Máscaras, antifaces, avatares e identidad digital

En su artículo de esta semana, Raquel Sastre hablaba de los que trolean ocultos tras un avatar y un pseudónimo. No me di por aludido ni me lo tomé a mal porque no suelo actuar como un troll, ni en este blog ni en Twitter. Aunque a veces no me faltan ganas.

Pero efectivamente, si alguien se molestase con un comentario mío bien podría blandir la excusa de “es muy fácil criticar oculto tras un nick y un logo”. Y no le faltaría razón en el fondo, porque cuando decidí abrir este blog bajo el pseudónimo de Tahúr Manco fue precisamente para tener un alter-ego. Quería un alias, entre otras cosas, para darme el lujo de actuar de forma mucho más estúpida que en la vida real. Claro qué esperaba recibir muchas más visitas de las que recibo…

El Tahúr Manco se ha convertido en lo que los teóricos de la web 2.0 llaman identidad digital. Es la forma en la que firmo muchos comentarios, el nombre con el que estoy registrado en muchas webs…

¿Es el Tahúr Manco una falsa identidad? No exactamente. El Tahúr es un poco pedante y sabelotodo, como yo. Simplemente es mi faceta más sarcástica. Nunca me lo tomé como una máscara tras la que ocultarme porque mis lectores, sobre todo al principio, eran mis amigos de toda la vida. Y cada vez que participo en el Press Start de La parada de los Monstruos, el conductor del programa David Freakman Royuela me presenta a la audiencia como “Alfredo Martínez aka Tahúr Manco” (sic.)

Así que yo seguiré blandiendo mi logo con el As de Picas (que en realidad son los 4 ases) y mi nombre de guerra Tahúr Manco. Porque Alfredo y Tahúr somos la misma persona, y si queréis más información sobre mi persona, siempre podéis consultar mi biografía.

Grandes y efímeros éxitos del Youtube

A todos nos resulta familiar el concepto de one hit wonder. Cantantes y grupos que arrasaron con una canción pero que después se perdieron en el olvido. La industria les aupó, pero después ellos no supieron sostenerse solos. Un buen ejemplo fueron los grupos promocionados por Pepsi Generation Next Music como Deviot con su tema Wait here o los Undrop y su Train. Para decepción de los ponferradinos y de los Hare Krishna, no se les volvió a ver en el panorama musical. Otro ejemplo podrían ser Dover, catapultados al éxito después de que su tema Devil came to me sonase de fondo en un spot de The Radikal Fruit Company, pero para nuestra decepción, ellos sí se mantuvieron en el negocio.

Con la llegada de Youtube, todo el mundo puede colgar un vídeo, demostrar su talento, y alcanzar el estrellato mundial… o eso dicen. Lo cierto es que los casos de Lady Gaga y el innombrable son la cara visible de una utopía donde se han derribado las barreras de entrada y no existen los intermediarios. La realidad es mucho más compleja. Éxitos virales en Youtube ha habido muchos. Y casi todos, tal y como vinieron, se fueron. Además, más de uno llamó nuestra atención (la mía por lo menos) al aparecer de relleno en un informativo. Para bien o para mal, el modelo de negocio basado en vender discos sigue estando muy presente.

Aquí una pequeña lista de estrellas fugaces que pasaron por Youtube. ¿Os acordáis de estos artistas? Bueno, si no os suenan, es que he hecho bien mi trabajo.

5.- No soy un Bastritboy (Juanshows)

Este dúo de… ¿de dónde son éstos? Bueno, el caso es que los compadres lograron un contrato con Vale Music y uno de los temas de su disco Yo no digo ná se convirtió en la canción oficial de Gran Hermano. Fue esa presencia mediática la que les dio bastante fama. Tras participar en la banda sonora de Torrente 3 con dos temas, finalizaron su relación con Vale Music, que duró 2 años. La última actualización de su web oficial es de octubre de 2012.

