MEGA, el nuevo chiringuito de Kim Dotcom

El fundador de la popular web Megaupload y de sus portales hermanos como Megavideo, Megapix o Megaporn entre otros, ha puesto en marcha el nuevo servicio de almacenamiento en la nube, MEGA. La fecha coincide además con el aniversario de su detención y la de alguno de sus socios por parte del FBI y del bloqueo de esas páginas.

Mega

Homepage de Mega

La expectación generada por la nueva web de Kim Dotcom le ha supuesto una impagable campaña publicitaria. Todos los diarios hablaban de la puesta en marcha del “nuevo Megaupload” y el tema era, cómo no, Trending Topic en Twitter. A las pocas horas de su inauguración ya había 250.000 usuarios registrados y sus servidores trabajaban a plena carga.

Sin embargo, pese a los rumores de que se llamaría Megabox y de que consistiría en una plataforma para que los músicos subiesen sus obras y pudiesen comercializarla con mejores condiciones económicas, finalmente el servicio se llama Mega (a secas) y sirve nada más y nada menos que para alojar datos en la nube, al estilo Dropbox. Sí, más o menos para lo que servía (en teoría) el antiguo Megaupload.

La novedad consiste en que Mega cifra los archivos por lo que ofrece más seguridad porque cifra los archivos al subirlos a sus servidores. Porque Mega, empresa con sede en Nueva Zelanda como indica su dominio (.co.nz) tiene servidores en dos países distintos que no ha revelado, logrando así una estructura de almacenamiento “distribuida” (ejem). Sólo dos cosas al respecto. La primera: no voy a entrar en detalle sobre la supuesta seguridad de Mega, pero básicamente realizan un paso (cifrar el archivo) que podría hacer el usuario, y según el análisis de otros blogs esta seguridad no es tan impresionante como asegura Dotcom. La segunda: el hecho de tener varios servidores no implica una estructura distribuida sino más bien una estructura de anillo (aunque por lo general en estas estructuras los servidores suelen estar próximos entre sí). Una estructura distribuida sería la red Kadmelia de eMule.

No puedo comentar en profundidad el funcionamiento del servicio porque no he sido capaz de crear una cuenta. Nunca recibí el e-mail de confirmación. Las quejas porque no se podía acceder a la web o no funcionaba bien también han sido noticia estos días.

El discursito de la privacidad que está dando Dotcom tiene varias lecturas. Por un lado intenta calmar a los usuarios como si les dijera “el FBI no podrá saber si habéis subido una peli a mis servidores, así que no os preocupeis”. Por el otro, el galimatías sobre cifrados y claves (“podrás compartir tus archivos sólo con quien tú quieras”) es como si intentase vender que de esa forma no se producirá una distribución de facto de contenido protegido. Claro, las webs que colgaban enlaces a Megaupload ahora no van a saber qué hace si además tienen que proporcionar una clave… Pero en general, lo que parece estar diciendo es que ha hecho lo mismo que venía haciendo hasta ahora, pero se ha asegurado de que no lo puedan detener.

Mega ofrece varios tipos de cuentas premium, como también hace Dropbox o Google Drive. De momento, no he visto planes de puntos para fomentar las descargas de archivos como sí había en Megaupload. (Un artículo hablaba de compensación a bandas musicales que subiesen sus canciones, pero parece que tiene en mente el servicio Megabox que se había anunciado en su día). Sin embargo, me ha llamado la atención este punto de sus términos de servicio (traducción de Genbeta):

8. Nuestro servicio puede borrar automáticamente un bloque de datos que subas si determina que es un duplicado exacto de otro bloque ya almacenado en nuestro servicio. En este caso, tendrás acceso al bloque original.

Aunque se trata de una cláusula común en este tipo de servicios, lo cierto es que en el caso de Mega es difícil de llevar a cabo si, como ellos dicen, no saben qué contenido suben los usuarios a sus servidores (os remito nuevamente al artículo de Genbeta). Podría tratarse de un lapsus por haber redactado los términos de servicio con la plantilla estándar. A mí me ha recordado la forma en que en el antiguo Megaupload conservaban una única versión de cada contenido.

