Samanta Villar dando palos (de ciego)

Los catalanes son gente honrada y cabal. Por eso Samanta Villar, aunque trabajó en cadenas como TV3 y Barcelona Televisió, ya no sigue allí. La contrapartida de esta buena noticia a priori es que la reportera ha recalado en Madrid, donde presenta el programa 21 días en Cuatro.

Nunca había visto el programa. No me llamaban la atención los temas, ni el tono sensacionalista con el que se anunciaba el espacio. Pero cuando vi que se iba a emitir el monográfico 21 días a ciegas, algo me tocó la fibra. Desde 2005 hasta 2008, presenté un programa de radio durante el verano, y mi compañero (el director del programa, de hecho) en tales menesteres, y uno de mis mejores amigos de hecho, es ciego. Me esperaba un programa lleno de tópicos y clichés, y no me equivoqué.

El lema de 21 días es no es lo mismo vivirlo que contarlo. Pero un periodista no necesita vivirlo todo para poder contarlo de una forma efectiva. De hecho, el programa apenas cuenta nada.

El tono sensacionalista y manipulador del programa se hace patente desde que empieza. No es nada extraño en una reportera que tuvo las pocas luces (nunca mejor dicho) de ayudar a unos chabolistas a cometer un robo, aunque finalmente no fue acusada de cómplice. El hecho de que de los 21 días de grabaciones se incluyeran precisamente esas imágenes, independientemente de la complicidad de Samanta, es una buena muestra de la objetividad del equipo.

Volviendo a los 21 días a ciegas, Samanta, nada más colocarse los parches que le cubrirán los ojos durante el reportaje en una clínica de Madrid, es literalmente aparcada en la puerta del inmueble, mientras se pregunta ¿y ahora qué? El siguiente plano es ya en las oficinas de la ONCE.

No soy excesivamente desconfiado. Por eso no voy a cuestionar si Samanta Villar llevó puestos los parches durante los 21 días, ni si su equipo de cámaras la ayudó en sus desplazamientos o se limitó a grabarla mientras se metía en todo tipo de apuros por las calles de Madrid. Si fuese malpensado, creería que es el propio equipo, con el permiso de Samanta, quien la sitúa para que se vaya contra las paredes o se meta de lleno en las obras.

El reportaje podría haber estado bien si hubiese sido una narración objetiva. Objetiva en oposición a la subjetividad de Samanta al querer contar las cosas en primera persona (hablo en términos de discurso). El programa falla desde su planteamiento: 21 días a ciegas. Ningún ciego lo es de forma voluntaria, ni espera recuperar toda la visión al cabo de tres semanas. Al menos ninguno que yo conozca. Tampoco se experimenta la ceguera de la misma forma cuando es de nacimiento, sobreviene en la niñez, la adolescencia o la edad adulta. 21 días es un periodo demasiado arbitrario en el que apenas se puede descubrir el universo a oscuras. Y en cualquier caso, un ciego suele tener una familia a la que pedir ayuda cuando le ocurre este trance, mientras que Samanta pretende empezar la casa por el tejado y seguir viviendo sola en su piso.

A partir de ahí, las manipulaciones y carencias del programa son constantes y sutiles en mayor o menor medida. Por ejemplo cuando está aprendiendo a manejar el bastón, pero no explica que cuando se da un paso con la pierna izquierda, el bastón se lleva hacia la derecha y viceversa. Otro ejemplo es de los perros guía. Sólo uno de los invidentes con los que habla tiene perro guía. Una hembra de la raza labrador, para ser exactos. Pero debido a su edad, ya está jubilada y no trabaja a tiempo completo, y el programa se centra más en cómo va a echarla de menos su dueño cuando se la dé a un amigo para que tenga mejor calidad de vida. Todo el reportaje es así: muestra muchas cosas pero no profundiza en nada. En lugar de eso, recurre a la continua frustración de la presentadora al hacer las cosas de forma tan lenta, como si manejarse por Madrid bastón en ristre (y eso incluye el metro) fuese cosa de una semana. Puede darse con un canto en los dientes porque al menos el metro ha mejorado mucho en cuanto a indicaciones para discapacitados.

Todo esto lo contrarresta con los tópicos habituales de superación y de cómo los ciegos pueden hacer vida normal. Ojo, no estoy menospreciando estos casos, simplemente me quejo de que el reportaje se mueve en los extremos y recurre a la manipulación y al sentimentalismo frente a la información y, por qué no, a la formación. Porque si me quedase ciego, os aseguro que no tendría entre mis prioridades acudir a un estadio de fútbol a la semana de perder la vista.

