Cómo distinguir un correo de Windows Live de un ‘hoax’

Vamos a revisitar la entrada que hablaba del hoax del cierre de Hotmail, pero esta vez en un tono mucho más didáctico y pedagógico, al estilo de ese pequeño éxito que fue el experimento para diferenciar un tomate de una canción.

En esta pequeña tutorial, aprenderemos a distinguir un correo oficial de los servicios de Windows Live, frente a la leyenda urbana de que van a cerrar Messenger, o van a convertir Hotmail en un servicio de pago. Para ello, bastará con que nos fijemos en una serie de elementos que difieren en ambos mensajes, al estilo del juego “las 7 diferencias”.

En primer lugar, observemos un correo original de Windows Live:

Correo de Windows Live

Click para ampliar y ver resaltados los elementos distintivos

Vamos a repasar los elementos más distintivos de este tipo de correos, que podéis ver resaltados pinchando sobre la imagen:

  1. El remitente se identifica como Equipo de Windows Live Messenger, es decir, usa el nombre oficial de Messenger.
  2. Se envía a un único destinatario.
  3. En el asunto, indica con exactitud el objeto del mensaje. En este caso, instalar una actualización de Messenger.
  4. Está escrito en HTML, es decir, como una página web. Está bien maquetado, utiliza enlaces (algunos en forma de botón, como el de Descargar ahora) e incluye imágenes con los logotipos y símbolos del servicio (Windows Live, Microsoft y la imagen de los hombrecillos verde y azul característica de Messenger).
  5. Incluye enlaces con diferente información como requisitos del sistema y política de privacidad. Esto no es por sí sólo una garantía, y hay que verificar que los enlaces no nos lleven a una página distinta (en este caso, hablaríamos de phishing). Pero al menos, se trata de enlaces concretos.
  6. Como firma, pararece el nombre Microsoft Corporation y la dirección de la empresa.

Ahora vamos a ver un correo enviado como una cadena que afirma que van a hacer Hotmail de pago. Las diferencias saltan a la vista.

Correo falso sobre la conversión de Hotmail en servicio de pago

Click para ampliar y ver resaltados los elementos distintivos

  1. El correo te ha llegado a través de un amigo.
  2. Ese amigo se lo ha enviado a mucha más gente. Para colmo, podemos ver debajo que a su vez alguien se lo ha enviado a tu amigo y a muchos más destinatarios (la imagen está cortada, pero la lista de remitentes y destinatarios original es ingente).
  3. El aunto empieza con un FW (fordward, es decir, reenviado). Es poco claro a la hora de contarnos el tema del correo, y encima dice que ya lo han dicho por televisión, como queriendo buscar un argumento de autoridad.
  4. Esta escrito en texto enriquecido: texto normal al que le han dado un poco de formato, como negrita, diferentes tamaños y colores, etcétera. Vamos, lo que puede hacer cualqueir a la hora de escribir un correo. La maquetación es horrible, y parece que han unido dos o tres mensajes diferentes.
  5. Apenas incluye enlaces. El único que incluye al principio del mensaje es un escueto Si no me crees, ve a http://www.msn.com. ¿Si no me crees? ¿Microsoft desafía a sus usuarios a confirmar su información? ¿Y lo hace remitiéndonos a la página principal de MSN, y no a una noticia concreta que explique el asunto?
  6. El correo no está firmado por Microsoft. En su lugar, se refiere a la compañía como Microsoft Internet Services. ¿Perdón? Ahora resulta que no es MSN, sino MIS. (Pausa para que hagáis chistes). Majetes, las siglas MSN significan Microsoft Service Network.
  7. Y luego tenemos los elementos típicos de los mails en cadena, como la petición de reenviar (¿ahora resulta que no pueden pedir confirmación a sus usuarios personalmente?), la incoherencia de la información, el uso de nombres falsos como supuestos administradores de la compañía… Pero eso lo explican mejor en este post que destripa el correo a base de bien.

