Efectos colaterales de sincronizar nuestra vida

Una de las características de Internet es su ubicuidad. Podemos acceder a una gran cantidad de datos desde cualquier punto de acceso. Algunos de esos datos son públicos, como las páginas web, y otros privados, como nuestros mensajes de correo. En ese sentido, la sincronización no es que sea un fenómeno nuevo, como se ve con el ejemplo del correo electrónico. Pero desde hace un tiempo, especialmente con la popularización de los smartphones, está cobrando relevancia. Podemos acceder a la red desde muchos sitios, y lo más importante, con distintos dispositivos, no sólo desde equipos de sobremesa en nuestra casa.

Vaya por delante que las posibilidades de la sincronización me parecen una pasada, sobre todo si se usan bien. En ocasiones no es el momento ni el lugar para consultar cierta información, por ejemplo el enlace de un tweet si resulta que estoy en el trabajo o lo estoy viendo desde un móvil, y la mejor opción es guardarla en tu lista de Read it later. Una buena sincronización es la clave para no volvernos locos intentando recordar en qué equipo (o dispositivo) hemos dejado cada cosa. Pero la sincronización, como casi todo en la vida, tiene un precio, aunque no sea económico.

Si en la etapa “pre-sincronización” nuestros discos duros eran candidatos a padecer un síndrome de Diógenes digital, ahora es la nube la que sufre ese riesgo: archivos en Megaupload alojados en un servidor gratuito, álbumes de fotos en Picasa o Photobucket, vídeos subidos a Youtube o Vimeo, notas en Evernote, carpetas en Dropbox… por no hablar de nuestra información en las redes sociales. Nuestro contenido está cada vez más repartido en diversos servicios, y si no administramos bien esa información nos pueden pasar varias cosas:

En primer lugar, para usar estos servicios suele ser necesario crear una cuenta. Y esa cuenta suele pedir algunos datos, aunque sea una simple dirección (válida) de e-mail. No pasa nada, o no tiene que pasar nada, es normal. Pero a veces nos creamos cuentas en servicios que usamos un poco para probar y después nos olvidamos de ellas. Vamos dejando nuestros datos, aunque no sean datos especialmente sensibles (una dirección de correo que a veces es la que tenemos creada a propósito para registrarnos en las páginas web). Eso sin entrar en detalle sobre la fiabilidad de los proveedores de estos servicios a la hora de salvaguardar nuestra información. Todos sabemos lo protegidos que están nuestro datos en Facebook.

Es segundo, nos enfrentamos al problema de los usuarios y contraseñas. Acceder a estos servicios requiere una autentificación. El usuario suele ser la dirección de e-mail, o si no, tendemos a poner siempre el mismo (viva la identidad digital). Pero a la hora de las contraseñas, no es muy recomendable tener la misma para todo, que además siempre hay algunos que usan la misma que su PIN de la tarjeta de crédito o la basan en su fecha de cumpleaños. Si en cambio utilizamos una diferente para cada cosa, al final se nos olvida (si no es un servicio que usemos a menudo) y tenemos que solicitar que nos la envíen por correo. Para estos casos yo uso la aplicación KeePass, que genera contraseñas seguras.

Aparte de los problemas de la nube, otro problema menor que he observado es que muchos de estos servicios, además de la cuenta registrada, se ejecutan a través de aplicaciones de escritorio (en el PC, en los móviles, en las tablets…). Son aplicaciones generalmente pequeñas que a veces se ejecutan al inicio y se quedan en segundo plano. Y aunque una por una son insignificantes para la potencia de nuestro equipo, entre todas pueden afectar a su tiempo de arranque. En el caso de los smpartphones, dependiendo del que tengamos estas apps nos podrían pasar factura: no es lo mismo un iPad o un iPhone 4S que un Samsung Galaxy Ace, por ejemplo.

