¿Quiéres saber quién visita tu perfil en Facebook? No puedes

Mucha gente que me conoce sabe que soy un auténtico cruzado en la lucha contra las cadenas de correos electrónicos. Hablo de esos e-mails también conocidos como hoaxex. Un hoax es un correo cuyo contenido es falso, y que se distribuye mediante el reenvío masivo. Mensajes que hablan de catástrofes, de virus informáticos peligrosísimos, de leyendas urbanas, etcétera. ¿Qué se consigue con ello? Bien, en la mayoría de los casos, el hoax incorpora un software que recoge las direcciones de correo a las que reenviamos el mensaje. Después, estas direcciones se usan para enviarnos publicidad no deseada (spam), o en su defecto se venden a alguna empresa que al final hará lo mismo. Además, saturan los servidores inútilmente y a la larga perjudican a las cadenas que son verdaderas y realmente necesitan ser difundidas. Siempre que puedo, aviso de la falsedad de estos mensajes a quienes me los mandan, e incluso he publicado alguna entrada tanto en este blog como en el anterior que tuve.

La red evoluciona, y ahora lo que prima son las redes sociales. Los hoaxes también evolucionan y han encontrado en estas redes un caldo de cultivo ideal. De la misma forma que en su forma de correo electrónico necesitaba “ser reenviado a todos tus contactos”, los grupos-hoax en Facebook y similares quieren que “invites a todos tus contactos a unirse al grupo”. La razón es la misma: obtener información y en consecuencia algún beneficio económico. Eso en el mejor de los casos. Hace bien poquito, Blogoff nos advertía de una página en Tuenti para obtener contraseñas de messenger. Para lograrlo, había que descargar un programa (la página decía que desactivases el antivirus si te saltaba). Obviamente, el programa era un troyano que obtiene la contraseña de Tuenti del incauto.

Lo que hace más preocupante a los hoax en su versión Facebook (o en cualquier red social) es que la información que pueden obtener no se limita a una simple dirección de e-mail. Ojo, que no es un dato baladí. Pero en una red social damos mucha información, y de carácter personal. Información que estamos revelando alegremente.

Los grupos-hoax de Facebook se caracterizan porque ofrecen alguna ventaja o utilidad al usuario que se une a ellos. Son del tipo “averigua quién visita tu perfil”, “averigua quién te ha eliminado del Facebook”, “averigua quién ha visto tus fotos”, etcétera. También pueden ser de tipo lúdico, intentando batir un récord: “vamos a crear el grupo de Facebook más grande de España”, “a ver si conseguimos equis número de gente” o similares. Este tipo de grupos son tan abundantes  que de hecho existe otro grupo en Facebook cuyo propósito es advertir sobre ellos. Como norma, requieren que se invite a un número determinado de contactos para obtener el beneficio prometido.

Siempre me ha llamado la atención los grupos o páginas para averiguar quién visita tu perfil en Facebook. ¿Qué objeto tiene eso? Si estás en una red social, estás dispuesto a compartir cierta información. Y lo que publiques va a aparecer en el muro de tus amigos. ¿Qué más da si alguien se limita a ver lo que pones en su muro (junto con las actualizaciones de todos su amigos) o pincha en tu perfil? Por supuesto, nunca está de más revisar la privacidad de nuestra cuenta. Es más, creo que hay que tomarse unos minutos y dejarlo todo lo mejor atado posible para procurar evitar que alguien vea lo que no queremos (aunque los agujeros de seguridad de Facebook están a la orden del día). Así que si alguien quiere saber quién visita su perfil por una cuestión de privacidad lo mejor es que configure la privacidad de su cuenta como es debido, o en todo caso que abandone la red social. Porque lamento deciros que no se puede saber quién visita tu perfil de Facebook, por mucho que os digan.

Ahora bien, si quieres saberlo por una cuestión de ego o vanidad, quizá lo más recomendable sería que en vez de abrirte una cuenta en Facebook optes por escribir un blog y pongas un bonito contador de visitas. Con eso, podrás sentir cómo se infla tu ego. Cuanto más chapuza sea el contador mejor. Así contabilizarás tus propias visitas y eso alimentará aún más tu sentido de la vanidad.

