La versión española de Drácula

En los primeros años del cine sonoro era común que los estudios rodasen varias versiones de sus películas además de la original en inglés de forma simultánea, aprovechando los mismos decorados. La mayoría de esas producciones alternativas no han sobrevivido al paso del tiempo y sus copias fueron destruidas. Sin embargo, en el caso de Drácula, dirigida por Tod Browning en 1931 para la Universal, la versión en español aún se conserva.

La versión de Drácula para el público de habla hispana se rodó en los mismos platós que la original, de noche cuando Tod Browning y su equipo de actores descansaban. George Melford se encargó de la dirección (con la ayuda de un traductor), mientras que en la producción, además de Carl Laemlme (productor de la edición en inglés) se incorporó Paul Kohner como productor asociado.

Drácula (1931)

Portada de las dos versiones. (c) Universal

La producción.

Hay que tener en cuenta que el casting hispano, si bien trabajaba sobre el mismo guión que el equipo original, no pretendía “calcar” la interpretación de los actores norteamericanos. Sólo Carlos Villarías, que hacía el papel del conde Drácula, tomó como referencia a Bela Lugosi para su interpretación. De hecho, el montaje final de la versión española de Drácula dura 105 minutos, casi media hora más que su homóloga anglosajona. Esta notable diferencia de metraje no se debe a la existencia de nuevas escenas, sino a los diferentes trabajos de dirección de actores y de edición. Tenemos en efecto una película rodada en los mismos escenarios y con el mismo guión, pero con una realización y un montaje totalmente autónomos.

Melford planificaba las escenas de una forma más teatral, con planos más generales y de mayor duración en los que se veían a los personajes principales interactuar, y que estos personajes estuviesen próximos entre sí cuando hablaban entre ellos. Tod Browning, en cambio, recurría más al plano-contraplano y a encuadrar a los actores individualmente. La escena donde conversan Drácula y Van Helsing y éste le muestra un espejo al conde para ver su reacción es un buen ejemplo. Browning además mueve más la cámara por el plató.

En la versión original pueden verse algunos planos, como el plano de la Vesta (el barco que lleva a Drácula y Renfield de Transilvania a Londres) con el título Aboard the Vesta superpuesto, de los que carece la versión en Español. Estas ausencias son llamativas, ya que la versión hispana incluye planos descartados de la original, y podría haber aprovechado también estas tomas. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la versión original contó con un mayor presupuesto y rodó algunas tomas en localizaciones fuera de los estudios de la Universal, algo que no pudo hacer el equipo de la versión hispana.

Los actores

Algunas películas de los inicios del cine sonoro contaban con los protagonistas en todas sus versiones, y eran los secundarios los que cambiaban por actores nativos de cada idioma en que se fuera a rodar el filme, como ocurrió con Laurel y Hardy. No fue ese el caso de Drácula, en el que la totalidad del reparto fue sustituido.

Los actores de la versión en español tenían diversa procedencia (España, México, Argentina), y cada noche veían el material bruto rodado durante el día. Eso no quiere decir que reprodujesen al 100% lo rodado en inglés (al fin y al cabo, era material sin editar), puesto que cada director tenía su estilo.

Del reparto voy a centrarme en los casos de Carlos Villarías (Drácula) y Lupita Tovar (Eva/Mina).

Carlos Villarías fue el único que estuvo presente durante el rodaje de la versión en inglés, ya que los productores querían que en su interpretación del conde Drácula se pareciese a Bela Lugosi. El actor español (nacido en Córdoba) presentaba cierto parecido con Lugosi, en parte debido a la caracterización idéntica, salvo por las manos. Bela Lugosi destacaba por su manos alargadas, y gesticulaba mucho con ellas en su actuación. Villarías tenía las manos más cortas (en general no era tan esbelto como Lugosi) y recurría menos a las manos en su interpretación. En cambio, sus gestos faciales eran más exagerados y tenía la mirada más viva.

