Al realismo a través de las convenciones de género

Siegfried y su espadón imposible

Pues si crees que la espada es grande, deberías ver cómo tengo la...

En esa gran fuente de información que es Twitter, un domingo me encontré con un enlace a un artículo tan interesante como largo (primera y segunda parte) acerca de los tópicos sobre las espadas que se perpetúan a través de películas, series, libros y cómics, y que no son ciertos. Porque si bien algunos de estos mitos se caen por su propio peso, otros suelen tomarse como ciertos. Es un artículo muy interesante y aunque su autor reconoce no ser ningún experto, aporta datos y referencias que no se ven todos los días.

En los comentarios algunos usuarios opinaban que muchas de estas falacias se debían a la preferencia de criterios estéticos frente a los de verosimilitud o fidelidad a la realidad histórica. Hay que tener en cuenta que además de películas históricas también nos encontramos con producciones de fantasía heróica en las que el aspecto visual tiene mucha importancia. Ahí tenemos al amigo Siegfried, de la saga Soul Calibur, al que le caerían dos o tres tópicos del artículo. A los criterios estéticos yo añadiría los criterios narrativos: a veces dos personajes tienen que “trabar armas y mirarse con cara de cagar duro” (sic.) o conversar sobre cómo les ha ido últimamente para que en la narración todo quede atado. Que quede claro que el autor ya explica que a él le encantan las películas de este tipo, pero que simplemente a veces echa de menos un poco de realismo. No es mi intención ponerle de vuelta y media, entre otras cosas porque lo mismo me desafía a un duelo a espada, y aunque sólo sea por la teoría que conoce lo llevo crudo. 🙂

Esta entrada va de por qué muchas películas parecen (o no) realistas cuando en realidad tienen bastantes fallos, y algunos muy gordos. En realidad, si lo analizamos detenidamente, prácticamente cualquier película adolece de una preocupante falta de realismo. En cualquier película de acción hay escenas arriesgadas que se planifican, se ensayan, y se ruedan con especialistas y tomando todas las precauciones posibles, pero que se supone que llevan a cabo personajes inexpertos que arriesgan su vida y les sale bien a la primera. Eso sin contar con que se añadan efectos especiales en la postproducción. O si no, hay fallos en el diseño de vehículos o artilugios (de nuevo el ejemplo de las espadas, muchas de ellas inefectivas para el combate real). ¿Por qué una película cuela como creible a pesar de estos errores, o por qué se introducen si se conocen de antemano? Se me han ocurrido tres razones.

La primera ya la hemos comentado. Hay criterios estéticos y narrativos que prevalecen sobre el realismo del film. Y más cuando se trata de géneros a priori poco realista. Si en El Señor de los anillos hay elfos, enanos, hobbits, orcos, magos, y los árboles andan ¿qué importa si aparecen armas mal diseñadas o si durante los combates Aragorn hace giros de 360º entre golpe y golpe? Cuando hemos asumido como cierto todo lo anterior, ese tipo de fallos parecen menores. Si hablamos de libros, cómics o juegos de rol, depende además de lo versado que esté el autor en estas lides, de las molestias que se tome en investigar y su pericia a la hora de recabar datos y lo fiables que sean sus fuentes.

La segunda razón que se me ocurre es que las películas son una labor de equipo. Normalmente empiezan con un guión, y si nos vamos al sistema de Hollywood, lo que se hace es contratar a un guionista para que se encargue de ello, es decir, que la idea no parte de un guionista que escriba motu proprio sobre un tema que le apasione. Volvemos a la primera razón: entran en juego criterios narrativos y estéticos, así como la profesionalidad del guionista. Pero además, durante la producción de una película, el proyecto pasa por decenas de reuniones entre los responsables: guionista, director, productores… y todos los departamentos imaginables (peluquería, vestuario, atrezzo, etcétera). Por lo tanto, la realización de la película no sólo depende de la calidad de estos departamentos (y muchas veces, del presupueto que manejen), sino que hay que aplicar una regla primordial: normalmente, el máximo responsable no tiene ni pajolera idea del tema de la película, e impondrá su criterio arbitrariamente.

La tercera y última razón es que el realismo, o la sensación de realismo, esta muy relacionada con el género de cine en cuestión. Existen una serie de mecanismos (puesta en escena, estética, lógica narrativa) que contribuyen a conseguir esa sensación. El espectador sabe qué tipo de película va a ver y su cerebro la decodifica en función de ese género. Lo que vale para una película de acción o para una comedia no resulta verosímil para un drama costumbrista. Y casi nunca suele resultar un cambio de género a mitad de la narración[1]. El ejemplo más tonto y fácil de entender son los musicales. Ya sabéis, cuando un tipo se pone a cantar en mitad de la calle y la gente de alrededor baila con él una coreografía que sale a la perfección. ¿Resulta verosímil algo así? Difícilmente pasaría en la vida real, pero dentro de la película, como musical que es, se trata de un mecanismo narrativo propio de su género. Una forma de contar la historia en la que lo importante son los criterios estéticos. No se trata de si la escena es realista o no. De la misma forma, la comedia es el único género en el que se permite que el protagonista rompa la cuarta pared y hable con el espectador. No es realista, pero es una convención del género y está permitido.

Aparte de estos ejemplos extremos, hay convenciones de género que pueden pasar como realistas o verosímiles. En las películas de acción los coches explotan con bastante facilidad. Sin embargo, provocar una explosión simplemente con un choque o por la combustión de la gasolina es altamente improbable (se necesita una mezcla específica de gasolina y aire). Por lo general, cuanto más versado se está en un tema, más decepcionante resulta una película sobre ese tema. Ahí tenemos a esos frikis que cuestionan la viabilidad de los diseños de las naves de Star Wars, cuando esa película es una ópera espacial, no una ciencia ficción, en la que para empezar hay sonido de lásers y explosiones en el espacio exterior.

Con el tiempo, los diferentes géneros de cine evolucionan. Lo que ayer resultaba verosímil puede no servir para hoy. Películas como Braveheart o Salvar al soldado Ryan supusieron un pequeño hito por la crudeza de las batallas y pasaron como películas más “realistas” en sus respectivos géneros.

En resumen, lograr realismo en una película es más difícil de lo que pudiera parecer. Interviene demasiada gente y hay muchas convenciones que seguir. Al final, una narración bien estructurada que respete las convenciones de su género puede resutlarle más creíble al espectador que una historia escrupulosamente realista. El grado de satisfacción dependerá de cada uno (cuanto más cine se consume, más se disfruta viendo películas). Siempre es bueno exigir un cierto realismo, pero al fin y al cabo, cuando entramos en una sala de cine, sabemos a lo que venimos.


[1] La serie Lost, que empezó como un drama realista sobre un accidente de avión, y acabó como una soberana ida de olla, es una de las raras excepciones donde funcionó, aunque yo me mantengo escéptico al respecto. Sobre el tema estuve conversando con Pedro Jorge Romero (entrada y descarga del archivo).

Un pensamiento en “Al realismo a través de las convenciones de género

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