Los tópicos que se reproducen en el programa, en definitiva, son efectivos por el desconocimiento que la sociedad en general tiene de las personas ciegas. Evito la palabra invidente porque me consta que a alguno de ellos les suena a eufemismo. A mi me gusta decir el club de los caballeros con tacto, pero con eso del machismo en el lenguaje no queda bien porque es excluyente ¿dónde me dejo a las damas? Cuando uno entra en contacto con esa realidad, mejor conociéndoles en el día a día, aunque una información adecuada ayuda mucho, esas preguntas que surgen se van respondiendo.

Mi único consejo es que, si tratáis con una persona ciega por primera vez, recordéis que cada uno es distinto. Si tenéis una pregunta, hacédsela, y hacédsela directamente, no a terceros. Nada de “dile a tu amigo que si va a querer una cerveza”, que son ciegos, no gilipollas idiotas. Si no conocéis a nadie ciego, uno de los tahúres que recomiendo en el blog lo es.

Por cierto, Samanta Villar volverá con el programa 21 días haciendo porno. Muchos nos estamos preguntándo hasta dónde se la van va a meter para contar este mundillo. ¿Se hará actriz? ¿O se quedará tras las cámaras? Y si se hace actriz ¿se verán escenas íntegras, con censura sobreimpresa, o sólo veremos planos de su cara ojiplática mientras lo vive (que no es lo mismo que contarlo)? ¿Circulará una versión sin censura en Pornotube? La de chistes que vamos a hacer a costa de esto.

El tahúr se apunta a “La lista de Sinde”

Pues resulta que por culpa de los políticos no voy a poder ni descansar estas fiestas. Ayer, pese a que me había propuesto no conectarme a internet, entré en el blog de Loretahúr para poder escuchar una intervención de Jose A. Pérez (mimesacojea) en el programa “De las ondas a la red”. Al hacerlo, me encontré con una nueva entrada relativa a la ya famosa lista de Sinde. Y no, no es que la ministra Sinde sea una “lista”.

A pesar del revuelo que formó el manifiesto y de ser una de las contadas ocasiones en las que la comunidad internauta se hizo oír, la Ley de Economía Sostenible sigue adelante, y con ella su polémica disposición adicional con la que los presuntos delitos contra la propiedad intelectual se incluirían en la lista de razones que permitirían al gobierno clausurar de inmediato sitios web sin que un juez tenga que dar su autorización. Por aquello de acelerar los trámites. Y en este caso, de evitarlos (eso de que los jueces digan que no es ilegal bajarse cosas del eMule resulta bastante incómodo). En pocas palabras, un blog con enlaces a descargas o búsquedas de torrents iría a parar al mismo saco donde se encuentran las páginas de pornografía infantil o relacionadas con el terrorismo.

Es por esto que se ha abierto la página web con La lista de Sinde, en la que os pido encarecidamente que os apuntéis (entrad y seguid las instrucciones) antes del 30 de diciembre, día en el que se discute la ley citada arriba en Consejo de Ministros y en el que la Coalición (del copyright) pretende entregar una lista con las webs que deberían ser cerradas. Son cerca de 200. Vamos a ponérselo fácil y a añadir más sitios web a esa lista, en concreto, nuestros propios blogs. A ver la lista que entregan no es de 200 páginas web, sino de 2.000 o 20.000, y a ver si tienen redaños a cerrarlas todas. Si tuviera tan mala suerte como para que cierren El tahúr manco, tranquilos, volveré.

Unete a la lista de la censura

Al ser usuario de wordpress.com no siempre puedo añadir todo el código html que quisiera. El día que empiece a ser reconocido en la blogosfera, me plantearé hacer un upgrade de mi cuenta, o mudarme a wordpress.org. Por el momento, tendré que dejaros aquí unos enlaces. Soy un ferviente partidario del peer to peer, en concreto de eMule (o en todo caso de los torrents) frente a las descargas directas. El peer to peer, aunque se diseñó para unas conexiones más lentas, permite compartir muchos más recursos y su legalidad está garantizada. Últimamente, los uploaders de servidores como Megaupload o Rapidshare están teniendo problemas. Ahí van esas recomendaciones.

NOTA: Estoy viendo que ni siquiera puedo enlazar archivos de eMule, así que dejaré el texto completo del enlace para que lo copiéis y lo uséis directamente en eMule. Más que nada como acción simbólica.

