Gobierno y músicos: enroque.

Para bien o para mal, no soy de los que escriben en caliente. Y es que ayer, antes de acudir a mi equipo a colgar la entrada sobre el SIDA que tenía preparada, escuché en la televisión que había una concentración de músicos para reclamar que la música es cultura (lo escuché así). Y la que ha caído desde entonces.

En ajedrez, existe un movimiento llamado enroque, y tiene la peculiaridad de ser el único que viola tres normas del juego: se mueven dos fichas a la vez (la torre y el rey), ambas fichas se cruzan aunque no pueden saltarse la una a la otra, y es la única ocasión el que el rey avanza dos casillas. Cuando he visto que, casualmente, hoy se debatía el anteproyecto de ley sobre economía sostenible, en el que se toca el tema de la propiedad intelectual, me ha venido a la cabeza este movimiento ajedrecístico.

Pero vayamos por partes, como diría Jack el destripador.

Los músicos y trabajadores varios se concentraron bajo el lema La música es cultura, la música es empleo, y lo hicieron ante el Ministerio de Industria. ¿Notáis algo raro? Venga, lo vamos a repasar: los músicos dicen que la música es cultura y por eso van al Ministerio de Industria. Dónde está Coco cuando uno lo necesita. Han redactado un manifiesto y quieren que el gobierno tome medidas porque se ven desfavorecidos ante otros sectores culturales.

Al principio (muy al principio) la manifestación me pareció buena idea, porque Lolita Flores había dicho en Espejo Público que apoyaba a sus compañeros, que habían ido al Ministerio de Cultura (se equivocó) precisamente a reclamar una mejora en la política cultural. Ramón Arangüena comentó que por ejemplo, cuando promocionan cine en el programa, el tráiler de la película lo tienen gratis, mientras que para poner un videoclip les toca pagar. Vaya, parecía que por fin la cosa iba en serio. Luego he visto que no, que era más de lo mismo, de tomar medidas contra la piratería y frenar las descargas.

Las pancartas de la concentración rezaban que la música es cultura y empleo. Y tienen razón. El problema es que no se manifestó la música. Se manifestó la industria cultural discográfica. Las industrias culturales no son las malas de la película per se. Tradicionalmente han sido un gran motor para la distrubución de contenidos culturales. Pero no dejan de ser industrias, que anteponen el beneficio económico al cultural. Las industrias culturales no son la cultura. Pese al miedo que tiene Luis Eduardo Aute, si toda la industria discográfica se fuera de verdad al cuerno, la música no moriría. El problema es que estas industrias nunca recuerdan su singularidad cultural salvo en estos casos.

Otro tema es el de la piratería. ¿A qué llaman piratería? Es cierto que la piratería a gran escala (hablo de una auténtica red destinada a lucrarse a base de copiar CD’s en la que normalmente hay involucradas mafias, y que estos mismos artistas pidieron despenalizar) supone un problema para la industria (siempre la industria, nunca la cultura) y también para artistas poco consolidados. Pero a la vez, la libre difusión de contenidos entre usuarios permite una renovación de géneros y les da visibilidad creadores que no la tienen en los canales convencionales. Así que en primer lugar deberían dejar claro lo que consideran piratería y, de paso, dejar de decir mentiras, ya que el intercambio de archivos entre usuarios (peer to peer) no es ilegal en España, se pongan como se pongan. Afirmar que esas descargas son el problema, la causa de la ruina de la industria discográfica (y la muerte de la música) es una falacia, y no me voy a extender en la complejidad de todo esto, pero en pocas palabras, no se puede relacionar un aumento de descargas con el descenso de ventas de discos.

Así pues, la concentración me deja un sabor agridulce. Más bien agrio. Porque algunos músicos dejaban claro que la SGAE había sido nefasta para la imagen de los artistas y que la concentración era por otra cosa. Pero resulta todos esos músicos están convocados por Promusicae, y parecía otra de lo mismo. La única diferencia es que en lugar de cargar directamente contra los usuarios, han hecho el paripé de quejarse al gobierno. Podrían haberse quejado de verdad. Podrían haber reclamado una política cultural coherente, no la que hay, donde los libros tienen el 4% de IVA, el cine en cambio el 7%, y los discos el 16%. Podrían haber pedido una legislación que evite las concentraciones de grupos multimedia y fomente las pymes y creadores independientes, y no haber ido convocados por una asociación que representa a las principales multinacionales discográficas. Podrían pararse a pensar por culpa de esas multinacionales que buscan a toda costa el beneficio cortoplacista estamos abandonando el concepto de derecho de autor (que contempla conceptos como el derecho moral) y nos pasamos al burdo copyright, que limita los derechos de los autores. Podrían haber pasado lista y ver que entre los asistentes estaban triunfitas de tres al cuarto que además de rebajar el nivel intelectual medio de la concurrencia, vienen de programas por los que ya pusieron esos mismos artistas el grito en el cielo cuando vieron que se podían fabricar cantantes de éxitos como churros y comercializar CD’s a 6€ (y salían cada semana, para desesperación de los autoproclamados artistas de verdad).

Pero que no cunda el pánico, artistas y artistos. El ministro de industria, Miguel Sebastián, no tardó en recibir a Antonio Guisasola (presidente de Promusicae) y a Loquillo y Aute. Y hoy nos encontramos con un anteproyecto de ley, que para sostener la economía contempla la posibilidad de que sea el gobierno, a través del Ministerio de Cultura, quien pueda cerrar las páginas de enlaces sin recurrir a esos incómodos juicios justos que siempre daban la razón a los demandados. Una ley que aún tardará en aprobarse, y que habrá que ver su eficacia. No quiero ser apocalíptico ni excesivamente confiado en este tema. Que un gobierno pueda exigir datos a las operadoras y que éstas tengan que colaborar necesariamente me acojona por la violación de derechos fundamentales que eso supone. Por otro lado, seguro que surgen nuevas formas de evitar esta ley (ya se habla de alquilar los servidores en el extranjero). El concepto de red es lo que tiene: no puedes atacarla porque si destruyes un nodo, toda la información migra a otros nodos.

Sería mejor dejarse de tanta tontería y apostar por nuevas formas de negocio. Es una putada que te digan que tu negocio está obsoleto, lo sé, pero no es el fin del mundo. Existen formas alternativas de financiación. Y a pesar del empeño de estos músicos en que lo queremos todo gratis, servicios como Spotify nos están demostrando otra cosa.

La respuesta en la blogosfera ha sido masiva. Ya está circulando un manifiesto alternativo que está teniendo una difusión sorprendente. Espero que no se queden en esfuerzos dispersos, como ha dicho David Bravo en el 20 minutos [enlace], y esta vez nos organicemos bien.

Un pensamiento en “Gobierno y músicos: enroque.

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