Reflexiones sobre el cierre de Google Reader

La semana pasada saltaba la noticia de que Google ha decidido cerrar su servicio de subscripción a feeds Google Reader. En seguida surgieron infinidad de reacciones y especulaciones sobre el tema. Algunas fuentes apuntan a que la culpa reside en Google +, el enésimo y fallido intento de Google por llevarse su trozo de la tarta de las redes sociales. Es una explicación que podemos asumir como cierta, ya que no en vano Google rediseñó la interfaz de muchos de sus servicios según el estilo de su red social, empezando por el propio Reader (lo que por cierto provocó más de una queja).

Más allá de las razones de Google para prescindir de su lector de feeds, la noticia me ha hecho reflexionar sobre la forma en que está evolucionando nuestra manera de recibir información en Internet. Y aunque no soy tan dramático como Loretahur cuando habla de la “muerte del RSS”, sí que comparto su opinión de que las grandes plataformas están apostando por la exclusividad en detrimento de la interoperabilidad que supone el RSS.

Yo mismo me he dado cuenta de que en mi página de inicio de Google Reader aparecen menos elementos nuevos al día que cuando comencé a usarlo. (Será que los blogs ya no molan y la gente no los actualiza, o quizá como ahora no están de moda es cuando molan.) En cambio, las redes sociales, en mi caso Twitter, se han convertido en fuente habitual de información. Hay muchos blogs de los que sé que hay nuevos artículos por las notificaciones de sus autores en Twitter o en las páginas o grupos de Facebook. De hecho, hay algunos a los que ni siquiera estoy suscrito a sus feeds. Y para qué negarlo, yo también me esfuerzo en difundir mis nuevas entradas (y las de los blogs en los que colaboro) en las redes sociales. Además, las recomendaciones de mi Timeline se han convertido en una fuente de información a la que no llegaría únicamente a través de los feeds a los que estoy suscrito.

Pero no siempre quiero seguir al autor de un blog ni enterarme de todo lo que dice. Además, aunque parezca mentira, hay gente que no tiene Twitter ni Facebook, por lo que tampoco se pueden basar las notificaciones sobre nuevos artículos exclusivamente en estas redes. El RSS es un estándar, y como tal permite utilizarlo con independencia de la plataforma o el dispositivo utilizado: Windows, Mac, nube, escritorio, móvil, tablet, PC…

Confío en que Google + no suponga la muerte de los feeds, aunque su cierre les afectará irremediablemente. Mi intuición me dice que la interoperabilidad se mantendrá debido a las múltiples plataformas que existen a día de hoy, de la misma manera que en su día Internet fue un salvavidas para la pervivencia de Apple. Y para los que no queráis renunciar a vuestas suscripciones, la misma Loretahur ya ha hecho los deberes y nos ofrece varias alternativas a Google Reader. Yo ya les estoy echando un vistazo para cuando llegue el momento de la migración 😉

El mito de la información perenne en Internet

Es habitual asociar Internet, o en concreto la Web, con una enorme fuente de información en la que podemos encontrar cualquier cosa que busquemos tarde o tempano. Parte de la culpa de este mito (¿infundado?) la tienen las corrientes de pensamiento tecno-utópicas como la de la revista Wired. Autores como John Perry Barlow (sí, el de los Grateful Dead) también forman parte de esta corriente. De hecho, Barlow fue pionero a la hora de hablar de la economía de la información, y en su ensayo Economía de las ideas trataba la información casi como un ser vivo: se mueve, cambia,quiere ser libre, es perecedera…

En efecto, la cantidad de información que podemos encontrar en la red es inmensa, especialmente ahora que se ha puesto el foco en los servicios en la nube y en el acceso antes que en la descarga. El problema es que la Web está concebida como un sistema en el que se pueden asociar dos documentos cualesquiera de forma arbitraria mediante los enlaces de hipertexto (links). Y la Web ha evolucionado muchísimo en dos décadas. Pero los enlaces no.

Por ejemplo, antes de la crisis de las puntocom el alojamiento de las páginas web personales no siempre iba acompañado de la posesión de un dominio propio. Uno de los ejemplos más tontos lo podemos encontrar en las páginas de Geocities de Yahoo. Y digo que es un ejemplo tonto porque confío en que a estas alturas ya nadie tendrá enlazadas estas páginas en sus blog. En la misma línea, el grupo finés Stratovarius indicaba en el libreto de su album Episode (1996) que su página web oficial estaba en la dirección http://www.netlife.fi/stratovarius. Esto nos da una idea de la imagen que había de la Web en esos primeros años.

El caso de los blogs bien podría ser el equivalente de la web 2.0. Tras la fiebre inicial en la que todo el mundo tenía un blog, los ánimos se fueron calmando. En muchos casos los blogs han quedado desatendidos y no sus propietarios no los actualizan, pero también han sido eliminados, bien porque sus dueños decidieron borrarlos, o bien porque las plataformas eliminaron las cuentas de los autores (por ejemplo, por cuestiones de infracción de copyright). Los enlaces a esos blogs han quedado huérfanos desde entonces.