Otro grupo muy común en Facebook es aquel que te asegura que podrás saber quién te elimina de su lista de amigos. Supongo que éste es una adaptación de las páginas que te dicen quién te ha eliminado de Messenger. Lo que pasa es que entre Facebook y Messenger hay una pequeña diferencia. Cuando alguien te elimina en Facebook, desaparece de tu lista de amigos. Es así de sencillo. Ni grupos, ni páginas ni nada por el estilo. Simplemente tienes que revisar tu lista de contactos.

En definitvia, para detectar este tipo de grupos basta con un poco de sentido común, a lo que hay que sumar una adecuada configuración de la privacidad. Seguro que algún grupo de estos os suena, e incluso a lo mejor os habéis unido. Abandonadlo y denunciadlo, y de paso advertir a vuestros amigos. Quizá, si todos lo hacemos, consigamos que estos grupos no campen a sus anchas.

ACTUALIZACIÓN (20/12/2010): He encontrado una aplicación externa a Facebook que permite obtener información sobre las visitas a tu perfil en Facebook, aunque no me inspira mucha confianza. Tenéis toda la información en el post que he publicado analizando la aplicación.

Satisfacción entre las filas del Colectivo Onanista

Hablando hace unas semanas con Benito Crazymonkey, portavoz del Colectivo Onanista, éste me comentaba que cada vez que le sacaba en el blog era con motivo de algún enfado o polémica protagonizada por tan encantador grupo. Que si la aprobación de la Ley General Audiovisual, que si la polémica por las expectativas no cumplidas en el programa de Samanta Villar

Así que para compensarles, me propongo compensarles con una buena noticia para ellos. Y es que desde la aparición del Shake Weight y su comercialización en España, los ánimos están mucho más relajados entre las filas del C.O. Dejando a un lado que se intente monetizar una práctica gratuita tan antigua, para Crazymonkey y sus amigos es reconfortante saber que por fin se reconocen los aspectos positivos de su principal afición: tonificación muscular, ejercicio cardiovascular, etc.

No hay más que ver lo contentos que están en el vídeo.

Nota del Tahúr: aunque el vídeo excede un poco el tono y el lenguaje que acostumbro a usar en el blog, el invento de marras pedía una parodia a gritos, y la que aquí aparece no es la única. Aquí os dejo el enlace para ver el vídeo en Youtube, por si en algún momento deciden restringirlo a mayores de 18 años.

Publicidad comparativa: cuando mi marca es mejor que la tuya

¿Habéis visto algún anuncio en el que aparecen Pepsi y Coca-Cola a la vez, y una de las dos marcas sale vencedora del eterno duelo publicitario? Seguro que sí. ¿Pero por qué no se emiten esos anuncios en España, salvo cuando se hacen programas sobre festivales internacionales de publicidad o anuncios de la Super Bowl? La respuesta reside en la legislación que tenemos aquí sobre publicidad comparativa.

Por tradición, en Europa se ha visto con muy malos ojos eso de que aparezca una marca diciendo que es mejor que otra de la competencia (a diferencia de Estados Unidos, donde están más acostumbrados a eso). Las comparaciones siempre son odiosas, sobre todo para el que sale perdiendo, y este tipo de anuncios se pueden considerar publicidad desleal (es decir, que se incurre en competencia desleal) y, por tanto, ilícita. En España, todo lo relacionado  con la publicidad se regula mediante la Ley 34/1988, la Ley General de la Publicidad (LGP). Esta ley, como muchas otras de esos años, se promulgaba con la intención de armonizar la normativa española con la de los Estados miembros de la entonces CEE. La publicidad comparativa se menciona en su artículo 6 (se la considera publicidad desleal salvo que cumpla una serie de requisitos), que ha sido modificado y ampliado posteriormente cuando ha hecho falta incorporar diversas directivas comunitarias a nuestra legislación, aunque no ha variado mucho en lo sustancial.