4.- Ai si eu te pego (Michel Teló)

Tras marcar un gol, Cristiano Ronaldo lo celebró junto a algunos de sus compatriotas haciendo un extraño baile. Al poco se supo que la coreogafía no era idea suya, sino que se trataba del baile de una canción. El intérprete era el carioca, hasta entonces desconocido en nuestro país, Michel Teló. Y su canción, Ay si eu te pego, lejos de ser una apología del maltrato, simplemente dice “Ay si te cojo”. Lo que no mejora mucho la letra. Por un tiempo lo tuvimos hasta en la sopa. Y donde digo sopa quiero decir El Hormiguero.

Podría haber sido peor. Podría haber sido Messi bailando un tango.

3.- Friday (Rebecca Black)

Ésta más que un viral fue un virus. Tuve noticias de la tal Rebecca a través del programa Sé lo que hicisteis, donde Miki Nadal se choteaba de su video y de las aptitudes de la chica como cantante. Y es que en efecto el tema había triunfado en la red… pero de lo malo que era.

El vídeo merecería un análisis en profundidad aquí o en otros blogs ilustres como Vicisitud y Sordidez o Reflexiones de un tipo con boina. De momento nos limitaremos a decir que la chica no es fea pero tampoco tiene encanto (muy mal acostumbrados nos tiene Disney con sus ex-estrellas putillas), que la letra es una chorrada como un piano, y el vídeo es para hacérselo mirar. Así pasa, que Hitler se pilla esos rebotes

2.- Opá, yo viazé un corrá (El Koala)

El malagueño Manuel Jesús Rodríguez Rodríguez, apodado El Koala, se llevó el gato al agua el verano de 2006 con su rock rústico. El vídeo de su tema Opá, yo viazé un corrá consigue popularidad y se convierte en uno de los más vistos del año. Gracias a eso, se adjudicó el “honor” de ser la canción del verano y los tecnoplastas anunciaron a bombo y platillo un cambio de paradigma en la industria discográfica; y El Koala se pasea por los platós de media España para hacer el playback de su canción y explicar que la letra dice “padre, yo voy a hacer un corral” y qué significan algunos otros términos. Como consecuencia de todo esto, El Koala se pasó el verano entero de gira haciendo bolos por las fiestas de los pueblos. Vamos, que el albañil trabajó más que en la obra. Sus siguientes trabajos no igualaron el éxito del primero.

1.- Gangnam style (PSY)

Y llegamos a uno de los éxitos más recientes y desde luego el más sonado. El cantante y rapero surcoreano Park Jae-sang (PSY) llevaba en escena desde 2001. Y de hecho, durante los primeros años de carrera generó bastante controversia por diferentes motivos. Sin razón aparente, su sexto álbum comenzó a cosechar bastante éxito fuera de su país natal. El vídeo del tema Gangnam style, con su coreografía del baile del caballo, su música pegadiza y sus asiáticas monas, es hasta la fecha el más visto en la historia de Youtube.

En este caso, se trata de un éxito internacional. Si aquí el vídeo ha sido retuiteado y publicado en Facebook infinidad de veces, en Estados Unidos PSY ha sido invitado a multitud de programas y galas, donde todo el mundo se pone a hacer el mónguer sin dudarlo. Tras el éxito del Gangnam style, PSY ha intentado repetir con su vídeo Gentelman, que sigue la misma fórmula de coreografía, humor y chicas guapas. Aunque de momento no ha conseguido alcanzar el número de visitas. ¿Nos habremos olvidado del coreano en unos meses?

Y vosotros ¿queréis dejar constancia de algún éxito efímero del que me haya olvidado? No dudéis en dejar un comentario.

Reflexiones sobre el cierre de Google Reader

La semana pasada saltaba la noticia de que Google ha decidido cerrar su servicio de subscripción a feeds Google Reader. En seguida surgieron infinidad de reacciones y especulaciones sobre el tema. Algunas fuentes apuntan a que la culpa reside en Google +, el enésimo y fallido intento de Google por llevarse su trozo de la tarta de las redes sociales. Es una explicación que podemos asumir como cierta, ya que no en vano Google rediseñó la interfaz de muchos de sus servicios según el estilo de su red social, empezando por el propio Reader (lo que por cierto provocó más de una queja).