Bela Lugosi

Las manos alargadas eran un rasgo característico de Bela Lugosi

Carlos Villarias

Carlos Villarías era más expresivo

Aunque Bela Lugosi hablaba inglés correctamente, nunca llegó a perder su acento búlgaro. En la versión en español ningún personaje tiene (ni finge) acento extranjero (como Van Helsing o Drácula en la original), y sólo Manuel Arbó (Martín, el guardia sanatorio del Dr. Seward) emplea expresiones más coloquiales debido a que su personaje es de un estrato más bajo.

Lupita Tovar encarna a Eva Seward, la hija del Dr. Seward, Mina en la versión en inglés. La versión hispana adapta al español los nombres de pila de los personajes (Lucía, Juan Harker, Martín) pero mantiene los apellidos (Seward, Renfield). El caso de Eva/Mina es el único en el que se cambia el nombre del personaje de forma tan clara. La actriz mexicana se hizo especialmente famosa tras la versión de Drácula, cuando regresó a México y Santa, la primera película hablada que producía el país azteca.

Físicamente, Eva y Mina son muy diferentes. En realidad la versión hispana no buscaba el parecido físico de sus personajes con los de la original salvo para el caso del conde Drácula. No sorprende, por tanto, que en una versión que se va a distribuir en Espala y Latinoamérica se escogiese a una actriz mexicana que respondiese a los cánones de belleza latinos.

Helen Chandler (Mina)

Mina, en la versión original de Browning

Lupita Tovar (Eva)

Eva, en la versión española, poseía una belleza más carnal

Así, frente a una Mina rubia (en la imagen se le ve el pelo bastante oscuro debido a la iluminación), Eva en cambio es morena y tiene el pelo mucho más largo. El vestuario de ambas actrices también era distinto. Los anglosajones eran mucho más recatados frente a los latinos, más desinhibidos. De ahí que Eva llevase vestidos con más escotes. Personalmente, prefiero a Lupita Tovar, que posee más sensualidad que Helen Chandler.

Conclusión

Los críticos consideran la versión española de Drácula como una pieza de valor artístico equiparable e incluso superior. A los espectadores de ahora (especialmente a los españoles), la dirección y las interpretaciones excesivamente teatrales pueden no gustarles. Además, el metraje se alarga demasiado. La versión norteamericana, en cambio, tiene una dirección más ágil y el encanto del acento de Drácula y del profesor Van Helsing, aunque en algunas planos los actores gesticulan como en las películas mudas.

En cualquier caso, hay que recordar que la versión en español de Drácula se trataba de eso, de una variante para venderla al mercado hispanoamericano que contó con menos presupuesto. Partiendo de esa premisa, se trata de una cinta digna de haber sobrevivido al paso del tiempo y que no haya quedado destruida como ocurrió con muchas de estas versiones.

Ficha técnica y artística:

Versión norteamericana

  • Duración: 71 mins
  • Director: Tod Browning
  • Conde Drácula: Bela Lugosi
  • Mina: Helen Chandler
  • John Harker: David Manners
  • Renfield: Dwight Frye
  • Van Helsing: Edward Van Sloan
  • Dr. Seward: Herbert Brunston
  • Lucy: Frances Dade
  • Martin: Charles Gerrard

Versión española:

  • Duración: 103 mins
  • Director: George Melford
  • Conde Drácula: Carlos Villarías
  • Eva: Lupita Tovar
  • Juan Harker: Barry Norton
  • Renfield: Pablo Álvarez Rubio
  • Van Helsing: Eduardo Arozamena
  • Dr. Seward: José Soriano Viosca
  • Lucía: Carmen Guerrero
  • Martín: Manuel Arbó

MEGA, el nuevo chiringuito de Kim Dotcom

El fundador de la popular web Megaupload y de sus portales hermanos como Megavideo, Megapix o Megaporn entre otros, ha puesto en marcha el nuevo servicio de almacenamiento en la nube, MEGA. La fecha coincide además con el aniversario de su detención y la de alguno de sus socios por parte del FBI y del bloqueo de esas páginas.

Mega

Homepage de Mega

La expectación generada por la nueva web de Kim Dotcom le ha supuesto una impagable campaña publicitaria. Todos los diarios hablaban de la puesta en marcha del “nuevo Megaupload” y el tema era, cómo no, Trending Topic en Twitter. A las pocas horas de su inauguración ya había 250.000 usuarios registrados y sus servidores trabajaban a plena carga.