Bien, creo que ya ha quedado bastante claro la diferencia entre un correo de verdad de Microsoft y un mensaje en cadena. La historia que te cuenten en un hoax puede variar, pero siempre verás las mismas incoherencias, las mismas prisas (URGENTE! Reenviar!) y siempre te pedirán que reenvíes el correo.

Yo ya no puedo hacer más. Si después de esto no os entra en la cabeza… me rindo 🙂 Y por favor, dejad de reenviar este tipo de idioteces “por si acaso”. Así sólo comprometéis vuestra seguridad y la de vuestros amigos.

ACTUALIZACIÓN (9/11/2012): Microsoft ha anunciado la integración de Messeger con el servicio Skype. Esta vez es oficial. Podéis verlo con más detalle aquí.

Esto sí es aprovecharse de las ideas de alguien

He escrito muy poco sobre la Ley Sinde desde que la tumbaron en el Congreso, principalmente por problemas de tiempo. Pero también porque me supera la cantidad de cosas que se dijeron desde entonces: desde la avalancha de cartas publicadas en El País por parte de los “respresentantes de la cultura”, hasta las réplicas que hicieron varios blogs desmontando los argumentos de los primeros. Me supera y me aburre. Me aburren los argumentos de siempre en uno y otro bando. Es simplista y lleno de tópicos, muchos de ellos falsos.

Uno de los argumentos más manidos y faltos de lógica es ése de que los que nos descargamos música o películas estamos robando o nos aprovechamos del trabajo ajeno. Tal vez recordéis uno de esos anuncios de la SGAE o del Ministerio de Cultura, donde un oficinista mantenía una conversación telefónica. El protagonista le explicaba a su interlocutor que estaba indignado porque en su trabajo estaban usando una idea suya (vaya usted a saber cuál) y aprovechándose de ella, sin reconocerle a él el mérito. Mientras hablaba, se descargaba alguna película o disco (a una velocidad pasmosa, por cierto, pero entiendo que eso obedece a razones narrativas y se pueden permitir la licencia). Se supone que el anuncio pretendía equiparar ambos casos (el robo de idea con la descarga).

Creo que no hace falta que explique que cuando nos bajamos ese tipo de contenido, no pretendemos aprovecharnos del trabajo de nadie. Reconocemos la autoría de la peli o las canciones. De hecho, muchas veces la descarga se debe a que somos fans de ese contenido o autor, como en el caso de las series. (Inciso: de alguna forma, los fans de las series reivindican ese contenido y se apropian, en sentido figurado, de él. Pero es un tema más complejo y está lejos del plagio. Os recomiendo leer a Henry Jenkins si os interesa el asunto). Otra cosa es que prefiera descargarme un disco o película por miles de razones posibles. No es ilegal, no estoy robando.

Curiosamente, acabo de ver un ejemplo en el que una empres sí que se aprovecha de las ideas de otros. Lo encontré a través de Jose A. Pérez. Se trata de un concurso de guionistas convocado por el programa El Hormiguero en el que el ganador cede los derechos de propiedad intelectual. No hablamos de quedarse (sólo) con la explotación de los derechos de autor en su vertiente económica. Las bases lo especifican así (página 7):

Tras la proclamación del ganador El envío del guión y su proclamación como ganador del concurso conlleva necesaria e inseparablemente la cesión en exclusiva a la Empresa, por parte del autor del monólogo, sin reserva de ningún género, de todos los derechos de propiedad intelectual e industrial que, en su caso, se pudieren generar y que legalmente le correspondiese a su titular con respecto a dicho monólogo, así como de cualquier derecho de comercialización o explotación sobre el mismo.

Se habla de derechos de propiedad intelectual, para así poder explotar esos derechos de forma ilimitada. ¿Significa eso renunciar a la autoría? Una característica del derecho de autor es que es inalienable (en su vertiente moral, otra cosa es la explotación económica). El autor de una canción seguirá siendo reconocido como el autor de la misma si vende los derechos para que los explote un tercero. De ahí que el sindicato de guionistas ALMA considere el concurso abusivo, y eso que los guionistas no se ganan la vida con derechos de autor (y la corrección), sino que cobran por trabajo hecho.