Más allá de las razones de Google para prescindir de su lector de feeds, la noticia me ha hecho reflexionar sobre la forma en que está evolucionando nuestra manera de recibir información en Internet. Y aunque no soy tan dramático como Loretahur cuando habla de la “muerte del RSS”, sí que comparto su opinión de que las grandes plataformas están apostando por la exclusividad en detrimento de la interoperabilidad que supone el RSS.

Yo mismo me he dado cuenta de que en mi página de inicio de Google Reader aparecen menos elementos nuevos al día que cuando comencé a usarlo. (Será que los blogs ya no molan y la gente no los actualiza, o quizá como ahora no están de moda es cuando molan.) En cambio, las redes sociales, en mi caso Twitter, se han convertido en fuente habitual de información. Hay muchos blogs de los que sé que hay nuevos artículos por las notificaciones de sus autores en Twitter o en las páginas o grupos de Facebook. De hecho, hay algunos a los que ni siquiera estoy suscrito a sus feeds. Y para qué negarlo, yo también me esfuerzo en difundir mis nuevas entradas (y las de los blogs en los que colaboro) en las redes sociales. Además, las recomendaciones de mi Timeline se han convertido en una fuente de información a la que no llegaría únicamente a través de los feeds a los que estoy suscrito.

Pero no siempre quiero seguir al autor de un blog ni enterarme de todo lo que dice. Además, aunque parezca mentira, hay gente que no tiene Twitter ni Facebook, por lo que tampoco se pueden basar las notificaciones sobre nuevos artículos exclusivamente en estas redes. El RSS es un estándar, y como tal permite utilizarlo con independencia de la plataforma o el dispositivo utilizado: Windows, Mac, nube, escritorio, móvil, tablet, PC…

Confío en que Google + no suponga la muerte de los feeds, aunque su cierre les afectará irremediablemente. Mi intuición me dice que la interoperabilidad se mantendrá debido a las múltiples plataformas que existen a día de hoy, de la misma manera que en su día Internet fue un salvavidas para la pervivencia de Apple. Y para los que no queráis renunciar a vuestas suscripciones, la misma Loretahur ya ha hecho los deberes y nos ofrece varias alternativas a Google Reader. Yo ya les estoy echando un vistazo para cuando llegue el momento de la migración 😉

Guía para conocer la aplicación Buffer

Compartir contenidos en las redes sociales está a la orden del día, no hace falta ser un gurú de las nuevas tecnologías para darse cuenta. Y las aplicaciones que permiten compartir esos contenidos de forma fácil pueden resultar especialmente atractivas para dispositivos móviles, puesto que en ellos es más farragoso copiar enlaces desde el navegador para pegarlos manualmente en nuestras actualizaciones de estado.

La aplicación Buffer permite publicar la información que queramos, desde páginas web a tuits ingeniosos, en las redes sociales donde tengamos perfil. La diferencia es que esos contenidos pueden aparecer de forma instantánea o bien podemos “almacenarlos en el buffer” y dosificarlos a lo largo del día. Esta característica es muy útil para los que dedican momentos concretos del día a leer blogs o mirar la prensa online pero en cambio no quieren saturar de pronto su Timeline de Twitter o su muro de Facebook con enlaces a noticias y artículos.

Cómo funciona

Se puede acceder a través de su página web, desde la que podemos controlar el panel de control y la totalidad de las funcionalidades. También tiene aplicación para Android y iPhone/iPad y se pueden instalar extensiones de Buffer en los navegadores Firefox, Chrome y Safari. En ese sentido se parece mucho a utilidades como Pocket.