En general, la publicidad comparativa se permitió con criterios de transparencia de mercado y para poder fomentar la competencia, pero a la vez se vigiló mucho la protección al consumidor procurando que no se le engañe. El resultado es que las comparaciones que se pueden hacer con otras marcas tienen que ser muy concretas y siempre basadas en datos fácilmente comprobables, y por supuesto que sean verídicos (algunas compañías telefónicas rozaban la publiciad engañosa porque su supuesto ahorro con respecto de Telefónica sólo se daba con patrones de consumo muy concretos). Además, el tono de la publicidad tiene que ser objetivo, sin incurrir en el menosprecio del competidor. En resumen, la publicidad comparativa que se permite aquí viene a ser la que hace de tanto en tanto Don Simón cuando quiere decir que es más natural que Granini o Danone. En cambio, no podríamos hacer publicidad comparativa entre perfumes (ya que sus anuncios se basan en la identificación y los modelos aspiracionales). Tampoco podemos hacer comparaciones relativamente arbitrarias como las de este anuncio de Pepsi.

En el anuncio original, el de Estados Unidos, la Marca X es Coca-Cola, obviamente. Así que mientras aquí nos conformamos con anuncios sosos sobre zumos naturales, seguros baratos y ofertas telefónicas, al otro lado del charco disparan con pólvora a la hora de quedarse por encima de la competencia.

El fin de la maldición de Manowar

Sé que el título es un poco confuso, así que lo explicaré. En diciembre de 1997 estuve en una firma de discos de Manowar, en el Hard Rock Café de Madrid. En un momento determinado un segurata profirió contra los que hacíamos cola la temible amenaza de que “no veríamos a Manowar en 20 años” si no nos calmábamos un poco. Obviamente lo tomamos como una exageración. Al final no nos dio tiempo a que nos firmaran. Después, no tuve oportunidad de verlos en concierto. Cuando pasaron 10 años, mis amiglos y yo comenzamos a preocuparnos. Los dos chicos que me acompañaban esa tarde tuvieron oportunidad de romper esa maldición el año pasado, en el Metalway Festival de Zaragoza. A mí me tocó el turno el pasado sábado.

Pese a que Manowar es una banda propensa a los grandes escenarios y los festivales debido a su desmesurado despliegue de sonido, han aterrizado en tierras españolas y actuaron en una sala relativamente pequeña como es La Riviera es su show en Madrid.

De los teloneros, HolyHell, poco diré. Apadrinados por Joey DeMaio (bajista y líder de Manowar), parece que la discográfica les están dando a conocer. A pesar de contar en su filas con Rhino, batería de Manowar en el disco The triumph os steel, su estilo musical poco tiene que ver con la banda a la que teloneaban. Por decirlo así, y esto es una opinión subjetiva mía, venían a ser unos aspirantes a Nightwish (la cantante me recordaba más a Anette Olzon que a Tarja Turunen) o a bandas en esa línea. El teclista acaparaba medio escenario (vale, los teloneros tienen menos espacio) con sus cinco teclados, más los que sacaba en plan Camela. Pero a mí me dejaron frío.

Manowar comenzaron su show a las 21:00. Como de costumbre, su set sobre el escenario era austero, limitándose a una colección de amplificadores de cosecha propia (en Manowar tienen sus propios ingenieros de sonido que construyen altavoces específicos para la banda), aunque no tantos como ellos hubieran querido. Como siempre, pretendían demostrar la potencia que tienen sobre el escenario. Eso está muy bien para grandes eventos, pero en una sala no demasiado grande como La Riviera era algo exagerado. Además, en muchas ocasiones el sonido se saturaba. Pero en fin, no esperaba menos de ellos.