Los blogs personales son casos puntuales, y es de suponer que los más influyentes seguirán activos. Pero otros servicios han surgido y desaparecido por el camino, desde Mobuzz TV hasta la rey de los servicios de file hosting Megaupload. Y es que algunas almas inocentes utilizaban Megaupload para guardar copias de seguridad de archivos de creación propia. Sin ir más lejos, los podcast enlazados en este blog se encontraban allí.

Todos los ejemplos vistos hasta ahora tienen algo en común: ha desaparecido la fuente original. En algunos casos, como el de películas subidas a Megaupload, es fácil encontrar el recurso en una localización alternativa. En otros, como el de blogs personales, se pierde esa información, ese toque personal de su autor por modesto que sea. Otro tema es si se trata de una gran pérdida.

Sin embargo, a veces la información que debería estar en su sitio resulta que no lo está. Un ejemplo. Desde 2001, la Fundación Orange edita un informe anual sobre la Sociedad de la Información en España (eEspaña). En su web, aunque se puede acceder al histórico de informes anuales, no todos están disponibles, en concreto los de los años 2001 a 2004. O no hay enlaces a los documentos en PDF, o son erróneos.

Existen formas de recuperar algunos contenidos eliminados como la memoria caché de los servidores. La búsqueda en caché que permite Google ha permitido recuperar esos tuis desafortunados que sus autores se apresuraron a eliminar. También existe el Internet archive (Wayback Machine), un proyecto que almacena las diferentes modificaciones de un sitio web a lo largo del tiempo. Tiene registros desde 1996 y hoy sigue funcionando. Si bien las páginas no siempre se visualizan de forma óptima (banners, publicidad, etc.), en alguna ocasión me ha ayudado a encontrar alguna información que no podía localizar.

La Web nunca ha sido una biblioteca ni un archivo general, y no debemos verla bajo esa perspectiva. Es una estructura determinada para enlazar documentos, ni más ni menos. Su evolución ha dependido, y depende, de los usos que le hemos ido dando durante estos años. La red es un aliado para ejercer el derecho a la información y a la libertad de expresión, pero estos derechos deben convivir y respetar otros derechos como el de intimidad y el derecho a rectificar y cambiar nuestras opiniones.

Y vosotros ¿habéis tenido la frustrante experiencia de no encontrar una información que debería estar en una web? Vuestros comentarios y opiniones son bien recibidos.

El bulo del WhatsApp de pago

NOTA (21/03/2013): este artículo habla sobre el meme que circuló a finales de 2012 y que se puede ver en la imagen. Actualmente, WhatsApp está enviando notificaciones a sus usuarios solicitando el pago por la renovación de la licencia durante un año (en función de la plataforma que se esté usando). Estas notificaciones llegan a través del propio servicio de WhatsApp. A pesar de que en efecto sí se está cobrando por utilizar este servicio, la intención de este artículo es criticar la falta de criterio a la hora de difundir rumores infundados “por si acaso es verdad”.

Seguramente el pasado miércoles te llegaría este mensaje de WhatsApp diciendo que lo iban a convertir en un servicio de pago:

Meme del WhatsApp

Con esa redacción tan cuidada normal que haya colado

TRANSCRIPCIÓN LITERAL DEL MENSAJE: Gente ahora si que si. Whatsapp va a pasar a ser de pago de manera inminente. Si te fijas en todos tus contactos pone que esta UNAVAILABLE. El sistema se esta preparando para pasar a ser de pago los que no reenvien este mensaje dando su cococonsentimiento explicito. Date prisa porque solo podras beneficiarte de esto reenviando este mensaje a 20 personas antes del viernes 30 de noviembre.

Es posible que durante un momento sospechases que podría ser algún bulo como el de Messenger, ése que estuviste reenviando hasta la saciedad “por si las moscas”, aunque ahora que por fin lo fusionan con Skype te la trae al fresco (es más, lo mismo  ni te has enterado). Pero entonces miraste tu lista de contactos y viste con asombro que en todos ellos se pordía leer: error: Status UNAVAILABLE. ¡Ahí tenías las pruebas! ¡Esta vez sí que era cierto! Tenías que reenviar el mensaje a 20 contactos o si no empezarías a pagar por WhatsApp. Habías oído hablar de otras aplicaciones como Line que servían para lo mismo, pero tú ya estás acostumbrado a WhatsApp, a pesar de la seguridad nula que tiene, y al fin y al cabo es la aplicación que usan todos tus amigos.

Porque al fin y al cabo eso es lo que habías deducido del  mensaje que te llegó: que si no lo reenviabas a 20 contactos te empezarían a cobrar. Lo leíste por encima y no reparaste en la bochornosa ortografía que tiene el mensaje, sin una sola tilde y con una puntuación (para los de la ESO: un uso de los puntos y las comas) que deja mucho que desear. O peor aún, la redacción del mensaje no te resultó tan sospechosa proque tú mismo escribes así cuando se trata de algo serio (y no puedes poner abreviaturas ni emoticonos). Quizá te extrañó que usase la palabra “cococonsentimiento“, pero imaginaste que un tartamudo habría dictado el mensaje y se atascó ahí. Además, toda tu atención fue a la palabra “explícito” que venía después, y querías asegurarte de comprender bien lo que significaba.

