El Colectivo Onanista abre una librería

Tras mucho tiempo sin tener noticias de ellos, mis amigos del Colectivo Onanista me invitaron a pasarme por un pequeño negocio que habían abierto. Se trataba de una tienda de libros. Decidí acercarme a echar un vistazo y aprovechar para charlar un poco con ellos.

Cuando pensé en una librería regentada por esta asociación se me ocurrieron dos posibles temáticas. La primera, que estuviera llena de libros y revistas de corte erótico y pornográfico. Muchos miembros del Colectivo tienen gran afición por el coleccionismo, así que no me extrañaba que la tienda pudiese tener ejemplares históricos de revistas como Playboy, Penthouse o Interviú. En definitiva, una tienda para satisfacer el hobby que les caracteriza. La segunda posibilidad era que se tratase de una librería de carácter divulgativo, para romper el tabú que sigue siendo la práctica onanista en muchas ocasiones y que ellos defienden con tanto fervor.

Sin embargo, cuando llegué allí lo único que me encontré fue una librería normal y corriente. Había libros de muchas clases: best-sellers, clásicos, ficción, no ficción, poesía, teatro… Me extrañó mucho, y más aún cuando advertí un detalle. La librería no estaba clasificada por materias o géneros como lo están las librerías normales. Los libros se agrupaban en función de sus características de edición. Había libros de bolsillo, de tapa dura, tapa blanda, rústica, libros usados, ediciones de coleccionista, y un largo etcétera. Empecé a olerme la tostada, pero aún así, le pregunté a Benito Crazymonkey, su portavoz y la persona con la que suelo hablar para estos artículos.

“Desde que aparecieron los eBooks, la gente no hace más que mencionar que adoran el tacto del papel, sentir los tomos de hojas en las manos. Dicen que les encanta el color e incluso el olor de las páginas. Nos dimos cuenta de que no se trataba de afición por la cultura, sino de una serie de parafilias latentes.”

Pues sí, mis sospechas eran ciertas. Le pregunté cuáles eran las parafilias que podían satisfacerse visitando la librería.

“El público de esta tienda son aquellos que se exciten con el tacto y el olfato de los libros. No hemos encontrado ninguna parafilia que se ajuste a esa definición. Curiosamente, no hemos incluido la lectolagnia [excitación mediante lectura de textos eróticos]. Buscamos filias basadas en el continente, no en el contenido. Si encuentras algún libro erótico será por la edición que tiene.”

Por razones de higiene, se trata de una de las pocas librerías que no admite devoluciones de ningún tipo, ni siquiera de ejemplares precintados. Les pregunté si no temían una denuncia de la OCU o algo por el estilo. Sus abogados ya les habían asesorado al respecto: los clientes están informados del tipo de servicio que se presta (al fin y al cabo, no se trata de una librería convencional) y de las condiciones de venta. Esperan poder evitar así malentendidos.

Obviamente, del préstamo ya ni hablamos.

“Televisión, famosos y Twitter” (en El Ninho Naranja)

Le prometí a los vándalos de El Ninho Naranja que escribiría un artículo para ellos más o menos una vez al mes. Y fíjate tú que hoy hace un mes desde mi primera entrada con ellos, hablando de la serie Mad Men. Así que después de hacerme un poco el remolón y de sufrir las represalias, aquí tenéis la segunda entrada: “Televisión, famosos y Twitter. El trío de la discordia“, que empieza tal que así:

Twitter se ha convertido en una de las redes sociales con más potencial y en la gran favorita de muchos usuarios. Gran parte de su éxito se debe a su principal característica: 140 caracteres por mensaje. Eso invita al uso frecuente frente a Facebook, Tuenti o actualizar un blog. A eso deberíamos sumarle la asimetría de la red. No hace falta agregar amigos. Basta con seguir a quien a uno le parezca interesante. Entre ellos, famosos y celebrities de diferentes ámbitos: blog stars, músicos, cantantes, actores, periodistas y un largo etcétera. Twitter proporciona una sensación de cercanía con este tipo de personalidades, sin los filtros habituales en el mundo off line.

