iTunes o que suene en Spotify, mucho mejor.

En este caos de perspectivas no cumplidas y nuevos contendientes con los que lidiar, las estrategias de estas industrias tomaran medidas que resultan absurdas y contradictorias. Así, los grandes grupos multimedia siguen apostando por controlar todos los canales de distribución para comercializar sus productos, y reunen la mayor cartera de derechos posibles para garantizar una gran oferta y cubrir todos los nichos de mercado, y de paso para “proteger los intereses de los creadores”, cuando en Estados Unidos todos los derechos pasan al productor (y en cualquier caso, las relaciones de poder entre grandes compañías y jóvenes creadores son muy desiguales e injustas).

Si has llegado hasta aquí, muchas gracias. Esto es una panorámica muy resumida y simplificada de la convergencia entre telecomunicaciones e Industrias Culturales. Pero en cualquier caso, espero que con este artículo seas consciente a partir de ahora de que tras el debate absurdo, estéril y reduccionista del tipo “internautas vs. entidades gestoras de derechos de autor”… tras ese debate, digo, hay un problema de fondo mucho más complejo y de mayor calado.

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Referencias:

  • Richeri, G. (1.994): La transición de la televisión. Bosch Comunicación. Barcelona.
  • Garnham, N. (2011): “De las industrias culturales a las creativas. Análisis de las implicaciones en el Reino Unido”, en Bustamante, E. (coord.): Industrias Creativas. Amenazas sobre la cultura digital. Gedisa. Barcelona.

7 preguntas (y respuestas) para entender lo que son las Industrias Culturales

Cuando se monta algún caco relativo a los derechos de autor a propósito de las descargas y demás, es muy común oír hablar a blogueros ilustres como Enrique Dans o David Bravo (muy separados ideológicamente, por cierto) de las presiones que ejerce la Industria Cultural, de que su negocio está obsoleto, etcétera.

Si sois lectores habituales del blog, sabréis que hablo con cierta regularidad de las Industrias Culturales. Sin embargo, me doy cuenta de que he explicado poco o nada el concepto en sí. Y es que el enfoque de las Industrias Culturales lleva ya muchos años (¡más de 30!) en escena, y creo que merece la pena explicar sus orígines y sus características para entender por qué ahora está pasando lo que está pasando. Porque sin ánimo de quitarles un ápice de mérito a los dos ilustres antes mencionados, creo que no abordan con suficiente profundidad, o lo hacen desde otra perspectiva, el enfoque de las Industrias Culturales.

No penséis por esto que soy algún tipo de talibán pro-SGAE. Llevo ya varias entradas que demuestran lo contrario (ejemplos 1, 2 y 3). El enfoque de las Industrias Culturales es, de hecho, una perspectiva crítica sobre este tipo de empresas. Espero que respondiendo a estas 7 preguntas entendáis un poco mejor qué son las Industrias Culturales y por qué tienen esa fama.

1.- ¿Qué son las Industrias Culturales?

Las Industrias Culturales son las industrias que generan productos intangibles derivados de creaciones simbólicas (composiciones literarias, canciones y música, relatos audiovisuales). Estas industrias aplican criterios industriales (valga la redudancia) como la división científica del trabajo o la producción en serie a sectores que en principio no son industrializables (la creación, la creatividad). Los productos generados por las Industrias Culturales (libros, discos, películas) pueden producirse y re-producirse de forma indefinida, a diferencia de las obras de arte “clásico” (cuadros, esculturas).

Como productos basados en la información, éstos tienen una función de reproducción ideológica y social, de ahí que Francia y su área de influencia (en la que se encontraba España entonces) tratase de regular estos sectores para protegerse de la aplastante superioridad de Estados Unidos. Estamos hablando de finales de los años 70.

2.- ¿A qué industrias podemos llamar “culturales”?

Tradicionalmente se han considerado Industrias Culturales a la industria editorial (libro), la fonográfica (discos), la cinematográfica (cine-vídeo); y los medios de comunicación (radio, televisión y prensa escrita). En la última década, algunos autores han considerado el videojuego, ya que posee las características de las Industrias Culturales.