Como conocí a vuestra madre

Una comedia con un humor ácido y unos personajes entrañables (Bartney Stinson es mi ídolo). Ya que La Sexta la ha dejado de emitir (y cuando lo hacía era a las tres de la mañana), os dejo los cinco primeros capítulos en un documento de Word.

Mentiras y gordas: ed2k://|file|Mentiras%20Y%20gordas.avi|1465712640|8ED8D88D688D1354086DEC3FC9F712C0|/

Ésta va a mala leche. La dejo porque el guión es en parte responsabilidad de Ángeles Gonzalez-Sinde (sí, la ministra). Aunque con ese título bien podría tratarse de los argumentos que da en su discurso político para proteger la cultura. No he visto la peli, pero con la imaginación que tiene esa mujer, seguro que la historia es increíble (en un sentido literal). Además, en estas fechas entrañables, y con un frío que pela, qué mejor para entrar en calor que un montón de fenómenos teen frotándose unos con otros bajo los efectos de sus hormonas disparadas. Además, Ana Polvorosa, con ese rollo proletario que se traía en Aída, tenía su punto.

Leonar Cohen: Live in London

Me da igual si te lo bajas del eMule, si lo oyes en Spotify o te lo compras, pero escúchalo (yo lo estoy oyendo mientras escribo esto). Dos horas y media de concierto, una puesta en escena sobria y elegante, un sonido excelente, y una interpretación por parte de Cohen a la que es imposible ponerle ni una sola pega. Puedes encontrarlo en doble CD o en DVD.

  • CD: ed2k://|file|Leonard_Cohen-Live_in_London-2CD-2009-ONe.rar|212936331|1B54AA8C661E27D11CCFB543D0CF35DF|/
  • DVD (rippeado en un archivo avi):
    ed2k://|file|Leonard.Cohen.-.Live.in.London.2009.DVDRip.XviD-ItzikGur.[wnet.co.il].avi|1563718144|23EDC0F5D2AA5DEE5594C86803373A25|/

Así que nada, dejo en el tintero la que tenía pensado que fuera mi siguiente entrada: una crítica feroz y sin piedad a Samanta Villar por su reportaje-manipulación llamada 21 días a ciegas.

El tahúr entrevista a David Sainz (malviviendo)

Los personajes de Malviviendo, al estilo Simpson

Así de escueto y conciso es el titular del post de hoy. A pesar de mis dudas sobre establecer los podcast como sección habitual del blog, me decidí a hacer una segunda excepción. Al otro lado del teléfono (o mejor dicho del Skype), estuvo David Sainz, director, guionista y protagonista de la serie malviviendo.

David pudo hacerme un hueco ayer, a pesar de que en su productora, Diffferent Entertaiment, están colapsados de trabajo intentando dejar un par de asuntos finiquitados antes de fin de año. Fue una charla amena y tranquila en la que durante unos quince minutos comentamos algunos de los aspectos más relevantes de esta serie que ha supuesto un rotundo éxito de público desde su estreno, y que les ha valido alguna que otra alegría como el Premio Bitácoras 2009 al mejor videoblog, que recogieron el pasado mes de noviembre durante la celebración del EBE en Sevilla.

Malviviendo surgió como una iniciativa de unos pocos amigos, que ante la dificultad de hacerse un hueco en el panorama audiovisual (algo aún más difícil fuera de Madrid o Barcelona) decidieron probar una alternativa diferente a través de internet para poder ir haciendo currículum. La modestia en el presupuesto de cada capítulo se compensa con unos guiones enrevesados, gamberros y plagados de guiños y homenajes, además de una factura técnica sorprendente en una serie que se supone amateur. Aunque en su página se pueden hacer donaciones por Pay-Pal, y se vende un poco de merchandising de la serie, malviviendo a día de hoy sigue teniendo una rentabilidad discreta a pesar de su enorme popularidad. Los ingresos los invierten exclusivamente en los gastos de producción del capítulo. En cuanto a la inserción de publicidad directa en los capítulos, las cosas no siempre salen bien, como les ocurrió con el caso de Tengo Entradas. La polémica desató un gran revuelo en la red. Cada parte ofreció su versión, pero al final las cosas se solucionaron. De este incidente, David sacaba dos conclusiones: que fue porque ninguno teníamos mucha idea, y que los trapos se lavan en casa antes de airearlos por ahí.