En conclusión, me temo que el nuevo Mega pronto será una nueva versión de Megaupload. Kim Dotcom se ha limitado a quitarse el muerto de encima y a asegurarse de dejar bien claro que la responsbilidad la tienen los usuarios. Pero tiene toda la pinta de que va a montar un nuevo chiringuito a costa de traficar con música y películas. Y no estoy en contra del intercambio de archivos, que puede tener beneficios de otro tipo aparte del económico. También entiendo que en este tipo de estructuras a la larga es inevitable el parasitismo. Pero lo de este personaje clama al cielo. Dotcom es como esos políticos que abogan por la igualdad y el apoyo a las clases bajas y luego resultan ser los que más dinero se llevan y los que tienen un modo de vida más ostentoso y rancio. De la misma forma, este alemán hace demagogia sobre la privacidad y la seguridad, y pretende ser un nuevo cruzado de la libertad de expresión en la red, pero no es ningún activista ni nada parecido. Las mansiones y los deportivos es lo que tienen.

Las alternativas al actual modelo de copyright pasan por la protección real de los creadores y el compromiso de todos los actores implicados, no por la creación de empresas en las que los usuarios hagan el trabajo sucio.

5 falacias sobre los derechos de autor que se toman por verdaderas

Para que esta entrada no sea demasiado pesada (aún más) daremos por sentado que si están leyendo esto saben lo que son los derechos de autor. Pero si quieren despejar dudas, les recomiendo que vean estas explicaciones en el documental Copiad Malditos (a partir del minuto 6:50) y en las entrevistas hicieron para este documental a los abogados David Bravo y Javier de la Cueva.

En este artículo vamos a referirnos fundamentalmente a los derechos de autor en su vertiente económica. Vaya por delante que no me opongo al concepto de derecho de autor (especialmente en el reconomiento moral) ni al de propiedad intelectual, y que estoy a favor de la remuneración de los autores. Pero esta remuneración no puede producirse a costa de cercenar otros derechos fundamentales, o justificarse con falacias, algunas de las cuales se asumen como axiomas a base de repetirse tanto.

1.- Los derechos de autor son el sueldo de los creadores

Empezamos metiendo el dedo en la llaga. Seguro que a Alejandro Sanz le deben de estar pitando los oídos. La clave aquí está en la alegría con la que se emplea la palabra sueldo (también nos valdría salario). El diccionario de la RAE recoge la voz sueldo de la siguiente forma:

Sueldo (del latín solĭdus): 1.m. Remuneración regular asignada por el desempeño de un cargo o servicio profesional.

Los ingresos que una persona pueda percibir en concepto de autor no se ajustan a la definición de sueldo. No son regulares, ya que varían entre un ingreso y otro en función de la explotación de la obra que los genera. Tampoco se pagan por el desempeño de un cargo o servicio profesional, sino que es el producto generado (un libro, una canción…) el que genera un beneficio a lo largo de los años una vez se ha producido, sin importar el “cargo o servicio” que desempeñase el autor de ahí en adelante. En otras palabras, que una vez que existe una canción, puede seguir generando ingresos aunque el cantante no vuelva a acercarse al escenario en toda su vida (otra cosa es cómo de generosos sean esos ingresos). Este tipo de explotación se ajusta mejor al concepto de renta:

Renta (Del lat. reddĭta, infl. por vendĭta): 1. f. Utilidad o beneficio que rinde anualmente algo, o lo que de ello se cobra.

No se trata del tópico “el trabajo del músico son los conciertos, no la venta de discos”. Hay diferentes formas de ganarse la vida en el mundo de la cultura. Se pueden dar conciertos, sí, pero también los hay que cobran todos los meses por su trabajo como guionistas en un programa de televisión, y luego también reciben derechos de autor, aunque sean irrisorios. Pero en ningún caso los derechos de autor pueden considerarse como la remuneración como un trabajo, aunque algún afortunado reciba derechos sean suficientes como para vivir de ellos. Los derechos de autor deben (o deberían) considerarse como un plus, como la concepción inicial que tuvieron: un incentivo para que el creador siga creando más obras.

2.- El creador tiene derecho a vivir de su obra

De acuerdo con la falacia nº1, es relativamente sencillo argumentar esta otra afirmación. Cualquier persona decente (y las otras también) tiene derecho a vivir de su trabajo y por extensión del sueldo que cobra por realizarlo. Una persona tiene derecho a vivir de su trabajo (su sueldo); los derechos de autor (que genera la obra) son el sueldo de los creadores; ergo los creadores tienen derecho a vivir de su obra.