Tampoco te resultó extraño que WhatsApp no te avisara a través de la App Store, Play Store, o por un correo electrónico DESDE SU CUENTA OFICIAL. Al fin y al cabo, Messenger hacía lo mismo para avisarte de que cerraba y nadie consiguió convencerte de que era una cochina mentira.

Sabes que los medios de comunicación mienten como bellacos y no hacen más que manipular. Otra cosa es que además te molestes en comprobar la veracidad de ciertas noticias. Tú ya estás bastante ocupado entrando en Tuenti para chatear con tus amigas. Y además, los medios están manipulados, pero un mensaje anónimo reenviado cientos de veces fijo que es verdad. ¿Qué ganarían con mentir? Así que no sólo no viste el mensaje en Twitter de WhatsApp (y esto te lo dejo pasar, en serio, porque hay un huevo de cuentas de WhatsApp) sino que tampoco viste después los artículos desmintiendo la noticia. Si se trata de una mentira, ya te avisaría algún amigo. Tú por si acaso ya reenviaste los 20 mensajes.

Lo más irónico de todo esto es que WhatsApp puede cobrarte dependiendo del móvil donde lo tengas instalado. Qué cosas ¿verdad?

En fin, no te interrumpo más, que te veo muy ocupado con el Messenger.

Reseña de “Contra el rebaño digital” en El Ninho Naranja

Llevo cosa de un mes sin actualizar el blog. Una de esas conjunciones astrales me ha tenido alejado del teclado. Ya saben: motivos laborales, dificultades técnicas, falta de inspiración… A pesar de todo, ustedes han seguido dejándose caer por aquí de vez en cuando, y hasta me han dejado algún comentario. Eso es muy de agradecer.

Curiosamente, mi retorno a la blogosfera tiene la misma temática con la que me fui hace un mes: mi habitual colaboración con los chicos de El Ninho Naranja. Qué le vamos a hacer. Tengo la costumbre de reseñar los libros en su blog y siempre hay algo de lo que hablar. En esta ocasión, se trata de un ensayo escrito por Jaron Lanier y que se publicó en España con el desafortunado título Contra el rebaño digital. Aquí les dejo con el arranque de la entrada:

Contra el rebaño digital es el desafortunado título de la edición española de You Are Not a Gadget (2010), escrito por Jaron Lanier. En este ensayo, su autor arremete contra algunas de las “vacas sagradas” de la Web 2.0 como la inteligencia collectiva (Wikipedia) o el software de código abierto (Linux). Sin embargo, Lanier no es ningún tecnófobo. Estamos hablando de la persona que popularizó el término Realidad Virtual.

La irónica portada de la edición en papel del libro

Pueden leer el resto de la reseña aquí.

 

Lo que hemos heredado (y lo que no) de las culturas de Internet

Internet es mucho más que las páginas web. Tiene más de 40 años a sus espaldas, y a lo largo de su historia, diferentes grupos de usuarios han transmitido sus valores a la hora de definir el uso de la red. Martin Lessard señala un total de 6 culturas de Internet. Estas culturas surgen secuencialmente a lo largo del tiempo y van dejando un legado en las siguientes en forma de valores.

De forma muy resumida, las 6 culturas son las siguientes:

  1. La cultura de los militares es una especie de “planta 0”. No transmitieron valores pero fueron los que levantaron la infraestructura técnica que hizo posible Internet.
  2. Los primeros usuarios provenían del mundo científico y académico, y eran a la vez los desarrolladores de la red. La cultura de las “tecnoélites”, como la llama Castells, trasladaron el sistema meritocrático (reputación en función de publicaciones y de reconocimiento por parte de sus iguales) a Internet.
  3. La cultura de los programadores proviene de los estudiantes universitarios que comienzan a acceder a Internet en los años 70. También se la llama cultura hacker. Extienden la meritocracia a un plano más informal: la reputación no proviene del ámbito institucional sino de la contribución a la comunidad y del reconocimiento de otros hackers. Fueron los que abogaron por la libertad de la información y nos legaron conceptos como el software libre.
  4. Las comunidades virtuales es la primera cultura no tecnológica de Internet, que deja de ser un fin en sí mismo y pasa a ser un medio. Su valor fundamental es la comunicación horizontal, y libre, frente a unos medios de masas de estructura vertical y unidireccional.
  5. La web 1.0 es la quinta cultura. Es la cultura de los primeros intentos de monetización de contenidos a través de la red, entonces sin éxito, antes de que estallase la burbuja puntocom.
  6. Y por último está la cultura de la web 2.0, que todos conocemos: blogs, redes sociales, user generated content. Como veis, es el resultado de las culturas anteriores, y ha heredado valores de todas ellas.

Seguro que muchas de las cosas que he mencionado os suenan. Hay que tener en cuenta que las culturas de Internet se han mantenido a lo largo del tiempo y han coexistido juntas. Lo que ocurre es que cada una fue la cultura dominante en su momento. Si hay algún denominador común en estas culturas es que aparecen cuando Internet se extiende a un nuevo grupo de usuarios, que se “apropian” de la red y modifican los usos sociales de éstas en función de sus necesidades y valores.

