Zapatero explica los puntos fundamentales de la Ley Sinde

El pasado viernes 19 de marzo, el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de la Ley de Economía sostenible para su tramitación en las cortes. Una vez finalizada la sesión, José Luis Rodríguez Zapatero explicó en rueda de prensa los aspectos fundamentales que regulará la LES, también llamada Ley Sinde por su disposición adicional, que plantea el cierre de páginas web por vía administrativa.

En el siguiente vídeo pueden verse las argumentaciones del Presidente.

A mí me ha quedado claro ¿y a vosotros?

La ley Sinde no se detiene

Cuando uno pensaba que los políticos no trabajaban nunca, resulta que ayer hicieron un efectista tirabuzón para convencernos de lo contrario. Este viernes, 19 de marzo, festivo en 10 Comunidades Autónomas, tuvieron la ocurrente idea de matar dos pájaros de un tiro: trabajar y hacer puente a la vez. Para eso se marcaron un viajecito a Sevilla, que allí era laborable, y de paso se reunieron para aprobar el proyecto de Ley de Economía Sostenible (LES, o Ley Sinde).

Bien, empecemos a precisar términos. Los únicos políticos que trabajaron fueron los miembros del Ejecutivo. Vamos, los Ministros. Y lo que han hecho es aprobar el texto para llevarlo al Congreso, que es donde se aprobará (si se aprueba) la dichosa Ley. Las cosas de Palacio, como siempre, van despacio. Y con la LES, viene de regalo la Disposición Adicional, esa mosca en la sopa que, da igual lo buena que pudiese ser la LES (que lo dudo), ha centrado toda la atención y ha convertido el resultado en una cosa vomitiva.

Y por supuesto, las reacciones de los internautas no se han hecho esperar. En su momento se redactó el manifiesto a favor de los derechos en internet, se consiguió que algunos representantes de los internautas se reunieran con la Ministra de Cultura. Más tarde, muchos blogs nos apuntamos a la Lista de Sinde. Con el nuevo paso dado ayer por los Ministros, algunas webs cerraron durante todo el día como signo de protesta. Incluso FACUA – Consumidores en acción han lanzado una nueva campaña bajo el nombre si es lega, es legal. O esta otra iniciativa a la que enlazo en el menú de la izquierda: no al cierre de webs. Pero colgar banners, aunque sea una muestra de solidaridad, no va a solucionar las cosas.

No voy a alargar más este debate. Ya he explicado por activa y por pasiva que el problema no sólo es pretender cerrar webs. El problema es que para ello se le dé potestad a una comisión nombrada por el propio Ministerio (es decir, una comisión que será juez y parte). El problema es el aluvión de trabajo que le caerán a los jueces si se empiezan a cerrar webs, porque los afectados no tendrán un canal privilegiado para gestionar sus quejas (como lo tendrá la Coalición de Creadores), y lloverán las reclamaciones y denuncias. El problema es la extrapolación de posturas, que ya empieza a ser cargante, en lugar de iniciar un verdadero diálogo ¿eso no le gusta tanto a nuestro Presidente? El problema es la politización que se está haciendo de este conflicto, que al final es sólo para hacerse la foto.

Es descorazonador ver que los políticos hacen caso omiso de todas las sentencias judiciales que avalan la legalidad de las redes P2P y se empeñan en construirse su propio reglamento. Ignoran por completo la realidad de una red que, no olvidemos, los militares diseñaron para que no pudiera ser atacada. En lugar de fomentar el desarrollo de las tecnologías, recortan los presupuestos de I+D. Pues nada, aferraos a vuestro modelo de ladrillo, que ya habéis visto lo bien que os va.

Samanta Villar deja 21 días

Pues eso, que se nos va. Samanta Villar deja 21 días. En parte es normal. Las experiencias de su programa deben agotar a cualquiera. Pásate tú un mes durmiendo en la calle, otro fumando porros, otro sin poder ver nada, otro rodeada de frikis salidos… ese ritmo de vida tiene que destrozar a cualquiera.

Yo, al conocer la noticia, tuve sentimientos encontrados. Desde luego, no comparto el estilo periodístico de la joven catalana. Sin embargo, los artículos que he dejado comentando sus peripecias profesionales han sido de los que más visitas han reportado a este humilde blog. Así de triste es esta vida: lo que vende es destripar ferozmente al prójimo. Ahora comprendo a los de Sálvame.