Hay otras que tienen extensiones para los navegadores. Aquí, hay que distinguir entre los plug-in’s, las extensiones y los bookmarklets (marcadores). Los plug-in’s son necesarios para ejecutar determinado contenido (por ejemplo, el plug-in de Adobe para leer pdf’s en el navegador, o el de Windows Media para ver determinados vídeos). Las extensiones son funcionalidades añadidas al navegador, como la extensión de Read it later, que permite marcar una página para consultarla después. Son parte del programa matriz (el propio navegador) y si se abusa de ellas pueden ralentizarlo. Los bookmarklets en cambio no son programas en sí. Se insertan en la barra de herramientas de los marcadores en forma de botones. Cuando se pulsan, ejecutan un script con la funcionalidad en cuestión. A cambio de “comernos” un poco de pantalla para que la barra de marcadores sea visible, tenemos una serie de funcionlaidades que no pesan en el navegador. A la hora de instalar estos complementos, es interesante mantener un equilibrio para que nuestro navegador sea lo más ligero posible.

Hay diferentes aplicaciones y herramientas para sincronizar nuestra información. En el caso de los Mac, apuestan por la sincronización “de serie” entre sus dispositivos y facilitan bastante esta tarea, pero a veces parece que se anuncien como los inventores del cloud computing. Pero para el resto de los mortales usuarios de PC (casi siempre con Windows), podemos tirar de estos programas:

  • Evernote: un almacén de “notas mentales” increiblemente versátil y potente. Su manejo básico es sencillo, pero con un nivel avanzado se pueden lograr grandes cosas. Tiene una versión gratuita que cubre de sobra nuestras necesidades. Requiere registro y además de su web tiene versiones para los principales dispositivos.
  • Dropbox: almacén virtual con bastante espacio en su versión gratuita y más cómodo que servidores como el difunto Megaupload o Rapidshare. Se pueden compartir carpetas con otros usuarios o dejar archivos a disposición del público.
  • Read it later: marca una página web para poder leerla más tarde. En local no necesita registro y funciona añadiendo una extensión al navegador. Para usarlo como herramienta de sincronización hay que crear una cuenta. Me gusta especialmente la versión para dispositivos móviles: es muy cómodo para guardar tweets con enlaces porque almacena directamente el enlace de destino, y además su interfaz es muy agradable (tanto o más que la de Google Reader para móviles).
  • KeePass: almacena nombres de usuario y contraseñas. Puede generar contraseñas con la seguridad que le pidamos y completar automáticamente los datos de login de la web. En principio es un cliente de escritorio, pero tiene versiones portables (no necesitan instalación) y clientes no oficiales para dispositivos móviles.
  • G-Mail: la enorme capacidad de almacenamiento de las cuentas de correo de Google, la posibilidad de etiquetas, las funcionalidades extras de los labs, y la integración de otros servicios de Google, hacen de G-Mail un servicio de correo bastante idóneo para la sincronización.

Reseña de Black Mirror en El Ninho Naranja

Los chicos de El Ninho Naranja son auténticos devoradores de cultura y consumidores compulsivos de series de televisión en cualquiera de sus formatos. Por eso mis reseñas de series acaban siempre en su blog. En este caso os traigo una pequeña joya, una posible serie de culto, eso lo veremos con el paso del tiempo. Descubrí esta serie a través de un artículo de Blogoff, y no me defraudó.

Estamos hablando de Black Mirror, una miniserie de 3 episodios independientes entre sí que reflexiona sobre el uso que le estamos dando a determinadas tecnologías como Internet, las redes sociales, la televisión a la carta, etcétera. Entre tanto optimismo y panorama de color de rosa, Black Mirror nos lo pinta un poco más negro, nunca mejor dicho. No se trata de profetizar el apocalipsis tecnológico, ni ninguna rebelión de las máquinas en plan Matrix o Terminator. Muy al contrario, la serie nos plantea una realidad mucho más simple, directa, y por tanto nos deja mucho peor cuerpo: “fíjate en lo que te estás convirtiendo al usar estas tecnologías”.

Podéis leer mi artículo completo aquí. Quizá después de ver la serie se os quiten las ganas de Twitter, Facebook y blogs. Pero su visionado merece la pena.