De esa cercanía es de donde empiezan a venir los problemas. Delia Rodríguez identificaba 7 tipos de celebridades en función de su uso de Twitter, desde los que están totalmente familiarizados y se sienten como pez en el agua a los que lo tienen un perfil por compromiso que es llevado por algún asesor de imagen. Pero la gran mayoría de famosos llevan personalemente sus cuentas en Twitter. No hay intermediarios en la comunicación, así que pueden plasmar cualquier reflexión, chiste, comentario o recomendación que se les ocurra. Y claro, cuando la gente tiene la manía de decir lo que piensa, ocurre lo que ocurre. Máxime cuando muchos famosetes no son tan listos como ellos (o el público) creen.

Podéis leer el resto de la entrada en el blog de El Ninho Naranja

5 falacias sobre los derechos de autor que se toman por verdaderas

Para que esta entrada no sea demasiado pesada (aún más) daremos por sentado que si están leyendo esto saben lo que son los derechos de autor. Pero si quieren despejar dudas, les recomiendo que vean estas explicaciones en el documental Copiad Malditos (a partir del minuto 6:50) y en las entrevistas hicieron para este documental a los abogados David Bravo y Javier de la Cueva.

En este artículo vamos a referirnos fundamentalmente a los derechos de autor en su vertiente económica. Vaya por delante que no me opongo al concepto de derecho de autor (especialmente en el reconomiento moral) ni al de propiedad intelectual, y que estoy a favor de la remuneración de los autores. Pero esta remuneración no puede producirse a costa de cercenar otros derechos fundamentales, o justificarse con falacias, algunas de las cuales se asumen como axiomas a base de repetirse tanto.

1.- Los derechos de autor son el sueldo de los creadores

Empezamos metiendo el dedo en la llaga. Seguro que a Alejandro Sanz le deben de estar pitando los oídos. La clave aquí está en la alegría con la que se emplea la palabra sueldo (también nos valdría salario). El diccionario de la RAE recoge la voz sueldo de la siguiente forma:

Sueldo (del latín solĭdus): 1.m. Remuneración regular asignada por el desempeño de un cargo o servicio profesional.

Los ingresos que una persona pueda percibir en concepto de autor no se ajustan a la definición de sueldo. No son regulares, ya que varían entre un ingreso y otro en función de la explotación de la obra que los genera. Tampoco se pagan por el desempeño de un cargo o servicio profesional, sino que es el producto generado (un libro, una canción…) el que genera un beneficio a lo largo de los años una vez se ha producido, sin importar el “cargo o servicio” que desempeñase el autor de ahí en adelante. En otras palabras, que una vez que existe una canción, puede seguir generando ingresos aunque el cantante no vuelva a acercarse al escenario en toda su vida (otra cosa es cómo de generosos sean esos ingresos). Este tipo de explotación se ajusta mejor al concepto de renta:

Renta (Del lat. reddĭta, infl. por vendĭta): 1. f. Utilidad o beneficio que rinde anualmente algo, o lo que de ello se cobra.

No se trata del tópico “el trabajo del músico son los conciertos, no la venta de discos”. Hay diferentes formas de ganarse la vida en el mundo de la cultura. Se pueden dar conciertos, sí, pero también los hay que cobran todos los meses por su trabajo como guionistas en un programa de televisión, y luego también reciben derechos de autor, aunque sean irrisorios. Pero en ningún caso los derechos de autor pueden considerarse como la remuneración como un trabajo, aunque algún afortunado reciba derechos sean suficientes como para vivir de ellos. Los derechos de autor deben (o deberían) considerarse como un plus, como la concepción inicial que tuvieron: un incentivo para que el creador siga creando más obras.