La versión gratuita de Buffer permite conectar un perfil de cada una de estas redes sociales: Twitter, Facebook, LinkedIn y App.net. También permite conectar una página de Facebook o un grupo de LinkedIn, pero sólo si no hay conectados perfiles personales en estas redes. La versión de pago, llamada versión awesome, cuesta 10€ al mes, y elimina estas restricciones y con ella se pueden conectar hasta un máximo de 12 perfiles de las 4 redes en cualquier combinación (varias cuentas de Twitter, perfiles y páginas de Facebook…). También se elimina el tope de posts almacenados en el buffer, que en la versión gratuita son 10. Este tope de contenidos no suele ser un problema, ya que conforme se vayan publicando iremos vaciando la “cola”.

Conexión de cuentas

Para utilizar Buffer podemos acceder a través de Twitter o Facebook, o bien crearnos una cuenta al efecto. Una vez dados de alta, podemos conectar nuestros perfiles de redes sociales atendiendo a las limitaciones (o no) de nuestra versión. Lo ideal es hacerlo desde el panel de control de la web. Podemos establecer cualquiera de nuestros perfiles, o incluso varios a la vez, como “default”, que es en el que se compartirán por defecto los contenidos, aunque siempre podremos seleccionar dónde queremos publicar cada post.

Cuentas conectadas en Buffer

El Tahúr en versión avatar, casual y formal

Publicar contenidos

Una vez hemos conectado nuestros perfiles, podemos empezar a compartir contenidos. Existen multitud de formas. Desde el móvil, si seleccionamos la opción de ‘Compartir’, nos aparecerá la posibilidad de ‘Añadir a Buffer’. La extensión para navegadores añade un botón (en Firefox está a la derecha de la barra de navegación) que permite añadir a Buffer la página en la que estemos. Con el plug-in, además, cuando naveguemos por las webs de Twitter o Facebook nos aparecerá un nuevo botón de color verde cuando vayamos a compartir contenido (escribir un tweet, retuitear, compartir en Facebook). Por último, desde la web de Buffer podemos añadir manualmente un post.

Publicar en Buffer

Retuiteando algo al azar…

Cuando añadamos un contenido a Buffer nos aparecerá un cuadro de diálogo como el de la imagen. Podremos modificar el texto del post y seleccionar las redes sociales en las que queramos publicar el contenido. Disponemos además de la opción de publicarlo en el momento o añadirla a la cola de espera, en cuyo caso se publicará automáticamente de acuerdo a nuestra programación (ver más adelante).

Por cierto, en el caso de que nuestro navegador (móvil o de escritorio) nos suponga un impedimento para compartir directamente en Buffer, este post de Blogoff explica cómo saltarse la restricción mediante el truco de enviar por e-mail el contenido.

Una característica interesante de Buffer es que genera estadísticas de los contenidos que publiquemos a través de la aplicación, como las veces que se ha vuelto a compartir (retweets o compartir en Facebook), el alcance potencial en función de nuestros seguidores y los seguidores de la gente que haya distribuido el contenido, los favs o ‘Me gusta’ que ha recibido, o si hemos incluido un enlace, cuántas veces han pinchado en él.

Programar la publicación

A diferencia de otras aplicaciones como Tweet Deck, en las que cada tuit se puede programar manualmente, en Buffer hay que fijar de antemano los horarios de publicación para cada red social. Esto puede resultar un poco tedioso al principio, pero una vez lo tengamos completado podremos olvidarnos de programar la hora a la que queremos publicar cada contenido. Quizá lo peor sea tener que programar los horarios para cada uno de nuestros perfiles. Al fin y al cabo, es normal hasta cierto punto, ya que Buffer te permite controlar cada red de forma individual en vez de publicar en lote. Por otra parte, si programamos horas diferentes de publicación para cada red social evitaremos dar la impresión de que publicamos indiscriminadamente en todos nuestros perfiles.