Black Mirror

(c) Channel 4, UK

3 citas ineludibles para este fin de semana

Es habitual que se me junten los eventos frikis en un mismo fin de semana. Y es que dos eventos importantes siguen el mismo calendario y coinciden a lo largo del fin de semana. A esos dos eventos se les suma esta vez un atrevido especial que convertirá un programa habitualmente soporífero en algo que merezca la pena. Estas son las tres citas ineludibles para este fin de semana, una para cada día, así que van a poder disfrutar de todas ellas tranquilamente y sin que se solapen:

Comenzamos el fin de semana friki esta noche de la mano de los ilustres José Viruete y Paco Fox, que en su ciclo dedicado al Cine Basura emitirán RoboWar (otro enlace) del infame Bruno Mattei. Como es habitual, podrán disfrutar de la película a partir de las 23:00 en Canal+ Xtra, y escuchar los comentarios de Viru, Paco e invitados en canal 2 del audio; y si no están ustedes abonados, siempre pueden optar por la web del programa, que retransmite la película en streaming y ofrece un chat para que participen. La web conecta la emisión un cuarto de hora antes del inicio de la película para que nuestros anfitriones (y los internautas) vayan calentando motores.

Pasamo al sábado y cambiamos de medio: de la tele a la radio. Los amiguitos de La Parada de los Monstruos harán su habitual programa, y como cada tercer fin de semana de mes le toca el turno a la sección Press Start, dedicada al mundo del videojuego. A los habituales Boron y Fayer, hard core de este freak team de hardcore gamers, valga la rebundancia, se les unirán Vórtex y un servidor. Este mes me toca hacer la sección del Paleogamer, en la que hablaré del juego Target:Renegade, el Double Dragon para 8 bits.

Y si no han tenido suficiente, siempre pueden despedir el fin de semana con más cine. Como sabrán, este domingo se celebra la Gala de los Premios Goya, esos premios de rima alegre, que este año presentará la humorista Eva Hache. Tanto si les gusta el cine español o no, si la gala les parece amena o un soponcio, ya sean seguidores o detractores de la Srta. Hache, podrán disfrutar de los comentarios en directo del equipo de Scanners, el podcast de actualidad cinematográfica. Esta semana, además de su habitual entrega con los estrenos de la cartelera, realizarán un especial en directo en el que irán comentando la ceremonia de entrega de premios, y que podrán escuchar a través de la web (miren el enlace para ver los detalles) y comentar por Twitter.

Ya lo ven: 3 días, 3 citas diferentes, y todo por la patilla. Para que luego digan. Si se aburren este fin de semana, es porque ustedes quieren.

Anuncios hostiables. iPhone 4: chincha rabiña

Volvemos con esa gran sección que tanto os gusta: los anuncios hostiables. Normalmente traigo aquí algun spot televisivo que dan ganas de abofetear nada más verlo. Pero eso es lo fácil, meterse con el débil. El anuncio que os presento hoy, y sobre todo el producto que anuncia, os encantará a muchos de vosotros, así que no os va a gustar que lo despedace. Odiadme más tarde.

Estamos hablando del iPhone 4, un smartphone que hizo que a todos los súbditos de la secta de Steve Jobs fans de Apple se les cayera la baba. No es para menos, eso hay que admitirlo. El iPhone 4 suponía una gran mejora respecto a sus hermanos iPhone 3G y iPhone 3GS, y aún faltaba para que los pro-Apple estuvieran a punto de suicidarse en masa como lemmings después de descubrir que lo que iba a ser el iPhone 5 (haga su rima aquí) se quedase en un simple iPhone 4S.

Al grano. Aquí tenéis el vídeo del anuncio:

El vídeo: en primer plano se ve el teléfono mientras alguien lo va manipulando. Una voz en off nos cuenta las cosas que se pueden hacer con el (entonces) nuevo iPhone 4. Se trata de una adaptación del spot norteamericano y forma parte de la estrategia de Apple en sus anuncios: enseñar no ya las características técnicas del teléfono o cacharro en cuestión (de vez en cuando se mencionan algunas) sino lo que permite hacer, y orientarlo todo a un lado más “humano”, a veces hasta sentimental o ñoño. Vamos, que el teléfono te entra por los ojos y dan ganas de salir corriendo a comprarse uno.