En este artículo explico un poco la clasificación básica que se hace de las I.C. en dos modelos genéricos, y qué características los diferencian.

3.- ¿Por qué se dice Industrias Culturales, en plural?

La razón de que se hable de las Industrias Culturales en plural es que cada industria tiene su propia dinámica de producción, su estrategia de comercialización (los libros explotan ediciones rústicas, de bolsillo, etc, de un mismo título; el cine se proyecta en salas antes de salir en DVD y pasarse por la tele), o su modo de financiación (desde la financiación directa por la venta de ejemplares a la publicidad y los impuestos). En este artículo explico las dos principales categorías de Industrias Culturales, y cómo la digitalización ha afectado a sus modelos de negocio.

4.- ¿Cuales son las principales características de las Industrias Culturales?

Las I.C. reunen una serie de características que aunque se pueden dar por separado en otros sectores industriales, pero ninguna otra industria reúne todas las características de las Industrias Culturales. Estas características están muy relacionadas entre sí, y en gran parte derivan de la condición inmaterial de los productos culturales.

A diferencia de productos materiales como coches o teléfonos móviles, los productos culturales son siempre “prototipos”. Una marca de coches puede sacar un modelo nuevo mejorando las características de los anteriores (como el motor o algunas mejoras tecnológicas). Pero para los libros, discos y películas, siempre hay que empezar de cero. En algunos sectores hay más automatización y se pueden reutilizar siertos elementos (como los sets y decorados de las series y algunas películas), pero siempre habrá un componente artesanal “no industrializable” que exige volver a empezar desde el principio.

Eso provoca una incertidumbre en el consumidor al no poder saber de antemano si una película, libro o disco le gustará. El consumo cultural implica invertir tiempo y dinero, y eso es algo muy arriesgado sin saber qué es lo que va a ver, leer o escuchar; ni siquiera si se trata del nuevo disco de su artista favorito o de una nueva película de un reputado director. Como consecuencia, la demanda de productos culturales es aleatoria, ya que no se puede predecir con certeza el consumo (es más difícil de predecir que en otros sectores). Y esa demanda, además de caprichosa, es inelástica: tiene un tope. Aunque se disponga de todo el dinero del mundo (o se descargue todo lo descargable de Internet), el día tiene 24 horas, y la mayoría de la gente necesita además comer, dormir y, si puede, trabajar.

La fabricación de prototipos implica además una estructura de costes muy particular. Los costes fijos son muy elevados. Lo que se come el presupuesto de una película o un disco es su producción (y más si intervienen factores algo aleatorios como los cachés de actores y músicos). En cambio, los costes variables (la distribución, y eso en el caso de los soportes físicos) son reducidos. Los costes marginales, como la generación de nuevas copias, son casi nulos (en el caso de la TV o la radio, conseguir un nuevo espectador ni siquiera aumenta el coste). Con la digitalización de los productos culturales y la popularización de Internet, los costes de distribución y re-producción (las copias) prácticamente han desaparecido.

5.- ¿En qué se traduce eso?

Las empresas necesitan mitigar la incertidumbre de los consumidores para vender sus productos. De ahí que surjan intermediarios. No ya sólo el librero que recomendaba a los clientes uno u otro libro, sino la presencia de singles de adelanto en el caso de los discos, teasers y tráilers de películas, pases de prensa previos al estreno para que los críticos de cine informen de la calidad de las películas… incluso sellos editoriales especializados en determinados géneros como la fantasía o la ciencia ficción. A eso le sumamos una presencia intensiva de márketing y publicidad para promocionar los productos y poder generar demanda.