El otro punto flaco (ponedle todas las comillas que queráis) del concierto fue el setlist. Para esta pequeña gira, la banda había optado por temas de sus últimos discos, desde Louder than Hell (1996) en adelante, así que se quedaron fuera muchos clásicos, y en cambio entraron temas que podrían considerarse prescindibles. Pero al fin y al cabo, Manowar es un grupo con muchos años de carrera musical, muchos discos editados, y es inevitable que cada uno eche de menos uno o dos temas al verlos en directo. A eso se le añade que en línea con el set del escenario, el sonido era muy directo, sin adornos, sin efectos, sin playbacks de los coros y demás, así que temas que en los discos suenan muy épicos, en el escenario sonaron crudos y contundentes. Cuestión de gustos.

Siguiendo con las tradiciones, DeMaio soltó su típico discurso (hablando en “el peor español del mundo”, según sus propias palabras) sobre lo heavys que son, lo alto que tocan, lo larga que la tienen, lo que quieren a los fans, y más a los de España, y en concreto a los de Madrid, etcétera. No obstante, no se excedieron mucho en este punto. Por lo demás, hubo un par de momentos divertidos, como cuando DeMaio interrumpió a la banda en mitad de un tema porque el batería (durante la gira están tocando con Donnie Hamzik, batería de su primer disco, ya que Scot Columbus al parecer ha abandonado la banda, aunque éste es aún un punto turbio) se había equivocado de ritmo, y ni cortos ni perezosos volvieron a empezar.

Pero al final la sensación que me quedó fue muy buena. A pesar del setlist, había temas que me encantan y que llegaron a emocionarme, y al final del concierto se marcaron un par de clásicos que hicieron que toda la sala (se habían vendido todas las localidades) enloqueciera. La perspectiva desde donde me encontraba era impresionante. Fue una noche de concierto, una noche de mucho metal y mucho ruido, y fue el momento de saldar una cuenta pendiente. Así que acabé más que satisfecho. Como les dije a mis amigos, ya me puedo morir en paz.

Bueno, no: me falta ver a los Iron Maiden.

La temporada XX de Los Simpson y la estrategia de Antena 3

Desde el pasado 30 de agosto, Antena 3 está emitiendo la 20ª temporada de Los Simpson (en EE.UU. la FOX ya emite la temporada 21). Este año, la cadena española ha optado por variar su estrategia a la hora de emitir los nuevos capítulos en relación a la que siguió con las anteriores temporadas de estreno.

En los últimos años, cuando Antena 3 estrenaba una temporada de esta serie, emitía los capítulos fuera del horario habitual. Como sabéis, Los Simpson se repiten emiten desde hace ya mucho todos los días de 14:00 a 15:00. Las temporadas nuevas solían emitirse los domingos en prime time, y se emitían 2 o incluso 3 capítulos del tirón. En mi opinión, así sólo conseguían quemar la temporada y agotarla en pocas semanas. De los resultados de audiencia ya no puedo deciros nada.

Este año, la nueva temporada se emite dentro del ya conocido y más que acomodado horario habitual de la serie, eso sí, sólo de lunes a viernes. La estrategia consiste en emitir un capítulo repetido en primer lugar, y después uno de estreno. Los incondicionales de la serie creo que agradecen este cambio. Aunque Los Simpson no es una serie infantil y bien merece un prime time (en EE.UU. tienen un horario vespertino), el domingo no es el mejor día precisamente, y menos si se maltrata a la serie como es costumbre hacerlo aquí.

Me resulta curioso que el episodio de estreno se emita en segundo lugar. Es habitual que en España las series emitan 2 ó 3 episodios, de los que el primero es nuevo, y el resto son reposiciones. Esto ya lo hacía Telecinco con Expediente X, allá por 1996. Curiosamente, el episodio repetido solía tener una audiencia igual o mayor que el estreno. ¿Es por eso por lo que Antena 3 emite el estreno en segundo lugar? ¿O es que prefiere poner en primer lugar un episodio que ya sabe que cuenta con el beneplácito del público al haber sido visto en numerosas ocasiones? No hay que olvidar que las nuevas temporadas ya no tienen la frescura de las primeras. El único inconveniente es que la intro del segundo capítulo no se ve, y esta temporada, la cabecera ha sido rediseñada, y además en algunos capítulos hay sorpresas.