La primera temporada de malviviendo está llegando a su fin. El equipo rueda ahora los dos últimos capítulos, que conformarán un episodio doble y que cerrará muchas tramas abiertas. Aún no saben si estrenarlo en dos entregas, en cuyo caso podríamos ver la primera en enero con un continuará, o colgar el doble episodio de golpe, para lo que habría que esperar a febrero. Después de esto, tocará dejar descansar la serie y pensar bien en los resultados para ver qué va a pasar después. Llevar la serie a la televisión no parece muy factible, ya que el espíritu gamberro de el negro, el zurdo, el kaki y el postilla no es fácil de trasladar a una televisión en abierto (al menos sin que haya retoques). Además, aunque la pequeña pantalla es tentadora, el equipo comenzó la serie con las miras puestas en la pantalla grande.

Respecto a mí, también me pondré a pensar qué hago con los podcast. Para convertirlo en una sección habitual tendría que mejorar muchas cosas. No hablo de mi voz nasal, que eso no tiene remedio (aunque podría intentar parecer menos serio). Me hace falta mejorar un par de cosas de software y equipo, pero sobre todo una conexión decente, algo improbable cuando dependes de wi-fi. Como siempre, mis disculpas por el sonido (aunque se oye mejor que la entrevista a Trancas y Barrancas). Os dejo varios enlaces para descargar, por si falla alguno, y con diferentes grados de accesibilidad.

Descargar programa (botón derecho)

Ender. Jugando a la guerra

Hacía tiempo que un libro no me sorprendía tanto ni disfrutaba tanto con una lectura. El juego de Ender ha sido un auténtico soplo de aire fresco ahora que nos invaden sagas de vampiros moñas (sólo les falta hablar por messenger) y secretos enterrados en la Edad Media que pueden hacer que se tambaleen los pilares de la religión cristiana (siempre lo mismo). La riqueza de los temas que he encontrado en esta novela, además de la vigencia los mismos casi un cuarto de siglo después de ser publicada, ha hecho que me decida a inagurar la categoría de críticas. Eso sí, espero no ser demasiado spoiler.

El juego de Ender es una novela escrita por Orson Scott Card, publicada en 1985, y que ganó los premios Hugo, Nebula y SF Chronicle, además de ser nominada para el premio Locus. La historia original apareció inicialmente en forma de relato en 1977 en la revista Analog Science Fiction and Fact. A día de hoy es una auténtica novela de culto de ciencia ficción. Curiosamente, aunque posee los elementos clásicos del género (naves espaciales, aliens, maquinaria futurista), tuvo (y tiene) muy buena acogida en los lectores no habituales de la ciencia ficción.

El argumento de El juego de Ender transcurre en un futuro en el que la humanidad ha sido atacada en dos ocasiones por una raza alienígena conocida como los Insectores. Ante el temor de una tercera y definitiva invasión, la sociedad humana necesita un genio militar que acabe con los Insectores. Por esta razón, el gobierno permite que nazca Andrew (Ender), el tercer hijo de un matrimonio en un mundo donde la natalidad está limitada a dos niños por pareja. A los seis años, Ender es recultado en la escuela de batalla, donde comenzará su formación.

Al estar escrito en 1985, el libro planteaba una sociedad que ha superado el antagonismo de los bloques capitalista y comunista como un elemento futurista y de cambio. Sin embargo, hay un toque orwelliano en la forma en que ambos bloques están aliados ante la amenaza de un enemigo exterior, común a ellos. El lector descubre que las tensiones entre bloques persisten en las nuevas formas de gobierno, configurando una auténtica paz armada. Este ambiente de desconfianza y paranoia que tanto nos recuerda al Gran Hermano (el libro, no el programa) se acentúa cuando el lector descubre que la amenaza de la guerra es mucho más efectiva que la propia guerra.

Uno de los aspectos de la obra de Card que más vigencia tiene, y por tanto hace que esta novela no haya quedado desfasada, es la universalización de las redes de comunicaciones. No olvidemos que Neuromante, de William Gibson, ha aparecido un año antes, lo que supone el nacimiento del cyberpunk y la aparición del término ciberespacio. La red de ordenadores y consolas que se muestra en El juego de Ender se asemeja bastante al uso que hacemos hoy en día de la web para consultar información. Este punto más geek puede suponer una de las claves de su éxito fuera de los lectores habituales del género. Y aunque los permisos de acceso a las redes están jerarquizados (por ejemplo, para los menores) y en principio las personas que aparecen en las redes son “personas reales” (no hay chats de ligue llenos de nicks estúpidos), la sociedad de la red valora a sus individuos en función de su conocimiento y habilidad, sin prejuicios por la edad. Para los que hayáis leído el libro, me refiero al caso de Locke y Demóstenes.

