Los 7 sinners en el concierto de Helloween

Después de ir a varios conciertos el pasado otoño, parecía que la temporada de shows en vivo tocaba a su fin. Pero sabiendo que Helloween venía de gira por España, y acompañados nada más y nada menos que por Stratovarius, no me lo podía perder. Y es que Helloween en directo es sinónimo de diversión asegurada. Así que allí que fuimos a verlos a La Riviera, donde presentaban su nuevo disco 7 sinners. Y ahora que lo pienso… éramos 7 personas las que fuimos.

Teloneando a estas dos leyendas del metal estuvieron Trick or Treat, quienes se encargaron de abrir la velada mientras el respetable iba llenando la sala (se agotaron las entradas anticipadas, e imagino que el porcentaje reservado a taquilla no duraría mucho). Esta banda italiana surgió precisamente como tributo a Helloween, por lo que esta gira tiene que ser un sueño para ellos. Con un look inquietante (mucha malla a lo Richie Blackmore) y en el poco espacio que tenían en el escenario (demasiadas baterías y parafernalia) se ganaron el favor del público. Excelente el buen humor que tenían, el desparpajo y las ganas de cachondeo y de fiesta. El cantante era todo un showman que no dejó de sacar artículos de coña, a saber: orejas de conejito, guitarra hinchable, sombrero de fiesta, y guante a lo Mickey Mouse. De los mejores teloneros que he visto últimamente. Cuando hicieron una versión del Girls just wanna have fun de Cindy Lauper me quedé a cuadros. Y lo mejor es que la clavaron.

Una vez entrados en materia, fue el turno de Stratovarius, que por desgracia fueron los más flojos del concierto. Como nota positiva, Jörg Michael se había incorporado a la gira tras recuperarse, increíblemente rápido, del cáncer que le diagnosticaron el pasado otoño. En cambio, el cantante Timo Kotipelto seguía padeciendo los efectos de alguna bacteria que ha cogido en diciembre durante la gira. Había perdido casi toda la voz y era incapaz de hacer agudos, por lo que se apoyó mucho en el público para cantar casi todos los temas. Además de eso, se ausentaba con frecuencia del escenario, hasta el punto de que se modificó el setlist para eliminar algunas canciones e incluir solos de bajo y guitarra y algún tema instrumental como el mítico Stratosphere. Realmente se le veía que lo estaba pasando mal: tenía mala cara al volver al escenario y bebía agua con frecuencia (la bacteria le provoca, entre otras cosas, deshidratación). Eso sí, no perdía ese puntito de chulería (en el buen sentido) que le caracteriza.

El resultado fue un show bastante corto, con un setlist escaso, en el que apenas se tocaron temas de la era post Tolkki. Vale, hay que tener en cuenta que el último disco lleva tres días a la venta, pero aún así… Por su parte, el reemplazo de Tolkki, aunque es un guitarrista competente, parece estar como de invitado. Casi no interactuaba con los demás miembros del grupo y no ofrecía espectáculo. La afección de Kotipelto no sólo hizo mella en su voz (que ya de por sí está perdiendo bastante en los directos últimamente), sino también en sus aptitudes como frontman. Estuvo más frío que en otras ocasiones, y sin él llevando la voz cantante (nunca mejor dicho), el resto de la banda no se comunicaba con el público. Una lástima, porque me encanta este grupo aunque no estén ni de lejos en su mejor momento. Esperemos que se recupere pronto para su próxima visita a España.

Y por fin fue el turno de Helloween. Los alemanes no decepcionaron. Desplegaron una estupenda puesta en escena y arrancaron muy fuerte con Are you metal? de su último álbum. No obstante, sólo hubo dos canciones más del recién estrenado 7 sinners a lo largo de la actuación. El resto del setlist se apoyó muchísimo en los Keepers. Incluso el Keepers: the legacy estuvo presente en el popurrí que hicieron de sus temas más largos: Keeper of the 7 keys, King for a thousand years y Halloween. El resto fueron un par de temas del Time of the Oath y del Better than raw, e incluso una canción del Walls of Jericho: el clásico Ride the Sky, que en su momento interpretase Kai Hansen. Particularmente, me hizo mucha ilusión escuchar en directo I’m alive. Eché de menos algún tema, pero como ocurre con estos grupos, es normal que con una trayectoria tan larga tengan que seleccionar sólo una parte de su repertorio, variando un poco respecto a sus anteriores tours.

