El cisne y la cárcel de cristal

El pasado sábado (24 de marzo) se presentó el nº 2 de la revista Quevedalia, correspondiente al año 2011. Ya hablé brevemente de la presentación del primer número el año pasado, y os dejé el relato (un poco flojo, a mi gusto) con el que colaboré en ese número. Para este segundo volumen escribí un nuevo relato que os dejo a continuación. Debajo del descerebrado que escribe mi twitter también hay una persona seria y con cierta sensibilidad.

La revista Quevedalia la realiza la Orden Literaria de Quevedo. Además de los poemas premiados en el XXXI Certaman Internacional de Poesía (2011) que celebró la Orden, cuenta con las aportaciones de sus integrantes y de jóvenes talentos.

 

El cisne y la cárcel de cristal

 Dedicado a esos cisnes que no pueden salir de su jaula

Recuerdo que cuando era pequeño, mi madre tenía una caja de música que utilizaba de joyero. En ella había una bailarina apoyada sobre un solo pie, con el otro ligeramente echado hacia atrás y los brazos extendidos, como si fuese a realizar un arabesque. Cuando se abría el pequeño cajón para guardar un anillo o unos pendientes, comenzaba a sonar una melodía. Yo aún no lo sabía, pero eran unos pocos compases de La muerte del cisne de Tchaikovsky ejecutados en bucle infinito por el carillón de la caja. La bailarina entonces comenzaba a girar sobre sí misma y también se movía en círculos, igual que un pequeño planeta que girase alrededor de un sol imaginario.

El joyero era una pieza de madera oscura barnizada, muy elegante, y la bailarina estaba perfectamente tallada y poseía una gran belleza. Y sin embargo, cuando contemplaba a la pequeña bailarina danzar al ritmo de la música, la veía triste. Al principio no entendía por qué podía estar triste. Era una chica preciosa que bailaba en un escenario igualmente hermoso al son de una música no menos bonita. ¿Qué razón podía tener para sentirse afligida? Poco a poco fui encontrando los motivos. Primero pensé en la música. Era una música melancólica aunque la caja lo disimulase con un tempo más rápido del que le correspondía, salvo cuando se acababa la cuerda y entonces sonaba a un ritmo más cercano al que tenía la pieza original. Más tarde recapacité sobre la danza. Siempre era en círculos, al compás de una música infinita. No había principio ni final. Pasaban los años, yo iba haciéndome mayor, y la bailarina contiuaba allí, ejecutando su eterno arabesque, condenada a girar y girar sin esperanza alguna de que la partitura o la coreografía cambiasen. Y mientras ella bailaba, triste y sola, los demás seguían contemplándola pensando en lo afortunada que era.

Hoy sigo viendo bailarinas como la de aquella caja de música. Cisnes encerrados en cárceles de cristal, bellos, hermosos, aparentemente afortunados, pero yo sé que en el fondo están tristes. Tristes por bailar siempre en círculos al son de una música que se repite en un bucle infinito y no acaba nunca. Y me pregunto si a diferencia de aquella primera bailarina, ellas serán capaces de poner fin a esa música y detener su danza.

Anuncios hostiables. Dermovagisil: vergüenza ajena

Cuando vi por primera vez este anuncio, lo primero que pensé es que era muy hostiable y merecía un hueco en esta sección. Pero cuando he tenido que buscar el vídeo para poder insertarlo en la entrada, les juro que nunca había pasado tanto apuro para preparar un anuncio hostiable. Y es que cuando los anuncios son de productos femeninos (y de carácter íntimo), además de hostiables son muy sucios.

El vídeo: una niña le pregunta a su madre sobre un problema de picores. La madre, toda naturalidad, ni la insulta ni se ríe de ella ni le suelta ninguna burrada, sino que le dice que es algo normal y que ella usa Dermovagisil. Exposición del producto, reason why de su eficacia, y recordatorio final del nombre y el slogan. Y ya.

Por qué es hostiable: si aún necesitan que se lo explique después de ver el vídeo y la descripción, pues sepan que es por el cásting. La niña tiene menos encanto que un bocata de chapas, y la madre tampoco mejora mucho la cosa. Vamos, que son muy hostiables las dos (en sentido figurado, no me vayan a acusar de fomentar la violencia de género). Como en el fondo soy muy bien intencionado, creo que he encontrado la razón de un cásting tan hostiable. En vista de la edad de la niña, y del tipo de producto, si hubiesen elegido a una acriz más agraciada para protagonizar el anuncio, imagínense la cantidad de burradas que habrían salido con tanto pervertido suelto en Internet. Bastantes doblajes de coña tiene ya el anuncio, tantos que me ha costado lo suyo encontrar el anuncio original. Y con la madre pasa tres cuartos de lo mismo.