Lo que ocurre es que este tipo de cuestiones es más fácil observarlas cuando ha pasado el tiempo, pero nosotros aún estamos en la web 2.0 (buscando la siguiente moda, eso sí). El artículo de Lessard es de 2006. Él habla de los blogs como el gran estandarte de esta web 2.0, pero no menciona las redes sociales puesto que aún no constituían el fenómeno en el que se convirtieron unos años después. Mi punto de vista es que dentro de la cultura 2.0 hay pequeñas subculturas, aunque están íntimamente relacionadas. Las dos principales son la de los blogs y las de las redes sociales. Y dentro de la herencia de las culturas anteriores, cada subcultura ha cogido de lo que le ha interesado.

Los blogs heredaron fundamentalmente el sistema meritocrático, como explican muy bien el propio Lessard y Juan Carlos de Miguel, aunque en un plano relativamente informal. La reputación de un blog se basa en la cantidad de enlaces (citas) que apuntan a él y a sus entradas. Recordad webs como Tecnorati, que medían la influencia de los blogs en función de los tags (keywords) de sus entradas,o agregadores como Bitácoras o Menéame. Incluso el propio Google, en su algoritmo, tiene en cuenta el número de enlaces a una determinada web.

En las redes sociales la meritocracia se ha heredado sólo parcialmente (quizá, el caso de las Tweetstars, aunque están más cerca de la fama que del mérito). En cambio, han heredado más valores de las primeras comunidades virtuales. De sobra conocidos son los casos de movimientos sociales que se han organizado a través de Twitter y Facebook, y cómo han recurrido a una comunicación más horizontal como alternativa a lo que los medios tradicionales cuentan (el 15M aún lo tenemos calentito y sobre la mesa). Sin embargo, el anonimato de los primeros entornos virtuales (Usenets, foros, BBS, MUD’s) ha ido desapareciendo, y en determinadas redes y perfiles de usuarios, los criterios de cercanía han vuelto a cobrar importancia. Por ejemplo, los jóvenes en Tuenti se relacionan con sus amigos “reales”, con los que están en contacto a menudo ya que viven en el mismo barrio o ciudad.

Es difícil saber cuál será la siguiente cultura dominante. Internet se ha convertido en un instrumento cotidiano, y no quedan grandes grupos de usuarios por conquistar la red. La brecha digital aún separa de Internet, eso sí, a muchos países subdesarrollados y a determinados grupos de usuarios en el primer mundo, como las personas mayores. ¿Será la séptima cultura la de los abuelos en Internet? ¿Se rebelarán las “señoras de Facebook” y dominarán el mundo?

Otras opciones de momento no me parecen cercanas. La web 3.0 (web semántica) es aún una eterna promesa más que una realidad a la vista. Quizá la explosión de dispositivos móviles supongan un pequeño cambio por la necesidad de apps y versiones móviles de las páginas web que demandan. En cualquier caso, rechazo el determinismo tecnológico. La nueva cultura dependerá de la forma en que usemos la red, no de la velocidad de conexión o de usar una app móvil frente a una versión web normal.

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Referencias:

Efectos colaterales de sincronizar nuestra vida

Una de las características de Internet es su ubicuidad. Podemos acceder a una gran cantidad de datos desde cualquier punto de acceso. Algunos de esos datos son públicos, como las páginas web, y otros privados, como nuestros mensajes de correo. En ese sentido, la sincronización no es que sea un fenómeno nuevo, como se ve con el ejemplo del correo electrónico. Pero desde hace un tiempo, especialmente con la popularización de los smartphones, está cobrando relevancia. Podemos acceder a la red desde muchos sitios, y lo más importante, con distintos dispositivos, no sólo desde equipos de sobremesa en nuestra casa.

Vaya por delante que las posibilidades de la sincronización me parecen una pasada, sobre todo si se usan bien. En ocasiones no es el momento ni el lugar para consultar cierta información, por ejemplo el enlace de un tweet si resulta que estoy en el trabajo o lo estoy viendo desde un móvil, y la mejor opción es guardarla en tu lista de Read it later. Una buena sincronización es la clave para no volvernos locos intentando recordar en qué equipo (o dispositivo) hemos dejado cada cosa. Pero la sincronización, como casi todo en la vida, tiene un precio, aunque no sea económico.

Si en la etapa “pre-sincronización” nuestros discos duros eran candidatos a padecer un síndrome de Diógenes digital, ahora es la nube la que sufre ese riesgo: archivos en Megaupload alojados en un servidor gratuito, álbumes de fotos en Picasa o Photobucket, vídeos subidos a Youtube o Vimeo, notas en Evernote, carpetas en Dropbox… por no hablar de nuestra información en las redes sociales. Nuestro contenido está cada vez más repartido en diversos servicios, y si no administramos bien esa información nos pueden pasar varias cosas:

En primer lugar, para usar estos servicios suele ser necesario crear una cuenta. Y esa cuenta suele pedir algunos datos, aunque sea una simple dirección (válida) de e-mail. No pasa nada, o no tiene que pasar nada, es normal. Pero a veces nos creamos cuentas en servicios que usamos un poco para probar y después nos olvidamos de ellas. Vamos dejando nuestros datos, aunque no sean datos especialmente sensibles (una dirección de correo que a veces es la que tenemos creada a propósito para registrarnos en las páginas web). Eso sin entrar en detalle sobre la fiabilidad de los proveedores de estos servicios a la hora de salvaguardar nuestra información. Todos sabemos lo protegidos que están nuestro datos en Facebook.