Pero además, la estructura de costes y el efecto catálogo (variedad de elección en los productos para que los éxitos compensen los fracasos) suele derivar en el desarrollo de economías de escala para ahorrar costes y maximizar beneficios. Para lograr esas economías de escala, es frecuente que se produzca una concentración tanto vertical (para controlar todos los estadios de creación cultural: creación, producción, distribución…) como horizontal (en la que se unen empresas de diferentes sectores, por ejemplo prensa y televisión, música y cine, etc). Se forman así lo que conocemos como grupos multimedia: conglomerados que tienen presencia en multitud de sectores culturales y medios de comunicación.

Estos grupos multimedia basan su hegemonía económica en el control de la distribución, y en la explotación de amplias carteras de derechos de propiedad intelectual (derechos de reproducción, de explotación, de copyright). Internet supone un medio para eludir el control sobre la distribución que tienen los grupos multimedia, simplemente porque la comunicación en red está diseñada para que la información llegue a su destino sin importar las barreras que se interpongan. De ahí la enorme presión que hacen, demostrando un profundo desconocimiento sobre la arquitectura de la red, su filosofía, sus objetivos iniciales… y en consecuencia sin ningún éxito.

6.- ¿Qué otras formas hay para denominar a las Industrias Culturales?

A lo largo de los años han surgido nuevas terminologías para designar a las Industrias Culturales, como Industria del ocio, Industria de contenidos, Industrias de contenido digital (ahora que hay tanta fiebre por Internet), Industrias de la conciencia… en algunos casos, los términos pueden usarse en singular o plural indistintamente.

Uno de los enfoques que está teniendo más fuerza es el de las Industrias Creativas, que a través del Reino Unido ha pasado a formar parte del discurso de la Unión Europea y la UNCTAD (en castellano, CNUCYD: Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio Y Desarrollo).

7.- ¿Qué diferencia hay entre unos y otros?

Una película es una película, da igual si hablamos de Industrias Culturales o Creativas. Pero los enfoques con los que se estudian este tipo de industrias son diferentes, y la elección de términos no es inocente, sino que obedece a intereses políticos o económicos para “arrimar el ascua a su sardina”.

La mayoría de estos conceptos se diferencian del de Industrias Culturales en que incluyen sectores cuyo valor cultural es escaso o nulo (como los parques temáticos en el caso de las Industrias del Ocio), o que se salen de esta tipología de productos inmateriales (las Industrias Creativas incluyen la moda o los juguetes en el saco).

También es frecuente que incluyan todo tipo de sectores, sin ningún criterio, siempre que respondan mínimamente a las características que las definen. Así se pueden argumentar volúmenes de negocio sorprendentes y la importancia de determinados valores (la información, la creatividad) para que así se pueda justificar la prioridad (y las subvenciones) de unas determinadas políticas sobre otras.

Por eso sigo prefiriendo el término Industrias Culturales, pero siempre respondiendo al enfoque original, ya que está mucho mejor estructurado y tiene un carácter más crítico.

Discurso de Álex de la Iglesia en la Gala 2011 de los Goya

No es que recuerde a todos los directores de la Academia de Cine, pero sin duda Álex de la Iglesia es el que más me ha convencido desde que pronunció su discurso en la gala del año pasado, sobre todo teniendo en cuenta la situación de las Industrias Culturales y las nuevas (o no tan nuevas) tecnologías de la información. Es decir, internet.

El discurso de ayer lo habréis visto a través de mil sitios (tweets, Facebook, etc), pero aún así quería dejarlo aquí. Comenzó con voluntad de unidad, y al principio pensé que se trataba de una bajada de pantalones en toda regla después de su desacuerdo con la Ley Sinde (y por extensión, con la Ministra de Cultura). Pero no hay que olvidarse de que antes de ser presidente de la Academia, De la Iglesia fue (y sigue siendo) director de cine. Su discurso era un guión que tenía un estupendo giro al comienzo del segundo acto. Fue cuando empezó a hablar de Internet.