Ahora repasemos lo que he explicado antes sobre los conceptos de sueldo y renta, y sabiendo que los derechos de autor son más parecidos a una renta que a un sueldo, el silogismo chapucero del párrafo anterior se nos quedaría más o menos así:

El creador tiene derecho a vivir de las rentas.

Ummm… eso ya no queda tan guay ¿verdad? Claro, este Tahúr Manco es un piratón de los que se lo baja todo del eMule y es responsable del hambre de África por no comprar las cosas originales, podrán pensar ustedes. Si mis argumentos no les convencen, les recomiendo que lean este genial artículo del escritor Juan Gómez Jurado hablando sobre la (inexistente) piratería, en el que decía entre otras cosas:

También es falso que yo tenga derecho a vivir de mi obra. Lo que tengo derecho es a intentarlo.

Como anécdota, nuestro querido Alejandro Sanz le dijo a Gómez Jurado por twitter, tras leer el artículo, y con su educación característica: “si tienes cojones, regala alguno de tus libros”. Gómez Jurado, en respuesta, puso en marcha la web 1 libro 1 €uro, en la que se puede descargar, entre otras, su novela Espía de Dios de forma gratuita a cambio de hacer una donación de un euro o más a Save the Children. La donación es voluntaria. Cualquiera puede bajarse los libros disponibles sin pagar nada. Ni que decir tiene que la web ha tenido un notable éxito.

Piratería e internet aparte, muy poca gente puede vivir sólo con lo que generan los derechos de autor de sus obras. Quizá algún cantante de éxito internacional. Por ejemplo, prácticamente todos los escritores españoles compaginan su faceta literaria con otra profesión como el periodismo o la colaboración en medios de comunicación (columnistas, tertulianos…). Y esto ya era así antes de que todo fuese digital y se pudiese copiar de forma instantánea.

3.- Las licencias Creative Commons se oponen al copyright.

Cada vez son más los autores que usan este tipo de licencias, no solamente los cuatro bloggers de turno. Su existencia no implica una dicotomía copyright vs creative commons (eligir entre uno u otras), sino que con las licencias CC se cubren una serie de zonas grises entre el “todos los derechos reservados” y el “ningún derecho reservado”. La creación de estas licencias tuvo (y tiene) como objetivo facilitar a los autores el poder indicar que renunciaban a ciertos derechos, y por extensión informar al público de qué obras pueden utilizar libremente mientras respeten las condiciones.

Esto lo explica la filial española de Creative Commons en su web, en el apartado preguntas frecuentes. Allí podéis ver que las licencias creative commons no se oponen al copyright:

¿Creative Commons es opuesto a los derechos de autor tradicionales?

No, en absoluto. Nuestras licencias os ayudan a ceder algunos derechos sobre las obras pero con ciertas condiciones y manteniendo otras. La justificación de la protección de la propiedad intelectual es la promoción del progreso de la ciencia y de las artes. Nosotros también queremos promover la ciencia y las artes. Creemos que podemos ayudar a los creadores a conseguir la licencia más adecuada para sus necesidades.

Las diferentes licencias sirven para liberar determinados derechos de acuerdo a ciertas condiciones. Todas parten de un mínimo común, que es el derecho moral (el reconocimiento de la autoría), por lo que no deben entenderse como una carta blanca para el plagio. Estas licencias pueden ser revocables. No obligan a los autores a manterlas de por vida.

Y los derechos se liberan, pero no se renuncia a ellos. Por ejemplo, este blog tiene un licencia creative commons by-nc-nd (en su versión 3.0). Esto permite copiar y distribuir los artículos de este blog siempre que indiquen claramente son obra del Tahúr Manco (es de agradrecer un enlace a la fuente original, a ser posible al principio, para que sus lectores tengan claro desde el primer momento de quién es el artículo). Tampoco pueden hacer un uso comercial de esos artículos. Tranquilos, si los cuelgan en su web y ésta tiene publicidad no me lo tomaré como “un uso comercial”. Y por último, no pueden hacer obras derivadas (esto último lo pongo fundamentalmente porque me gusta que se mantenga la integridad del texto). Sin embargo, esas condiciones esas condiciones se aplican a ustedes, no a mí. Yo sí puedo realizar una obra derivada de mis propios artículos, y nada me impide obtener dinero de este blog, bien sea insertando publicidad o de alguna otra forma (por ejemplo, si tuviese una columna en algún medio impreso y la publicase aquí, estaría siendo remunerado por algunos de mis artículos).

