El auténtico tahúr manco

Hace casi dos años decidí cerrar un blog que tenía para empezar de cero una nueva bitácora. Las razones ya las expliqué en su día. Básicamente, se trataba de liberarme de un blog con un título y un cometido demasiado específico que al final limitaba la temática de mis entradas. Tras hacer unas pruebas en septiembre de 2009, el nuevo blog arrancó en octubre bajo el título de El tahúr manco.

El tahúr manco fue un nombre que no había usado antes en ningún sitio ni en ninguna página web. Nunca he sido el Tahúr Manco antes de empezar este blog, aunque para mi alegría ya los hay que me conocen así en la red. De hecho, ni siquiera soy tahúr, ni cartomago ni nada remotamente parecido. Había escogido ese nombre para el blog después de pensar varias opciones. Un nombre arbitrario, vago, algo ambiguo, que me permitiese crear un personaje y poder hablar de lo que quisiera, porque nunca se sabe cómo va a evolucionar un blog con el paso del tiempo.

Me gustaba el nombre de El tahúr manco porque me evoca diferentes cosas. En primer lugar la magia, por supuesto. Nunca está de más creer un poquito en la magia en alguna ocasión (ojo, y cuando digo magia me refiero a magia espectáculo, no a magufos ni estafadores diversos). En segundo lugar, torpeza. Al arrancar el blog, el subtítulo era Porque hay que ser inútil. ¿Os imagináis a un batería de heavy metal tocando con una sola mano, o a un mago intentando ejecutar trucos de cartas sólo con la mano izquierda?

Y por último, el nombre me evoca espíritu de superación (no he visto la película, pero me acordé El truco del manco, protagonizada por El Langui de La excepción). Y es que, señores, igual que el batería de los Def Leppard perdió un brazo pero continuó tocando, también hay un mago que puede dejarles con la boca abierta mientras hace trucos de magia con su mano izquierda. Se llama René Lavand, y cuando escogí este nombre me pareció un cariñoso homenaje. Lavand ha tenido que reinventar la magia para llegar a ser mago, ingeniándoselas para adaptar las técnicas de manipulación de cartas (cómo coger la baraja, mezclarla, cortar, barajar…) a su condición.

Señoras y señores, les dejo con el auténtico tahúr manco, René Lavand, y su particular filosofía. “No se puede hacer más lento”.

El adiós de “Sé lo que hicisteis”

El pasado viernes terminó un programa que ha sido buque insignia de La Sexta. Sé lo que hicisteis finalizaba su andadura después de 5 años de emisión y nada menos que 1010 programas.

Sé lo que hicisteis empezó como programa semanal bajo el título de Sé lo que hicisteis la última semana. Y como su propio nombre indicaba, parafraseando el título de aquella infame película, era un espacio semanal. Admito que al principio no lo veía. Pensé que se trataba de un programa más con vídeos de otras televisiones, al estilo Zapping o Surferos (o la gañanada que tiene ahora Antena 3 los fines de semana por la mañana, de nombre Los más…). Más tarde se trasladó a la sobremesa diaria, y la última semana se cayó del título por razones obvias.

Sin embargo, el cambio de horario le favoreció. Ahí estaban los chicos de la cueva, con Patricia Conde y Angel Martín al frente, dejando en evidencia a los programas del corazón que se emitían en su misma franja horaria. ¿La fórmula del éxito? Quién sabe. Puede que una mezcla adecudada de buenos guionistas (encabezados por el propio Ángel), chicas bastante explosivas (y más listas de lo que algunos se creen) y un terreno muy fértil y hasta la fecha intocable del que sacar material: la ponzoña de la prensa del corazón.

Al principio la cosa fue muy bien. Los guiones eran ágiles, los colaboradores tenían chispa y las reporteras, empezando por Pilar Rubio, tenían morro y sabían aprovecharse de sus cualidades (anda que no se coló veces Pilar Rubio donde no podía pasar camelándose a algún vigilante de seguridad o jefe de prensa). El público y la crítica respondió en consecuencia: una audiencia más que digna para la cadena en la que estaban y para la hora y la competencia que tenían; y varios premios de la Academia de TV, premios TP, etcétera.

