La música no desaparece en cinco años, ni en cincuenta

Hace un par de semanas, al salir de una de mis visitas relámpago a la facultad, recogí un ejemplar gratuito de la revista Mondo Sonoro. Bajo la cabecera se podía leer su slogan: musical, gratuita e independiente. A pesar de la pomposidad de la palabra independiente (muy manida por los medios), y de que desconocía al grupo que aparecía en la portada (La Bienquerida), me llevé la revista para echarle un vistazo. Además, como se suele decir… total, si es gratis.

Ya en casa, examiné un poco más a fondo la publicación. Sin intención de cantar sus alabanzas, y sólo para que os podáis hacer una idea, comentaré un par de cosillas. Lo primero que me llamó la atención es el volumen de información de la revista. Hablamos de un formato grande, casi como un periódico, de 54 páginas más una separata central con otras 26 que corresponde a la edición local (en mi caso, Madrid). El peso de la publicidad en las páginas es el que nos podemos esperar al tratarse de una revista gratuita, esto es, que son los anunciantes los que la pagan: generosa pero tampoco tan excesiva como para entorpecer la lectura. La edición local tenía también una profusa relación de anunciantes y distribuidores (yo la recogí en la facultad, pero se puede encontrar además en pubs y bares). Tiene una periodicidad mensual y tira 11 números al año (no sé si es que descansan en agosto aprovechando que las facultades están cerradas o es que los números tardan un poco más de un mes en salir). Tiene una distrubución fuerte, en casi todas España (echo en falta mi querida Castilla-La Mancha entre las ediciones locales), agrupando a veces un par de comunidades en una sola edición. Eso sí, me pareció muy simpático que en lugar del habitual disclaimer diciendo que la revista no comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores, etc… Mondo Sonoro se desmarca con un texto mucho más simpático: “Mondo Sonoro no solo comparte la opinión de sus colaboradores sino que se acuesta con algunos de ellos”

En cuanto a su contenido, y esto es lo que da pie al título del artículo, la revista habla de música. Y mucho. Soy un heavy al uso, en concreto un freak que solía jugar al rol y se aficionó a grupos como Blind Guardian, así que no tengo un gusto musical demasiado amplio. La revista tocaba una gran variedad de géneros: pop, rock, metal, new age, rap, hip hop, electrónica, folk… Así que, como era de esperar, apenas me sonaban dos o tres de los grupos de los que hablaba. La publicación está orientada a la escena independiente, así que obviamente no se ven los artistas habituales que suelen verse en los 40 principales y que se manifietan frente al Ministerio de Industria porque la gente se baja sus canciones de internet. En su lugar vi un montón de nombres (principalmente de la escena española) con muchas ganas de hacer música y sobre todo de tocar en directo, con trayectorias desiguales. Algunos sólo tenían maquetas o un único disco. Otros llevaban más tiempo pero moviéndose en circuitos poco comerciales. Me resultó muy simpático el look de la hierática cantante de los Punsetes.

Decir que la escena musical española está en su mejor momento sería una estupidez por mi parte, no sólo porque no sé si eso es verdad, sino porque no puedo sacar conclusiones por haberme leído un número de una revista en concreto. Tampoco pretendo alardear de haber inventado la rueda. Cualquiera que tenga un poco de interés en música conocerá innumerables ejemplos de revistas y webs de este tipo. Pero con las declaraciones de L. E. Aute tan recientes (“en cinco años esto desaparece”), no está de más mostrar la otra cara de la moneda. Y es que por cada músico que había protestando frente al Ministerio de Industria y llevándose las manos a la cabeza porque sus canciones son bajadas impunemente de internet (en el número que leí de Mondo Sonoro apenas se hablaba de internet, si acaso como plataforma de apoyo para la circulación de maquetas y trabajos), hay diez bandas que componen simplemente por el placer de componer, que pasean sus maquetas de discográfica en discográfica intentando conseguir un contrato para grabar un disco y que se quejan de la escena musical pero no porque no se vendan discos, sino porque hay pocas salas donde tocar (ese sería otro debate interesante: si la música es cultura ¿por qué se quieren cerrar páginas de internet pero no no se apoya la música en directo?).

En definitiva, si las apocalípticas predicciones de Aute se cumplieran y nadie comprase discos y los sellos discográficos y los músicos de renombre se arruinasen, veríamos atónitos cómo cientos de bandas saldrían a la calle a celebrar ese falso día en que murió la música, porque para ellos sería el día de su nacimiento.

Un pensamiento en “La música no desaparece en cinco años, ni en cincuenta

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