Pero más allá del imaginario tecnológico descrito en la novela, la clave está en sus personajes. Es la historia de niños que son reclutados como soldados, que no tienen infancia, y que son siempre empujados hacia sus límites. Es una historia de soledad y aislamiento, de instrumentalización de un ser humano por parte del poder para servir a sus propios fines. Es una historia de la cruda violencia que Ender se ve forzado a utilizar para superar las pruebas que le ponen sus superiores. Pero también es una historia del compañerismo y la amistad que desarrollan esos mismos niños desprovistos de infancia, y de cómo, curiosamente, la mejor manera de ganar esa guerra es convertirla en un juego. El juego de Ender.

El juego de Ender

  • Título original: Ender’s game.
  • Autor: Orson Scott Card
  • Editorial: Zeta de bolsillo (sello perteneciente a Ediciones B)
  • Información adicional: la novela inaugura la llamada Saga de Ender. A esta saga hay que añadir la Saga de las sombras, una serie de novelas paralelas que se narran desde el punto de vista de personajes secundarios del primer libro. Existe además una recopilación de historias cortas, la mayoría desarrolladas en los años previos a la historia de El juego de Ender. Las novelas, por tanto, se pueden leer según su orden de publicación o respetando la cronología del universo de Ender.

Saga de Ender (los títulos en inglés no están publicados en España)

  1. El juego de Ender (1985)
  2. La voz de los muertos (1986)
  3. Ender el Xenocida (1991)
  4. Hijos de la mente (1996)
  5. A War of Gifts: An Ender story (2007)
  6. Ender in exile (2008) (encuentro de Ender con un personaje de la Saga de las Sombras, transcurre antes de La voz de los muertos)

Saga de las Sombras

  1. La sombra de Ender (1999)
  2. La sombra del Hegemón (2001)
  3. Marionetas de la Sombra (2002)
  4. La sombra del Gigante (2005)
  5. Shadows in Flight (en preparación. Supondría el final de las dos sagas como un todo)

Universo expandido Simpson: Springfield.

Como ya dije en el primer post referente a los Simpson, no se puede analizar el universo Simpson en una única entrada. No sólo hay muchos aspectos que pueden ser abordados, sino que hay varias maneras de mirar cada tema: desde el contexto de la propia serie, bajo la óptica de la sociología, de la teoría del cine o la narrativa…

Uno de estos aspectos es la ciudad donde desarrollan sus vidas los miembros de los Simpson. Springfield.

Springfield es uno de los topónimos más populares de los Estados Unidos, existiendo 34 localidades con ese nombre, repartidas por 25 de los 50 estados (en efecto, en algunos estados hay más de una). Matt Groening, creador de la serie, ha dicho en más de una ocasión que escogió ese nombre para la ciudad precisamente por su ubicuidad. Su intención es mostrar Springfield como la típica ciudad norteamericana, por lo que en la serie rehúyen a toda costa identificarla con un estado o región.

De hecho, en la serie son abundantes las bromas acerca de la hipotética situación geográfica de Springfield. Por ejemplo, en Radiactivo-man (T7), los productores de la películo sobre el hombre radiactivo solicitan a su secretaria “un billete para el estado al que pertenece Springfield”. En Mucho Apu y pocas nueces (T7), Homer le pide a Apu que señale Springfield en el mapa, pero no podemos comprobar la respuesta porque Bart, en esos momentos, interviene en la conversación y se coloca justo delante de la cámara, tapando la visión de los espectadores. También es frecuente ver cómo los Simpson se embarcan en algún viaje en carretera y salen del estado. Los letreros de las salidas a las carreteras interestatales nunca son concluyentes, ya que se pueden leer indicaciones como salida hacia cualquier otro estado o mostrar una relación de estados aleatoria. En la película estrenada en 2007, Ned Flanders le enseñaba a Bart las vistas desde una colina en la que podían divisar los estados limítrofes con Springfield: Ohio, Nevada, Maine y Kentucky.

La geografía interna del pueblo es no menos interesante. Las calles y escenarios de la ciudad se adaptan sin tapujos a las necesidades narrativas. En Dos malos vecinos (T7), por ejemplo, descubríamos que frente a la casa de los Simpson hay una mansión, que en ese episodio es comprada y habitada por George Bush padre. La situación de los principales edificios (la iglesia, el colegio, la cárcel, la central nuclear, el bar de Moe) puede variar sin previo aviso según lo requiera el episodio. Aunque hay algunas pautas que suelen respetarse.

– El colegio está lo bastante lejos como para que sea necesario que un autobús escolar, conducido por Otto, recoja a los alumnos, o en su defecto Marge los acerque en coche.