Sin embargo, pese a los rumores de que se llamaría Megabox y de que consistiría en una plataforma para que los músicos subiesen sus obras y pudiesen comercializarla con mejores condiciones económicas, finalmente el servicio se llama Mega (a secas) y sirve nada más y nada menos que para alojar datos en la nube, al estilo Dropbox. Sí, más o menos para lo que servía (en teoría) el antiguo Megaupload.

La novedad consiste en que Mega cifra los archivos por lo que ofrece más seguridad porque cifra los archivos al subirlos a sus servidores. Porque Mega, empresa con sede en Nueva Zelanda como indica su dominio (.co.nz) tiene servidores en dos países distintos que no ha revelado, logrando así una estructura de almacenamiento “distribuida” (ejem). Sólo dos cosas al respecto. La primera: no voy a entrar en detalle sobre la supuesta seguridad de Mega, pero básicamente realizan un paso (cifrar el archivo) que podría hacer el usuario, y según el análisis de otros blogs esta seguridad no es tan impresionante como asegura Dotcom. La segunda: el hecho de tener varios servidores no implica una estructura distribuida sino más bien una estructura de anillo (aunque por lo general en estas estructuras los servidores suelen estar próximos entre sí). Una estructura distribuida sería la red Kadmelia de eMule.

No puedo comentar en profundidad el funcionamiento del servicio porque no he sido capaz de crear una cuenta. Nunca recibí el e-mail de confirmación. Las quejas porque no se podía acceder a la web o no funcionaba bien también han sido noticia estos días.

El discursito de la privacidad que está dando Dotcom tiene varias lecturas. Por un lado intenta calmar a los usuarios como si les dijera “el FBI no podrá saber si habéis subido una peli a mis servidores, así que no os preocupeis”. Por el otro, el galimatías sobre cifrados y claves (“podrás compartir tus archivos sólo con quien tú quieras”) es como si intentase vender que de esa forma no se producirá una distribución de facto de contenido protegido. Claro, las webs que colgaban enlaces a Megaupload ahora no van a saber qué hace si además tienen que proporcionar una clave… Pero en general, lo que parece estar diciendo es que ha hecho lo mismo que venía haciendo hasta ahora, pero se ha asegurado de que no lo puedan detener.

Mega ofrece varios tipos de cuentas premium, como también hace Dropbox o Google Drive. De momento, no he visto planes de puntos para fomentar las descargas de archivos como sí había en Megaupload. (Un artículo hablaba de compensación a bandas musicales que subiesen sus canciones, pero parece que tiene en mente el servicio Megabox que se había anunciado en su día). Sin embargo, me ha llamado la atención este punto de sus términos de servicio (traducción de Genbeta):

8. Nuestro servicio puede borrar automáticamente un bloque de datos que subas si determina que es un duplicado exacto de otro bloque ya almacenado en nuestro servicio. En este caso, tendrás acceso al bloque original.

Aunque se trata de una cláusula común en este tipo de servicios, lo cierto es que en el caso de Mega es difícil de llevar a cabo si, como ellos dicen, no saben qué contenido suben los usuarios a sus servidores (os remito nuevamente al artículo de Genbeta). Podría tratarse de un lapsus por haber redactado los términos de servicio con la plantilla estándar. A mí me ha recordado la forma en que en el antiguo Megaupload conservaban una única versión de cada contenido.

En conclusión, me temo que el nuevo Mega pronto será una nueva versión de Megaupload. Kim Dotcom se ha limitado a quitarse el muerto de encima y a asegurarse de dejar bien claro que la responsbilidad la tienen los usuarios. Pero tiene toda la pinta de que va a montar un nuevo chiringuito a costa de traficar con música y películas. Y no estoy en contra del intercambio de archivos, que puede tener beneficios de otro tipo aparte del económico. También entiendo que en este tipo de estructuras a la larga es inevitable el parasitismo. Pero lo de este personaje clama al cielo. Dotcom es como esos políticos que abogan por la igualdad y el apoyo a las clases bajas y luego resultan ser los que más dinero se llevan y los que tienen un modo de vida más ostentoso y rancio. De la misma forma, este alemán hace demagogia sobre la privacidad y la seguridad, y pretende ser un nuevo cruzado de la libertad de expresión en la red, pero no es ningún activista ni nada parecido. Las mansiones y los deportivos es lo que tienen.

