Ya se conocen los ganadores de los premios 20blogs

Los premios 20blogs, en los que he participado este año, ya tienen ganadores. Las votaciones finalizaron el pasado 30 de septiembre y la web ya ha dado a conocer las bitácoras más votadas en cada una de las 20 categorías. El próximo 20 de octubre, en la fiesta de entrega de premios, se dará a conocer el premio especial del jurado.

Este año han participado 5.011 blogs. De entre ellos, el más votado por los internautas ha sido Gem@ blog, que participaba en la categoría de Ciencia, Tecnología e Internet. Sus 190 apoyos han conseguido que se alce con el premio en su categoría (donde participaban 363 bitácoras) además del premio especial de los blogueros. El resto de ganadores y finalistas de cada categoría los podéis encontrar en la página oficial del concurso, y que no repetiré aquí para no alargar innecesariamente la entrada.

En cuanto a mí, he obtenido tan sólo 2 votos de los concursantes (además, me inscribí en la categoría Blogosfera, una de las más concurridas con 558 blogs participantes). No me lamento del resultado, ya que mi objetivo al participar en este premio (al igual que con los premios Bitacoras.com 2010, aún en marcha) es el de dar a conocer mi blog y entrar en contacto con otros blogueros interesantes. Desde luego, volveré a presentarme el año que viene.

Mi enhorabuena a la ganadora de este año, a quien seguro le estarán lloviendo las visitas de todos los curiosos que quieren saber cómo es el blog que se ha alzado con el primer puesto. De momento, veo que tiene un buen diseño (ya lo quisiera para mí) y unos contenidos interesantes.

 

Participo en los premios Bitácoras

En menudo berenjenal me estoy metiendo. No contento con participar el los premios 20blogs, cuyas votaciones siguen abiertas hasta el 30 de septiembre, pretendo participar también en los premios Bitácoras 2010, que arrancaron ayer y en los que se pueden nominar a los blogs favoritos de cada categoría hasta el 22 de octubre. Eso sí, las mecánicas son ligeramente distintas.

En los premios 20blogs me inscribí en la categoría de “blogosfera”, y es ahí donde podéis encontrar mi blog y votarme, siempre que vosotros seáis también participantes de los premios. En cambio, para los premios Bitácoras no necesito inscribirme formalmente. Eso sí, para poder participar, necesito recibir al menos una nominación para que al terminar la fase de nominaciones, el jurado tenga en cuenta mi blog.

Para nominarme en estos premios necesitáis ser usuarios registrados de bitácoras.com, o en su defecto conectaros a través de twitter o facebook. Eso sí, no vale registrarse ahora para emitir los votos. Tenéis que ser usuarios desde antes del 7 de septiembre. Si alguien desea nominar mi blog, prefiero que lo haga en la categoría “cultural”, ya que es la temática que más se le acerca: las Industrias Culturales son, en última instancia, cultura; y también hago de vez en cuando la crítica de algún libro o hablo de frikadas, que no dejan de ser una forma de subcultura, que diría el amigo Freakman en La parada de los monstruos.

Como en el otro concurso, no espero recibir muchos votos, pero al menos sí alguna nominación. No hay que confundir las nominaciones con los votos que pongo en cada entrada, que sirven para llegar a la portada de la web (el equivalente a un meneo en Meneame.net).

Muchas gracias a todos. Y si alguno participa, que me lo diga y suerte.

Participo en los premios 20blogs

El título de la entrada lo dice prácticamente todo y no me queda mucho más por añadir. Por quinto año consecutivo, el periódico 20 minutos organiza sus premios 20 blogs. Me registré en su momento y tras superar las fases de validación (comprobar la autenticidad del blog y que éste se ajusta a la categoría en la que participa) han comenzado las votaciones, que durarán hasta el 30 de septiembre. En concreto, participo en la categoría blogosfera, destinada a los blogs que no encajan en ninguna categoría. Y es que aunque hablo de libros o de internet en algunas entradas, no creo que éste sea un blog de Ciencia, Tecnología e Internet, o de Cultura y Tendencias. Tampoco es propiamente un blog personal según lo que dan a entender las bases. Cuando hagan una categoría sobre Industrias Culturales, me apuntaré allí de cabeza.