Habló de internautas a los que llamaba ciudadanos, habló de crisis como proceso de cambio. Habló de la red como un mercado más al que había que conquistar, no perseguir. La cara de satisfacción de la Sinde al principio del discurso fue mudando en un rictus de incomodidad. Cabizbaja estaba la Ministra de Sanidad, Leire Pajín, y el resto de actores, directores y productores (Icíar Bollaín, Enrique Cerezo, Javier Bardem…) se mostraban serios, como si no les hiciera del todo gracia lo que decía Álex de la Iglesia. Éste habló en tono correcto pero muy serio, como queriendo decir “esto es lo que pasa, no me vengáis con monsergas”, al tiempo que dejaba claro que se iba y que le dejaran dirigir en paz, que es lo que a él le gusta.

Echaremos de menos a un presidente que ha intentado conciliar dos bandos que no están enfrentados en realidad y que quiso escuchar de verdad todas las posturas, y no sólo hacerse la foto. Os dejo con su discurso.

Diferencias entre cine de Hollywood y cine español: cifras

Las Industrias Culturales, pese a tener una serie de características comunes, poseen dinámicas de producción y consumo que las diferencian entre sí. El cine es tan peculiar como sus industrias hermanas. Una de las cosas que diferencia al cine de otras industrias culturales es precisamente que el cine nace como industria, aunque aquí en Europa no tardase en ser calificado de séptimo arte. No es que cuestione el valor cultural del cine, ni mucho menos. Simplemente quiero destacar el hecho de que mientras que la industria fonográfica o la industria editorial permitieron la difusión masiva de artes como la música o la literatura, en el caso del cine fue la industria (avances técnicos) lo que permitió la aparición de una nueva forma de contar historias (pronto quedó patente que la gran pantalla era mucho más que teatro grabado).

Ahora que la Ley Sinde ha levantado tanto revuelo y ha generado tantas oponiones, cabe preguntarse si los directores españoles esperan que esta ley ayudase a mejorar la situación de crisis endémica del cine español, si es que la Ley Sinde llegase a servir para algo en el tema de las descargas. Y es que, como bien dijeron en la desaparecida web Soitu.es, internet es el menor de los problemas del cine español. Hablar de los motivos por los que el cine español tiene pocos espectadores sería el cuento de nunca acabar. Pero en cuestión de producción, se resumiría en esto: si hemos dicho que el cine es una industria, en España lo que hay es una artesanía.

Los riesgos del negocio de las Industrias Culturales hacen que se desarrollen economías de escala y que haya una tendencia a la concentración de empresas. Esto es más que evidente en Estados Unidos, donde las grandes empresas cinematográficas (majors) existentes desde 1925 han permanecido con muy pocas variaciones hasta nuestros días(1). Alguna de las grandes ha sido relegada a la categoría de “mediana” (como la Metro Goldwyn Mayer) y otras han ido creciendo desde la nada hasta hacerse un huego entre las majors (claro ejemplo de Walt Disney). Dicho sea de paso, el aspecto clave del negocio está en el control de los canales de distribución, mientras que otros aspectos (creación, producción) se externaliza y es realizado por empresas subsidiarias o independientes.

Estados Unidos tiene una cuota de pantalla del 70% en España y en la mayoría de países extranjeros, salvo en zonas como La India, en la que su producción nacional tiene gran protagonismo (2). En EE.UU. las seis majors de cine se agrupan en la MPAA (Motion Pictures Asociation of America), que es la encargada además de otorgar la calificación por edades tanto de las películas como de sus tráilers, con independencia de si son filmes producidos por las majors o no. En su informe sobre las estadísticas cinematográficas de 2009 (en PDF) podemos ver algún que otro dato interesante. Por ejemplo, las cifras de producción (página 11), donde podemos ver que:

  • En 2009 se estrenaron 558 largometrajes en las salas norteamericanas, de las cuales:
  • 158 fueron producidos por las majors.
  • De esas 158 películas, 111 corresponden a sus largometrajes realizados en sus propios estudios.
  • Las otras 47 fueron cintas producidas por estudios subsidiarios (Dreamwokrs pertenece a Paraount, por ejemplo).
  • 400 películas han sido producidas por estudios fuera de la MPAA.