Por qué es hostiable: el vídeo en sí no es malo. Esta bien realizado, es sencillo y efectivo. Apple es una marca que unió diseño y tecnología para hacer ésta más atractiva, y vaya si le está dando resultado. Los inventos de Apple son un éxito y existen multitud de parodias de los anuncios del iPhone, iPad, etc.

Lo que me da grima de las campañas de Apple es el tonito de gafapastas-pisamoquetas que tienen. En concreto, este anuncio hurga en la envidia del consumidor. No se trata de decir “ey, mira, el nuevo iPhone tiene esto y lo otro y así puedes hacer esto o esto otro”. No, en este vídeo usan frases en negativo para hacer silogismos: “si NO tienes el iPhone, NO puedes hacer esto NI lo otro, chincha rabiña”. ¿Hacía falta ser tan ruin? Fomentando la exclusión por no tener el último grito en tecnología, sí señor.

Así que nada, espero que estéis leyendo este artículo desde vuestro iPhone, pero sobre todo, que le deis a la opción de compartir, leáis esto en un PC, un iPhone o donde sea.

———-

Enviado desde mi iPhone

El origen del término Industrias Culturales

Cada vez que se monta alguna trifulca en la red relacionada con los derechos de autor en seguida sale a relucir el término “industria cultural” como personificación de un malvado lobby que quiere dominar el mundo. Si sois lectores habituales del blog sabréis que me interesa mucho el tema de las Industrias Culturales, que siempre menciono en plural por deformación académica. Se trata de un término con muchos años de historia que han utilizado una serie de corrientes de investigación, en muchos casos de forma crítica.

Los primeros en utilizar el término industria cultural (en singular) fueron los filósofos Theodor Adorno y Max Horkheimer, de la escuela de Frankfurt, en los años 40 del siglo pasado. El concepto resultaba paradójico y polémico, y esa era la intención de los alemanes: resaltar la relación entre cultura y mercado. Por lo demás, la crítica se enfocaba más a la estandarización de contenidos, y la palabra industria no se toma al pie de la letra.

Tras unos años de letargo, diferntes corrientes académicas resucitan el término en los años 60, que pusieron énfasis alternativamente en la parte “industrial” o “cultural” del término. En la segunda mitad de los años 70 comienza a hablarse de Industrias Culturales ya en plural, y se pierde esa visión catastrofista de la Escuela de Frankfurt. Continúa el enfoque crítico, pero ya no es un problema filosófico o ético, sino socioeconómico.

La teoría de las Industrias Culturales que surge en esa época no pretende oponer cultura frente a mercado, sino analizar la forma en que determinados sectores culturales (música, literatura) aplican procesos industriales de producción para generar sus productos. Y de la misma forma que se estudian determinados sectores, otros (pintura, escultura) quedan excluidos porque no se les puede aplicar esos criterios industriales, aunque sus productos puedan ser objeto de mercantilización. No se trata de escoger entre cultura e industria, sino de ver cómo se relacionan.

Son estudios empíricos, sólidos, con un enfoque económico determinado (la economía política de la comunicación frente a la economía clásica), que entienden que estas industrias tienen unas características peculiares (para una explicación más detallada de esta teoría, ver este post). Se trata de industrias en las que este proceso de automatización nunca puede ser completo, siempre hay un trabajo creativo de base.

Hay que tener en cuenta que la corriente de las Industrias Culturales predominó en Francia y su zona de influencia. A raíz de esta corriente, en los años 80 se introdujo en el discurso político la importancia de las políticas culturales. Las Industrias Culturales también tienen una función de reproducción ideológica, y la democratización de la cultura a través del mercado esconde sus trampas, ya que Estados Unidos es el principal exportador de este tipo de industrias.