Sin embargo, aunque al principio pudiera sentirme triste y afligido como en la redacción de Telemonegal, en seguida se me pasó, y empecé a sentir una vaga sensación que está a caballo entre el cabreo, la indignación y lo que vulgarmente se conoce como hinchazón de huevos, con perdón. Y es que 21 días continuará con otro presentador que elegirán a través de un casting en internet. Lo mismo eligen a John Cobra. En cualquier caso, yo estaría atento a forocoches. Por su parte, Samanta conducirá otro programa de reportajes, que será arriesgado y rompedor. O sea, que si no querías caldo, toma dos tazas.

Igualito que cuando Amaia Montero se fue de La oreja de Van-Gogh, oigan.

Más universo Simpson: la omnipresente central nuclear

Después de tantos artículos serios, me apetecía volver a las frikadas, así que voy a dedicarle otro post a mi serie de dibujos favorita. Como ya expliqué, la peculiar continuidad de la serie se presta a que sea difícil establecer de forma clara el pasado de algunos personajes. Y no sólo personajes, sino lugares, como la central nuclear.

La central nuclear es el lugar de tabajo de Homer, aunque continuamente se embarca en disparatadas aventuras laborales fuera de ella (guardaespaldas, astronauta, vigilante privado, manager de una estrella country… ¿sigo?) y en cada temporada su absentismo de la central es más acusado. Esta planta energética aparece desde el primer episodio de la serie (Sin blanca navidad), en el que en vista de la menguada paga extra que recibe, Homer se ve obligado a pluriemplearse como Santa Claus. Dos capítulos más tarde (La odisea de Homer), el cabeca de familia pierde su empleo como parte del personal técnico, aunque volverá a ser contratado y ascendido como inspector de seguridad, cargo que ha mantenido desde entonces aunque en realidad el mayor problema de seguridad de la central es el propio Homer. Como curiosidad, en este episodio son presentados C.M. Burns y su ayudante Wylon Smithers. Otra nota curiosa es que a lo largo de toda la serie hay consenso cuando se especifica el sector en el que está ubicado Homer: el sector 7-G (a veces lo llaman G-7).

El origen de la central no está tan claro. Durante mucho tiempo, estuvo más o menos claro que se construyó a mediados de los setenta. Este dato se deduce del capítulo Así como éramos (T2), en el que Homer y Marge cuentan a sus hijos cómo se conocieron durante el último año de instituto (1974). En una escena, el tutor de Homer le pregunta sobre sus planes de futuro, y le explica que están a punto de abrir una central nuclear y que no requerirán titulación para trabajar en ella. Homer acepta el folleto, aunque duda que acabe trabajando en un sitio así. Mucho más tarde, en Aquellos patosos años (T13), hay una nueva retrospectiva de la familia Simpson, en la que vemos a Homer y a sus amigos Lenny, Carl y Moe cuando tienen 12 años, y que se ambienta en los sesenta. En ese episodio, la central ya está en pleno funcionamiento.

No menos contradictorias son las condiciones bajo las que contrataron a Homer en la central. En muchas ocasiones se hace alusión a que Homer ha sido contratado debido a una mezcla de suerte y oportunidad. En Definición de Homer (T3), cuando Burns pregunta a Smithers si Homer es un empleado competente para solventar la inminente fusión del núcleo que está causando el pánico en la ciudad, Smithers explica que fue contratado durante la campaña de igualdad de oportunidades. La respuesta de Burns es un irónico Gracias, presidente Ford. Gerald Ford governó en la Casa Blanca durante un breve periodo entre 1974 y 1977, sucediendo a Nixon. Pero en esa misma temporada, al relatar el primer embarazo de Marge y el nacimiento de Bart (Me casé con Marge, T3), que como ya comentamos fue durante 1980-1981, vemos cómo Homer consigue su puesto en la central.

Aparte de estas pinceladas, el Sr. Burns (C.M. son las siglas de Charles Montgomery) aparece a menudo en retrospectivas como paradigma del empresario despiadado y enemigo del medioambiente (Madre Simpson, T7). En cuanto a su labor como presidente de la central, sabemos de sobra que es incapaz de recordar el nombre de Homer Simpson, y eso que sus encuentros con él y su familia son bien numerosos. La falta de memoria de Burns provoca en Homer tal frustración que fue considerada como el móvil del intento de asesinato del magnate (¿Quién disparó al Sr. Burns? 2ª parte, T7).