Obviamente, eso no gustaba a según qué programas. Los chicos de Globomedia se cebaban especialmente con algunos subproductos de Telecinco (puede que fuera un pique entre productoras, o porque realmente Telecinco tiene mucha más mierda que ofrecer). Y donde el derecho al honor era indefendible (al fin y al cabo, Aquí hay tomate era mucho más ruin y rastrero en su campo), se recurrió a la propiedad intelectual. Telecinco fue la primera en abrir la veda. La denuncia prosperó y al final la ganó, sentando un peligroso precedente. La libertad de expresión se cercena con la propiedad intelectual: las imágenes son mías, y si no las usas como a mí me gusta, simplemente te prohibo usarlas.

La prohibición tuvo su lado bueno y su lado malo. Lo bueno fue que sin esas imágenes, el programa empezó a desarrollar contenidos propios (y a darles espacio en pantalla). Surgieron personajes chanantes que tenían personalidad propia al margen de la celebridad a la que imitaban (si es que imitaban a alguien), como el esmirriao, el señor que huele a vino, Berta Lomana o el mentiroso (que para ser un personaje de un solo chiste aguantó lo suyo y sin aburrir demasiado). Lo malo es que sin esa gran fábrica de carroña que es Telecinco, el resto de cadenas eran un blanco mayor, y los minutos que rellenaba el Tomate había que repartirlos entre DEC y la Tárrega.

El resto de cadenas siguieron la senda abierta por Vasille. Y aunque Sé lo que hicisteis sabía aprovechar todo lo que tenía en su contra para hacer más bromas y sketches y seguir generando expectación y así mantener el interés y la audiencia, poco a poco el programa se desinflaba. Cada vez que no podían usar imágenes de una cadena, tenían que cebarse más con el resto (a veces aquello parecía un monográfico de algunos programas, era como verlos enteros). Finalmente tuvieron que reinventarse. Bueno, en realidad se estaban reinventando constantemente. Pero el formato ya estaba muy trillado.

La marcha de Ángel Martín, la más sonada en el baile de caras de Sé lo que hicisteis (un baile que incluía la deserción Pilar Rubio, Cristina Urgel, aunque supuso la llegada de Paula Prendes y Cristina Pedroche) era el enésimo augurio de que el programa se acababa. ¿Fue el definitivo? Puede. Aún así, el programa aguantó otros 3 meses largos (casi 4) y pudo llegar al programa número 1.000 . Del que también decían que sería el último. Y ahí casi aciertan, porque tras su vuelta de unas mini-vacaciones en un nuevo plató (el bar de 7 vidas reciclado), sólo duró 2 semanas.

Entre todos la mataron y ella sola se murió. Denuncias aparte, el formato del programa supuso un soplo de aire fresco en la parrilla televisiva, pero también estaba destinado a agotarse. Surgieron las imitaciones, como El 8º mandamiento, en Localia TV, capitaneado por Javier Cárdenas. Pero nada igualaba la frescura y el ritmo del original. Era un programa con defectos, que seguramente repateaba a muchos, y en todos esos sitios hay intereses.

No creo en buenos ni malos absolutos. Pero en su momento fue un programa que sirvió para sacar a relucir la miseria de unos programas que precisamente sacaban a relucir las miserias de la gente. Y sobre todo, sirvió para que nos pudiéramos echar unas risas después de comer, que es lo más importante.

El #nolesvotes y los votos en blanco, nulos y las abstenciones

Salvo que vivas en una cueva (y si eres lector de mi blog es que tienes tiempo para rebuscar a fondo por la blogosfera) te habrás enterado del pifostio que hay montado este domingo a propósito de la manifestación del 15 de marzo y las diferentes acampadas en muchas ciudades, la más importante de ellas es la de sol. Ya sabéis, hay varios Trending Topics estos días relacionados con el tema. Y como la de los Trending Topics es Delia Rodriguez, le dejo a ella que los diseccione en su blog, que se le da muy bien. Como procuro no meter la opinión política en el blog, me reservo mis reflexiones para otra ocasión.