Actualmente se están imponiendo otras corrientes, como la de las Industrias Creativas, con tras bases teóricas y en otros contextos políticos (en este caso, el de la Sociedad de la Información). En el actual contexto, la creación y la innovación se justifican como motor del crecimiento económico a base de meter en el saco de las Industrias Creativas sectores que van desde el diseño textil al juguetero, con tal de hacer ver que las Industrias Creativas son un sustancioso porcentaje del PIB nacional. Para que os hagáis una idea, según estas bases, China es el país más creativo del mundo, y Hong Kong exporta más productos creativos que Estados Unidos.

En resumen, el término Industrias Culturales se emplea desde mucho antes de todas estas polémicas por las descargas en Internet. Fue un término muy popular en su día, y como tal se ha usado indiscriminadamente. Del mismo modo, éste y otros conceptos han ido calando en el discurso político para justificar determinadas líneas de actuación.

—————-

Fuentes:

  • Garnham, Nicholas: “De las industrias culturales a las creativas. Análisis de las implicaciones en el Reino Unido”
  • Tremblay, Gaëtan: “Desde la teoría de las industrias culturales. Evaluación crítica de la economía de la creatividad”

Ambos pueden encontrarse en Industrias Creativas. Amenazas sobre la cultura digital. (Enrique Bustamante, editor). Editorial Gedisa. 2011.

Publicidad agresiva? Qué va!!

Ayer me encontré con esto en Twitter. Lo había puesto Pau García-Milà, responsable de eyeOs, y al que a lo mejor habéis visto en el programa de Buenafuente. Se trata de una publicidad exterior, es decir, la que solemos encontrarnos por la calle y no vemos en la tele o internet: vallas, marquesinas, carteles de las estaciones de Metro, etc. Aún no sé si es una obra maestra o un insulto.

Publicidad agresiva

Ya he hablado de la publicidad comparativa en alguna ocasión. En este caso, fijaos en que para empezar, la valla de Media-Markt no menciona a ninguna otra marca ni establecimiento, así que no se compara “con nadie”. De hecho, en el momento en que cambien la valla de Worten, la estrategia de Media-Markt se viene abajo. Sí, es un triste defecto de forma, pero el que conoce la ley, conoce la trampa. Por otro lado, lo que dice Media-Markt es un dato “objetivo y demostrable”: asegura que tiene mejores precios. No insulta a Worten ni usa adjetivos abstractos. Otra cosa es que lo que dice Media-Markt sea cierto. Si se comprobase que sus precios no son más baratos, se le podría acusar de publicidad engañosa. Pero en resumen, por mucho que les fastidie a los de Worten, los de Media-Markt han sido lo suficientemente pícaros como para hacerles un ¡zas, en toda la boca! y que no les puedan decir nada. Y no, no me pagan por hacerles la rosca.

Otra cosa es que la estrategia sea adecuada. La publi de Media-Markt puede parecer más o menos hostiable, pero no se le puede negar que ha calado en el espectador y sus campañas se reconocen, y se asocian correctamente a la marca. Quizá no necesite recurrir a esa guerra sucia.

Finalizadas las votaciones de los premios 20blogs

Son días de mucho trabajo y tengo el blog descuidado.

Sólo quería informaros de que han finalizado las votaciones de los premios 20 blogs, a los que me presenté en su día. Me gustaría agradecer a los que me habéis votado y todo eso… pero para que os voy a engañar, sólo he tenido en voto. Así que gracias a los bandidos de El Ninho Naranja. A pesar de sus latigazos y sus exigencias para que les envíe artículos, de vez en cuando se portan y todo. :p

Sé que tengo mi pequeño grupo de lectores aunque no comenten a menudo ni estén metidos en todas estas mafias de la blogosfera, así que no me voy a poner en plan James Wallestein. Yo seguiré haciendo mis ejercios onanísticos por aquí, publicando desde las frikadas más absurdas a los artículos más currados.

Saludos y gracias a todos.