Progamar posts en Buffer

a primera hora tenemos mates, a segunda lengua…

Por defecto, los horarios de publicación son los mismos para todos los días, pero podemos personalizarlos tanto como queramos, y establecer unos tiempos diferentes para los fines de semana, por poner el ejemplo del mundo. Cuando añadamos contenidos a la cola de Buffer, irán publicándose de acuerdo a las horas que tengamos programadas a partir del momento de añadirlo, siempre que no estén ocupadas. Por ejemplo, siguiendo los horarios de la imagen, si a las 10 de la mañana añado dos contenidos a Buffer, el primero se publicará a las 12:39 y el segundo a las 14:52. Pero si la noche anterior (pasadas las 12) hubiese añadido 3 posts, entonces los que compartiese por la mañana no aparecerían hasta las 17:02 y las 19:27 respectivamente. En cualquier caso, desde el panel de control podemos ver los posts proramados y reordenarlos o eliminarlos a nuestro gusto.

Podemos añadir tantos puntos de publicación como deseemos. Tan sólo debemos recordar que no podemos exceder (en la versión gratuita) un determinado número de contenidos en la cola de espera. A medida que éstos se vayan publicando podremos añadir nuevos enlaces, tuits y demás.

En conclusión

Buffer es una buena aplicación para tener tuits y actualizaciones de Facebook o LinkedIn programadas o para poder compartir varios contenidos con un intervalo de tiempo entre uno y otro y así no saturar a tus seguidores con muchas noticias de golpe. Uno de sus puntos fuertes es el de poder controlar cada cuenta por separado, especialmente si sois como un servidor y en cada red social vuestra identidad digital es ligeramente diferente. En general la forma de compartir es sencilla y al poco de empezar a usar Buffer las funcionalidades básicas se controlan sin mayor problema.

Entre sus aspectos menos atractivos, personalmente hubiera preferido un bookmarklet (marcador) antes que una extensión, puesto que las extensiones recargan demasiado los navegadores. Además, en mi caso tuve que desactivar los atajos de teclado ya que no funcionaban bien (ignoro si fue algo puntual o es un bug de la versión para Firefox). La versión gratuita puede quedarse un poco corta al permitir sólo un perfil por red social. No hace falta ser una gran empresa para tener una página de Facebook dedicada a un blog o manejar un par de cuentas de Twitter. Aunque para un uso básico (tuits y actualizaciones de esado) es una opción estupenda.

MEGA, el nuevo chiringuito de Kim Dotcom

El fundador de la popular web Megaupload y de sus portales hermanos como Megavideo, Megapix o Megaporn entre otros, ha puesto en marcha el nuevo servicio de almacenamiento en la nube, MEGA. La fecha coincide además con el aniversario de su detención y la de alguno de sus socios por parte del FBI y del bloqueo de esas páginas.

Mega

Homepage de Mega

La expectación generada por la nueva web de Kim Dotcom le ha supuesto una impagable campaña publicitaria. Todos los diarios hablaban de la puesta en marcha del “nuevo Megaupload” y el tema era, cómo no, Trending Topic en Twitter. A las pocas horas de su inauguración ya había 250.000 usuarios registrados y sus servidores trabajaban a plena carga.

Sin embargo, pese a los rumores de que se llamaría Megabox y de que consistiría en una plataforma para que los músicos subiesen sus obras y pudiesen comercializarla con mejores condiciones económicas, finalmente el servicio se llama Mega (a secas) y sirve nada más y nada menos que para alojar datos en la nube, al estilo Dropbox. Sí, más o menos para lo que servía (en teoría) el antiguo Megaupload.

La novedad consiste en que Mega cifra los archivos por lo que ofrece más seguridad porque cifra los archivos al subirlos a sus servidores. Porque Mega, empresa con sede en Nueva Zelanda como indica su dominio (.co.nz) tiene servidores en dos países distintos que no ha revelado, logrando así una estructura de almacenamiento “distribuida” (ejem). Sólo dos cosas al respecto. La primera: no voy a entrar en detalle sobre la supuesta seguridad de Mega, pero básicamente realizan un paso (cifrar el archivo) que podría hacer el usuario, y según el análisis de otros blogs esta seguridad no es tan impresionante como asegura Dotcom. La segunda: el hecho de tener varios servidores no implica una estructura distribuida sino más bien una estructura de anillo (aunque por lo general en estas estructuras los servidores suelen estar próximos entre sí). Una estructura distribuida sería la red Kadmelia de eMule.