Hoy se entrega la lista de Sinde

Las pasadas navidades publiqué una entrada en la que dejo constancia de que me apunto a la lista de Sinde. Salvo que estéis suscritos a este blog mediante un lector de feeds, podréis ver a la derecha el banner de la campaña. Como dije en la entrada que puse en su día, al publicar el blog en wordpress.com estoy muy limitado en lo que respecta al uso de código y API’s, así que no se pude poner el buscador de contenidos. En cualquier caso, dejé un par de enlaces como gesto simbólico.

Pues bien, después de reunir cerca de 1.200 webs, los responsables de la plataforma van a entregar la lista en el Ministerio de Industria hoy mismo a las 12:00. Vamos, más o menos mientras escribo estas líneas. Además, darán una rueda de prensa para dejar claro su mensaje. Podéis ver el comunicado que leerán aquí, además de diversa información al respecto. En el correo que recibí se anima a difundir la noticia lo máximo posible. Y además, se dan una serie de indicaciones en caso de que alguna de las webs y blogs apuntadas reciban notificaciones de amenazas de cierre.

Mis lectores fieles (los dos) saben que doy mucho la matraca con estos temas de derechos de autor, propiedad intelectual, Industrias Culturales y demás. Soy partidario de la cultura libre y el copyleft, pero entiendo y respeto (hasta cierto punto) las dificultades de algunas industrias para comercializar sus productos. Lo que no tolero es que amparándose en la etiqueta “cultural“, las industrias de contenidos pretendan imponer un modelo de todo mercado, en el que la posesión del copyright sea la excusa para pretender controlar cualquier canal de distribución, para cobrar cualquier difusión de contenidos. Y mucho menos es tolerable la presión de la industria para modificar leyes que a costa de defender determinados derechos (como los derechos de autor, muy legítimos pero en ningún caso fundamentales), pisoteen otros derechos mucho más importantes, como el derecho de información, el de libertad de expresión y el principio de universalidad de las telecomunicaciones.

La solución pasa por un pacto social en el que ambas partes lleguen a un entendimiento, sabiendo que no se puede tener todo gratis, pero tampoco cobrar por todo. Muchos internautas comprendemos esto. Pero hasta que la industria y los políticos quieran sentarse a dialogar (de verdad), sigo animando a este tipo de iniciativas de desobeciencia civil.

Un saludo y espero que lo difundáis. Esto sí que es importante.

Reflexiones sobre el cine en 3D tras ver Avatar

Anoche estuve en el cine, viendo Avatar. Sí, lo sé, ya era hora. Pero es increíble lo difícil que ha sido encontrar entradas para poder verla en 3D. Aunque me gusta mucho el cine, lo cierto es que ya no voy tanto a las salas como antes. Hubo épocas en las que pasaba por taquilla prácticamente todos los fines de semana. Ahora soy más de series. Será que me hago mayor.

No voy a hacer una crítica de la película a estas alturas. No esta mal, aunque sospecho que es de las que si ves varias veces se les saca cientos de fallos. Pero la novedad, la abrumadora técnica, y el hecho de verla en 3D hace que se preste más atención al continente que al contenido. Y es de eso de lo que quiero hablar, del cine en 3D. Hasta ahora sólo había visto una película en este formato, Ice Age 3. Pero al ver ayer Avatar, pensé en volcar aquí un par de reflexiones que tenía en mente. Si dentro de unos años este blog sigue en pie, siempre habrá tiempo de echarse unas risas viendo si tenía razón o no.

Lo primero de todo: la experiencia del 3D aún resulta bastante incómoda. Es bastante engorroso ponerse unas gafas encima de las que ya uso a diario (sí, soy un cuatro ojos). Aparte del dolor de cabeza que te produce el invento (las patillas aprietan las sienes), es difícil ver toda la pantalla correctamente. El foco de la visión se ve bien, pero se pierde el efecto tridimensional en la periferia. Varios de mis amigos comentaron que les costó adaptarse al principio. Puede que sea cuestión de acostumbrarse a ver películas en este formato. Por cierto, ayer descubrí que hay varios formatos de proyección en 3D, así que como en todo, habrá películas que se verán mejor y peor en función del que use la sala donde veamos el film.

