Grandes sagas del cine. Rocky (I)

El año pasado, una cadena de televisión puso todas las películas de Rocky (menos la sexta y última entrega), lo que me permitió revisitar la saga con algo de continuidad. Me di cuenta entonces de que si bien las películas por separado son muy disfrutables y divertidas (cada una a su modo), como saga resulta un poco desconcertante. En primer lugar, porque Rocky está a punto de retirarse desde la primera película, lo mismito que Danny Glover en Arma letal. En segundo, por el curioso estilo de boxeo de Stallone, que no se cubre nunca y gana los combates a base de aguantar mamporros y cansar al rival, tal y como hizo Homer Simpson en un episodio de la serie. Y así consiguió el título de los pesos pesados y lo defendió exitosamente, hoygan. Y en tercero, por esa extraña continuidad temporal, en la que cada película empieza justo despues de la anterior, pero donde el hijo de Rocky crece a pasos agigantados.

Vamos a recorrer esta maravillosa saga en tres entregas: los años 70, los años 80 y los coletazos posteriores. En cada entrada comentaré jocosamente dos películas, con poca documentación (casi toda de la Wikipedia, para qué mentir) y mucho de visión personal. Supongo que a estas alturas, no le esté haciendo spoiler a nadie.

Años 70. Las primeras entregas.

Los dos primeros capítulos de la saga Rocky tiene un tono algo más dramático, más callejero, y aún no tienen las claves distintivas de lo que sería la serie en la que se convirtió (aunque Rocky II ya fija algún que otro estándar de la franquicia). De momento, estamos ante un drama con el boxeo como trasfondo que cosechó un notable éxito y una segunda parte para aprovechar ese éxito y de paso darle al espectador lo que no pudo ver en la primera.

Rocky (1976)

Sylvester Stallone desarrolló un guión inspirado en un combate real entre Muhammad Ali y Chuck Wepner que impresionó a dos productores de Hollywood. Aunque se cambiaron algunas cosas, la película fue llevada a cabo, con un bajo presupuesto, y se estrenó en 1976. Finalmente la protagonizó el propio Stallone, que entonces era poco conocido (faltaban años para que encarnase a su otro gran héroe, Rambo). Para la dirección, escogieron a John G. Avildsen, quien luego dirigiría las pelis de Karate Kid (las buenas, las que sale Ralph Macchio y Pat Morita).

La película es más bien un drama con el boxeo como trasfondo que una peli de boxeo propiamente dicha. Es la historia de un boxeador amateur (que aunque no es malo, no es ninguna promesa), que recibe una inesperada oportunidad. El campeón del mundo de los pesos pesados, Apollo Creed (Carl Weathers, doblado por Constantino Romero), pretende celebrar para el bicentenario de la ciudad de Philadelphia, en 1975, un combate entre él y Rocky, que valdría para el título. A partir de entonces comienza a recibir el apoyo, muchas veces interesado, de su entorno.

Es quizá una de las películas que más se distingue del resto de la saga, por la obvia razón de que se trataba de un drama del que no se esperaban secuelas. Por encima del boxeo, está la historia de un tipo que no está seguro de querer ni merecer la oportunidad que le han dado. Estamos hablando de un boxeador de treinta años, cuya carrera pugilística no puede durar mucho más (quédense con este dato para el futuro, por favor). Hay momentos de gran tensión, por ejemplo la discusión entre Rocky y su entrenador Mickey. Y sobre todo, hay personajes memorables, como Adrian, ese patito feo que a lo largo de la saga tendrá una evolución de libro; y Paulie, el hermano de Adrian, uno de los personajes más hostiable y adorables al tiempo, un eterno segundón, que quiere aprovecharse de los que destacan (desde el principio, le está dando la brasa a Rocky para que le hable de él al mafioso local), pero que también es un envidioso (como en Rocky III) y que se enfada porque no quiere ser el mantenido de nadie.

Aunque se cambió el final escrito por Stallone, dentro de lo que cabe se mantuvo cierto “realismo”. Rocky es derrotado en el combate, pero logra aguantar en pie los 15 asaltos, que era lo máximo a lo que podía aspirar. Si se hubiera sabido cubrir, podría haber ganado y todo. La peli termina con ese escueto diálogo entre Apollo y Rocky (“No habrá revancha”, “No la necesito”, se dicen el uno al otro) y el mítico grito de “Adriaaaaan” mientras ella se acerca, todo ello con esa fantástica partitura de Bill Conti de fondo.

Rocky II (1979)

Si bien la primera entrega de la franquicia no fue la más taquillera, fue la más rentable: con un presupuesto de 1,1 millones de dólares, recaudó 200 millones en todo el mundo. ¿Cómo no hacer una segunda parte? Sylvester Stallone se volvió a encargar del guión y además la dirigió, como casi todas las restantes. La continuación de Rocky llegó en 1979, una época donde las secuelas tenían números romanos.

La peli empieza con un elemento que sería distintivo en toda la saga: los últimos minutos de su predecesora. Después del brutal combate, Rocky y Apollo van derechitos al hospital. Se han dado una considerable paliza el uno al otro, y el peor parado ha sido Rocky, que se salva de milagro de perder un ojo, y no debe volver a pelear si quiere conservarlo.

Sin embargo, las cosas no son tan fáciles. ¿Se acuerdan de que en la primera parte los dos púgiles habían dicho “No habrá revancha” y “No la necesito”? Pues Apollo no ha salido del hospital y ya ha cambiado de idea. Quiere otro combate con Rocky sí o sí. La razón, como más tarde justificaría Apollo, es que le ganó pero no le venció. Quiere una victoria por K.O. Evidentemente, Rocky no está por la labor y su intención es retirarse del boxeo (ya lo dije al principio, se está retirando todo el rato). El guión justifica con relativo convencimiento el cambio de opinión de Rocky para que finalmente acepte. El potro italiano ha conseguido cierto estatus económico con el primer combate que es incapaz de mantener, y además espera un hijo con Adrian. La prensa se encargaría del resto.

Después, ya saben lo que tocan: entrenamiento, espíritu de superación, carreras por el barrio y terminar con una subida triunfal por las escaleras del Museo de Arte de Philadelphia, los Rocky Steps. El combate, otra somanta de palos de 15 asaltos, esta vez terminará con la victoria in extremis del potro italiano, que se proclama campeón del mundo.

Si bien es cierto que como secuela de Rocky, Rocky II es el primer ladrillo de la saga que iba a construir, esta segunda parte es al fin y al cabo una revancha para el espectador. Es el desquite del quiero y no puedo de la primera parte, el ver por fin a Rocky ganar el combate. Dentro de lo que cabe, la peli mantiene el tono de su predecesora, no como las dos que vendrían a continuación…

Pero eso lo podrán leer en la siguiente entrada.

2 pensamientos en “Grandes sagas del cine. Rocky (I)

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  2. Hola

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