No puedo comentar en profundidad el funcionamiento del servicio porque no he sido capaz de crear una cuenta. Nunca recibí el e-mail de confirmación. Las quejas porque no se podía acceder a la web o no funcionaba bien también han sido noticia estos días.

El discursito de la privacidad que está dando Dotcom tiene varias lecturas. Por un lado intenta calmar a los usuarios como si les dijera “el FBI no podrá saber si habéis subido una peli a mis servidores, así que no os preocupeis”. Por el otro, el galimatías sobre cifrados y claves (“podrás compartir tus archivos sólo con quien tú quieras”) es como si intentase vender que de esa forma no se producirá una distribución de facto de contenido protegido. Claro, las webs que colgaban enlaces a Megaupload ahora no van a saber qué hace si además tienen que proporcionar una clave… Pero en general, lo que parece estar diciendo es que ha hecho lo mismo que venía haciendo hasta ahora, pero se ha asegurado de que no lo puedan detener.

Mega ofrece varios tipos de cuentas premium, como también hace Dropbox o Google Drive. De momento, no he visto planes de puntos para fomentar las descargas de archivos como sí había en Megaupload. (Un artículo hablaba de compensación a bandas musicales que subiesen sus canciones, pero parece que tiene en mente el servicio Megabox que se había anunciado en su día). Sin embargo, me ha llamado la atención este punto de sus términos de servicio (traducción de Genbeta):

8. Nuestro servicio puede borrar automáticamente un bloque de datos que subas si determina que es un duplicado exacto de otro bloque ya almacenado en nuestro servicio. En este caso, tendrás acceso al bloque original.

Aunque se trata de una cláusula común en este tipo de servicios, lo cierto es que en el caso de Mega es difícil de llevar a cabo si, como ellos dicen, no saben qué contenido suben los usuarios a sus servidores (os remito nuevamente al artículo de Genbeta). Podría tratarse de un lapsus por haber redactado los términos de servicio con la plantilla estándar. A mí me ha recordado la forma en que en el antiguo Megaupload conservaban una única versión de cada contenido.

En conclusión, me temo que el nuevo Mega pronto será una nueva versión de Megaupload. Kim Dotcom se ha limitado a quitarse el muerto de encima y a asegurarse de dejar bien claro que la responsbilidad la tienen los usuarios. Pero tiene toda la pinta de que va a montar un nuevo chiringuito a costa de traficar con música y películas. Y no estoy en contra del intercambio de archivos, que puede tener beneficios de otro tipo aparte del económico. También entiendo que en este tipo de estructuras a la larga es inevitable el parasitismo. Pero lo de este personaje clama al cielo. Dotcom es como esos políticos que abogan por la igualdad y el apoyo a las clases bajas y luego resultan ser los que más dinero se llevan y los que tienen un modo de vida más ostentoso y rancio. De la misma forma, este alemán hace demagogia sobre la privacidad y la seguridad, y pretende ser un nuevo cruzado de la libertad de expresión en la red, pero no es ningún activista ni nada parecido. Las mansiones y los deportivos es lo que tienen.

Las alternativas al actual modelo de copyright pasan por la protección real de los creadores y el compromiso de todos los actores implicados, no por la creación de empresas en las que los usuarios hagan el trabajo sucio.

El mito de la información perenne en Internet

Es habitual asociar Internet, o en concreto la Web, con una enorme fuente de información en la que podemos encontrar cualquier cosa que busquemos tarde o tempano. Parte de la culpa de este mito (¿infundado?) la tienen las corrientes de pensamiento tecno-utópicas como la de la revista Wired. Autores como John Perry Barlow (sí, el de los Grateful Dead) también forman parte de esta corriente. De hecho, Barlow fue pionero a la hora de hablar de la economía de la información, y en su ensayo Economía de las ideas trataba la información casi como un ser vivo: se mueve, cambia,quiere ser libre, es perecedera…

En efecto, la cantidad de información que podemos encontrar en la red es inmensa, especialmente ahora que se ha puesto el foco en los servicios en la nube y en el acceso antes que en la descarga. El problema es que la Web está concebida como un sistema en el que se pueden asociar dos documentos cualesquiera de forma arbitraria mediante los enlaces de hipertexto (links). Y la Web ha evolucionado muchísimo en dos décadas. Pero los enlaces no.

