La letra, con un reality no entra

No suelo ver realities. Cuando estrenaron el primer Gran Hermano en España lo seguí por curiosidad ante la novedad del formato. Y porque tenía 20 años, y no es lo mismo. Por lo demás, me resultan bastante insoportables.

Curso del 63 no es que sea nada del otro mundo, pero me llamó un poco la atención. Supongo que mi lado más sádico y perverso disfruta viéndolas pasar canutas a una pandilla de chonis y modernitos cuando les someten a las supuestas condiciones de disciplina y convivencia del modelo educativo franquista. Y digo supuestas porque evidentemente no pueden reproducirlas con fidelidad. Vamos, que faltan hostias.

No me termino de creer el programa. Los profesores son actores, hasta ahí de acuerdo. Pero los alumnos son excesivamente ignorantes e ingenuos. Ignorantes porque aunque no sean catedráticos de historia precisamente, se llevan las manos a la cabeza ante cualquier norma o arbitrariedad que está fuera de sus esquemas. Ingenuos porque si el vigilante nocturno aparece siempre cuando están armando barullo y saben que están en un reality con cámaras y micros por todas partes, no es difícil darse cuenta de que siempre que intenten algo les van a pillar.

No termino de entender el objetivo del reality. En otros concursos se van eliminando concursantes cada semana y de entre los finalistas uno ganaba y se llevaba una pasta. Aquí no hay expulsiones (al menos por parte de la audiencia), pero si algún alumno es expulsado del centro o decide abandonarlo porque no aguanta la presión, se pone a llorar desconsolado igualmente. No veía nada tan paradójico desde los berrinches de Bustamante por no ser eliminado de O.T. (aunque ahora que lo pienso friamente tiene su lógica).

Creo que ni siquiera Antena 3 se toma en serio el programa cuando el profe de bigotillo falangista está interpretado por Miguel Lago, monologuista de la Paramount. El resto, lo de siempre. Al programa ya le han encargado la etiqueta de experimento sociológico. Así no me extraña que se infravalore a los pobres sociólogos. Al acabar cada emisión toca debate sobre disciplina y educación. Curiosamente, aunque se habla mucho de lo efectivo o no de recuperar algo de disciplina, no se dice si los alumnos realmente están aprendiendo algo o sólo las pasan putas. Eso sí, ya se encargaron de poner en evidencia su incultura en las primeras secuencias en las clases.

Lástima que la familia Alcántara sea ficción. Apuesto a que se les caería la baba con el programa.

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