2.- El creador tiene derecho a vivir de su obra

De acuerdo con la falacia nº1, es relativamente sencillo argumentar esta otra afirmación. Cualquier persona decente (y las otras también) tiene derecho a vivir de su trabajo y por extensión del sueldo que cobra por realizarlo. Una persona tiene derecho a vivir de su trabajo (su sueldo); los derechos de autor (que genera la obra) son el sueldo de los creadores; ergo los creadores tienen derecho a vivir de su obra.

Ahora repasemos lo que he explicado antes sobre los conceptos de sueldo y renta, y sabiendo que los derechos de autor son más parecidos a una renta que a un sueldo, el silogismo chapucero del párrafo anterior se nos quedaría más o menos así:

El creador tiene derecho a vivir de las rentas.

Ummm… eso ya no queda tan guay ¿verdad? Claro, este Tahúr Manco es un piratón de los que se lo baja todo del eMule y es responsable del hambre de África por no comprar las cosas originales, podrán pensar ustedes. Si mis argumentos no les convencen, les recomiendo que lean este genial artículo del escritor Juan Gómez Jurado hablando sobre la (inexistente) piratería, en el que decía entre otras cosas:

También es falso que yo tenga derecho a vivir de mi obra. Lo que tengo derecho es a intentarlo.

Como anécdota, nuestro querido Alejandro Sanz le dijo a Gómez Jurado por twitter, tras leer el artículo, y con su educación característica: “si tienes cojones, regala alguno de tus libros”. Gómez Jurado, en respuesta, puso en marcha la web 1 libro 1 €uro, en la que se puede descargar, entre otras, su novela Espía de Dios de forma gratuita a cambio de hacer una donación de un euro o más a Save the Children. La donación es voluntaria. Cualquiera puede bajarse los libros disponibles sin pagar nada. Ni que decir tiene que la web ha tenido un notable éxito.

Piratería e internet aparte, muy poca gente puede vivir sólo con lo que generan los derechos de autor de sus obras. Quizá algún cantante de éxito internacional. Por ejemplo, prácticamente todos los escritores españoles compaginan su faceta literaria con otra profesión como el periodismo o la colaboración en medios de comunicación (columnistas, tertulianos…). Y esto ya era así antes de que todo fuese digital y se pudiese copiar de forma instantánea.

3.- Las licencias Creative Commons se oponen al copyright.

Cada vez son más los autores que usan este tipo de licencias, no solamente los cuatro bloggers de turno. Su existencia no implica una dicotomía copyright vs creative commons (eligir entre uno u otras), sino que con las licencias CC se cubren una serie de zonas grises entre el “todos los derechos reservados” y el “ningún derecho reservado”. La creación de estas licencias tuvo (y tiene) como objetivo facilitar a los autores el poder indicar que renunciaban a ciertos derechos, y por extensión informar al público de qué obras pueden utilizar libremente mientras respeten las condiciones.

Esto lo explica la filial española de Creative Commons en su web, en el apartado preguntas frecuentes. Allí podéis ver que las licencias creative commons no se oponen al copyright:

¿Creative Commons es opuesto a los derechos de autor tradicionales?

No, en absoluto. Nuestras licencias os ayudan a ceder algunos derechos sobre las obras pero con ciertas condiciones y manteniendo otras. La justificación de la protección de la propiedad intelectual es la promoción del progreso de la ciencia y de las artes. Nosotros también queremos promover la ciencia y las artes. Creemos que podemos ayudar a los creadores a conseguir la licencia más adecuada para sus necesidades.

Las diferentes licencias sirven para liberar determinados derechos de acuerdo a ciertas condiciones. Todas parten de un mínimo común, que es el derecho moral (el reconocimiento de la autoría), por lo que no deben entenderse como una carta blanca para el plagio. Estas licencias pueden ser revocables. No obligan a los autores a manterlas de por vida.