Por ejemplo, antes de la crisis de las puntocom el alojamiento de las páginas web personales no siempre iba acompañado de la posesión de un dominio propio. Uno de los ejemplos más tontos lo podemos encontrar en las páginas de Geocities de Yahoo. Y digo que es un ejemplo tonto porque confío en que a estas alturas ya nadie tendrá enlazadas estas páginas en sus blog. En la misma línea, el grupo finés Stratovarius indicaba en el libreto de su album Episode (1996) que su página web oficial estaba en la dirección http://www.netlife.fi/stratovarius. Esto nos da una idea de la imagen que había de la Web en esos primeros años.

El caso de los blogs bien podría ser el equivalente de la web 2.0. Tras la fiebre inicial en la que todo el mundo tenía un blog, los ánimos se fueron calmando. En muchos casos los blogs han quedado desatendidos y no sus propietarios no los actualizan, pero también han sido eliminados, bien porque sus dueños decidieron borrarlos, o bien porque las plataformas eliminaron las cuentas de los autores (por ejemplo, por cuestiones de infracción de copyright). Los enlaces a esos blogs han quedado huérfanos desde entonces.

Los blogs personales son casos puntuales, y es de suponer que los más influyentes seguirán activos. Pero otros servicios han surgido y desaparecido por el camino, desde Mobuzz TV hasta la rey de los servicios de file hosting Megaupload. Y es que algunas almas inocentes utilizaban Megaupload para guardar copias de seguridad de archivos de creación propia. Sin ir más lejos, los podcast enlazados en este blog se encontraban allí.

Todos los ejemplos vistos hasta ahora tienen algo en común: ha desaparecido la fuente original. En algunos casos, como el de películas subidas a Megaupload, es fácil encontrar el recurso en una localización alternativa. En otros, como el de blogs personales, se pierde esa información, ese toque personal de su autor por modesto que sea. Otro tema es si se trata de una gran pérdida.

Sin embargo, a veces la información que debería estar en su sitio resulta que no lo está. Un ejemplo. Desde 2001, la Fundación Orange edita un informe anual sobre la Sociedad de la Información en España (eEspaña). En su web, aunque se puede acceder al histórico de informes anuales, no todos están disponibles, en concreto los de los años 2001 a 2004. O no hay enlaces a los documentos en PDF, o son erróneos.

Existen formas de recuperar algunos contenidos eliminados como la memoria caché de los servidores. La búsqueda en caché que permite Google ha permitido recuperar esos tuis desafortunados que sus autores se apresuraron a eliminar. También existe el Internet archive (Wayback Machine), un proyecto que almacena las diferentes modificaciones de un sitio web a lo largo del tiempo. Tiene registros desde 1996 y hoy sigue funcionando. Si bien las páginas no siempre se visualizan de forma óptima (banners, publicidad, etc.), en alguna ocasión me ha ayudado a encontrar alguna información que no podía localizar.

La Web nunca ha sido una biblioteca ni un archivo general, y no debemos verla bajo esa perspectiva. Es una estructura determinada para enlazar documentos, ni más ni menos. Su evolución ha dependido, y depende, de los usos que le hemos ido dando durante estos años. La red es un aliado para ejercer el derecho a la información y a la libertad de expresión, pero estos derechos deben convivir y respetar otros derechos como el de intimidad y el derecho a rectificar y cambiar nuestras opiniones.

Y vosotros ¿habéis tenido la frustrante experiencia de no encontrar una información que debería estar en una web? Vuestros comentarios y opiniones son bien recibidos.