Las alternativas al actual modelo de copyright pasan por la protección real de los creadores y el compromiso de todos los actores implicados, no por la creación de empresas en las que los usuarios hagan el trabajo sucio.

Comentamos la novela American Psycho en El Ninho Naranja

Por si no os habíais enterado, los chicos de El Ninho Naranja han renovado la web. Aún quedan por pulir algunos detalles, pero el resultado es más que destacable. Además, están canalizando el contenido no sólo a través del blog sino también mediante redes sociales: Twitter, Facebook, o su nuevo canal de Youtube.

En cualquier caso, tras un par de semanas de cierre todos los colaboradores nos hemos vuelto a poner las pilas y las nuevas entradas no han tardado en aparecer, incluyendo mi habitual colaboración. En este caso, hablo de American Psycho (el libro, no la película). Y es que tras las escenas de asesinatos y encuentros sexuales se esconde una feroz crítica a la sociedad norteamericana.

American Psycho

En 1991, el novelista Brett Easton Ellis (Los Ángeles, 1961) publicó American Psycho, su obra más controvertida. La historia de un yuppie de finales de los 80 que albergaba la personalidad de un psicópata asesino en serie le valió a su autor numerosas amenazas de muerte por sus escenas explícitas de sexo y violencia. La venta del libro se hizo bajo varios tipos de restricciones a lo largo del mundo; las más comunes eran tener los ejemplares plastificados para que no se hojeasen en las librerías, o prohibir su venta a menores de 18 años. Sin embargo, tras las escenas macabras y se esconde una feroz crítica a la sociedad materialista, obsesionada e impersonal de la Norteamérica contemporánea.

Puedes leer el artículo completo aquí.

El mito de la información perenne en Internet

Es habitual asociar Internet, o en concreto la Web, con una enorme fuente de información en la que podemos encontrar cualquier cosa que busquemos tarde o tempano. Parte de la culpa de este mito (¿infundado?) la tienen las corrientes de pensamiento tecno-utópicas como la de la revista Wired. Autores como John Perry Barlow (sí, el de los Grateful Dead) también forman parte de esta corriente. De hecho, Barlow fue pionero a la hora de hablar de la economía de la información, y en su ensayo Economía de las ideas trataba la información casi como un ser vivo: se mueve, cambia,quiere ser libre, es perecedera…

En efecto, la cantidad de información que podemos encontrar en la red es inmensa, especialmente ahora que se ha puesto el foco en los servicios en la nube y en el acceso antes que en la descarga. El problema es que la Web está concebida como un sistema en el que se pueden asociar dos documentos cualesquiera de forma arbitraria mediante los enlaces de hipertexto (links). Y la Web ha evolucionado muchísimo en dos décadas. Pero los enlaces no.

Por ejemplo, antes de la crisis de las puntocom el alojamiento de las páginas web personales no siempre iba acompañado de la posesión de un dominio propio. Uno de los ejemplos más tontos lo podemos encontrar en las páginas de Geocities de Yahoo. Y digo que es un ejemplo tonto porque confío en que a estas alturas ya nadie tendrá enlazadas estas páginas en sus blog. En la misma línea, el grupo finés Stratovarius indicaba en el libreto de su album Episode (1996) que su página web oficial estaba en la dirección http://www.netlife.fi/stratovarius. Esto nos da una idea de la imagen que había de la Web en esos primeros años.

El caso de los blogs bien podría ser el equivalente de la web 2.0. Tras la fiebre inicial en la que todo el mundo tenía un blog, los ánimos se fueron calmando. En muchos casos los blogs han quedado desatendidos y no sus propietarios no los actualizan, pero también han sido eliminados, bien porque sus dueños decidieron borrarlos, o bien porque las plataformas eliminaron las cuentas de los autores (por ejemplo, por cuestiones de infracción de copyright). Los enlaces a esos blogs han quedado huérfanos desde entonces.