Con todo, eso no quita que los creativos se hayan decantado por una estrategia para el anuncio (hija dialogando con la madre) de la que es muy difícil salir airoso. Imagino que sería por temas de target de producto (mujeres cuya edad puede ir desde la pubertad hasta los 35-40 años), pero el rollo “charla madre-hija sobre temas de sexualidad en plan súper natural” queda muy, muy sucio. Que no estamos en los 80.

Hablamos de la serie Sherlock en El Ninho Naranja

Y como cada mes, un nuevo artículo para los tiranos amigos de El Ninho Naranja. Últimamente me estoy acostumbrando a hacer reseñas de series, y esta vez no va a ser una excepción. Para la ocasión, os traigo uno de mis breves comentarios sobre Sherlock, la adaptación del personaje de Sir Arthur Conan Doyle hecha para la BBC. Una serie que por el momento cuenta con dos temporadas de 3 episodios cada una, y que está francamente bien a pesar del doblaje de Antena 3.

Cartel de la serie Sherlock

(c) BBC

Que ustedes lo disfruten. Pueden leer el artículo completo aquí.

Mucho zombi y poco extraterrestre

Hace unos días, Wortex preguntaba en Twitter sobre el auge que tienen hoy en día los zombies, mientras que otro género como el de los extraterrestres no vive su mejor momento que digamos. Le dejé una escueta respuesta en 140 caracteres diciéndole que cada género tiene sus ciclos de revival, pero que además, cada uno permite tratar un tipo de historias diferentes. Poco después, Wortex publicó este artículo en la web de La Parada de los Monstruos (de momento, estamos pendientes de la segunda parte) dando su punto de vista, con el que comparto muchas cosas. Pero claro, yo también estaba dándole vueltas al asunto y me pareció que daría para un buen post.

Como le dije a Wortex por Twitter, cada género se revitaliza cada cierto tiempo. En cualquier momento histórico dado, habrá un grupo dominante en las industrias culturales con unos rasgos comunes. Esos rasgos pueden ser simplemente demográficos. Y ese grupo tendrá referentes comunes a la hora de crear productos culturales. Dicho en otras palabras, la gente que dibuja cómics, escribe libros, dirige películas y programa videojuegos tiene una edad determinada, que se va renovando con los años (se van los viejos y entran los jóvenes), y a la hora de contar todas esas historias recurrirá a sus temas favoritos, posiblemente a lo que veía, leía, jugaba de pequeño. Por eso en los 80 había tanta moda de los 50 y hace poco hubo un revival de los 80. En parte, el género zombi ha resucitado porque los que ahora tienen ocasión de publicar y producir son los que de pequeños veían los films de George A. Romero.

Obviamente, la renovación demográfica no justifica por sí sola que ahora se pongan de moda los zombies. Las Industrias Culturales necesitan una renovación constante que no podría esperar a la década siguiente para renovar temáticas, historias y estéticas. Hay intereses comerciales y, en definitiva, si algo da dinero, surgirán productos en la estela de lo que triunfa, ya sean zombies, robots, o realities.

La ciencia-ficción es un género muy amplio, en el que los extraterrestres son sólo uno de los posibles enfoques. Un tipo determinado de ciencia-ficción estuvo muy de moda en los años 50 y 60, durante la carrera espacial. Cuando el espacio era un gran desconocido, resultaba creíble decir que podía haber vida inteligente en la Luna, en Marte, o en algún planeta pasado el Cinturón de Asteroides. Además, en un contexto de Guerra Fría contra los rusos, el enemigo estaba claramente identificado, y los extraterrestres simbolizaban muy bien la “amenaza exterior” (en este caso, la amenaza al sistema de vida capitalista y norteamericano).

Con los años, estas premisas se fueron haciendo obsoletas. La posibilidad de vida inteligente en el Sistema Solar está descartada, y los extraterrestres tendrían que venir desde alguna galaxia a miles de años luz, distancia poco conveniente de cara a la narrativa. La carrera espacial no tiene la ambición que tenía entonces (la idea de que el hombre visite Marte no tiene fecha a la vista). Y la Unión Soviética ya no existe, y el mundo es mucho más homogéneo en ese aspecto. La ciencia ficción hace ya tiempo que no mira a las estrellas sino a nuestra civilización, nuestra decadencia y nuestra tecnología: el cyberpunk. Les recomiendo este artículo de Iluminatus en la web de Viruete, especialmente la introducción.