Esto sí es una forma de aprovecharse de las ideas de otros. ¿Veis la diferencia con una descarga?

Los 7 sinners en el concierto de Helloween

Después de ir a varios conciertos el pasado otoño, parecía que la temporada de shows en vivo tocaba a su fin. Pero sabiendo que Helloween venía de gira por España, y acompañados nada más y nada menos que por Stratovarius, no me lo podía perder. Y es que Helloween en directo es sinónimo de diversión asegurada. Así que allí que fuimos a verlos a La Riviera, donde presentaban su nuevo disco 7 sinners. Y ahora que lo pienso… éramos 7 personas las que fuimos.

Teloneando a estas dos leyendas del metal estuvieron Trick or Treat, quienes se encargaron de abrir la velada mientras el respetable iba llenando la sala (se agotaron las entradas anticipadas, e imagino que el porcentaje reservado a taquilla no duraría mucho). Esta banda italiana surgió precisamente como tributo a Helloween, por lo que esta gira tiene que ser un sueño para ellos. Con un look inquietante (mucha malla a lo Richie Blackmore) y en el poco espacio que tenían en el escenario (demasiadas baterías y parafernalia) se ganaron el favor del público. Excelente el buen humor que tenían, el desparpajo y las ganas de cachondeo y de fiesta. El cantante era todo un showman que no dejó de sacar artículos de coña, a saber: orejas de conejito, guitarra hinchable, sombrero de fiesta, y guante a lo Mickey Mouse. De los mejores teloneros que he visto últimamente. Cuando hicieron una versión del Girls just wanna have fun de Cindy Lauper me quedé a cuadros. Y lo mejor es que la clavaron.

Una vez entrados en materia, fue el turno de Stratovarius, que por desgracia fueron los más flojos del concierto. Como nota positiva, Jörg Michael se había incorporado a la gira tras recuperarse, increíblemente rápido, del cáncer que le diagnosticaron el pasado otoño. En cambio, el cantante Timo Kotipelto seguía padeciendo los efectos de alguna bacteria que ha cogido en diciembre durante la gira. Había perdido casi toda la voz y era incapaz de hacer agudos, por lo que se apoyó mucho en el público para cantar casi todos los temas. Además de eso, se ausentaba con frecuencia del escenario, hasta el punto de que se modificó el setlist para eliminar algunas canciones e incluir solos de bajo y guitarra y algún tema instrumental como el mítico Stratosphere. Realmente se le veía que lo estaba pasando mal: tenía mala cara al volver al escenario y bebía agua con frecuencia (la bacteria le provoca, entre otras cosas, deshidratación). Eso sí, no perdía ese puntito de chulería (en el buen sentido) que le caracteriza.

El resultado fue un show bastante corto, con un setlist escaso, en el que apenas se tocaron temas de la era post Tolkki. Vale, hay que tener en cuenta que el último disco lleva tres días a la venta, pero aún así… Por su parte, el reemplazo de Tolkki, aunque es un guitarrista competente, parece estar como de invitado. Casi no interactuaba con los demás miembros del grupo y no ofrecía espectáculo. La afección de Kotipelto no sólo hizo mella en su voz (que ya de por sí está perdiendo bastante en los directos últimamente), sino también en sus aptitudes como frontman. Estuvo más frío que en otras ocasiones, y sin él llevando la voz cantante (nunca mejor dicho), el resto de la banda no se comunicaba con el público. Una lástima, porque me encanta este grupo aunque no estén ni de lejos en su mejor momento. Esperemos que se recupere pronto para su próxima visita a España.