Aunque la proporción de largos de la MPAA con respecto al total es un poco reducida en 2009 (en 2005 se estrenaron 507 películas, 194 de la MPAA y 313 independientes; y en 2006, de los 594 estrenos, 204 fueron de la MPAA frente a 390 independientes), tenemos una media de 26-27 películas por compañía. Insisto, y eso en 2009: en otros años se alcanzaron medias de más de 30 filmes.

Y ahora nos vamos a España:

En 2009 se llegaron a producir un total de 186 largometrajes, una cifra que salvo casos puntuales ha estado en constante crecimiento. Cabe decir que producir no es lo mismo que estrenar en sala, y que de esos 186 largos, 51 son coproducciones, quedándose en 135 películas producidas íntegramente en España. ¿No está mal, eh?

Si nos vamos a las cuotas de pantalla, la cosa cambia. España ha llegado a tener en cartel 365 filmes en algún momento de 2009, lo que supone un 24,65% del total de películas exhibidas. En cambio, el cine español sólo consiguió el 15,89% de los espectadores y el 15,55% de la recaudación. Aunque en efecto hubo más películas norteamericanas en cartel (568, un 38,35% del total), los porcentajes de espectadores (70,75%) y de recaudación (71,57%) son mucho mayores proporcionalmente.

Vale, y ahora es cuando hablamos de artesanía y no de industria. Si consultamos las productoras que mayor recaudación han obtenido en 2009, vemos un ránking de 25 empresas, pero si sumamos el nº de películas producidas, nos sale un total de 119. Menos de 5 filmes por productora. Aunque en este caso no podemos hablar de medias. 12 productoras han entrado en el ranking con una sola película producida. Entre otras, Himenóptero S.L. en el 4º lugar, y El secreto de sus ojos, agrupación de intereses económicos, en la posición nº 15. La primera es la productora creada por Alejandro Amenábar a través de la cual financia sus películas; mientras que la segunda es una productora creada con el mismo fin (en este caso, producir El secreto de sus ojos). Es así como funciona el cine español: la película es una idea de una persona que en muchos casos la escribe, dirige y produce a través de una compañía creada a tal efecto. Así ocurre, que en este ambiente artesanal, una peli de Amenábar o una nueva entrega de Torrente hacen que la cuota de espectadores mejore con respecto al año anterior.

Así que os dejo un par de noticias alentadoras. La primera es que los grupos mediáticos españoles están empezando a meter dinero en el cine, y eso ha permitido que crezca el número de productoras que realizan más de 5 largos al año, como es el caso de Telecinco Cinema (1ª posición del ránking de productoras con mayor recaudación con 15 cintas), Antena 3 films (puesto nº 2 con 13 largos) o Mediaproducción (La Sexta. 18ª posición con 7 películas). Es decir, empieza a haber un poco de industria, aunque tenga que haber venido de fuera. La segunda es que este año se estrena Torrente 4 (y encima en 3D, que las entradas son más caras), así que volverá a subir la cuota de espectadores.

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Fuentes:

  • (1) Flichy, P.: Las multinacionales del audiovisual. Por un análisis económico de los media. 1982. Gustavo Gili. Barcelona.
  • (2) Álvarez Mozoncillo, J.M.: Cine: riesgos y oportunidades se equilibran ante el cambio digital, en Bustamante, E (coord).:Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación. Las industrias culturales en la era digital. 2003. Gedisa. Barcelona.