Las bases del concurso no permiten el empleo abusivo de mensajes (hasta el punto de convertirme en un spammer). De todas formas, sólo los concursantes pueden votar al resto de blogs, así que esta entrada tiene de promocional más bien poco. Además del premio al mejor blog, concedido por el jurado, hay un premio especial al blog más votado, así como premios a los blogs más votados en cada categoría.

Con este pequeño anuncio me despido de todos vosotros, queridos lectores, hasta el mes de septiembre. Voy a tomarme un pequeño descanso, creo que merecido, durante el cual permaneceré off line. Aprovecharé para recuperar fuerzas y plantearme el camino a seguir por este blog durante la próxima temporada (¿recuperar los podcast, más frikadas, más idas de olla, mitos populares, Colectivo Onanista?). Pasadlo bien y aprovechad la escasa actividad de los blogueros para hacer cosas diferentes. Nos vemos a la vuelta.

Ah, y recordad que Hotmail no va a cerrar ni lo van a hacer de pago, así que no hace falta que reenviéis más correos.

Un poco de autobombo

Abrimos el mes de Julio con un par de asuntos un poco alejados del blog en sí pero que creo que no está de más señalar aquí. Al fin y al cabo, un blog es una herramienta de comunicación y en cierto modo una plataforma de difusión, no sólo de contenidos, sino de su propio autor.

Como sabéis, una categoría preferente en esta bitácora es la de Industrias Culturales, un tema por el que estoy muy interesado, en especial cuando se trata de adaptar sus modelos de negocio a un medio con internet, con todos los problemas y conflictos que eso está provocando. Este interés está relacionado con mi currículum académico. Esta semana obtuve el DEA (Diploma de Estudios Avanzados), lo que significa que he hecho la Tesina, pero aún me queda la Tesis. Puede que dentro de poco os deje algún enlace para que podáis echarle un vistazo al texto, aunque entiendo que se trata de un tema muy denso y no os atraiga, sobre todo ahora que aprieta el calor. Pero ya que estoy a favor de difundir el conocimiento, no está de más facilitar su lectura. En cualquier caso, si alguien se enzarza en una discusión con un inspector de la SGAE y quiere usar los ejemplos que pongo en el blog como argumentos, siempre podrá usar como aval mi doctorado 😉

El otro tema que quería comentaros es que este verano voy a colaborar un par de veces en Onda Cero Valdepeñas (99.8 F.M.), así que si hay lectores que se encuentren dentro del alcance de esta emisora, podrán escucharme mañana y el viernes día 9 en torno a la una del mediodía. Es una colaboración muy breve (la primera al final son 23 minutos, pero en principio debería haber sido un poco más corta) donde comento algunas propuestas culturales (cine, libros y demás) junto con mi antiguo compañero de radio David García Valero, con el que realicé Un Día en la Vida a lo largo de cuatro temporadas estivales. Y todo ello conducido por Mª Ángeles Díaz, nuestra madrina radiofónica.

Intentaré recuperar el podcasta para ponerlo aquí. La lástima es que no pueda incrustarlo para que lo podáis escuchar sobre la marcha. Quién sabe, si el blog sigue funcionando bien, puede que me anime a alojarlo en algún hosting y lo edite usando WordPress (el programa, no la web donde lo tengo ahora).

El mito del “todo vale” en publicidad

Hace un par de días, Carlos Otto me hacía una consulta vía email acerca de esta noticia. Se trata de una cagada más con el Photoshop, de las que tanto abundan últimamente. Carlos me planteaba hasta qué punto estos descuidos pueden ser intencionados para obtener difusión en los medios, como había ocurrido en la noticia que enlazo, ya que mencionan incluso la marca.

El tópico de “que hablen de mi, aunque sea mal, pero que hablen”, no es nuevo en el mundo de la publicidad. Es un tema complejo, y la complicación comienza por lo que cada uno entiende por publicidad. Y es que muchas veces se abusa de los términos publiciad y marketing como panaceas capaces de vender cualquier o convencernos de cualquier idea por peregrina que sea.