– El bar de Moe casi siempre tiene al lado una tienda de instrumentos musicales, que Homer ha visitado en un par de ocasiones (en relación al saxo de Lisa). Es habitual que Homer tenga que usar el coche para llegar al bar o volver a casa.

Springfield tiene una ciudad vecina, Shelbyville, que también es su mayor rival, y cuyo origen podemos ver en El limonero de Troya (T6). También hay una metrópoli situada a 30 millas de Springfield (45 kilómetros aproximadamente), Ciudad Capital (Capitol City), que hace las veces de capital de estado o de condado. Aunque eso no es obstáculo para que Springfield tenga estación de tren o incluso aeropuerto si la trama lo requiere.

Springfield es una localidad costera. Marge afirma que Springfield cae en pendiente hacia el oeste (El misterioso viaje de Homer, T8). ¿Significa que Springfield está en la costa oeste)? La ciudad entera fue trasladada 8 kilómetros tras su problema de almacenamiento de residuos (Residuos titánicos, T9), incluyendo el casino que el Sr. Burns había construido en el muelle en la quinta temporada, y del que se habían olvidado una semana después de su inauguración. El casino trasladado es demolido al comienzo del episodio Viva Ned Flanders (T10).

Que yo sepa, Shelbyville sigue estando junto a Springfield.

El manifiesto, reflexiones finales.

Han pasado un par de días desde la concentración de músicos ante el Ministerio de Industria y del revuelo por el Anteproyecto de la Ley de Economía Sostenible, conocido como la Ley de la patada en el router. Varios internautas se reunieron con la Ministra de Cultura y, aunque no se llegó a un acuerdo, al menos se ha visto que el gobierno ha hecho movimientos para recular. Aún queda mucha historia, pero parece que lo más gordo ha pasado.

De todo este asunto al menos me queda el buen sabor de boca de que la comunidad internauta se ha movilizado y ha conseguido ejercer como grupo de presión, que la cosa no se ha quedado en una pataleta, y que representantes del gobierno nos han recibido igual que recibieron a los músicos. No obstante, los medios tradicionales muestran aún mucho desprecio por la comunidad web, apodando blogueros a los representantes de los internautas, como a la reunión hubiese acudido una docena de adolescentes enganchados al World of Warcraft y a Tuenti. Creo que ya sabéis la talla de algunos de los allí asistentes. Aún no se ha llegado a un acuerdo sobre el tema (y la ministra no parecía muy dispuesta a dialogar), y la oposición ha hecho su habitual ejercicio de oportunismo político y surrealismo (por no decir cinismo). Con todo, esta vez nos hemos hecho escuchar.

El tema de la (mal llamada) piratería en internet es muy amplio y se mezclan demasiadas cosas. Voy a intentar dejar un par de ideas al respecto.

  • Por mi parte, soy absolutamente partidario de los derechos de autor. Entiendo que los creadores e intérpretes reciban una compensación por su trabajo. Otra cosa es hablar de los derechos de autor como el salario del artista, cuando en realidad se asemejan más a una renta. Tampoco veo bien que se confundan derechos de autor y copyright. Son dos cosas distintas, y estamos adoptando la segunda.
  • Para cobrar derechos de autor, es necesario ser socio de una entidad gestora de estos derechos, que son las únicas con capacidad para recaudarlos y repartirlos. Hay ocho en España, no solo la SGAE. Habría que pensar en no mezclar a autores y editores en el mismo saco, y ambos colectivos no siempre tienen los mismos intereses. Entidades separadas para colectivos diferentes, no como ahora.
  • Cada industria cultural (cine, discos, libros; pero también medios de comunicación) tienen sus peculiaridades. Cada una se ha adaptado mejor o peor a las redes digitales (no sólo internet). La industria del disco ha tenido tiempo de sobra, ya que una canción, e incluso un disco entero, es un volumen mucho menor de datos que una película. Entiendo que vuestra situación es complicada, pero no volquéis vuestra frustración en ese gran saco que llamáis piratería, ni hagáis victimismo con los artistas.
  • Es duro adaptarse a un nuevo modelo de negocio. Siempre hay conflictos. Pero siempre ha pasado. A mí también me da pena que los oficios artesanos se estén perdiendo, pero por desgracia es lo que hay. Cuando se habla de pérdida de puestos de trabajo, los productores deberían hacer auto-examen y ver a cuántos ingenieros y técnicos de sonido han echado aprovechando las grandes concentraciones de sus grupos mediáticos y las mejoras de equipos y programas informáticos.
  • Por mucho que se empeñen, descargar, compartir o copiar no es robar. El consumo cultural presenta unas particularidades que no tiene el consumo de otros bienes materiales. Es muy difícil determinar el impacto económico de las descargas, no seáis simplistas.
  • Creo que el peer to peer (programas tipo eMule) es incluso necesario. Suponen un reducto para encontrar material fuera de las grandes oleadas de fast sellers con las que nos invaden continuamente. Además, circula mucho material libre de copyright. En última instancia, es vital para el desarrollo cultural de algunas regiones y países. Algunas páginas de enlaces son también, más allá de un catálogo de enlaces, auténticos templos de cultura colaborativa. Gente que dedica su tiempo libre a ayudar en un proyecto. ¿Tan capitalistas os habéis vuelto que ver un modelo así os hace temblar? Puede que no sean todas las páginas, pero no por eso hay que meterlas a todas en el mismo saco con la etiqueta “ladrones”.
  • Efectivamente, el gobierno tiene que apoyar a los artistas. Pero como ya dije, la industria cultural con es toda la cultura. Y el apoyo a la cultura (no sólo a las industrias culturales) tiene que hacerse mediante políticas culturales sólidas, que perduren en el tiempo y que no las borre de un plumazo el siguiente partido en llegar al poder. Reducir ese apoyo a cerrar páginas que atenten contra la propiedad intelectual es el más flaco favor que se puede hacer a la cultura. Precisamente porque la Constitución (ahora que va a cumplir años) garantiza el acceso a la cultura, existen excepciones a las restricciones del copyright. Cerrar esas páginas podrá ayudar a los poderosos, pero también mata a los débiles. Y si esas actuaciones pueden partir del gobierno y obviar la intervención judicial, nos acercamos peligrosamente a un territorio que está fuera de la democracia.