Y por fin fue el turno de Helloween. Los alemanes no decepcionaron. Desplegaron una estupenda puesta en escena y arrancaron muy fuerte con Are you metal? de su último álbum. No obstante, sólo hubo dos canciones más del recién estrenado 7 sinners a lo largo de la actuación. El resto del setlist se apoyó muchísimo en los Keepers. Incluso el Keepers: the legacy estuvo presente en el popurrí que hicieron de sus temas más largos: Keeper of the 7 keys, King for a thousand years y Halloween. El resto fueron un par de temas del Time of the Oath y del Better than raw, e incluso una canción del Walls of Jericho: el clásico Ride the Sky, que en su momento interpretase Kai Hansen. Particularmente, me hizo mucha ilusión escuchar en directo I’m alive. Eché de menos algún tema, pero como ocurre con estos grupos, es normal que con una trayectoria tan larga tengan que seleccionar sólo una parte de su repertorio, variando un poco respecto a sus anteriores tours.

Pero con independencia del setlist, Helloween es un espectáculo en sí mismo. Sobre el escenario se les ve muy unidos y compenetrados, y se nota que se lo pasan bien tocando. Tanto los veteranos como los nuevos miembros tienen mucho carisma. Sascha Gerstner está demostrando su valía en la composición de nuevos temas, y Dani Löble es una bestia parda en la batería, como nos demostró haciendo un impresionante solo. En cuanto a Andi Deris, es sencillamente el mejor frontman que he visto en escena. Bromea con todos los miembros y disfruta como nadie durante las canciones. Además, con eso de que tienen los estudios Mi Sueño en Tenerife (qué raro, unos alemanes que no prefieren Mallorca) se defiende muy bien en castellano y eso es una gran baza a la hora de ganarse a la audiencia. Entre sorbo y sorbo de vino, no paró de hablar con el público, animándolo en todo momento… incluso pidiéndole que le gritásemos ¡¡Maricón!! al batería.

En definitiva, cuatro horas de espectáculo que merecieron la pena. Salimos la mar de contentos del concierto. Ahora toca esperar hasta la próxima ocasión. Menos mal que no son como los Manowar y no tardan 6 años en sacar un nuevo álbum de estudio.

Cuando la obsolescencia está programada

El pasado domingo, La 2 de TVE emitió el documental Comprar, tirar, comprar, coproducido por Televisión Española y Televisió de Catalunya entre otras cadenas. (Como madrileño, hace ya tiempo que me resigné a que Telemadrid participe en este tipo de programas. Como mucho, se encargan de emitir algún documental que niegue el cambio climático.) Si tenéis 50 minutos libres, podéis ver el vídeo aquí, pero sólo estará online durante dos semanas tras su estreno.

Para los que ya lo hayáis visto o queráis saber de qué va el tema, se trata de un documental que habla de la obsolescencia programada, algo que, citando a Loretahúr, “es una de esas historias que es tomada por algunos como leyenda urbana y por otros como realidad evidente”. Hablamos no ya sólo de esa renovación constante de productos a la que nos vemos obligados por cuestiones estéticas, como las típicas prendas de vestir que se pasan de moda, sino de productos cuyo “ciclo de vida” tiene una duración determinada (o mejor dicho, predeterminada), y que muchas veces es inferior a la que se podría ofrecer. En el vídeo, se presentan algunas evidencias, como bombillas que se fabricaron con un ciclo de vida de 1.000 horas debido a la decisión del cártel de fabricantes, cuando era técnicamente posible fabricarlas con una vida útil mucho mayor. También aparecen medias de nylon que no tienen tanta calidad como podrían, o impresoras que petan tras imprimir un número determinado de páginas.

Y por supuesto, siempre está la incentivación del deseo motivada por la publicidad y el marketing. Eso que nos lleva a comprar el último modelo de móvil, de ordenador, de coche, etc, no por necesidad real, sino llevados por otras motivaciones: imagen personal, apariencia, estatus… Es cierto que el caso de la informática es un poco especial. Los sistemas operativos y demás software necesitan actualizarse o renovarse por cuestión de seguridad, y ese desarrollo del software obliga muchas veces a renovar el hardware (un buen ejemplo es el salto de los 32 a los 64 bits). Pero también es cierto, que en el caso del software existen alternativas gratuitas y abiertas tan buenas o mejores que el software propietario y el de pago: distribuciones de Linux, Open Office, navegadores como Firefox o Chrome, etc.