Uno de los temas relacionados con todo este asunto es la iniciativa No les votes, de la que ya publiqué una entrada en su momento. La campaña pretende ser un pequeño boicot a tres partidos en concreto: PSOE, PP y CiU. El detonante fue la Ley Sinde (fueron los tres partidos que la apoyaron finalmente), aunque no es la única razón para evitar votarles. Te invito a leer su página, así como su wiki, para que escuches sus argumentos.

En contra de lo que algunos puedan pensar, esta campaña no busca el voto para ningún partido en concreto, ni fomenta el voto en blanco, nulo o la abstención. Para que entiendas lo que significan esos conceptos en la práctica (más allá de lo que puedan simbolizar en teoría) voy a explicártelo en este artículo.

Lo primero que hay que saber es que el reparto de escaños (ya sean en el Congreso de los Diputados, en los ayuntamientos o en los gobiernos regionales, recordadlo para el resto del artículo) se realiza mediante el sistema D’Hont. Si no conoces el funcionamiento de este sistema, es imprescindible que veas esta simulación que lo explica muy bien. También puedes consultar el artículo en Wikipedia o en la página de Microsiervos.

¿Ya lo tenéis claro? Bien, este peculiar sistema de reparto tiene sus ventajas e inconvenientes, al igual que los otros. Algunos de los tópicos repetidos acerca de este sistema son que beneficia a los partidos nacionalistas o que en cada provincia se necesitan más o menos votos para conseguir un escaño. De nuevo, no me voy a parar aquí a valorar lo cierto o falso de estos tópicos. Lo que os tiene que quedar claro es que para conseguir un escaño (o un concejal) no hace falta alcanzar un número X de votos, sino que el total de votos que obtenga un partido esté bien posicionado frente a los totales de los otros partidos: quedar el primer lugar en la votación, que la diferencia con el resto sea grande, etcétera.

Siguiente paso. La ley que regula los temas electorales es la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General. Las elecciones municipales también se rigen por la misma ley, y sus especificidades quedan recogidas en el Título III. Las Comunidades Autónomas se rigen cada una por su respectiva ley electoral, aunque se aplica también el sistema D’Hont. Las diferencias con las elecciones generales son las siguientes:

  1. En las elecciones generales hay 52 cicunscripciones electorales (art. 161). Cada provincia, más Ceuta y Melilla, hacen el recuento de forma independiente y aportará sus diputados y senadores. En las elecciones municipales, cada municipio es una única circuscripción (art. 179). Todos los concejales vienen del mismo recuento. En las autonómicas, puede haber una o varias circunscripciones en función de la Comunidad Autónoma.
  2. En las elecciones generales, es necesario obtener un 3% de los votos válidos (art. 163.1.a) para que la candidatura se tenga en cuenta de cara al reparto de escaños. En las municipales, la cuota asciende al 5% (art. 180). El porcentaje mínimo en las autonómicas lo establecen sus respectivas leyes. En la Comunidad de Madrid es también del 3%.

Después de la parrafada, vamos con la pregunta ¿cómo afectan los votos nulos, votos en blanco y las abstenciones a los resultados electorales?.

Voto nulo y abstención

De cara al recuento electoral, se computan los votos válidos para el reparto de escaños. Como he dicho, no es cuestión de conseguir 100 ó 1.000 votos, sino de ser más votado que el otro partido. Si no vas a votar o emites un voto nulo (el art. 96 define qué es un voto nulo), independientemente de lo que creas que simboliza tu acción, sencillamente no serás tenido en cuenta cuando se vaya a repartir el pastel. Dependiendo de las circustancias, esto puede beneficiar a los partidos mayoritarios. Los votos nulos (o las abstenciones) son votos que no se han llevado, pero que tampoco se han llevado las minorías, que tal vez podrían haber arañado algún escaño.