Estas licencias no impiden que terceros puedan obtener permiso del autor para ejercer determinados derechos sin que se apliquen algunas de las condiciones. Siguiendo con el ejemplo del blog, si una revista comercial quiere publicar algunas de mis entradas (uso comercial de mi obra), puede llegar a un acuerdo conmigo para hacerlo. O si alguna de las historias del Colectivo Onanista os inspiran para hacer un corto o una canción, sólo tenéis que hablar conmigo para que os ceda ese derecho. Cuando se me pase la risa, claro.

4.- Solo es legal si lo pagas

Desde los sectores más duros de la defensa de los derechos de autor se genera un discurso tan confuso que da a entender que el único contenido legal es el que se paga. Si algo sale gratis no es “legal”.

En primer lugar, este discurso parece que sólo contempla el modelo de negocio de iTunes y similares, como si hubiera que abonar cada uno de los productos culturales por separado. Se olvidan de que otras industrias culturales tienen formas diferentes de financiación, no sólo el modelo gratuito financiado con publicidad, sino también el abono mensual (televisiones de pago, Netflix) o fórmulas mixtas como el modelo freemium (Spotify).

En segundo lugar, que sea gratis para el consumidor no significa que no esté remunerado. Casi siempre se pone el ejemplo de las televisiones en abierto, financiadas mediante publicidad o, como en el caso de la actual TVE, subvencionadas por el Estado. De una u otra forma, estamos pagando esas televisiones. Todos pagamos impuestos (hay más impuestos aparte del IRPF de las nóminas), y la publicidad la pagamos nosotros, ya que cuando compramos un producto de marca, su precio incluye el gasto que hace la marca en promocionarse.

Hay muchas formas de generar dinero en internet con productos gratuitos para el usuario. Lo verdaderamente importante es retribuir a los autores de una forma justa.

5.- Copiar es robar

A ver ¿cómo explico que copiar no es robar? Pues así:

¡Copiad, malditos! (el documental íntegro)

Hace un par de semanas dejaba una entrada sobre el documental ¡Copiad, malditos! que emitieron en La 2, y que estaba bajo una licencia Creative Commons. (Como en la entrada anterior ya puse enlaces al blog, a la web de RTVE y expliqué todo lo referente al proyecto, me abstengo de repetir enlaces y detalles innecesarios).

El documental ya está disponible para su visionado en la web del proyecto, antes de lo previsto, y al ser una obra con licencia Creative Commons, no sólo se puede enlazar, sino que se puede descargar y distribuir libremente mientras se respeten las condiciones de la licencia: respetar la autoría de la obra y no utilizarla con fines comerciales.

Imagino que quien estuviese interesado ya habrá visto el documental, pero en cualquier caso aquí os lo dejo para que podáis verlo. Por cierto, en el blog del documental hay una versión con subtítulos en inglés y los enlaces para que descarguéis el archivo, por si le tenéis manía al streaming.

Copiad, malditos. Licencia creative commons en tv

Ayer estuve viendo el documental ¡Copiad, malditos! en La 2. Se trata de un proyecto que ha pasado bien desapercibido en el panorama televisivo pero que en la red ha generado bastante expectación, y en el momento de escribir esta entrada es el principal Trending Topic de Twitter (si quitamos los que están patrocinados).

El proyecto ¡Copiad, malditos! se compone de dos elementos fundamentales. El primero es el propio documental, que estará disponible en la web de RTVE hasta el próximo 1 de mayo. El segundo es un completísimo blog que ofrece información sobre todo el proyecto, desde notas de prensa y transcripciones del guión hasta los vídeos de las entrevistas completas a las diferentes personas que intervienen. De momento he visto la de David Bravo, pero también están Javier de la Cueva, Lutz Emmerich, Richard Stallman, Ignacio Escolar y muchos otros. A partir del 1 de mayo, cuando el documental deje de estar disponible en la web de RTVE, podrá verse en el blog. Y no sólo verse, sino que se podrá descargar y distribuir libremente, ya que está bajo una licencia Creative Commons. Hasta donde yo sé, es la primera vez que veo una obra bajo este tipo de licencia emitirse en una televisión de alcance nacional.

