La lideresa en su cortijo

El jueves merendaba con un titular que no me podía creer: “[Esperanza] Aguirre arrolla la moto de un agente de Movilidad y se da a la fuga”. Al parecer la expresidenta de la Comunidad de Madrid había sido multada por parar en un carril bus y se había marchado antes de tiempo. Poco a poco se fueron conociendo más detalles de la noticia y se supieron las peregrinas explicaciones de Aguirre sobre los hechos. Quien más quien menos habrá visto la noticia y no merece la pena entrar en detalles.

Ni que decir tiene, las redes sociales explotaron y hubo mofa en cantidad sobre el asunto. Pero eso tampoco debería sorprendernos. En cuanto alguien se pone en el punto de mira, todos se suben al carro.

A partir de ahí empezaron las tertulias y como siempre, los hubo que defendían lo indefendible. Y eso que hasta en Intereconomía sermoneaban a la señora Aguirre por creerse que podía hacer lo que le viniera en gana. Los defensores de la lideresa, con Marhuenda a la cabeza, recurrían a la falacia lógica de restar autoridad a la otra parte. Porque claro, ahora resulta que los agentes de movilidad no son nadie. Donde esté un buen Guardia Civil que se quiten el resto de cuerpos de seguridad. Ahí tienen a Tejero y a Roldán, sin ir más lejos… Y sí, he recurrido a la misma falacia lógica.

Lo que más me sorprende es la poca cabeza de Aguirre. Vale que esta mujer fue un auténtico cáncer para la política, pero en el fondo fue la más lista entre las filas del PP. Su retirada de la política no fue nada casual y por lo general ha salido airosa de todos los escándalos de corrupción que han salpicado a sus compañeros. Resulta raro que ahora, por una simple multa, haya montado la que ha montado y sus explicaciones sean tan pueriles.

Dice que ya se estaba viendo la foto en los periódicos por la multa y por eso se marchó antes de tiempo… ¿Y qué problema hay? Cometió una infracción y la pillaron. Tuvo la mala suerte de que el policía que la multó no simpatizaría con su ideología y por eso no quiso hacer la vista gorda. Pero de ahí a sumar desobediencia civil hay un trecho.

Se me ocurren dos explicaciones. La primera es que Esperanza Aguirre, tras años en la presidencia de la Comunidad, se cree que la ciudad de Madrid es su cortijo, y que puede campar por él a sus anchas, haciendo lo que le viene en gana. No es nada raro que los políticos pierdan el contacto con la realidad. La segunda es que tiene una buena razón para montar semejante pollo. Quizá llamar la atención de cara a una vuelta a la escena política, o desviar la mirada de algo peor que esté pasando.

Lo peor de todo es que seguro que ni siquiera paga la multa. Aunque total, esa multa la pagaremos nosotros.

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