La gente de la facultad con la que he podido consultar el tema, aunque no han sido muchos, coinciden en señalar que la mera presencia en medios no es suficiente en una campaña publicitaria. La gestión de la publicidad y de la comunicación persuasiva (propaganda política, etc) se ha vuelto más compleja y se manejan muchos conceptos, como imagen (de marca, de empresa), actitud o reputación, que se tienen muy en cuenta a la hora de hacer campañas y que nunca se descuidan.

En líneas generales, la publicidad tiene un efecto más a corto plazo, más control del mensaje y suele usarse para fomentar una conducta (comprar un producto) o mejor aún, un hábito de conducta (fidelizar al consumidor). Cualquier anuncio que veáis en la tele podría ser un ejemplo: se controla el mensaje exacto (los anuncios están aprobados por el anunciante), el sitio donde aparecen y el espacio que ocupan (si es en la tele, la franja horaria y la duración, porque pasado un tiempo se emiten versiones abreviadas del spot; si es en prensa, el espacio que ocupa en una página e incluso la elección entre página par o impar, etc.), y la duración de la campaña es limitada.

Por el contrario, las Relaciones Públicas abarcan un conjunto más amplio de actividades. Son más usadas para gestionar la imagen y la opinión de la marca, porque entre las RR.PP. están las relaciones con los medios (notas de prensa y demás). Y aunque su impacto no es tan inmediato como el de la publicidad, su efecto es más a largo plazo. Conceptos como la imagen deben ser atendidos continuamente, y una imagen de marca o de empresa no se consiguen de un día para otro. Siguendo con los ejemplos, una nota de prensa no sabes si la publicarán o no, o si lo harán en el día o esperarán al siguiente o al otro; tampoco se garantiza que aparezca tal y como la ha redactado el departamento de Relaciones Públicas de la agencia o empresa; pero al aparecer como noticia, sin la etiqueta de publicidad, puede tener más credibilidad que un simple anuncio.

Por tanto, aunque a primera vista este tipo de cagadas en el Photoshop parezcan demasiado evidentes como para ser simples descuidos, no soy propenso a pensar que sean maniobras publicitarias. Al menos, no en todos los casos. Otra cosa es que en la última década la comunicación se haya vuelto más compleja: blogs, redes sociales y demás hacen que los impactos informativos y publicitarios se multipliquen. Internet es un medio que aún estamos aprendiendo a usar y en el que las marcas y compañías quieren tener la mayor presencia posible. La publicidad en internet puede ser muy efectiva, sobre todo gracias a que posibilita la segmentación mucho mejor que la televisión o la radio; pero también es el caldo de cultivo ideal para que surjan muchas profesiones y actividades acabadas en -ing, nuevos cargos como social media manager, nuevas fórmulas como la publicidad viral, y un largo etcétera.

Pero eso ya es otro tema.

La música no desaparece en cinco años, ni en cincuenta

Hace un par de semanas, al salir de una de mis visitas relámpago a la facultad, recogí un ejemplar gratuito de la revista Mondo Sonoro. Bajo la cabecera se podía leer su slogan: musical, gratuita e independiente. A pesar de la pomposidad de la palabra independiente (muy manida por los medios), y de que desconocía al grupo que aparecía en la portada (La Bienquerida), me llevé la revista para echarle un vistazo. Además, como se suele decir… total, si es gratis.

Ya en casa, examiné un poco más a fondo la publicación. Sin intención de cantar sus alabanzas, y sólo para que os podáis hacer una idea, comentaré un par de cosillas. Lo primero que me llamó la atención es el volumen de información de la revista. Hablamos de un formato grande, casi como un periódico, de 54 páginas más una separata central con otras 26 que corresponde a la edición local (en mi caso, Madrid). El peso de la publicidad en las páginas es el que nos podemos esperar al tratarse de una revista gratuita, esto es, que son los anunciantes los que la pagan: generosa pero tampoco tan excesiva como para entorpecer la lectura. La edición local tenía también una profusa relación de anunciantes y distribuidores (yo la recogí en la facultad, pero se puede encontrar además en pubs y bares). Tiene una periodicidad mensual y tira 11 números al año (no sé si es que descansan en agosto aprovechando que las facultades están cerradas o es que los números tardan un poco más de un mes en salir). Tiene una distrubución fuerte, en casi todas España (echo en falta mi querida Castilla-La Mancha entre las ediciones locales), agrupando a veces un par de comunidades en una sola edición. Eso sí, me pareció muy simpático que en lugar del habitual disclaimer diciendo que la revista no comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores, etc… Mondo Sonoro se desmarca con un texto mucho más simpático: “Mondo Sonoro no solo comparte la opinión de sus colaboradores sino que se acuesta con algunos de ellos”