A pesar de su título, ¡Copiad, malditos! no trata exactamente de las copias o de los problemas de la (abrir comillas) piratería (cerrar comillas), sino que va más allá y aborda el concepto de la propiedad intelectual, cuándo y cómo surge, y cómo se gestiona en el siglo XXI, donde las posibilidades de copiar contenidos y obras culturales son mayores que nunca. Para abordar este tema, recurre a la fórmula de contar la historia del propio proyecto. Así, el documental nos explica lo que tiene que hacer su director Stéphane M. Grueso para que la obra pueda estar bajo licencia Creative Commons (y dentro del Creative Commons, qué tipo de licencia le interesa) y si eso es compatible con la emisión por televisión, en este caso, La 2 de TVE, ya que RTVE es coproductora y por tanto copropietaria del documental.

A lo largo de este periplo, la pieza va mostrando diferentes aspectos de la propiedad intelectual, desde el origen del concepto, a la forma de gestionarla actualmente y los problemas que eso supone. Hablamos no sólo de las prácticas abusivas de la SGAE, sino de los problemas de los artistas de autogestionar su propiedad intelectual. Esto se debe a que para poder cobrar derechos de autor es necesario ser socio de una entidad gestora (por ejemplo, SGAE), y eso implica ceder toda la gestión a esa entidad, por lo que los artistas no pueden decidir si quieren que determinadas obras estén libres de las restricciones del copyright.

En general los conceptos están bien explicados, especialmente los de propiedad intelectual y derechos de autor, que muchas veces se mezclan y confunden. En ocasiones el documental tiene que abreviar o saltar algunas explicaciones, pero cuando eso ocurre la voz en off del director se encarga de resumir los conceptos. Hay algunos datos que no me convencen demasiado (por ejemplo, el cine ha resistido mejor la piratería que la música, de acuerdo a los informes que manejo yo), pero son casos sueltos y seguramente se deba a una cuestión de contextualización.

Como anécdota, una de las cosas que más ha notado la audiencia es la falta de rótulos cuando aparecían los entrevistados. Llegué a pensar que se había hecho así deliberadamente, para no predisponer al espectador, aunque en algunos casos se ven elementos que ayudan a situar al entrevistado (Ignacio Escolar aparece con una portada de Público, diario que dirigió, enmarcada en la pared). Pero esta mañana he visto que el director ha dicho en su Twitter que se trata de un error, y que la versión para descargar tendrá ese fallo corregido.

En definitiva, se trata de un documental muy interesante y más que recomendable. En primer lugar porque se adentra más allá de los tópicos sobre estos temas que suelen verse en los medios. Habla de la propiedad intelectual, de su razón de ser, y de cómo gestionarla; no sólo de lo fácil que es bajarse cosas de internet y lo mucho que perjudica a los artistas. Y en segundo lugar, porque como he dicho antes, se trata de un documental con una licencia distinta al Copyright (algo coherente con la línea de la cinta, por otra parte) que se ha emitido por televisión. Me parece muy interesante que una televisión pública apueste por algo de este tipo, y ojalá no fuese la excepción. Dice mucho en su favor, no ya sólo por su alejamiento de la producción comercial (al fin y al cabo, como televisión financiada por impuestos, su objetivo es otro) sino por la pluralidad que demuestra con este tipo de contenido, diametralmente opuestos a lo que nos quiere colar el Gobierno.

En cuanto el documental esté disponible, podréis verlo también en este blog.

Copiad, copiad, malditos

Os presento aquí la web ¡Copiad, malditos! (derechos de autor en la era digital). Se trata del site que han montado en torno a un documental del mismo título coproducido entre elegantmobfilms y TVE. El documental, del que seguro que daré cuenta en este blog, se emitirá el próximo domingo 17 de abril (Domingo de Ramos) a las 22:00 en La 2.

Por lo pronto, en la web podéis encontrar un montón de información sobre este proyecto, como la sinopsis del documental, ficha técnica, entrevistas, etcétera. Una vez se emita el documental, también podréis verlo allí y descargarlo sin ningún problema, ya que todo el trabajo está bajo licencia Creative Commons.

Os recomiendo especialmente el apartado de entrevistas, donde podréis encontrar charlas con gente vinculada a la cultura y los derechos de autor desde muchas caras de este complejo prisma. Desde Enrique Loras, director general de SGAE, hasta Richard Stallman, padre del software libre (y todo un personaje, por lo que pude ver en la entrevista que le hicieron en Baquia TV), pasando por Ignacio Escolar, Lutz Emmerich (Spotify Spain) y los ya “clásicos” Javier de la Cueva y David Bravo.