Es segundo, nos enfrentamos al problema de los usuarios y contraseñas. Acceder a estos servicios requiere una autentificación. El usuario suele ser la dirección de e-mail, o si no, tendemos a poner siempre el mismo (viva la identidad digital). Pero a la hora de las contraseñas, no es muy recomendable tener la misma para todo, que además siempre hay algunos que usan la misma que su PIN de la tarjeta de crédito o la basan en su fecha de cumpleaños. Si en cambio utilizamos una diferente para cada cosa, al final se nos olvida (si no es un servicio que usemos a menudo) y tenemos que solicitar que nos la envíen por correo. Para estos casos yo uso la aplicación KeePass, que genera contraseñas seguras.

Aparte de los problemas de la nube, otro problema menor que he observado es que muchos de estos servicios, además de la cuenta registrada, se ejecutan a través de aplicaciones de escritorio (en el PC, en los móviles, en las tablets…). Son aplicaciones generalmente pequeñas que a veces se ejecutan al inicio y se quedan en segundo plano. Y aunque una por una son insignificantes para la potencia de nuestro equipo, entre todas pueden afectar a su tiempo de arranque. En el caso de los smpartphones, dependiendo del que tengamos estas apps nos podrían pasar factura: no es lo mismo un iPad o un iPhone 4S que un Samsung Galaxy Ace, por ejemplo.

Hay otras que tienen extensiones para los navegadores. Aquí, hay que distinguir entre los plug-in’s, las extensiones y los bookmarklets (marcadores). Los plug-in’s son necesarios para ejecutar determinado contenido (por ejemplo, el plug-in de Adobe para leer pdf’s en el navegador, o el de Windows Media para ver determinados vídeos). Las extensiones son funcionalidades añadidas al navegador, como la extensión de Read it later, que permite marcar una página para consultarla después. Son parte del programa matriz (el propio navegador) y si se abusa de ellas pueden ralentizarlo. Los bookmarklets en cambio no son programas en sí. Se insertan en la barra de herramientas de los marcadores en forma de botones. Cuando se pulsan, ejecutan un script con la funcionalidad en cuestión. A cambio de “comernos” un poco de pantalla para que la barra de marcadores sea visible, tenemos una serie de funcionlaidades que no pesan en el navegador. A la hora de instalar estos complementos, es interesante mantener un equilibrio para que nuestro navegador sea lo más ligero posible.

Hay diferentes aplicaciones y herramientas para sincronizar nuestra información. En el caso de los Mac, apuestan por la sincronización “de serie” entre sus dispositivos y facilitan bastante esta tarea, pero a veces parece que se anuncien como los inventores del cloud computing. Pero para el resto de los mortales usuarios de PC (casi siempre con Windows), podemos tirar de estos programas:

  • Evernote: un almacén de “notas mentales” increiblemente versátil y potente. Su manejo básico es sencillo, pero con un nivel avanzado se pueden lograr grandes cosas. Tiene una versión gratuita que cubre de sobra nuestras necesidades. Requiere registro y además de su web tiene versiones para los principales dispositivos.
  • Dropbox: almacén virtual con bastante espacio en su versión gratuita y más cómodo que servidores como el difunto Megaupload o Rapidshare. Se pueden compartir carpetas con otros usuarios o dejar archivos a disposición del público.
  • Read it later: marca una página web para poder leerla más tarde. En local no necesita registro y funciona añadiendo una extensión al navegador. Para usarlo como herramienta de sincronización hay que crear una cuenta. Me gusta especialmente la versión para dispositivos móviles: es muy cómodo para guardar tweets con enlaces porque almacena directamente el enlace de destino, y además su interfaz es muy agradable (tanto o más que la de Google Reader para móviles).
  • KeePass: almacena nombres de usuario y contraseñas. Puede generar contraseñas con la seguridad que le pidamos y completar automáticamente los datos de login de la web. En principio es un cliente de escritorio, pero tiene versiones portables (no necesitan instalación) y clientes no oficiales para dispositivos móviles.
  • G-Mail: la enorme capacidad de almacenamiento de las cuentas de correo de Google, la posibilidad de etiquetas, las funcionalidades extras de los labs, y la integración de otros servicios de Google, hacen de G-Mail un servicio de correo bastante idóneo para la sincronización.

10 consejos sobre el uso de Twitter basados en mi experiencia

Twitter ha vivido una gran explosión en este último año. Desde hace un tiempo, la red de los 140 caracteres no ha parado de experimentar un aumento exponencial, año tras año, tanto en el número de seguidores como en su repercusión social. Quizá 2011 haya sido el año en que haya tenido una repercusión más significativa, tanto por su eficacia a la hora de coordinar determinadas iniciativas como por las veces que ha aparecido en los medios gracias a alguna que otra cagada de un famoso.