Los blogs personales son casos puntuales, y es de suponer que los más influyentes seguirán activos. Pero otros servicios han surgido y desaparecido por el camino, desde Mobuzz TV hasta la rey de los servicios de file hosting Megaupload. Y es que algunas almas inocentes utilizaban Megaupload para guardar copias de seguridad de archivos de creación propia. Sin ir más lejos, los podcast enlazados en este blog se encontraban allí.

Todos los ejemplos vistos hasta ahora tienen algo en común: ha desaparecido la fuente original. En algunos casos, como el de películas subidas a Megaupload, es fácil encontrar el recurso en una localización alternativa. En otros, como el de blogs personales, se pierde esa información, ese toque personal de su autor por modesto que sea. Otro tema es si se trata de una gran pérdida.

Sin embargo, a veces la información que debería estar en su sitio resulta que no lo está. Un ejemplo. Desde 2001, la Fundación Orange edita un informe anual sobre la Sociedad de la Información en España (eEspaña). En su web, aunque se puede acceder al histórico de informes anuales, no todos están disponibles, en concreto los de los años 2001 a 2004. O no hay enlaces a los documentos en PDF, o son erróneos.

Existen formas de recuperar algunos contenidos eliminados como la memoria caché de los servidores. La búsqueda en caché que permite Google ha permitido recuperar esos tuis desafortunados que sus autores se apresuraron a eliminar. También existe el Internet archive (Wayback Machine), un proyecto que almacena las diferentes modificaciones de un sitio web a lo largo del tiempo. Tiene registros desde 1996 y hoy sigue funcionando. Si bien las páginas no siempre se visualizan de forma óptima (banners, publicidad, etc.), en alguna ocasión me ha ayudado a encontrar alguna información que no podía localizar.

La Web nunca ha sido una biblioteca ni un archivo general, y no debemos verla bajo esa perspectiva. Es una estructura determinada para enlazar documentos, ni más ni menos. Su evolución ha dependido, y depende, de los usos que le hemos ido dando durante estos años. La red es un aliado para ejercer el derecho a la información y a la libertad de expresión, pero estos derechos deben convivir y respetar otros derechos como el de intimidad y el derecho a rectificar y cambiar nuestras opiniones.

Y vosotros ¿habéis tenido la frustrante experiencia de no encontrar una información que debería estar en una web? Vuestros comentarios y opiniones son bien recibidos.

Nuevo estilo en el blog

Año nuevo, vida nueva, que suelen decir.

Si hace una semana bromeaba con la conversión del blog en un servicio de pago, resulta que al final sí me he decidido por una nueva plantilla para el blog. Ha sido todo un poco por casualidad. El propio servicio de WordPress me recomendaba esta theme que acabo de estrenar como actualización de la que he estado usando desde que inauguré el blog en 2009.

La principal razón para el cambio ha sido que la anterior plantilla (Andreas04) tenía anchura variable, y el diseño se ajustaba automáticamente al ancho de cada monitor. Esta opción no estaba mal en su día, pero ahora que las pantallas panorámicas se han impuesto en los esquipos de sobremesa, el diseño no quedaba tan bien. Esta nueva plantilla (Able) tiene un ancho máximo de columna, así que la experiencia será similar con independencia de vuestro tipo de monitor o resolución de pantalla. Además, en el caso de que uséis móviles o dejéis la ventana a un tamaño muy pequeño, la plantilla se ajusta automáticamente, y si hace falta quitará las barras laterales para que leáis cómodamente las entradas. En ese caso, encontraréis las barra laterales haciendo scroll hacia abajo del todo. ¿Me huele a HTML 5?

Por lo demás, confío en que el diseño más sobrio de la plantilla os haga más cómoda la lectura. Ahora que el ancho de columna es más pequeño, intentaré hacer entradas más cortas (¿a quién pretendo engañar?). No dejéis de enviar vuestros comentarios para decirme qué tal os parece este nuevo diseño. Avisad, eso sí, de en qué tipo de dispositivo leéis el blog (equipo de sobremesa, portátil, tablet…)