Os dejo la entrevista con David Bravo. Es un poco larga (77 minutazos) pero no se hace pesada. Muchas de las cosas que se dicen os sonarán si sois seguidores de ese abogado saleroso (como lo llamaba Carlos Otto), pero hay partes muy interesantes, sobre todo al final, como los diferentes derechos de autor que genera una obra (eso está al principio) o las diferencias entre entidades de gestión.

Que la disfrutéis.

Valoraciones de la anulación del Canon Digital

Hoy se ha dado a conocer la noticia de que la Audiencia Nacional ha declarado nula la Orden Ministerial PRE/1743/2008, de 18 junio, que regulaba lo que todos conocemos como el Canon Digital. La sentencia, que podéis leer íntegra aquí, viene a zanjar el recurso contencioso-administrativo (la demanda, vamos) que interpuso la Asociación de Internautas contra el Ministerio de la Presidencia y varias sociedades de gestión de derechos de autor, como EGEGA y CEDRO entre otras (e incluso Cableuropa, empresa propietaria de ONO, figura entre los codemandados).

Esta sentencia no tiene relación con la dictó la Audiencia de Barcelona en relación al caso Padawan. La A.B. confirmó con su sentencia lo que había dictaminado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE): que el canon sólo podía aplicarse a personas físicas, y no a personas jurídicas (empresas e instituciones). Como expliqué en su momento, esto no significaba que el canon hubiese sido declarado ilegal, sino que se consideraba abusiva la forma de aplicarlo. Las dos sentencias responden a procesos diferentes. Que se haya dictado sentencia en la Audiencia Nacional sólo unas semanas después de la de Barcelona (recordemos que la normativa española tenía que adaptarse para acatar la sentencia del TJUE) no sé si será coincidencia, pero no suelo ser tan paranoico.

Sobre la sentencia que nos ocupa, a pesar de la alegría que naturalmente ha provocado entre internautas y usuarios, prefiero tomarla con cautela. En primer lugar porque aún cabe presentar recurso. Y en segundo, y más importante, es que se ha declarado nula la Orden Ministerial (no el canon per se) y por “defecto de forma” (que me perdonen los abogados si no he usado la expresión correctamente). Es decir, por hacer una chapuza deprisa y corriendo.

Aunque la Asociación de Internautas argumentaba principios de inconstitucionalidad, han sido razones formales las que han provocado la nulidad de la Orden. Por resumir, el Gobierno tramitó la Orden como si se tratase de un acto administrativo, mucho más fácil de aprobar y que no necesita llevar a cabo una serie de trámites (presentar memorias Económicas y Justificativa, así como un Dictamen al Consejo de Estado). Sin embargo, la orden mediante la que se aprobó el canon no se ajusta a la definición de acto administrativo, sino a la de Reglamento, que ya es una norma jurídica y necesita los trámites antes mencionados. En pocas palabras: quisieron dar gato por liebre. Y con la misma facilidad con la que se aprobó en su día, se ha anulado después.

¿Qué pasará ahora? Bueno, asumiendo que no se presente recurso, o que en todo caso se declare finalmente esta nulidad, para empezar la sentencia no tendrá carácter retroactivo, así que el canon que hemos pagado hasta ahora, pagado está y no hay tu tía. Esto no sé cómo afectará a las empresas que tenían pensado recurrir el canon que habían pagado, aunque creo que en principio no debería ser obstáculo: la Orden ha estado vigente durante más de dos años, y la cláusula abusiva ya existía.

Una de las cosas que más me temo es que al tratarse de un defecto de forma, no servirá de precedente, ya que no se han tomado en cuenta los principios de inconstitucionalidad. Además, la Orden es fruto de la reforma de la LPI que tuvo lugar en 2007, y que se adaptaba a la normativa europea, por lo que es de esperar que tarde o temprano nos llegue un nuevo canon. La Ministra Sinde no ha tardado en decir que ellos siguen adelante con lo suyo. Me gustaría pensar que esta es una buena oportunidad para crear un nuevo modelo de compensación por copia privada más justo, equitativo, menos abusivo, y cuyos ingresos se distribuyan de una manera más racional (y no que se lo den a los cuatro de siempre), pero no soy tan optimista.