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ACTUALIZACIÓN (28/04/2011): Gonzalo Martín, que tiene conocimientos mucho más amplios que yo sobre las estructuras económicas y el funcionamiento del sector audiovisual, me añadía estas correcciones en un comentario a un artículo del blog de Kurioso:

Sobre tu artículo sobre las diferencias entre cine americano y español, te haría una observación sobre las productoras españolas acerca de el caso de la productora de El Secreto de Tus Ojos. No es el ejemplo del modelo que señalas: que se hacen productoras para una sola película es cierto, pero en este caso es por razones fiscales, para aprovechar los incentivos a las inversiones por la vía de las AIE’s. Detrás de ella se ecuentra Gerardo Herrero, quien controla productoras como Tornasol, Messidor o Castafiore. Si te fijas en el número de producciones anuales por productoras verás que este conjunto de productoras se encuentra presente en muchas de ellas, también en las financiadas por RTVE. Estos esquemas son cada vez más frecuentes para aprovechar ayudas a la producción por comunidades autónomas y los mencionados esquemas de desgravación fiscal.

Rectificar es de sabios, y me encanta que el blog genere diálogo, aunque sea fuera de él. Si no, escribiría estas cosas en un cuaderno y lo guardaría en el cajón.

Cierra la web de Nikodemo

La noticia no es nueva, pero parace que su difusión viral por internet se está produciendo lentamente (hasta que llegue a portada de Menéame, supongo). La vi hace cosa de una semana el portal de interactividad, gracias a que algún twitter se había hecho eco de ella. Ayer, buscando alguna fuente más, me encontré la noticia en la versión online de El Mundo, que apuntaba a un post del blog de Abert Gª Pujadas, director de la compañía. Por si no fuera suficiente, Gonzalo Martín ha hecho una serie de reflexiones en su blog (una bitácora que he descubierto hace relativamente poco, pero que es uno de los más profesionales en el tema de la industria audiovisual).

Nikodemo es una empresa dedicada a la producción adiovisual de animación en internet. Su buque insignia ha sido siempre Cálico Electrónico, una serie que crearon en 2005 para publicitar Electronica Web, una tienda de e-commerce. La serie fue mucho más notoria que el anunciante, y se convirtió en un auténtico fenómeno de culto. No estoy seguro, pero creo que podría decir que empecé a ver la serie “antes de que se pusiera de moda” (que es una frase que queda muy gafapastil y me hacía ilusión decir). Los fans de la serie estaréis al tanto de la enorme cantidad de merchandising que tiene, así como sus series spin-off (a mí me gustó mucho Huérfanos Electrónicos).

Las razones del cierre se deben a las dificultades económicas que atraviesan. No soy un experto en economía, así que no os puedo explicar gran cosa sobre fondos de capital riesgo y todo eso. Nikodemo era una apuesta valiente porque se trata de una empresa dedicada a la producción audiovisual de animación, y además no proviene del sector tradicional (televisión, prensa, etcétera). Es un mundo tremendamente complejo sobre el que se podría disertar durante horas, pero en resumen yo diría que aún no hemos encontrado un modelo de negocio que sea rentable (o que al menos consiga mantener la confianza de los inversores por más de dos años). Al margen de proyectos discutibles como el de Mobuzz, hay otros ejemplos que están sufriendo la misma suerte que Nikodemo aunque cada uno tenga sus razones, como Balzac o Qué vida más triste (que de momento no tiene claro que vaya a tener más temporadas). El caso de Malviviendo (que se incorporó al proyecto de Nikodemo hace poco) tampoco puede ponerse como referencia, ya que a pesar de su enorme éxito, es una serie de escasa rentabilidad y que tan sólo consigue cubrir el coste de los episodios (sin contar las horas que le echan los actores).

Pero prefiero no hablar de cancamusa y recordar la serie de Cálico Electrónico (el germen de Nikodemo) como serie y no como proyecto o aventura empresarial. Una serie divertida, entretenida y original, que tenía un montón de referencias a otras series y películas, y que lo mezclaba todo en un peculiar cocktail, donde el protagonista era, como bien decían ellos, el superhéroe aspañó. Y serán sus guiones, sus chistes y sus personajes lo que recordaremos, no el hecho de que fuera una de las primeras series hechas en flash o su rentabilidad comercial.

Así que como homenaje, aquí os dejo uno de los episodios que más me gustan, ya que quizá fue en éste donde la serie encontró su identidad, su humor gamberro, su línea a seguir. No os perdáis los poemas del final.