En cuanto a su contenido, y esto es lo que da pie al título del artículo, la revista habla de música. Y mucho. Soy un heavy al uso, en concreto un freak que solía jugar al rol y se aficionó a grupos como Blind Guardian, así que no tengo un gusto musical demasiado amplio. La revista tocaba una gran variedad de géneros: pop, rock, metal, new age, rap, hip hop, electrónica, folk… Así que, como era de esperar, apenas me sonaban dos o tres de los grupos de los que hablaba. La publicación está orientada a la escena independiente, así que obviamente no se ven los artistas habituales que suelen verse en los 40 principales y que se manifietan frente al Ministerio de Industria porque la gente se baja sus canciones de internet. En su lugar vi un montón de nombres (principalmente de la escena española) con muchas ganas de hacer música y sobre todo de tocar en directo, con trayectorias desiguales. Algunos sólo tenían maquetas o un único disco. Otros llevaban más tiempo pero moviéndose en circuitos poco comerciales. Me resultó muy simpático el look de la hierática cantante de los Punsetes.

Decir que la escena musical española está en su mejor momento sería una estupidez por mi parte, no sólo porque no sé si eso es verdad, sino porque no puedo sacar conclusiones por haberme leído un número de una revista en concreto. Tampoco pretendo alardear de haber inventado la rueda. Cualquiera que tenga un poco de interés en música conocerá innumerables ejemplos de revistas y webs de este tipo. Pero con las declaraciones de L. E. Aute tan recientes (“en cinco años esto desaparece”), no está de más mostrar la otra cara de la moneda. Y es que por cada músico que había protestando frente al Ministerio de Industria y llevándose las manos a la cabeza porque sus canciones son bajadas impunemente de internet (en el número que leí de Mondo Sonoro apenas se hablaba de internet, si acaso como plataforma de apoyo para la circulación de maquetas y trabajos), hay diez bandas que componen simplemente por el placer de componer, que pasean sus maquetas de discográfica en discográfica intentando conseguir un contrato para grabar un disco y que se quejan de la escena musical pero no porque no se vendan discos, sino porque hay pocas salas donde tocar (ese sería otro debate interesante: si la música es cultura ¿por qué se quieren cerrar páginas de internet pero no no se apoya la música en directo?).

En definitiva, si las apocalípticas predicciones de Aute se cumplieran y nadie comprase discos y los sellos discográficos y los músicos de renombre se arruinasen, veríamos atónitos cómo cientos de bandas saldrían a la calle a celebrar ese falso día en que murió la música, porque para ellos sería el día de su nacimiento.

Modelos clásicos de financiación de las Industrias Culturales

Que nadie se lleve a engaño. No pretendo hablar de enrevesadas fórmulas de enriquecimiento de los grandes grupos multimedia. Tampoco voy a reinventar la rueda. Lo que viene a continuación son unas líneas de teoría muy básica sobre las Industrias Culturales, término que defiendo frente a otros como industrias del contenido o industria del entretenimiento. Antes de adentrarme en la relación de estas industrias con las redes digitales es mejor que empiece por el principio.

Hablo de Industrias Culturales en plural, ya que son varias y cada una tiene sus características. Y escribo el término con mayúsculas iniciales por deformación, ya que suelo encontrarlo así en la bibliografía sobre la materia. Estas Industrias Culturales se han agrupado tradicionalmente en torno a dos polos de referencia que ahora no son tan distantes. Estos dos polos (digamos unos modelos génericos que no son compartimentos estancos) son los productos editoriales por un lado, y la cultura de flujo por el otro. Intentad recordar cómo eran las cosas a finales de los 80 o principios de los 90 para comprender mejor estas formas de financiación.