Por su parte, la publicidad se reserva a dos cortes largos: uno justo después de la apertura de la serie, y otro entre los dos capítulos; más un tercer corte de 20 segundos al poco de empezar el segundo episodio. Es agradable poder disfrutar de los capítulos del tirón, ya que Antena 3 hace mucho que no respeta las pausas dramáticas de la serie (de ésa y de ninguna otra). Los grandes perjudicados, como siempre, son los espectadores de Neox y Nova (y supongo que también de Nitro), ya que los intermedios en Antena 3 interrumpen la programación en el resto de canales.

En resumidas cuentas, creo que este cambio de estrategia es bastante apropiado, y ayuda a no quemar aún más una serie que el grupo Antena 3 está explotando a base de bién (no olvidemos que Neox los emite de 21:00 a 22:00). Y pensar que al principio se emitían en La 2 los lunes por la noche… para despedirme, os dejo la comparación entre la nueva intro de la serie y la antigua.

Participo en los premios Bitácoras

En menudo berenjenal me estoy metiendo. No contento con participar el los premios 20blogs, cuyas votaciones siguen abiertas hasta el 30 de septiembre, pretendo participar también en los premios Bitácoras 2010, que arrancaron ayer y en los que se pueden nominar a los blogs favoritos de cada categoría hasta el 22 de octubre. Eso sí, las mecánicas son ligeramente distintas.

En los premios 20blogs me inscribí en la categoría de “blogosfera”, y es ahí donde podéis encontrar mi blog y votarme, siempre que vosotros seáis también participantes de los premios. En cambio, para los premios Bitácoras no necesito inscribirme formalmente. Eso sí, para poder participar, necesito recibir al menos una nominación para que al terminar la fase de nominaciones, el jurado tenga en cuenta mi blog.

Para nominarme en estos premios necesitáis ser usuarios registrados de bitácoras.com, o en su defecto conectaros a través de twitter o facebook. Eso sí, no vale registrarse ahora para emitir los votos. Tenéis que ser usuarios desde antes del 7 de septiembre. Si alguien desea nominar mi blog, prefiero que lo haga en la categoría “cultural”, ya que es la temática que más se le acerca: las Industrias Culturales son, en última instancia, cultura; y también hago de vez en cuando la crítica de algún libro o hablo de frikadas, que no dejan de ser una forma de subcultura, que diría el amigo Freakman en La parada de los monstruos.

Como en el otro concurso, no espero recibir muchos votos, pero al menos sí alguna nominación. No hay que confundir las nominaciones con los votos que pongo en cada entrada, que sirven para llegar a la portada de la web (el equivalente a un meneo en Meneame.net).

Muchas gracias a todos. Y si alguno participa, que me lo diga y suerte.

La chica del vagón del metro

El pasado 28 de agosto se celebró el XXX Certamen Internacional de Poesía que organiza la Orden Literaria Francisco de Quevedo de Villanueva de los Infantes. Este año, los poemas ganadores serán publicados en una revista de edición anual. Además de los poemas, habrá aportaciones del resto de Caballeros y Damas de la Orden. Después de revisar algunos relatos que tenía guardados en un rincón de mi disco duro, he enviado éste que os dejo a continuación. Una escena sencilla, sin pretensiones, cuyo título es el de esta entrada. Con ello retomo un tema, los relatos de creación propia, al que pretendía darle mayor protagonismo cuando abrí el blog.

Espero que os guste.

No había gran cosa que ver en el metro a esas horas intempestivas de la mañana. Al menos me las ingeniaba para coger sitio, casi siempre arrinconado al fondo del vagón, y poder acurrucarme e intentar descansar unos minutos más antes de empezar las clases. Estaba absolutamente ausente. No solía ser persona hasta media mañana, y en el trayecto ni siquiera me daba cuenta de qué canciones sonaban por mis auriculares a todo volumen.