Y los derechos se liberan, pero no se renuncia a ellos. Por ejemplo, este blog tiene un licencia creative commons by-nc-nd (en su versión 3.0). Esto permite copiar y distribuir los artículos de este blog siempre que indiquen claramente son obra del Tahúr Manco (es de agradrecer un enlace a la fuente original, a ser posible al principio, para que sus lectores tengan claro desde el primer momento de quién es el artículo). Tampoco pueden hacer un uso comercial de esos artículos. Tranquilos, si los cuelgan en su web y ésta tiene publicidad no me lo tomaré como “un uso comercial”. Y por último, no pueden hacer obras derivadas (esto último lo pongo fundamentalmente porque me gusta que se mantenga la integridad del texto). Sin embargo, esas condiciones esas condiciones se aplican a ustedes, no a mí. Yo sí puedo realizar una obra derivada de mis propios artículos, y nada me impide obtener dinero de este blog, bien sea insertando publicidad o de alguna otra forma (por ejemplo, si tuviese una columna en algún medio impreso y la publicase aquí, estaría siendo remunerado por algunos de mis artículos).

Estas licencias no impiden que terceros puedan obtener permiso del autor para ejercer determinados derechos sin que se apliquen algunas de las condiciones. Siguiendo con el ejemplo del blog, si una revista comercial quiere publicar algunas de mis entradas (uso comercial de mi obra), puede llegar a un acuerdo conmigo para hacerlo. O si alguna de las historias del Colectivo Onanista os inspiran para hacer un corto o una canción, sólo tenéis que hablar conmigo para que os ceda ese derecho. Cuando se me pase la risa, claro.

4.- Solo es legal si lo pagas

Desde los sectores más duros de la defensa de los derechos de autor se genera un discurso tan confuso que da a entender que el único contenido legal es el que se paga. Si algo sale gratis no es “legal”.

En primer lugar, este discurso parece que sólo contempla el modelo de negocio de iTunes y similares, como si hubiera que abonar cada uno de los productos culturales por separado. Se olvidan de que otras industrias culturales tienen formas diferentes de financiación, no sólo el modelo gratuito financiado con publicidad, sino también el abono mensual (televisiones de pago, Netflix) o fórmulas mixtas como el modelo freemium (Spotify).

En segundo lugar, que sea gratis para el consumidor no significa que no esté remunerado. Casi siempre se pone el ejemplo de las televisiones en abierto, financiadas mediante publicidad o, como en el caso de la actual TVE, subvencionadas por el Estado. De una u otra forma, estamos pagando esas televisiones. Todos pagamos impuestos (hay más impuestos aparte del IRPF de las nóminas), y la publicidad la pagamos nosotros, ya que cuando compramos un producto de marca, su precio incluye el gasto que hace la marca en promocionarse.

Hay muchas formas de generar dinero en internet con productos gratuitos para el usuario. Lo verdaderamente importante es retribuir a los autores de una forma justa.

5.- Copiar es robar

A ver ¿cómo explico que copiar no es robar? Pues así:

Volvemos a la radio

El verano pasado hice una colaboración esporádica (que se repitió en septiembre) en Onda 0 Valdepeñas, y a partir de ahí surgió una pequeña sección regular en el magacín matinal de la entrañable localidad manchega. Hace unos meses, por motivos de trabajo, tuve que abandonar temporalmente el proyecto.

Hoy he regresado a las ondas y hemos estado hablando de estrenos de cine y de libros. La cartelera ha estado esta semana muy escasa en estrenos, apenas 4 cintas nuevas (y una se me ha quedado en el tintero por razones de tiempo). De ellos, tiene un lugar destacado X-Men: primera generación (X-Men: first class), precuela de las versiones cinematográficas de la franquicia Marvel. En el apartado de novelas, os traemos La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi, ganadora del Premios  Hugo, Locus, y Nebula 2010 (la triple corona en la literatura de ciencia-ficción).

El programa está en mp3, en calidad media-baja, y es sólo una copia rápida para que la oigamos los colaboradores. Aun así, quería subirlo ya que he estado comentando mi regreso en Twitter y Facebook. Podéis escuchar el programa aquí (botón derecho para descargar).

NOTA: al ser un espacio de una emisora comercial, los términos de la licencia Creative Commons by-nc-nd 3.0 bajo la que se encuentra este blog no se aplican a este contenido.