El bulo del WhatsApp de pago

NOTA (21/03/2013): este artículo habla sobre el meme que circuló a finales de 2012 y que se puede ver en la imagen. Actualmente, WhatsApp está enviando notificaciones a sus usuarios solicitando el pago por la renovación de la licencia durante un año (en función de la plataforma que se esté usando). Estas notificaciones llegan a través del propio servicio de WhatsApp. A pesar de que en efecto sí se está cobrando por utilizar este servicio, la intención de este artículo es criticar la falta de criterio a la hora de difundir rumores infundados “por si acaso es verdad”.

Seguramente el pasado miércoles te llegaría este mensaje de WhatsApp diciendo que lo iban a convertir en un servicio de pago:

Meme del WhatsApp

Con esa redacción tan cuidada normal que haya colado

TRANSCRIPCIÓN LITERAL DEL MENSAJE: Gente ahora si que si. Whatsapp va a pasar a ser de pago de manera inminente. Si te fijas en todos tus contactos pone que esta UNAVAILABLE. El sistema se esta preparando para pasar a ser de pago los que no reenvien este mensaje dando su cococonsentimiento explicito. Date prisa porque solo podras beneficiarte de esto reenviando este mensaje a 20 personas antes del viernes 30 de noviembre.

Es posible que durante un momento sospechases que podría ser algún bulo como el de Messenger, ése que estuviste reenviando hasta la saciedad “por si las moscas”, aunque ahora que por fin lo fusionan con Skype te la trae al fresco (es más, lo mismo  ni te has enterado). Pero entonces miraste tu lista de contactos y viste con asombro que en todos ellos se pordía leer: error: Status UNAVAILABLE. ¡Ahí tenías las pruebas! ¡Esta vez sí que era cierto! Tenías que reenviar el mensaje a 20 contactos o si no empezarías a pagar por WhatsApp. Habías oído hablar de otras aplicaciones como Line que servían para lo mismo, pero tú ya estás acostumbrado a WhatsApp, a pesar de la seguridad nula que tiene, y al fin y al cabo es la aplicación que usan todos tus amigos.

Porque al fin y al cabo eso es lo que habías deducido del  mensaje que te llegó: que si no lo reenviabas a 20 contactos te empezarían a cobrar. Lo leíste por encima y no reparaste en la bochornosa ortografía que tiene el mensaje, sin una sola tilde y con una puntuación (para los de la ESO: un uso de los puntos y las comas) que deja mucho que desear. O peor aún, la redacción del mensaje no te resultó tan sospechosa proque tú mismo escribes así cuando se trata de algo serio (y no puedes poner abreviaturas ni emoticonos). Quizá te extrañó que usase la palabra “cococonsentimiento“, pero imaginaste que un tartamudo habría dictado el mensaje y se atascó ahí. Además, toda tu atención fue a la palabra “explícito” que venía después, y querías asegurarte de comprender bien lo que significaba.

Tampoco te resultó extraño que WhatsApp no te avisara a través de la App Store, Play Store, o por un correo electrónico DESDE SU CUENTA OFICIAL. Al fin y al cabo, Messenger hacía lo mismo para avisarte de que cerraba y nadie consiguió convencerte de que era una cochina mentira.

Sabes que los medios de comunicación mienten como bellacos y no hacen más que manipular. Otra cosa es que además te molestes en comprobar la veracidad de ciertas noticias. Tú ya estás bastante ocupado entrando en Tuenti para chatear con tus amigas. Y además, los medios están manipulados, pero un mensaje anónimo reenviado cientos de veces fijo que es verdad. ¿Qué ganarían con mentir? Así que no sólo no viste el mensaje en Twitter de WhatsApp (y esto te lo dejo pasar, en serio, porque hay un huevo de cuentas de WhatsApp) sino que tampoco viste después los artículos desmintiendo la noticia. Si se trata de una mentira, ya te avisaría algún amigo. Tú por si acaso ya reenviaste los 20 mensajes.

Lo más irónico de todo esto es que WhatsApp puede cobrarte dependiendo del móvil donde lo tengas instalado. Qué cosas ¿verdad?

En fin, no te interrumpo más, que te veo muy ocupado con el Messenger.