El tren llegó a su siguiente parada. Era de esas paradas que yo solía denominar “parada de intercambio”. Bajaba mucha gente, pero inmediatamente otros subían y ocupaban sus puestos. Aproveché el momento para estirarme un poco. Los nuevos pasajeros asaltaron los asientos que habían quedado vacíos o se quedaron distribuidos en torno a las barras metálicas para tener un asidero.

Frente a mí se sentó una chica. Y el tiempo se detuvo.

Era curioso cómo a pesar de la alta frecuencia del metro a esas horas (pasaban trenes constantemente), uno podía encontrarse con casi la misma gente todos los días en las mismas estaciones. Todos acudían en el mismo momento, se subían en las mismas estaciones y escogían los mismos vagones un día tras otro. Horas punta, estaciones punta, vagones punta… el paraíso de los estadistas.

Sin embargo, no recordaba haber visto nunca a la joven que se subió en aquella concurrida estación esa mañana. Se quitó la bufanda y el abrigo entallado de paño y dejó todo sobre su regazo. Sacó de su cartera de mano unos apuntes y consultó su contenido. Era rubia y de ojos marrones. El pelo le caía sobre los hombros, lacio, muy cuidado. La mirada tranquila, serena, dulce, recorría una y otra vez los folios manuscritos. Tenía la piel ronrosada, y las mejillas y la punta de la nariz un poco encendidas, seguramente por el frío que hacía afuera.

Volví en mí y me quedé pasmado, mirándola. Incluso bajé el volumen de mi mp3, que sonaba a toda potencia. Cada nueva estación, rezaba porque la aglomeración de gente no provocase que algún cretino se tuviese que colocar delante de mí, obstruyendo mi visión de aquel ángel en la tierra.

Seguí así el resto del camino, debatiéndome entre mis modales más elementales, que no me permitían mirar tan descaradamente a alguien; y el deseo de seguir contemplando a aquella joven de no más de veinte años. Así que más bien parecía que estuviese espiándola intentando pasar desapercibido. No dejaba mientras tanto de preguntarme cosas sobre ella: cuál sería su nombre, en qué estación se bajaría, hacia dónde iría, si trabajaba o estudiaba, y el qué…

Inevitablemente, llegó el momento en que la siguiente estación era en la que debía apearme. Para mi regocijo, observé cómo la chica guardaba sus apuntes y volvía a ponerse el abrigo y la bufanda. Yo me preparé para salir. El tren fue bajando la velocidad, balanceándose bruscamente, hasta llegar a nuestro destino. La multitud empezó a aglomerarse en torno a la puerta y salió en tropel. Avancé con pasos cortos y torpes, esquivando a los que iban a continuar el trayecto. En el borde de la puerta, volví una vez más la cabeza para ver dónde se encontraba la chica.

Estaba justo tras de mí, dispuesta a salir. Levantó los ojos (yo la superaba en altura, media cabeza más o menos) y me miró directamente. El corazón me dio un vuelco y se me resecó la boca. Tragué saliva no sin esfuerzo. ¿Qué podía, qué debía hacer ahora? ¿Qué decirle? ¿De verdad me estaba ocurriendo todo aquello? Ella abrió la boca para decirme algo. Por su mirada se notaba que estaba algo apurada.

— Disculpe— me dijo en un susurro imperceptible. Me rodeó y salió al andén delante de mí. Prosiguió su camino sin detenerse.

Me quedé desolado, abatido, allí parado en el andén, mientras la gente me apartaba y empujaba para llegar a las escaleras.. Tardé unos segundos en reaccionar y seguir adelante. En las escaleras mecánicas la busqué con la mirada, pero no pude encontrarla. No han pasado más de dos semanas sin que me acordara de ella de nuevo, pero nunca más volví a coincidir con ella en el metro. Sin embargo, cada vez que cierro los ojos puedo evocar la dulce figura sentada con el abrigo en el regazo y leyendo unos apuntes de su puño y letra. A veces pongo el mismo CD que llevaba ese día para hacer el recuerdo más vivo.

Y siempre que lo hago, no dejo de preguntarme qué habría pasado si me hubiera atrevido a decirle algo.