El género zombie, en cambio, se adapta mucho mejor a las condiciones sociales de la actualidad. El enemigo ya no viene de fuera sino que nace de entre nosotros (con el revival, los zombies suelen serlo por contagio, como si se tratase de una pandemia). Y aquí coincido con Wortex: lo interesante del género no es huir de los zombies, que no tiene mucha complicación sobre todo si son zombies que andan y no que corren, sino el comportamiento de los supervivientes. Las nuevas historias de zombies plantean un escenario apocalíptico, en el que la población está diezmada y los grupos de supervivientes tienen que arreglárselas no sólo para mantener a raya a los muertos vivientes sino para subsistir en el día a día: encontrar comida, desplazarse, curarse de heridas y enfermedades… todo ello en un entorno en el que recursos como la energía eléctrica o el combustible se han agotado o están muy limitados.

Superada la primera fase de ponerse a salvo y buscar un lugar relativamente seguro, los supervivientes se enfrentan a la difícil tarea de empezar de cero en la sociedad. ¿Pueden mantenerse indefinidamente cazando y buscando comida o necesitarán organizarse para cultivar y criar animales? ¿Les conviene ir en grupos pequeños o unirse a grupos más grandes? ¿Cómo gestionar los recursos y tomar las decisiones: de forma democrática o estableciendo jerarquías de autoridad? ¿Qué hacer si otros supervivientes se convierten en una amenaza para lo poco que han conseguido reunir (comida, medicinas, armas, una porción de terreno donde se hayan establecido)? En una época en que el sistema económico se ha colapsado y estamos pagando las consecuencias, la persepctiva de tener que empezar de cero, aunque sea espantosa, tiene sus alicientes.

En resumen, el escenario pesimista de nuestro momento actual, en el que no existe un enemigo definido y corpóreo, sino una serie de amenazas etéreas (crisis, déficit…), hace que las historias de zombies nos resulten mucho más atractivas, frente a las aventuras de conquistas espaciales o de amenazas extraterrestres, más propicias en una época de optimismo y progreso.

Reajustando la cronología en la franquicia Terminator

The Terminator fue uno de esos productos de bajo presupuesto que logró un notable éxito en taquilla, y que con los años se fue convirtiendo en un film de culto. Tenía una atractiva premisa (un futuro postapocaliptico en el que la raza humana libra una encarnizada guerra contra máquinas inteligentes) y una trama original (un cyborg enviado desde el futuro tiene como misión matar a la madre del que será líder de la resistencia humana antes de que éste nazca). La película tenía unos efectos especiales bastante decentes para la época (1984) y el presupuesto; y las carencias económicas se resolvieron con cierto ingenio, convirtiéndola en una cinta con un look oscuro y algo techno.

Su éxito daría pie para varias secuelas, algunas con mayor fortuna que otras. Pero como todas las obras con premisa futurista, Terminator tenía el problema de que tarde o temprano llegará ese futuro que preconizaba. Esto ha obligado a reajustar la cronología de los hechos, especialmente entre la segunda y la tercera parte.

NOTA: Si no habéis visto alguna de las tres primeras películas, os aviso de que a continuación vienen spoilers.

Terminator (1984)

La primera película de la saga Terminator se rodó en 1984 (titulada inicialmente The Terminator) y la acción transcurre en ese mismo año. Es la que plantea la premisa de la guerra contra las máquinas, que se mantendrá a lo largo de toda la franquicia. Según esta premisa, una inteligencia artificial utilizada por los militares norteamericanos (SkyNet) toma conciencia de sí misma. Al percibir a los humanos como una amenaza, SkyNet provocará un holocausto nuclear que diezmará la población mundial (“el jucio final” o “judgment day” en inglés). Lo que sigue es una guerra entre humanos y máquinas y la jugada de SkyNet de enviar una unidad de infiltración (el terminator), mientras que la resistencia logra enviar un soldado.

Esta primera entrega no se pilla los dedos. Plantea la fecha de los combates en 2029 (a 45 años vista) pero no especifica cuándo se produce el “juicio final”). Es en ese año cuando SkyNet envía al terminator para matar a Sarah Connor, madre de John Connor, líder de la resistencia.

En la película, cuando Kyle Reese (el soldado enviado por el bando humano para proteger a Sarah) le pregunta a un mendigo la fecha, éste contesta que es el día 12 de mayo (quédense con este dato). La acción de la peli transcurre en unos pocos días (menos de una semana).