Por tanto, a estas altura de la película, resulta extraño publicar un decálogo de uso, cuando ya hay ciento y la madre. Pero coincidiendo con el artículo de José Luis Díaz González, las cosas en la vida cambian. Al principio se hablaba de Twitter como un sitio de microbloggin. Sin embargo, pronto se vio que Twitter era mucho más que un sitio en el que contar tu vida en píldoras de 140 caracteres. Se ha ganado el estatus de red social, o herramienta de comunicación, y ha demostrado con creces su alcance. Estos diez puntos no son una guía para que te conviertas en el tuitero más guay ni son trucos  para batir el récord de followers. Son reflexiones sobre el uso de Twitter basadas en mi experiencia personal. Si crees que te pueden resultar útiles, síguelas. Si en efecto te ayudan a gestionar y disfrutar esta herramienta, estupendo. Y si no, pues simplemente ignóralas y define tus propias reglas.

1.- Usa Twitter como te dé la gana

Cada tuitero es un mundo, y le va a dar su propio uso a Twitter. Hay gente que lo usa de forma profesional (como los periodistas) y otros como herramienta más personal. Hay gente que valora Twitter como fuente de información y otros lo emplean como una mera diversión. Sólo tú puedes decidir cómo quieres usar Twitter, y esa decisión se basa en tu propia experiencia. En cualquier caso, dale a Twitter el uso que a ti te guste darle, no el que hayas leído en un blog que diga que Twitter hay que usarlo de una manera en concreto.

2.- Por tanto, sólo tú sabrás a quién te interesa seguir

Pues eso, que tú mismo. Ya hemos dicho que cada tuitero es un mundo. Hay gente a la que le interesa seguir a medios de comunicación, marcas, empresas, partidos políticos… otros prefieren seguir cuentas tras las que existan personas “reales” (o personas físicas, por utilizar la jerga de los leguleyos). Hay gente que tiene predilección por los famosos y otros por gente más mundana que conoce personalmente o con la que ha tenido cierto contacto (virtual o en persona) previamente. Si usas Twitter como parte de tu profesión, tendrás que estar al tanto de ciertas cuentas de forma prácticamente obligatoria. El criterio para seguir a alguien es tuyo. Y la lista de las cuentas que sigues irá aumentando (o disminuyendo) con el tiempo.

Lo mas probable es que sigas a un grupo variado de gente: amigos (físicos o virtuales) afines a ti, famosos que te interesen, puede que marcas o empresas, etcétera. Cuanto más variado (que no es lo mismo que numeroso) sea el grupo al que sigas, más enriquecedora será la experiencia. E incluso puede ser recomendable seguir a gente que no opina lo mismo que tú, para tener un poco de perspectiva (ojo, hablo de opinión propia, no de repetir las consignas de siempre).

No obstante, recuerda que:

Twitter es asimétrico. Tú decides a quién seguir, pero eso no implica un gesto recíproco por parte de la persona a la que sigues, ya sea Lady Gaga, el Presidente del Gobierno (bueno, cuando tenga una cuenta que le dure), el presidente de tu comunidad de vecinos, o tu amigo del cole. No es obligatorio devolver el follow. De hecho, en muchas ocasiones ni siquiera es recomendable. Esto vale tanto para cuando decidas seguir a alguien como para cuando ganes un nuevo follower. Si alguien conocido decide seguirte en Twitter, écha un vistazo a su timeline. Si lo que dice es interesante para ti, síguele. Si no, no te sientas culpable por no devolverle el follow. Y en cualquier caso, si después de seguirle no te convence lo que lees, simplemente deja de hacerlo. Del mismo modo que el follow no tiene que ser recíproco, tampoco vale llorar por un unfollow (sea quien sea el que lo haga).

3.- Tuitea con responsabilidad

Porque Twitter no es como el alcohol o las drogas pero a veces engancha.

No hay una fórmula mágica para ganar seguidores. Y de hecho, tu objetivo en Twitter no debería ser ganar seguidores. Exprésate libremente según el uso que le des a tu cuenta (ya sea contando chistes, haciendo bromas ingeniosas o difundiendo información). En cualquier caso, piensa que cada uno mira y consulta Twitter cuando puede o quiere. No todos lo usan desde el móvil o pueden ponerse a cualquier hora del día. De la misma forma que un usuario que no publica nunca no resulta interesante, uno que tuitea cada 20 segundos o retuitea TODOS los tweets que le han hecho gracia llega a resultar pesado y se dejan de seguir por una cuestión de limpieza en el timeline.

De la misma forma que sigues a un grupo variado de cuentas, tus publicaciones deberían ser variadas: desde bromas más o menos ingeniosas (que esconden una reflexión detrás) a enlaces a contenido interesante, pasando por retweets de cosas destacables. El denominador común bien podría ser “aportar algo a los demás”, ya sea de tu propia cosecha o porque has visto algo relevante. Publicar exclusivamente los nuevos artículos de tu blog o las actuaciones de tu grupo de música acabará aburriendo a tus lectores.