Los productos editoriales incluye industrias como la fonográfica (discos), la editorial (libros) y la cinematográfica (cine y vídeo). Estas industrias basan su negocio en la venta de unidades individuales a los consumidores. Hablamos por tanto de una financiación directa, en la que el consumidor está pagando el total del coste de la copia. Algunas cosas que debemos tener en cuenta son:

  • Los costes de creación de estas industrias son muy característicos. El prototipo (producir una película o un disco, esto es, costes fijos) es muy caro, pero la distribución es relativamente barata (costes variables), y generar una nueva copia o conseguir un nuevo consumidor (coste marginal) es un aumento del coste insignificante.
  • Tradicionalmente estos productos estaban asociados a soportes materiales. Esto ha cambiado, y eso afecta a la estructura de costes. También hay que tener en cuenta que estas industrias se han basado siempre en la venta de copias, unas copias que aunque son fáciles y baratas de generar, deben rentabilizar toda la estructura de costes antes descrita. A esto le podemos sumar la dificultad de valorizar un producto basado en un trabajo creativo-artístico.
  • Las estrategias de estas empresas se basan en el efecto catálogo, en el que los superventas compensan los productos minoritarios. Esto permite que junto a best-sellers, blockbusters veraniegos y fenómenos musicales podamos encontrar productos fuera del mainstream, muchas veces a través de sellos (discográficos, editoriales) creados a tal efecto. La estandarización del consumo cultural que imponen este tipo de industrias y la función cultural que pueden o deben cumplir ofreciendo variedad es uno de los huesos duros del estudio de la Industrias Culturales.

Por otra parte tenemos la mencionada cultura de flujo, en la que incluimos a los medios de comunicación, como radio y televisión. Son empresas que se financian indirectamente, a través de la publicidad, subvenciones públicas (impuestos) o ambas cosas. Su negocio está en la fidelización de consumidores para obtener mayores ingresos por publicidad. Sus productos se basan en los programas que emiten, y el catálogo está inmerso en el propio flujo, es decir, en la programación. Podemos observar que:

  • La financiación indirecta hace que este tipo de industrias sean gratuitas para el consumidor, con la excepción de la inversión que tiene que hacer en hardware (comprar un televisor o una radio), y de fórmulas mixtas de financiación que veremos más adelante.
  • Los costes variables y marginales quedan reducidos prácticamente a cero. No hay distribución física, y el coste por nuevos espectadores u oyentes es nulo (salvo casos de ampliación de cobertura, en los que deben invertir en infraestructuras).
  • Estas industrias no están asociadas a soportes materiales como lo han estado tradicionalmente los productos editoriales.
  • Obviamente, existen sinergias entre varias industrias. Los ejemplos típicos son las discográficas con la radio y el cine con la televisión.

La prensa diaria (en papel) constituye un caso de modelo mixto, ya que posee características de los dos polos que he descrito. Es un medio de comunicación pero su flujo es discontinuo y hay que comprar ejemplares separados. Su financiación se costea entre la publicidad y el pago del consumidor (en el caso de los diarios gratuitos sólo por publicidad, pero no son tan completos como las cabeceras de pago). También han contribuido a introducir financiación mixta en los productos editoriales, al vender películas, libros o discos a precios reducidos (o sin coste alguno) de forma conjunta con el periódico.

La llegada de las redes digitales (no sólo internet, también la TV por cable o satélite) está suponiendo nuevas formas de financiación mixta para todo tipo de Industrias Culturales. Es el caso de la televisión, donde existen canales de pago (como el antiguo Canal+ analógico), pero también lotes de canales dentro de las plataformas de satélite, pay per view e incluso vídeo a la carta. En cuanto a los productos editoriales, aparte de las ediciones online de las cabeceras tradicionales de prensa, la cosa aún se está perfilando. Al principio se hablaba mucho de la desaparición de intermediarios, que más bien ha sido una re-intermediación (como consumidores, necesitamos a alguien que nos seleccione y empaquete el contenido, como podría ser Spotify). Además de la venta de unidades desligadas de su soporte (como hace iTunes), se están descubriendo nuevas formas de negocio que combinan la gratuidad y el pago por contenido.

Pero de todo eso iremos hablando en sucesivas entradas.