Cuando la policía detiene a Reese y les explica toda la historia, vemos que la mayoría de detalles de la premisa del juicio final se mantendrán a lo largo de la franquicia, aunque algunos otros se obvian. Entre otras cosas, Reese asegura que las máquinas estaban prácticamente derrotadas y que el intento de asesinar a Sarah Connor enviando a un terminator a través del tiempo es una última jugada. También dice que el dispositivo utilizado para viajar en el tiempo queda destruido después de que él y el cyborg hayan sido enviados.

Terminator 2: el jucio final (1991)

La continuación de Terminator contó con un presupuesto mucho mayor y básicamente los productores se permitieron todo lo que no pudieron en la primera parte: escenas de acción más impactante, una lucha entre terminators (más cosas que romper), una de las muertes más estúpidas del cine… y esta vez sí, Arnold Schwarzenneger es el bueno.

En esta segunda parte se explica con detalle el origen de SkyNet y el jucio final. Eso hace que la cronología se quede muy ajustada como para seguir estirando del chicle. La película comienza con la voz en off de Sarah Connor dando una fecha para este “juicio final”: el 29 de agosto de 1997. Y al igual que su predecesora, las escenas de la guerra entre hombres y máquinas son de 2029. Ambos bandos enviarán de nuevo a un soldado a través del tiempo para intentar cambiar el futuro.

Cuando el T-1000 (Robert Patrick) aparece por primera vez y suplanta la identidad de un policía, busca los datos de John en el ordenador del coche de policía. Según la base de datos, John nació el 22 de febrero de 1985 (punto para los guionistas: 9 meses después de los hechos de Terminator 1) y tiene 10 años. Es decir, que la película, a pesar de ser de 1991, transcurre en 1995.

Hay una escena al final del segundo acto de la película en la que Sarah Connor le pregunta al T-800 sobre la historia de Skynet. El cyborg le explica que Miles Dyson, de Cyberdyne Systems creará un procesador revolucionario llamado SkyNet (irónicamente, a partir del chip del primer terminator) y que en 3 años, Cyberdyne será el mayor proveedor de computadoras militares del gobierno. Será entonces cuando SkyNet cobre conciencia de sí mismo y provoque el desastre nuclear.

Vale, 1997 menos 3 a mí me da 1994. Se supone que Sarah Connor intenta asesinar a Dyson antes de que invente SkyNet. En la película vemos cómo está trabajando con el chip del primer terminator pero aún no lo ha logrado. Esto se explica mejor en una escena eliminada que se recuperó para la versión extendida. Podemos asumir que Dyson está a punto de crear el procesador de SkyNet. Puede ser un pequeño despiste de guión, y que la película debería transcurrir en 1994 (John tendría entonces 9 años). O simplemente, que esos 3 años de los que habla el cyborg son los años 1995, 1996 y 1997. En cualquier caso, son ganas de buscarle tres pies al gato.

Terminator 3: la rebelión de las máquinas (2003).

Para mí,la saga Terminator tiene sólo 2 partes. Esta tercera entrega entra dentro de lo que yo llamo “continuaciones apócrifas” (entre las que están American Psycho 2 y La reina de los condenados). No sólo manda a la mierda toda la cronología de las dos primeras partes, sino que además rompe ciertas reglas que tenían en las predecesoras (por ejemplo: el terminator puede provocar incidentes graciosos, pero no hacer el ridículo). Ah, y si me preguntáis por Terminator: Salvation, más que una secuela, no pasa de ser un spin-off medianamente curioso.

Terminator 3 parte de la premisa de que el juicio final es inevitable, y que lo ocurrido al final de la anterior película no evitó el holocausto nuclear, sino que solamente lo retrasó. La nueva fecha es el 25 de julio de 2004. Los terminators son enviados pocos días antes, aunque con fines ligeramente distintos. Esta vez, el objetivo no es John Connor, sino los que serán sus oficiales en el futuro, incluyendo su mujer Kate Brewster.

Con tanto lío de fechas, es normal que los guionistas la cagaran ligeramente al intentar justificar que John y Kate ya se conocían. Kate le cuenta a John que iban juntos al instituto (y más adelante en la película, que se habían enrollado la noche antes de que John desapareciese y sus padres adoptivos fuesen asesinados). Aunque el término “instituto” (high-school) es un poco ambiguo en Estados Unidos, se sobreentiende que los chicos deberían tener entonces entre 12 y 14 años. Y en fin, ya hemos dicho que John nació en 1985…

Es lo que ocurre cuando se estruja una gallina de los huevos de oro que tenía fecha de caducidad. Lo mismo ocurre con las precuelas. Y si no, fijaos en Star Wars 🙂