Pero con independencia del setlist, Helloween es un espectáculo en sí mismo. Sobre el escenario se les ve muy unidos y compenetrados, y se nota que se lo pasan bien tocando. Tanto los veteranos como los nuevos miembros tienen mucho carisma. Sascha Gerstner está demostrando su valía en la composición de nuevos temas, y Dani Löble es una bestia parda en la batería, como nos demostró haciendo un impresionante solo. En cuanto a Andi Deris, es sencillamente el mejor frontman que he visto en escena. Bromea con todos los miembros y disfruta como nadie durante las canciones. Además, con eso de que tienen los estudios Mi Sueño en Tenerife (qué raro, unos alemanes que no prefieren Mallorca) se defiende muy bien en castellano y eso es una gran baza a la hora de ganarse a la audiencia. Entre sorbo y sorbo de vino, no paró de hablar con el público, animándolo en todo momento… incluso pidiéndole que le gritásemos ¡¡Maricón!! al batería.

En definitiva, cuatro horas de espectáculo que merecieron la pena. Salimos la mar de contentos del concierto. Ahora toca esperar hasta la próxima ocasión. Menos mal que no son como los Manowar y no tardan 6 años en sacar un nuevo álbum de estudio.

Crónica sentimental del concierto de Blind Guardian

Hace un par de meses, os contaba cómo rompí esa particular maldición que me había impedido ver a Manowar  en directo durante mucho tiempo. En el caso de Blind Guardian, fue el primer grupo al que vi en directo, durante la gira de su disco Nightfall in the Middle-Earth, y a día de hoy son uno de los grupos que más veces he visto sobre las tablas junto con Stratovarius.

Acudí el viernes a La Riviera con muchas ganas tras ocho años sin ver a los teutones en acción. Mucha cola (menos mal que llegamos más o menos temprano), mucho chavalín y mucha expectación. Desde el sitio en el que me situé para ver el espectáculo (una galería del nivel superior, en el lateral derecho) tuve una vista privilegiada de la sala, y pude comprobar que el recinto estaba abarrotado de gente. Si no colgaron el cartel de “no hay entradas”, desde luego les faltó bien poco. Me llamó mucho la atención, porque los bardos hace ya que atravesaron su mejor momento musical, pero en cambio siguen teniendo seguidores muy fieles y sus conciertos cada vez están más llenos.

No hubo teloneros antes de la actuación. Me había esperado algún grupo para ir calentando el ambiente, que en cualquier caso habría tenido un éxito muy discreto, porque el público estuvo accediendo al interior del recinto desde la apertura de puertas (pasadas las 19:00) hasta poco antes de que empezaran a tocar los Guardian, poco antes de las 21:00. Y es que la cola que había fuera era de aupa.

Empezó el espectáculo con un escenario sobrio (qué diferencia con aquella recreación de la portada del single Mirror Mirror, en la que todo el escenario simulaba las llanuras heladas de Mordor). Únicamente usaron como apoyo una pantalla sobre la que proyectaron imágenes con motivos de las canciones. El sonido lo encontré menos limpio que en otras ocasiones, pero también es cierto que se me taponaron un poco los oidos y que la zona en la que me quedé no tenía la mejor acústica. La gente que estuvo abajo me dijo que se escuchó bastante bien.

El setlist estuvo muy equilibrado entre canciones clásicas y temas nuevos, casi igual al de Milán. Yo eché en falta algún tema y hubiera quitado algún otro, pero lo digo sólo desde mi punto de vista personal. Hansi, el cantante, se dosifica cada vez más y sólo recurre a los agudos en momentos muy puntuales. Pero se nota que tiene tablas, y llega a donde tiene que llegar cuando lo necesita. En general, al grupo se le vio muy cómodo y con buen feeling. Eso sí, los músicos de sesión, en especial el bajista, se vieron muy cohibidos al estar relegados a una tarima y no tener libertad de movimiento.

La sensación que me quedó al final fue estupenda. Es un grupo que me gusta mucho, y su público se entrega en cada concierto. Las dos horas de espectáculo se pasaron rapidísimas y disfruté al máximo. Supongo que pasará bastante tiempo hasta que les vuelva a ver, porque Blind Guardian pertenece a ese tipo de bandas que lanzan un nuevo álbum de estudio cada cuatro años o más, como Manowar, Iron Maiden y demás.