El documental concluye mostrando las consecuencias de ese hiperconsumo, las más evidentes, las medioambientales. También plantea algunas alternativas al discurso liberal que justifica la obsolescencia programada por razones económicas, ese discurso que dice que hay que incentivar el consumo para lograr crecimiento económico (en efecto, cuando dejamos de consumir es cuando empieza el pánico, y eso lo estamos viviendo ahora mismo). Son alternativas que no lo tienen fácil, como la teoría del “decrecimiento”, pero que al menos están ahí.

Me gustó el documental, y sobre todo me gustó que se emitiese en la televisión pública. Televisión Española está lejos de ser la televisión ideal, pero pequeños gestos como éste indican que aún no ha perdido del todo el norte. Y es que sin la financiación de la publicidad es cuando puede apostar por unos contenidos que antes podían suponer la retirada del dinero de los anunciantes. Esperemos que sigan por este camino.

Los juegos del hambre

Los juegos del hambreLa primera vez que oí hablar de Los juegos del hambre fue a través de Berto Romero, que publicó una entrada comentando lo mucho que había disfrutado del libro. Éste a su vez había llegado a la novela a través de la recomendación del encritor Marc Pastor. Es lo bonito de la cultura: descubrir cosas a través de recomendaciones de otras personas y pasar a formar parte de ese mar de difusión a través del boca-oreja. El caso es que confié en el criterio de Berto, y me apunté la novela en mi lista de deseos. Terminé de leerlo antes de las fiestas, y en efecto la intuición no me falló cuando le di un voto de confianza a Berto. Si hay una cosa que compartimos es que los dos tenemos olfato. A la fuerza.

Los juegos del hambre es una trilogía que arranca con la novela del mismo título. Transcurre en un futuro postapocaliptico caracterizado por la carestía de alimentos y, como en toda buena distopía, una severa merma de derechos y libertades. En la primera novela, su protagonista, Katniss, tiene que participar en “Los juegos del hambre”. Se trata de un espectáculo televisado en el que compiten dos chicos (varón y mujer) de cada uno de los 12 distritos que conforman Panem, el Estado surgido de las cenizas de Norteamérica. Los juegos son un castigo a una antigua rebelión por parte de los distritos contra el Capitolio (capital de Panem), que a la vez sirven como mecanismo de control: infunden el miedo en la población y aviva la enemistad entre los distritos.

La novela está catalogada como literatura juvenil, y en efecto tiene algunos rasgos de este tipo de libros, empezando por la edad de sus protagonistas, casi todos adolescentes de entre 16 y 18 años. Los capítulos, además, suelen ser cortos, y suelen acabar en un momento de cierta tensión dramática para incentivar la lectura del siguiente. Aunque hay que decir que este recurso no es tan exagerado como en otras novelas similares (me vienen a la cabeza las novelas basadas en el universo Warcraft). El libro es además entretenido y se puede devorar en un par de tardes.

A pesar de la etiqueta juvenil, creo que es un libro que puede gustar mucho a lectores adultos. Bajo la trama de acción y aventuras, se pueden leer entre líneas algunas características inquietantes del futuro en el que viven los personajes. Por ejemplo, la opulencia de las comidas en el capitolio, frente a una situación de autarquía y extrema pobreza de algunos distritos. También me llamó la atención la ausencia de redes de comunicación: la circulación de personas entre distritos está fuertemente restringida, y la televisión es el medio de comunicación impuesto, con programas de obligado visionado.

La trilogía continúa con la segunda parte, En llamas, y la conclusión, Sinsajo. Es lo único que me da rabia: que todo lo que se publica últimamente tiene que ser parte de alguna saga. Eso sí, al menos esta merece mucho la pena y no tardaré en apoderarme de estos dos volúmenes para ver cómo concluye la historia.

