Crónica sentimental del concierto de Blind Guardian

Hace un par de meses, os contaba cómo rompí esa particular maldición que me había impedido ver a Manowar  en directo durante mucho tiempo. En el caso de Blind Guardian, fue el primer grupo al que vi en directo, durante la gira de su disco Nightfall in the Middle-Earth, y a día de hoy son uno de los grupos que más veces he visto sobre las tablas junto con Stratovarius.

Acudí el viernes a La Riviera con muchas ganas tras ocho años sin ver a los teutones en acción. Mucha cola (menos mal que llegamos más o menos temprano), mucho chavalín y mucha expectación. Desde el sitio en el que me situé para ver el espectáculo (una galería del nivel superior, en el lateral derecho) tuve una vista privilegiada de la sala, y pude comprobar que el recinto estaba abarrotado de gente. Si no colgaron el cartel de “no hay entradas”, desde luego les faltó bien poco. Me llamó mucho la atención, porque los bardos hace ya que atravesaron su mejor momento musical, pero en cambio siguen teniendo seguidores muy fieles y sus conciertos cada vez están más llenos.

No hubo teloneros antes de la actuación. Me había esperado algún grupo para ir calentando el ambiente, que en cualquier caso habría tenido un éxito muy discreto, porque el público estuvo accediendo al interior del recinto desde la apertura de puertas (pasadas las 19:00) hasta poco antes de que empezaran a tocar los Guardian, poco antes de las 21:00. Y es que la cola que había fuera era de aupa.

Empezó el espectáculo con un escenario sobrio (qué diferencia con aquella recreación de la portada del single Mirror Mirror, en la que todo el escenario simulaba las llanuras heladas de Mordor). Únicamente usaron como apoyo una pantalla sobre la que proyectaron imágenes con motivos de las canciones. El sonido lo encontré menos limpio que en otras ocasiones, pero también es cierto que se me taponaron un poco los oidos y que la zona en la que me quedé no tenía la mejor acústica. La gente que estuvo abajo me dijo que se escuchó bastante bien.

El setlist estuvo muy equilibrado entre canciones clásicas y temas nuevos, casi igual al de Milán. Yo eché en falta algún tema y hubiera quitado algún otro, pero lo digo sólo desde mi punto de vista personal. Hansi, el cantante, se dosifica cada vez más y sólo recurre a los agudos en momentos muy puntuales. Pero se nota que tiene tablas, y llega a donde tiene que llegar cuando lo necesita. En general, al grupo se le vio muy cómodo y con buen feeling. Eso sí, los músicos de sesión, en especial el bajista, se vieron muy cohibidos al estar relegados a una tarima y no tener libertad de movimiento.

La sensación que me quedó al final fue estupenda. Es un grupo que me gusta mucho, y su público se entrega en cada concierto. Las dos horas de espectáculo se pasaron rapidísimas y disfruté al máximo. Supongo que pasará bastante tiempo hasta que les vuelva a ver, porque Blind Guardian pertenece a ese tipo de bandas que lanzan un nuevo álbum de estudio cada cuatro años o más, como Manowar, Iron Maiden y demás.

And the stoy ends continue…

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