Perspectiva del cine en 3D tras su éxito inicial

Esta es una versión ampliada del artículo que escribí para el blog de FONTA. Podéis leer el original aquí.

Ya he hablado en otras ocasiones de la pretendida reinvención del cine con la llegada de los formatos en 3D digitales. La moda de las películas en tres dimensiones ha aparecido varias veces a lo largo de la historia del cine: años 50, principios de los 80… El denomidador común para de este protagonismo del 3D es la aparición de algún competidor (la televisión, el vídeo doméstico, la piratería en Internet) que según la industria de Hollywood ponía en peligro la exhibición en salas. El 3D funciona como un reclamo, un elemento exclusivo que no pueden proporcionar el resto formatos.

En el caso del 3D digital que tenemos ahora, el título que contribuyó de manera definitiva a su éxito fue, como todos sabéis, Avatar. Aunque ya habían aparecido otras películas en tres dimensiones anteriormente, el filme dirigido por James Cameron, estrenado en diciembre de 2009, batió récords de taquilla. En tan sólo 14 días de exhibición, Avatar recaudó casi 23 millones de euros en España, convirtiéndose en el segundo título con más recaudación de todo ese año. Ya en 2010, obtuvo otros 50 millones.

A pesar de que Titanic (también de James Cameron) registró más espectadores en nuestro país, Avatar pulverizó su recaudación. La causa, además del lógico incremento en el precio de la entrada en estos 12 años, es que casi dos tercios de los espectadores de Avatar la vieron en 3D, por lo que abonaron una entrada 3€ más cara de media.

De este modo, Avatar marcaba daba el pistoletazo de salida de una tendencia al alza tanto en el número de producciones con versión en 3D como en el de pantallas equipadas para este formato. Y aunque el reclamo del 3D fue insuficiente para evitar la fuga de espectadores tanto en España como en Estados Unidos, al menos ha evitado que la recaudación se despolome en consonancia.

Así, tras el impacto inicial de 2009, en el que hubo un repunte de espectadores, el descenso de éstos en 2010 se compensó con el aumento de ingresos por películas en 3D. El fenómeno se estanco a partir de ahí. Curiosamente, en 2012 aumentaron los espectadores, pero el impacto del 3D es menor en términos relativos. El año pasado se estrenaron 36 películas con versión en 3D frente a las 45 de 2011. Y de las 10 películas más vistas en EE.UU., 5 se podían ver en este formato (sólamente Los Vengadores, el título más taquillero, tiene versión en 3D del top 5). En cambio, en 2011 hubo 6 títulos en 3D en el top 5, y 6 en el top 10.

Taquilla en USA y Canada

Fuente: MPAA (click para ampliar)

En España, el informe AMETIC de la Industria de Contenidos Digitales de 2011 habla de un cierto agotamiento de este formato una vez ha perdido su carácter novedoso, a lo que se suma la incomodidad de su visionado (uso de gafas especiales). Las cifras del 3D son difíciles de calcular, pues los en los complejos de varias salas, aunque algunas estén equipadas para el formato 3D, pueden proyectar películas en su versión normal.

Hay que tener en cuenta además que existen varios sistemas de proyección en 3D, que requieren diferentes tipos de gafas, por lo que la experiencia varía de un caso a otro. Mientras que en los sistemas “pasivos” como el RealD, basados en la polarización de imágenes, utilizan gafas similares a unas de sol, los sistemas “activos” necesitan gafas más pesadas e incómodas que incorporan baterías y células infrarrojas que controlan la sincronización entre la proyección y las lentes.

Igualmente, algunas películas no son rodadas originalmente para el formato 3D, sino que se “inflan” en postproducción. La diferencia en la calidad de los resultados puede ser palpable. Valgan como ejemplo dos casos de reestreno en salas de películas adaptadas a 3D: Titanic y La guerra de las galaxias, episodio 1: La amenaza fantasma. Crítica y público coincidió en la buena labor realizada en la primera, frente a la mediocridad del trabajo en la segunda.

En definitiva, el formato 3D digital no es la revolución que se anunció en su momento, pero tampoco va a desaparecer a corto plazo. Se usó como reclamo para la asistencia a las salas de cine en momentos de crisis y debido a su precio elevado la recaudación total ha compensado el descenso de espectadores. Además, aunque los ingresos por sala representan sólo una parte de los beneficios de una película, es la ventana de comercialización más importante, ya que su éxito o fracaso repercute en el resto de soportes.

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