No todo es blanco o negro. No es una guerra del todo gratis frente al todo pago. Pueden convivir modelos mixtos y se pueden encontrar fórmulas alternativas de financiación. Gillette ya lo hizo. ¿Y si nos sentamos y lo hablamos entre todos, pero reflexionando bien nuestros argumentos?

Y ahora, creo que me he merecido irme de puente. Nos leemos a la vuelta, tahúres.

P.D.: No he puesto un solo enlace. Las pocas cosas que se pueden enlazar están enlazadas en mis anteriores entradas. Y que estoy perezoso, qué leches.

Gobierno y músicos: enroque.

Para bien o para mal, no soy de los que escriben en caliente. Y es que ayer, antes de acudir a mi equipo a colgar la entrada sobre el SIDA que tenía preparada, escuché en la televisión que había una concentración de músicos para reclamar que la música es cultura (lo escuché así). Y la que ha caído desde entonces.

En ajedrez, existe un movimiento llamado enroque, y tiene la peculiaridad de ser el único que viola tres normas del juego: se mueven dos fichas a la vez (la torre y el rey), ambas fichas se cruzan aunque no pueden saltarse la una a la otra, y es la única ocasión el que el rey avanza dos casillas. Cuando he visto que, casualmente, hoy se debatía el anteproyecto de ley sobre economía sostenible, en el que se toca el tema de la propiedad intelectual, me ha venido a la cabeza este movimiento ajedrecístico.

Pero vayamos por partes, como diría Jack el destripador.

Los músicos y trabajadores varios se concentraron bajo el lema La música es cultura, la música es empleo, y lo hicieron ante el Ministerio de Industria. ¿Notáis algo raro? Venga, lo vamos a repasar: los músicos dicen que la música es cultura y por eso van al Ministerio de Industria. Dónde está Coco cuando uno lo necesita. Han redactado un manifiesto y quieren que el gobierno tome medidas porque se ven desfavorecidos ante otros sectores culturales.

Al principio (muy al principio) la manifestación me pareció buena idea, porque Lolita Flores había dicho en Espejo Público que apoyaba a sus compañeros, que habían ido al Ministerio de Cultura (se equivocó) precisamente a reclamar una mejora en la política cultural. Ramón Arangüena comentó que por ejemplo, cuando promocionan cine en el programa, el tráiler de la película lo tienen gratis, mientras que para poner un videoclip les toca pagar. Vaya, parecía que por fin la cosa iba en serio. Luego he visto que no, que era más de lo mismo, de tomar medidas contra la piratería y frenar las descargas.