And the stoy ends continue…

El fin de la maldición de Manowar

Sé que el título es un poco confuso, así que lo explicaré. En diciembre de 1997 estuve en una firma de discos de Manowar, en el Hard Rock Café de Madrid. En un momento determinado un segurata profirió contra los que hacíamos cola la temible amenaza de que “no veríamos a Manowar en 20 años” si no nos calmábamos un poco. Obviamente lo tomamos como una exageración. Al final no nos dio tiempo a que nos firmaran. Después, no tuve oportunidad de verlos en concierto. Cuando pasaron 10 años, mis amiglos y yo comenzamos a preocuparnos. Los dos chicos que me acompañaban esa tarde tuvieron oportunidad de romper esa maldición el año pasado, en el Metalway Festival de Zaragoza. A mí me tocó el turno el pasado sábado.

Pese a que Manowar es una banda propensa a los grandes escenarios y los festivales debido a su desmesurado despliegue de sonido, han aterrizado en tierras españolas y actuaron en una sala relativamente pequeña como es La Riviera es su show en Madrid.

De los teloneros, HolyHell, poco diré. Apadrinados por Joey DeMaio (bajista y líder de Manowar), parece que la discográfica les están dando a conocer. A pesar de contar en su filas con Rhino, batería de Manowar en el disco The triumph os steel, su estilo musical poco tiene que ver con la banda a la que teloneaban. Por decirlo así, y esto es una opinión subjetiva mía, venían a ser unos aspirantes a Nightwish (la cantante me recordaba más a Anette Olzon que a Tarja Turunen) o a bandas en esa línea. El teclista acaparaba medio escenario (vale, los teloneros tienen menos espacio) con sus cinco teclados, más los que sacaba en plan Camela. Pero a mí me dejaron frío.

Manowar comenzaron su show a las 21:00. Como de costumbre, su set sobre el escenario era austero, limitándose a una colección de amplificadores de cosecha propia (en Manowar tienen sus propios ingenieros de sonido que construyen altavoces específicos para la banda), aunque no tantos como ellos hubieran querido. Como siempre, pretendían demostrar la potencia que tienen sobre el escenario. Eso está muy bien para grandes eventos, pero en una sala no demasiado grande como La Riviera era algo exagerado. Además, en muchas ocasiones el sonido se saturaba. Pero en fin, no esperaba menos de ellos.

El otro punto flaco (ponedle todas las comillas que queráis) del concierto fue el setlist. Para esta pequeña gira, la banda había optado por temas de sus últimos discos, desde Louder than Hell (1996) en adelante, así que se quedaron fuera muchos clásicos, y en cambio entraron temas que podrían considerarse prescindibles. Pero al fin y al cabo, Manowar es un grupo con muchos años de carrera musical, muchos discos editados, y es inevitable que cada uno eche de menos uno o dos temas al verlos en directo. A eso se le añade que en línea con el set del escenario, el sonido era muy directo, sin adornos, sin efectos, sin playbacks de los coros y demás, así que temas que en los discos suenan muy épicos, en el escenario sonaron crudos y contundentes. Cuestión de gustos.

Siguiendo con las tradiciones, DeMaio soltó su típico discurso (hablando en “el peor español del mundo”, según sus propias palabras) sobre lo heavys que son, lo alto que tocan, lo larga que la tienen, lo que quieren a los fans, y más a los de España, y en concreto a los de Madrid, etcétera. No obstante, no se excedieron mucho en este punto. Por lo demás, hubo un par de momentos divertidos, como cuando DeMaio interrumpió a la banda en mitad de un tema porque el batería (durante la gira están tocando con Donnie Hamzik, batería de su primer disco, ya que Scot Columbus al parecer ha abandonado la banda, aunque éste es aún un punto turbio) se había equivocado de ritmo, y ni cortos ni perezosos volvieron a empezar.

Pero al final la sensación que me quedó fue muy buena. A pesar del setlist, había temas que me encantan y que llegaron a emocionarme, y al final del concierto se marcaron un par de clásicos que hicieron que toda la sala (se habían vendido todas las localidades) enloqueciera. La perspectiva desde donde me encontraba era impresionante. Fue una noche de concierto, una noche de mucho metal y mucho ruido, y fue el momento de saldar una cuenta pendiente. Así que acabé más que satisfecho. Como les dije a mis amigos, ya me puedo morir en paz.

Bueno, no: me falta ver a los Iron Maiden.

Festival Mundo Idiota. Pa’ habernos matao. (Actualizado)

Entre la fecha del evento (31 de octubre, noche de Halloween) y lo selecto de su clientela, no faltó gente disfrazada. Os puedo asegurar que vi cosas. Entre otras, un pollo con corbata, monjas varias, y el clan Wallace al completo. Y yo allí, tan normalito.