Evita la publicación compulsiva y el trolleo. Antes de tuitear a lo loco (o de responder lo primero que te venga a la cabeza) párate unos segundos y “aléjate” para ganar perspectiva. Si después de un rato la idea que tenías al principio sigue ahí, entonces piensa la mejor forma de resumirla y escribe tu tweet. Recuerda que sólo tienes 140 caracteres, así que Twitter no es el mejor lugar para tratar temas extensos y complejos. Y no está de más que cuides tu ortografía y la puntuación. Una respuesta “en caliente” combinada con un desliz en la puntuación puede dar lugar a algún malentendido.

4.- Mima tus relaciones

Ya te he dicho que esto no va de conseguir followers porque sí, pero las relaciones sí que importan. Seguro que habrás leído en alguna parte que lo importante de verdad es el contenido. Y en efecto, una cuenta de Twitter “hueca” no merece la pena. Pero la Red es una auténtica jungla (o un desierto, según se mire), y necesitamos hacernos notar. No se trata de actuar en plan Comunity Manager las 24 horas del día, pero nunca está de más cuidar las relaciones del mismo modo que se cuida el contenido.

Yo tengo la costumbre de saludar a las cuentas que empiezan a seguirme. Puedo hacerlo porque mis nuevos followers vienen con cuentagotas, y más de uno me hace unfollow a los pocos días. Algunas son bots que han detectado alguna palabra clave en mis mensajes. Mientras no te saturen con menciones o spam no pasa nada. Probablemente dejarán de seguirte si no sigues hablando del tema que les atrajo.

Si te resulta posible, contesta a las menciones y respuestas, pero siempre que se trate de una conversación genuina y dentro del respeto. No ganas nada con entrar al trapo en una discusión monguer style. Aporta algo a los tweets interesantes que veas, respondiéndoles o añadiendo algo en un retweet. Y recuerda que las respuestas no son obligatorias. Si sigues mi consejo y respondes a las menciones, piensa en ello como gesto “altruista”, que sólo lo haces porque así lo decides y no esperas nada a cambio. El hecho de que tú hagas una cosa no obliga a nadie a hacer lo mismo. Si generas conversación de forma positiva, acabará dando sus frutos. Si respondes y mencionas compulsivamente sólo para llamar la atención te tratarán como a un spammer.

5.- Los famosos no están en Twitter para hablar contigo

La relación famosos-Twitter ya la he tratado en otras ocasiones. Para empezar, piensa que hay varias clases de famosos en Twitter. Es cierto que en algunos casos las cuentas de famosos en Twitter son una forma de tener un contacto más “directo” con ese famoso, porque publican a diario algunas cosas que hacen o les sucede, aunque sea decir que cogen un vuelo hacia tal o cual destino. Pero eso no significa que se conviertan en tus amigos o en alguien a quien puedas abordar por las buenas.

Piensa en la cantidad de seguidores que tienen algunas cuentas de famosos. Miles, decenas de miles o más (y eso que estamos en España, en Estados Unidos las cifras se disparan). Piensa que para mencionar a un famosos ni siquiera tienes que seguirle. ¿Te imaginas la cantidad de menciones que pueden tener a lo largo del día? Los famosos no viven en Twitter (o para Twitter). Seguramente dediquen el día a trabajar en aquello por lo que les admiras (música, humor, cine…). No puedes esperar que un famoso te responda sólo porque le menciones o le hagas una pregunta.

“Ya, pero es que los famosos sólo hablan entre ellos y se ríen la gracias”. Tienes razón. Pero en el fondo, hablan con los que se conocen. Los usuarios con los que más hablo son amigos míos o gente con la que tengo algún tipo de contacto o relación. Más o menos lo que hacen los famosos, aunque en otro nivel. Ojo, no es que defienda incondicionalmente su uso de Twitter. Simplemente estoy aplicando un poco de empatía. Es estupendo que te respondan a tus dudas o preguntas, a tus saludos y demás, pero piensa que puede haber miles de razones por lo que no lo hagan. En cualquier caso, avasallarles e insultarles no es el mejor camino para llamar su atención (bueno, salvo en el caso de Alejandro Sanz).

6.- ¿A cuánta gente puedo seguir?

No hay una regla que diga a cuántas cuentas de Twitter se puede seguir sin volverte loco. Leí en algún sitio que alrededor de 100. Yo sigo a poco más de la mitad y con eso tengo de sobra. Depende del tiempo que le dedique cada uno a Twitter y del tipo de cuentas que se sigan. Hay algunos usuarios que sólo para seguir lo que dicen habría que dedicarles atención exclusiva. Otros tuitean con más moderación. Y como en todo, va por rachas. Hay determinadas épocas en las que determinadas cuentas son más prolíficas. La explosión del 15M me obligó a dejar de seguir a determinados usuarios para alijerar un poco mi timeline.