Voto en blanco

A diferencia de los votos nulos, los votos en blanco (votos sin papeleta dentro) son considerados válidos. Sin embargo, las diferencias acaban ahí. Para el reparto de representantes se tendrán en cuenta los votos obtenidos por cada candidatura. Es falso que los votos en blanco se los lleve la candidatura vencedora (la que acabe con más votos). Por tanto, con el voto en blanco pasa lo mismo que con los nulos. No se los llevan los partidos mayoritarios, pero tampoco las alternativas. David Maeztu lo explica muy bien en este post. Si se emiten 10.000 votos válidos en unas municipales, harán falta 500 (5%) para optar al reparto de escaños. Si hay 1.000 votos en blanco, el umbral seguirá siendo 500 (al ser votos válidos). Los grandes partidos lo superarán sin problema. Pero ¿y si esos 1.000 votos en blanco hubieran ido a candidaturas que suelen rondar 300 ó 400 votos?

Personalmente, no soy partidario de la abstención ni de votar en blanco o emitir un voto nulo. Hay más candidaturas aparte de las 3 ó 4 que todo el mundo conoce. Sobre la iniciativa No les votes, no espera conseguir grandes resultados, pero es un primer paso para despertar conciencias y, de paso, que a los políticos les entre un poco de miedo.

Ya expresé en la entrada anterior sobre el tema que es normal tener dudas, sobre todo tratándose de elecciones municipales y autonómicas. Aquí podéis leer unas cuantas respuestas al argumentario contra la campaña (1 y 2). Vosotros tenéis la última palabra. Informaos y reflexionad. Y el domingo, id a votar.

Locos por Mad Men (en El Ninho Naranja)

A principios de año estaba revisando las estadísticas del blog en busca de un poco de ego (los blogueros lo necesitamos constantemente, para eso tenemos un blog) me di cuenta de que había un blog que me enlazaba. El blog en cuestión era El Ninho Naranja, que por lo que vi llevaba en activo muy poco tiempo. Me devané los sesos pensando quién podría estar detrás de esa web, ya que normalmente los tahúres que me enlazan son amigos míos.

Poco después recibí un mensaje en Facebook. Uno de los colaboradores habituales del El Ninho Naranja había estudiado conmigo en el instituto. Aunque de momento es un proyecto pequeño,detrás hay mucha ilusión y bastante buen hacer (no en vano, mi antiguo compañero ya lleva 8 años en esto de internet de una u otra manera). Poco a poco se han ido abriendo a las redes sociales, y tiene página en Facebook así como un perfil en Twitter (muy gracioso, por cierto).

Los chicos de El Ninho Naranja me ofrecieron colaborar con ellos. No pagan (de momento) pero no le puedo decir que no a un amigo, y tras dejar cerrado unos asuntos que tenía pendientes, he hecho una larguíiiiiisima reseña sobre la serie Mad Men, que empieza tal que así:

Locos por Mad Men

Un ejecutivo entra en su despacho y deja su maletín en el suelo. La oficina comienza a desvanecerse, los carteles publicitarios caen de las paredes, que empiezan a desplomarse. Cuando se da cuenta, el ejecutivo, una silueta blanca y negra, está cayendo al vacío. A su alrededor, los enormes rascacielos de cristal exhiben gigantescos anuncios publicitarios de finales de los 50 y principos de los 60: cerveza, medias de rejilla, whisky Old Taylor 86, diamantes: el regalo que nunca falla (It’s The Gifjt That Never Fails)… Está a punto de estrellarse contra el suelo, pero de repente vuelve a estar sentado en su sillón, con un cigarrillo en la mano.

Se trata del opening de Mad Men, una serie creada por Matthew Weiner, el que fuera guionista de Los Soprano en su quinta y sexta temporadas. Producida por Lionsgate Television y emitida en Estados Unidos en el canal por cable AMC, Mad Men no deja de acumular premios desde su estreno, y con la cuarta temporada actualmente en emisión, lleva ya la friolera de 4 Golden Globes y 13 premios Emmy. Ha sido la primera serie por cable en ganar el Emmy a la mejor serie dramática, y lo ha hecho en tres ocasiones: 2008, 2009 y 2010.