El festival empezó con puntualidad. Vamos, que para cuando quise entrar (10 ó 15 minutos después de las 6, hora de apertura de puertas) los chicos de El hombre linterna ya estaban subidos al escenario tocando Oliver y Benji. Imagino que sería el primer o el segundo tema a lo sumo. El repertorio de los chicos de El hormiguero se compone de sintonías de series de los ochenta y noventa, un género que han bautizado como cartoon rock, y eso les daba la ventaja de tener los coros asegurados. A eso hay que sumarle otros dos puntos a favor. El primero, que fue uno de los grupos con mejor sonido de todo el festival a pesar de contar con media docena de integrantes sobre el escenario. El segundo, que el periplo radiotelevisivo de sus principales miembros (Juan y Damián, las voces de Trancas y Barrancas) les ha convertido en unos showmen cojonudos, que supieron animar al público desde el primer momento. La banda transmitió muy buen rollito sobre las tablas, y eso lo notó el público, que respondió en consecuencia.

Cuatro grupos en cinco horas de show no da mucho tiempo para cada banda. Poco después de las 7, Juan Luis Cano de Gomaespuma estaba ya presentando a los siguientes del cartel: El Reno Renardo. Me atrevería a decir que era el grupo más esperado del festival a pesar de actuar en segundo lugar. Y es que a pesar de la popularidad que tienen las maquetas de estos chicos, no han sido muchas las oportunidades de verlos en directo. Desde luego, no defraudaron. Hicieron gala de actitud metalera, y como buen grupo heavy, iniciaron la actuación con la intro de El reino de la cagalera de Bisbal, para arrancarse inmediatamente con el épico Cipote ancho. Los nuevos miembros del Reno demostraron su valía, y sorprendió la calidad musical de toda la banda en directo. Una lástima que el sonido no fuese muy bueno, ignoro si sería cosa de la sala o del grupo, y se oía poco la voz de Zarigüeya, incluso cuando hablaba entre tema y tema. Con tan poco tiempo para actuar, se echaron de menos muchos temas, una lástima. Se notó que a la banda le falta rodaje, aunque calidad tienen de sobra. También sorprende darse cuenta de la buena producción de las maquetas, en especial la segunda, ya que muchos arreglos desaparecieron en las versiones en directo. Tal vez en un futuro podrían plantearse tirar de sonidos pregrabados, a lo Manowar, o incluso contratar un teclista.

No me acuerdo si fue durante la presentación de Mamá Ladilla cuando Juan Luis Cano anunció la inesperada presencia de Esperanza Aguirre entre el público. Afortunadamente para el respetable, se trataba de una broma. Qué cachondo el tío. No faltaron durante el festival alusiones a la presidenta de la comunidad, al regidor de la Villa y Corte, a Ramoncín y al Alcorcón, esto último muy vitoreado por el público. Qué te puedes esperar de una sala que está al lado del Vicente Calderón…

La banda de Juan Abarca fue desde luego la actuación más austera, en el sentido de que el trío tocó sin más ornamentos en el escenario. Al principio noté un descenso del público en la sala, y me sorprendió cómo los grupos en principio teloneros estaban generando más expectación que una formación veterana y casi cabeza de cartel. Sin embargo, conforme avanzaba el espectáculo, el recinto volvió a llenarse. Por desgracia, es la banda que menos conozco y no puedo decir gran cosa de la actuación. Eso sí, sus incondicionales no dejaron de saltar y corear esos grandes estribillos como tengo los cojones negros, los cojones negros, los cojones negros y otros grandes éxitos. Y por supuesto, tocaron Chanquete ha muerto.

Los gandules, cabeza de cartel, ya me dejaron fuera de juego. Tras la introducción a cargo de Los hermanos escafandra, que desgranaron de tirón algunos de sus temas arrítmicos, como Hellraiser, Dun y Tobo Gandul aparecieron en bata. Presentaron a la banda con parsimonia y comenzaron un show absolutamente genial y delirante en el que los maños interrumpían sus canciones para hacer cualquier tipo de reflexión que se les pasaba por la cabeza. Se notó al fin una mejora en el sonido, porque ya pensaba que estaba asistiendo al primer concierto donde los teloneros sonaban mejor que los cabeza de cartel. La banda contó además con la presencia de La Charanga, que amenizó algunas de las canciones. En total, más de una hora de actuación que supuso el gran broche a un festival de lujo. Lástima que no tocasen su temazo Bayas, bayas.

Después de eso, sólo me quedó arrastrarme al coche para volver a casa. Eso sí, con una buena noticia para los lectores: este viernes, si no hay sorpresas, entrevisto a Juan y Damián de El hombre linterna, y el lunes podréis escucharlo en el blog.

Actualización: ya está disponible la entrevista con Juan y Damián.