No obstante, recuerda que hay herramientas útiles para controlar el flujo de información de Twitter. Puedes utilizar las listas (de las que hablaremos más adelante) o bloquear los retweets que hacen determinados usuarios, para así quedarte sólo con lo que dicen ellos en persona. También puedes bloquear algunos usuarios para evitar que sus mensajes aparezcan en tu timeline si otro usuario al que sigues les retuitea constantemente. Otra herramienta muy útil es muuter, una web en la que tras conectarte a través de tu cuenta de Twitter, puedes silenciar a los usuarios que elijas durante un tiempo determinado. En realidad, lo que hace esta herramienta es dejar de seguir a esa cuenta, y volver a seguirla pasado ese tiempo (verás que eso se nota en tus estadísticas). Es una solución ideal cuando determinados usuarios van a estar en congresos o eventos tuiteando “en tiempo real” lo que pasa. También se pueden bloquear hashtags, aunque en ese caso su funcionamiento es más irregular.

7.- Usa las listas para manejar información

Las listas te permiten clasificar las cuentas que te interesan en función de su temática o cualquier criterio que decidas. Es cierto que en mi caso tengo las listas un poco abandonadas, pero en su momento me ayudaron a agilizar mi uso de Twitter y a no agobiarme tanto con mi timeline.

Una de las grandes ventajas de las listas es que no necesitas seguir una cuenta para incluirla en una lista. Eso te permite estar al tanto de la actividad de determinadas cuentas sin que tu muro de Twitter se sature. Así, un periodista político puede meter en listas las cuentas de los partidos y candidatos políticos, o un crítico de cine puede monitorizar las novedades de las productoras y cineastas.

Piensa en cómo puedes organizar tus listas, y recuerda revisarlas de vez en cuando, para ver a quién añadir o quitar, o si tu estructura de listas necesita unos retoques. Y recuerda que además de seguir cuentas, se pueden seguir listas. Mira si te interesa no hacer públicas determinadas listas.

8.- Usa el botón reply para generar conversación

Ya hemos hablado de cómo puedes generar conversación. En este caso, me refiero a usar el botón reply de Twitter. Te resultará más cómodo a ti, ya que incluirá el nombre de usuario al que respondes de forma automática, y además le permitirá al resto de usuarios rastrear la conversación entera.

Las respuestas tienen la característica de que no serán visibles en el timeline de tus seguidores salvo que se cumplan determinadas condiciones. Eso te permite hablar con varias cuentas sin que el muro de tus seguidores se sature de mensajes que no les incumben. En mi entrada anterior explico cómo se puede ver la totalidad de una conversación tuitera y la diferencia entre respuestas y menciones.

9.- El retweet ¿directo o mencionado?

Como casi todo en Twitter, no existen reglas que definan cómo retuitear un mensaje. Al principio, la redifusión de un mensaje se hacía escribiendo las siglas RT (re-tweet) al principio de un mensaje. A continuación se indicaba el usuario y se citaba lo que había dicho. En una de sus mejoras, Twitter incluyó la opción de retuitear los mensajes, por lo que bastaba con pulsar un botón para que el tweet original apareciese en el muro de nuestros seguidores.

Cada método tiene sus ventajas. Hacer un retweet directo (o automático) es mucho más cómodo. Además, aparecerá el usuario original en el muro de nuestros seguidores, con lo que se llevará todo el crédito, que es lo justo. El retweet “indirecto”, aunque da un poco más de trabajo, permite incluir algún comentario (si el mensaje original ha dejado espacio para ello). Puede ser lo ideal cuando se quiere difundir tanto un mensaje como su “respuesta” a nuestros seguidores. En mi opinión, decidas el que decidas, lo suyo es acreditar la fuente original, ya sea con un RT @usuario al principio del mensaje, o si pones algún enlace, dejando al final un “vía @usuario”.

10.- El uso del FAV

Los FAV’s se han puesto de moda últimamente, aunque nadie se ha puesto de acuerdo en para qué sirven, aparte de para subir el ego del usuario en cuestión.

¿Hay que acompañar el FAV de un RT? He llegado a leer cosas sorprendentes acerca de su uso. Yo los uso como una forma rápida y cómoda de marcadores. Cuando estoy leyendo el Twitter en el móvil, o en un sitio (o momento) en el que no me puedo parar a leer los enlaces adjuntos, como entradas a blogs, artículos, vídeos, etcétera, marco el tweet como favorito. Luego, cuando tengo tiempo, repaso mi lista de favoritos y veo el contenido con calma. Una vez hecho, desmarco el tweet como favorito. Sí, soy así de malo, por eso las novias me duran tan poco.

Y el bonus… 11.- Usa Twitter como te dé la gana

¿Pero éste no era el punto #1? Efectivamente. Ahora que ya has visto algunas ideas sobre el uso de Twitter (repito, basadas en mi experiencia), utiliza las que te resulten útiles, adáptalas a tu situación, modifícalas o ignóralas. Usa Twitter de la forma que a ti te resulte útil. Pero si me permites un último consejo, usa Twitter como afición, no como obligación. Deja que Twitter sea un plus a tu día a día, no que te reste de tu quehacer diario.

Usa Twitter de forma que disfrutes usándolo. Y si además quieres seguirme, mejor que mejor 😉