Las pancartas de la concentración rezaban que la música es cultura y empleo. Y tienen razón. El problema es que no se manifestó la música. Se manifestó la industria cultural discográfica. Las industrias culturales no son las malas de la película per se. Tradicionalmente han sido un gran motor para la distrubución de contenidos culturales. Pero no dejan de ser industrias, que anteponen el beneficio económico al cultural. Las industrias culturales no son la cultura. Pese al miedo que tiene Luis Eduardo Aute, si toda la industria discográfica se fuera de verdad al cuerno, la música no moriría. El problema es que estas industrias nunca recuerdan su singularidad cultural salvo en estos casos.

Otro tema es el de la piratería. ¿A qué llaman piratería? Es cierto que la piratería a gran escala (hablo de una auténtica red destinada a lucrarse a base de copiar CD’s en la que normalmente hay involucradas mafias, y que estos mismos artistas pidieron despenalizar) supone un problema para la industria (siempre la industria, nunca la cultura) y también para artistas poco consolidados. Pero a la vez, la libre difusión de contenidos entre usuarios permite una renovación de géneros y les da visibilidad creadores que no la tienen en los canales convencionales. Así que en primer lugar deberían dejar claro lo que consideran piratería y, de paso, dejar de decir mentiras, ya que el intercambio de archivos entre usuarios (peer to peer) no es ilegal en España, se pongan como se pongan. Afirmar que esas descargas son el problema, la causa de la ruina de la industria discográfica (y la muerte de la música) es una falacia, y no me voy a extender en la complejidad de todo esto, pero en pocas palabras, no se puede relacionar un aumento de descargas con el descenso de ventas de discos.

Así pues, la concentración me deja un sabor agridulce. Más bien agrio. Porque algunos músicos dejaban claro que la SGAE había sido nefasta para la imagen de los artistas y que la concentración era por otra cosa. Pero resulta todos esos músicos están convocados por Promusicae, y parecía otra de lo mismo. La única diferencia es que en lugar de cargar directamente contra los usuarios, han hecho el paripé de quejarse al gobierno. Podrían haberse quejado de verdad. Podrían haber reclamado una política cultural coherente, no la que hay, donde los libros tienen el 4% de IVA, el cine en cambio el 7%, y los discos el 16%. Podrían haber pedido una legislación que evite las concentraciones de grupos multimedia y fomente las pymes y creadores independientes, y no haber ido convocados por una asociación que representa a las principales multinacionales discográficas. Podrían pararse a pensar por culpa de esas multinacionales que buscan a toda costa el beneficio cortoplacista estamos abandonando el concepto de derecho de autor (que contempla conceptos como el derecho moral) y nos pasamos al burdo copyright, que limita los derechos de los autores. Podrían haber pasado lista y ver que entre los asistentes estaban triunfitas de tres al cuarto que además de rebajar el nivel intelectual medio de la concurrencia, vienen de programas por los que ya pusieron esos mismos artistas el grito en el cielo cuando vieron que se podían fabricar cantantes de éxitos como churros y comercializar CD’s a 6€ (y salían cada semana, para desesperación de los autoproclamados artistas de verdad).

Pero que no cunda el pánico, artistas y artistos. El ministro de industria, Miguel Sebastián, no tardó en recibir a Antonio Guisasola (presidente de Promusicae) y a Loquillo y Aute. Y hoy nos encontramos con un anteproyecto de ley, que para sostener la economía contempla la posibilidad de que sea el gobierno, a través del Ministerio de Cultura, quien pueda cerrar las páginas de enlaces sin recurrir a esos incómodos juicios justos que siempre daban la razón a los demandados. Una ley que aún tardará en aprobarse, y que habrá que ver su eficacia. No quiero ser apocalíptico ni excesivamente confiado en este tema. Que un gobierno pueda exigir datos a las operadoras y que éstas tengan que colaborar necesariamente me acojona por la violación de derechos fundamentales que eso supone. Por otro lado, seguro que surgen nuevas formas de evitar esta ley (ya se habla de alquilar los servidores en el extranjero). El concepto de red es lo que tiene: no puedes atacarla porque si destruyes un nodo, toda la información migra a otros nodos.

Sería mejor dejarse de tanta tontería y apostar por nuevas formas de negocio. Es una putada que te digan que tu negocio está obsoleto, lo sé, pero no es el fin del mundo. Existen formas alternativas de financiación. Y a pesar del empeño de estos músicos en que lo queremos todo gratis, servicios como Spotify nos están demostrando otra cosa.

La respuesta en la blogosfera ha sido masiva. Ya está circulando un manifiesto alternativo que está teniendo una difusión sorprendente. Espero que no se queden en esfuerzos dispersos, como ha dicho David Bravo en el 20 minutos [enlace], y esta vez nos organicemos bien.