Los juegos del hambre

  • Título original: The hunger games
  • Autora: Suzanne Collins
  • Año de publicación: 2008 (España: 2009).
  • Editorial: Molino.
  • Páginas: 396

Bardem y la incoherencia de la fábula de los tomates

El 24 de diciembre, Javier Bardem publicó un artículo en El País, al igual que otros muchos autores y artistas que se lamentaban del rechazo a la Ley Sinde. En su artículo, Bardem imaginaba un botón mágico capaz de materializar tomates en nuestras neveras. Y aunque un dispositivo como ése podría subsanar el hambre en el mundo, Javier Bardem, en cambio, se lamentaba de las pérdidas que supondría para el pobre agricultor que cultivaba sus tomates al estilo tradicional.

La noticia llegó a portada en Menéame, y llovieron los comentarios, de entre los que se destacó uno realizado por el usuario humistec, quien continuaba la analogía entre el consumo de tomates y la copia privada y las descargas de internet para rebatir los argumentos de Bardem. Y a pesar de que el comentario es muy acertado, comete el mismo error de base: equiparar el consumo cultural con el consumo material.

Por suerte o por desgracia, este humilde blog no ha llegado nunca (ni creo que lo haga ahora) a portada de Menéame. Con el atrevimiento del que pasa desapercibido, les invito a realizar un sencillo experimento para que aprendan de una vez por todas las diferencias entre estos dos tipos de consumo. Así, la próxima vez que hablen del tema podrán hacer analogías más acertadas y no decir tantas gilipolleces.

El experimento del tomate y la canción

Realizar este experimento es muy sencillo y cualquiera puede hacerlo en su casa en este mismo instante. Seguro que tienen los elementos necesarios.

En primer lugar, necesitarán un tomate. Si no tienen ninguno en la nevera, puede servirles perfectamente una pera, una manzana, o cualquier otro alimento como un yogourt o una lata de conservas. La única condición es que sea algo que se pueda comer directamente. Si eligen la pechuga de pollo con la que se van a preparar la cena, este experimento les va a resultar un poco desagradable.

Ahora necesitan lo que denominamos un producto cultural. Es decir, un producto comercializado por las Industrias Culturales (siempre en plural, por favor), que algunos llaman Industrias de Contenidos, Industrias del Ocio o del Entretenimiento, o Industrias Creativas. En otras palabras, una canción, un libro (en papel o electrónico) o una película. Que no les intimide el adjetivo cultural. Si no tienen nada cultural, pueden usar una canción de Shakira, una película de Bruno Mattei, o un libro de Paulo Coelho. Les voy a pedir que sea un producto original (libro, DVD, CD, etc). No es esencial para el experimento, pero así evitaremos enfurecer aún más al señor Bardem, y de paso podremos extraer algunas conclusiones adicionales. Yo les aconsejo que utilicen una canción, que suelen durar entre 3 y 4 minutos, a no ser que hayan elegido algo de Dream Theater o Symphony X, y que además se pueden escuchar usando auriculares o altavoces.

Ahora sólo necesitamos la colaboración de un amigo o conocido para proceder con el experimento. Reunan los elementos y comencemos. Cómanse (sólo ustedes) el tomate. Ahora pídanle a la otra persona que se coma el tomate. Como podrán observar, su amigo no podrá atender ese requerimiento. Puede comerse otro tomate, pero no el mismo tomate. O en cualquier caso, pueden compartir el tomate (si es que aún no se lo han comido ustedes), lo que supone que cada uno disfrutará de la mitad del tomate aproximadamente.

Anoten la primera conclusión: cuando usted consume el tomate, privará necesariamente a la otra persona de poder hacerlo, y, una vez consumido, el producto queda agotado y no puede volver a utilizarse.