Desde un principio he visto la proyección en 3D como un reclamo para revalorizar el valor del cine en sala. Y eso va más allá de luchar contra la piratería. Es cierto que ver una peli en 3D incita a acudir a la sala (por cierto, muy grande eso de avisar antes de que empiece el largometraje de que grabar en sala es delito: no sé a quién se le ocurrirá grabar una proyección estereoscópica). Eso es algo que también intentan todas esas películas de efectos especiales espectaculares y sonido revienta-tímpanos que sólo se disfrutan en condiciones en pantalla grande de según qué cine. Pero además de eso, aunque los ingresos por taquilla están en torno a la mitad de los beneficios de una película (los ingresos por venta y alquiler de DVD, derechos de antena, merchandising cuando procede, y ahora también distribución online, son cada vez más importantes), el éxito en salas sirve de caja de resonancia. Una peli con éxito en taquilla funcionará en el resto de ventanas donde se exhiba (siempre hay excepciones), y es normal que se quiera mimar ese punto.

Las entradas para una peli en 3D son más caras (unos 3€ más que para una proyección en 35mm). Eso hace que los ingresos por taquilla aumenten, como es el caso de la propia Avatar. Habría que ver qué parte de ese récord de taquilla se debe al recargo por el 3D. También habría que ver si el coste adicional de una entrada en 3D amortiza (y cómo) el coste adicional de adaptar la película a un sistema de proyección en 3D.

Por el momento, estoy observando que atrae más el continente que el contenido, es decir, atrae más la idea de ver una película en tres dimensiones que la calidad de la película en sí. Un ejemplo claro es precisamente Avatar. Sus efectos especiales y su espectacularidad son incuestionables, pero la historia, sin ser mala del todo, no es ninguna obra maestra. Además, parece notarse que la posibilidad del 3D condiciona de alguna manera la realización de la película: hay multitud de planos pensados para ser vistos con sensación de profundidad, o donde delante de los protagonistas hay objetos. Si se abusa de este tipo de realización puede ocurrir que el visionado en 2D de la película (no sólo en el cine, sino en DVD o televisión) resulte una experiencia frustante, donde se note demasiado que el director estaba más preocupado por conseguir encuadres chulos que por contar una historia. Es lo que pasaba con Pesadilla Final: la muerte de Freddy (la sexta de la saga), que tenía una parte rodada para ser vista en 3D (un sistema bastante más cutre, que se veía con esas gafas de cartón de usar y tirar, con una lente roja y otra azul). En esas secuencias había muchos planos de objetos acercándose directamente a la pantalla, para impresionar al espectador. Esas escenas, vistas en televisión, quedan bastante peor.

En resumen, estamos ante un nuevo avance tecnológico, nada más. Y en realidad no es nuevo, pues tiene una larga historia. El 3D, como el sonido, fue algo en lo que se pensó desde un primer momento, aunque después de tantos intentos, parece que se ha conseguido una tecnología en condiciones y que será más duradera que los experimentos hechos antes. No veo el 3D como el futuro del cine, por mucho que se empeñen los productores, y no es comparable con el hito que supuso el cine sonoro. El sonido es algo que se pedía y era necesario porque las historias eran cada vez más complejas y necesitaban de voces y diálogos (y aún así hubo detractores que no lo veían necesario). En cambio, el color llegó más tarde, y tuvo una transición más lenta (también es cierto que el color no exigía un cambio de infraestructura en la sala, como ocurrió con el sonido). ¿No es artificial ver una imagen en blanco y negro? Yo diría que incluso más que ver una imagen plana. Como dije en el post anterior, en la percepción trabaja el cerebro. Del mismo modo que en un sistema en 3D, el cerebro interpreta la profundidad a partir de imágenes planas, en una imagen plana también hay claves que nos ayudan a ver una perspectiva en profundidad, aunque no sea así. En el peor de los casos, la inversión en tecnología para el cine en 3D podría hacer que Estados Unidos se distancie aún más de países más modestos en cuanto a producción cinematográfica (España entre ellos). De todas formas, dudo que el 3D se imponga tan rápido como lo hizo el cine sonoro. Primero porque habría que estandarizar formatos. Y segundo, porque ahora los cines son complejos con varias salas (multiplex y megaplex), así que la coexistencia de sistemas puede ser mucho más larga.