Podéis leer el resto del artículo aquí. Espero que os guste. Los votos en Bitácoras y los Meneos nos los llevamos a medias 😉 Y de nuevo, gracias a VicFS (administrador de El Ninho Naranja) por darse el palizón de subir la entrada a horas intempestivas y porque gracias al blog la entrada está teniendo mucha difusión. La colaboración siempre ha sido beneficiosa.

La Casa de Dios

No es que me haya afectado la beatificación de Juan Pablo II y ahora os pretenda evangelizar a todos. La Casa de Dios es el título de un libro que me he leído hace poco, y que os quería traer al blog. Se trata del relato de Roy Basch y de su experiencia como interno en el hospital llamado precisamente la Casa de Dios, una institución de origen judío y gran reputación, tanta como para obtener la calificación BMS (Best Medical School, Mejor Facultad de Medicina).

La novela está escrita por Samuel Shem, pseudónimo del psiquiatra Stephen Bergman, y a día de hoy el libro está considerado como “la Biblia” de los estudiantes de medicina. Y se ha ganado ese estatus gracias al crudo retrato del día a día de los internos. Recién salidos de sus estudios de medicina y dispuestos a poner en práctica todos sus conocimientos en el primer año de residencia, se encuentran con un sistema sanitario atroz, en el que la mejor forma de ejercer la medicina es “no hacer nada”, en el que los apretones de manos a viejecitas significan 40 dólares, en el que sólo mueren los jóvenes, mientras que los ancianos son derivado de una especialidad a otra de forma indefinida. Ante esta situación, los internos desarrollan mecanismos de defensa para sobrevivir. Se vuelven cínicos, chulos, competitivos, agresivos en ocasiones; y el sexo, un sexo descarnado, sin amor, se convierte en un estilo de vida entre médicos y enfermeras, llegando incluso a las orgías.

La historia arranca en junio de 1973 y se prolonga hasta julio del año siguiente (si bien el libro se publicó en agosto de 1978). El escándalo del Watergate es el referente histórico usado para contexualizar este periodo. Roy Basch cuenta su periplo como interno en la Casa de Dios en compañía de su mentor, el Gordo (a veces también llamado “el Grasas”), y sus compañeros Chuck, Potts, el Enano y Eddie Trágate-Mi-Polvo (apodado así por el lema que luce su cazadora de cuero). De manos de el Gordo, Basch aprende en poco tiempo lo que un interno suele tardar seis meses en asimilar. Pero a pesar de sus progresos, Roy sufre muchas penurias: turnos de trabajo que no le dejan dormir, la desilusión al comprobar la forma en la que se ejerce la medicina, la deshumanización de los pacientes, en especial la de los ancianos seniles apodados gomers (Get out of my emergency room: fuera de mi sala de urgencias), y el deterioro de su relación sentimental. El estado de ánimo del protagonista es una auténtica montaña rusa. Tan pronto se encuentra en la cumbre como destrozado y hundido, y en cualquier caso sigue descendiendo en una peligrosa espiral que le hace cada vez menos humano.

Satírica, llena de humor negro y de referentes auténticos, con muchos juegos de palabras (no siempre traducidos pero sí explicados), La Casa de Dios es una gran novela. Diferente, sobre todo con tanta saga de moda que hay ahora, y sobre sigue estando vigente al cien por cien a pesar del tiempo. Incluye un apartado con las 13 leyes de la Casa de Dios y un vocabulario de términos médicos y de argot empleado por los internos. También tiene una segunda parte, Monte Miseria, en la que el protagonista hace otro año de residencia, esta vez en un hospital psiquiátrico.

La Casa de Dios

  • Título original: The House of God
  • Autor: Samuel Shem
  • Editorial: Anagrama. Colección Compactos.
  • Año de publicación: © 1978 editorial Putnam, Nueva York.
  • Nº de páginas: 468
  • Página web del libro en Anagrama
  • Artículo de Wikipedia (en inglés)