Ahora repitan el proceso con la canción. Colóquense los cascos y escuchen la canción. Mientras, ofrezcan algo de comer a su invitado. Esto no tiene nada que ver con el experimento, pero después de haberse comido un tomate, sería de mala educación no ofrecerle un piscolabis. Cuando terminen de oír la canción, pídanle a la otra persona que haga lo mismo. Observará que en este caso, la otra persona puede escuchar la canción de nuevo sin ningún problema. De hecho, pueden prescindir de auriculares y escuchar ambos la canción al mismo tiempo, sin que eso afecte a la naturaleza del producto, al contrario de lo que ocurría con el tomate. Es decir, pueden disfrutar los dos de toda la canción, en lugar de disfrutar de media canción cada uno. Podemos llegar incluso más lejos, y ustedes podrían hacerle una copia de la canción (sin que se enteren Javier Bardem ni Alejandro Sanz, ya saben) y así su amigo podría disfrutar de la canción cuando quisiera, y en cambio ustedes no habrán renunciado a dicha canción…Tienen múltiples posibilidades, cosa que no podíamos aseverar en el caso anterior, da igual si han utilizado una canción, un libro o una película.

Anoten pues la segunda conclusión: el consumo de una canción no priva del consumo de esa canción a otra persona, y además no agota el producto.

Por tanto, ya hemos encontrado las…

Diferencias entre el consumo material y el consumo cultural

Si ustedes han llegado a este punto, se estarán llevando las manos a la cabeza ante la cantidad de sandeces que he dicho durante el experimento. Las comparaciones entre el tomate y la canción son, cuanto menos, peregrinas. Como se suele decir: qué tiene que ver la velocidad con el tocino. Solo que aquí no podemos responder: una carrera de cerdos.

Y las comparaciones son absurdas por la razón que muchos de ustedes ya han descubierto: el tomate es un producto material, mientras que la canción es un producto inmaterial (basado en la información). Y la principal característica de su consumo es la que ya hemos adelantado en el experimento:

Los productos culturales son bienes inagotables, basados en la información, cuyo consumo no priva a otros usuarios de consumir esos productos.

El consumo cultural tiene otras características. Mi favorita es que se trata de un consumo de naturaleza acumulativa, que genera un aprendizaje que permite un mayor disfrute de cara al futuro. En otras palabras: cuanta más cultura consumimos, más disfrutamos al consumirla.

Tradicionalmente, estos productos inmateriales se habían comercializado en soportes materiales para posibilitar su distribución. Sin embargo, dos avances nos han hecho darnos cuenta de que no compramos objetos físicos (CD`s, DVD’s, libros…) sino el contenido inmaterial que almacenan:

  • Uno es la digitalización. Como productos basados en la información, los productos culturales son susceptibles de tranformarse en cadenas de ceros y unos, ya sean música, vídeo, texto, etc. Esto, además, hace que sea virtualmente posible hacer un duplicado exacto del producto, a pesar de la teoría de los tomates de baja calidad que enunciaba el señor Bardem.
  • El otro es el desarrollo de canales de información como internet, que permiten la distribución de todo tipo de información, y por tanto han hecho que los soportes físicos pasen a ser irrelevantes.

Y a partir de aquí, empieza el debate. Ahora es cuando empezamos a hablar de las características de las Industrias Culturales (que no solo son las que venden música, cine y libros; hay más), de las crisis propias de su sector, de las economías de escala que requieren, de las profundas implicaciones sociales que hay en todo este asunto, de los derechos de autor, de que no toda la cultura está en las Industrias Culturales, y un largo etcétera. El tema es largo, complicado, y no se puede simplificar en creadores vs piratas, ni empezar a mezclar churras con merinas.

Pero yo sólo quería colocarles en la casilla de salida, y que entendiesen que para empezar a hablar de todo esto, primero hay que tener claras un par de ideas básicas. A partir de aquí, el trabajo es de todos.

¡Y por el amor de Dios, que alguien le compre un kilo de tomates a Bardem!