La incógnita que me queda es que pasará con la sentencia del TJUE. Estábamos obligados a readaptar la normativa española para que se cumpliese lo dictaminado en la sentencia. De hecho, la demora en este asunto supone un aviso (y más tarde, una multa) por parte de la Unión Europea. Ahora que la Orden está anulada ¿ya podemos dar la sentencia por cumplida? ¿o aún tenemos que esperar a que se haga un nuevo canon? Y si ese nuevo canon siguiese siendo abusivo ¿se aplicaría de nuevo la sentencia del TJUE? ¿o como ya no se trata de la Orden PRE/1743/2008 no se considera el mismo canon?

Defecto de forma, señores.

Que pagar el canon no tienes, joven Padawan

Chiste muy malo para una entrada que sólo tiene como objeto reflejar la noticia de la que me enteraba ayer a través de Carlos Otto en su twitter, y es que la Audiencia de Barcelona ha emitido una sentencia en la que absuelve a la empresa informática Padawan por no haber pagado el canon, tal y como le exigía la SGAE.

Os resumo brevemente el culebrón. Padawan es una tienda de informática que vendía CD’s, DVD’s y demás soportes de grabación y reproducción sin cargarles el canon digital, ya que los vendía (mayoritariamente) a empresas y usuarios que los utilizaban para hacer copias de seguridad de sus propios datos y no copias privadas. La SGAE le reclamó una suma de dinero en ese concepto que ascendía a 16.759€. La cosa fue a juicio, se lió (apelaciones, recursos, y demás), y acabó en el Tribunal de Justicia de la U.E., quien sentenció que el cobro indiscriminado del canon era abusivo e iba en contra de la directiva europea. Ése es ya el final del camino. Ya no hay más organismos judiciales a los que recurrir.

Una vez dictada sentencia por el TJUE, la pelota volvió a la Audiencia de Barcelona, a la que le tocaba hacer efectivo el fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea a través de nuestra legislación. Y eso es lo que ha hecho. La sentencia es firme y contra ella no cabe apelación. Fin del asunto.

He leído que esta sentencia (y la del TJUE) lo que hacen es declarar el canon ilegal. Eso no es cierto. En las dos sentencias se reconoce el derecho a aplicar un canon para compensar a los autores por copia privada. Pero debe hacerlo respetando un “justo equilibrio”. En concreto, la sentencia de la Audiencia de Barcelona reconoce que se puede caer en esa presunción de culpabilidad que es el canon, y que no es estrictamente necesario conocer de antemano el uso que un particular vaya a hacer de un CD para justificar el pago del canon. Es decir, que si como usuario particular, uso un CD para copiar mis fotos de las vacaciones (ejemplo original donde los haya), me jodo aguanto y pago el canon. La puntualización que hacen ambas sentencias es que la del “justo equilibrio”, y entienden que si bien las personas físicas usarán estos dispositivos para copias privadas, los profesionales y personas jurídicas los destinarán a otros usos. Porque aunque no haga falta acreditar el uso efectivo de la copia privada, sí que debe ser verosimil. De la misma forma que yo, como particular, acepto pagar el canon aunque use un CD para otro tipo de copias, a ti, como empresa, no pueden endilgarte el canon por la compra de 100 CD’s, aunque alguno suelto vaya a manos de un trabajador avispado que se lo quede para grabarse el disco de Lady Ga-Ga.

En resumen, valoro muy positivamente la sentencia. Y es que el concepto de canon en sí mismo me parece admisible (forma de compensar a los autores), pero no su aplicación. La SGAE está llegando a las situaciones más esperpénticas para recaudar dinero, intentando cobrar por cualquier cosa, y aplicando un impuesto de forma abusiva e indiscriminada. Esperemos que muchas empresas sigan el ejemplo de Padawan. Quizá cuando la SGAE se harte de perder juicios, de devolver el dinero del canon, y de pagar las costas de los juicios, sean los propios autores los que les paren los pies a Teddy Bautista & Co.

Podéis leer la sentencia de la Audiencia de Barcelona en PDF aquí (viene con las ideas importantes ya subrayadas); y en este otro enlace, la sentencia del TJUE de octubre. Si os hacéis un lío con todo esto del canon y la copia privada, en este post tenéis una sencilla guía en 20 preguntas y respuestas.