La insoportable levedad del click

Vanesa se acercó con el vaso de tubo vacío al montón de bolsas y botellas que había junto al banco del parque. Sole estaba ahí sentada hablando con su novio y los amigos del chico. Cruzaron una fugaz mirada cargada de tensión antes de que Vanesa se agachase a buscar el hielo. Cuando se hubo preparado un vodka con naranja, regresó al pequeño grupo del que se había separado.

— …pues sí, se me la he terminado de descargar hoy. Lo que pasa es que está grabada con una cámara dentro del cine y se ve como el culo, tía.— le estaba diciendo Mamen a Sonia, una de sus mejores amigas.

— Joer, es que si no te sajaran tanto en el cine pues nos íbamos a verla, tía. Pero con la paga que me dan mis padres, si me voy al cine no salgo más en todo el finde. Y a ver qué hago yo en casa el sábado y el domingo.

— ¡Ya te digo! — apoyó Vanesa.

— Que esto es una mierda. — continuó Mamen — Luego se quejan los artistas de que nos bajamos las pelis y los discos. Y encima nos han metido la mierda esa del canon. ¡Qué cabrones! Lo que quieren es ganar pasta sin hacer ni el huevo.

— ¡Encima eso! — Vanesa metió baza — Pues eso lo van a quitar pronto, ya verás. Están recogiendo firmas por toda la red. Me llegó por correo hace ya la tira de tiempo. Y ahora están haciendo campaña en el Tuenti, se lo he mandado a todo el mundo. Los políticos nos tienen que oír.

— Sí, tía, es verdad, nos ha llegado lo de la camapaña — convinieron las otras dos.

— Bueno, voy a echarme otro peloti, ahora vengo.

Mamen se acercó al banco de las bebidas. Aprovechando que estaban las dos solas, Sonia interrogó a Vanesa.

— ¿Oye, Vane, que te pasa hoy con la Sole, que casi no os habláis?

— ¿Con Sole? Pues que hace una semana le escribí una poesía en el cuaderno, así en un hueco entre las dos clases ¿sabes? una cosilla que me ocurrió así un poco sobre la marcha…

— Ah, sí, me acuerdo que me la enseñó, estaba chula.

— Pues es que ha cogido y la ha puesto en el blog de su Tuenti, la muy guarra, como si fuera suya, y me ha jodido mogollón.

— ¡Ala, qué zorra! Ibas a ponerla tú, claro…

— No, tía, si yo no la quería subir ni nada. Pero es eso, que si hubiera querido ya la habría puesto yo para que la viera la gente, que no tiene por qué poner nada mío para que lo lean…

Mamen volvía ya con su bebida. El botellón estaba cada vez más animado.

— Tías, que acabo de hablar con éstos y dicen que el finde que viene se van a un concierto. Vale cinco pavos, pero es para sacar fondos y que mejoren las canchas de ahí del parque.

— Yo paso, tronca… — respondió Vanesa de inmediato — Que son cinco pavos…

— Ya, Vane, pero como dice Mamen, que es para fondos y que arreglen las canchas, que están hechas una pena.

— Eso al final no consiguen nada, si es siempre la misma mierda. Que todo eso lo tenía que arreglar el ayuntamiento, que es su obligación. A ver para qué tengo yo que pagarle cinco pavos al grupo, que ya pagamos impuestos para esas cosas.

*      *     *

Vanesa entró a su habitación. El ordenador emitía un zumbido continuo. Lo había dejado encendido cuando se marchó para que el Ares siguiese bajando cosas. Antes de apagarlo, aprovechó para mirar el correo y el Tuenti. Cuando entró en la red social, tenía una invitación a un evento. Era sobre una chica que había desaparecido no muchos días antes, en una ciudad lejos de donde vivían Vanesa y sus amigas. No dudó en aceptar el evento, y de inmediato le reenvió la invitación al evento a todos sus contactos. A los pocos días, la campaña para buscar a la desaparecida se había extendido como la pólvora por las redes sociales, y los informativos de televisión se hicieron eco de esa popularidad y expansión. Varios meses después, la joven seguía sin aparecer.

Allí, sentada frente al monitor, Vanesa se sentía casi eufórica. Era algo parecido al poder, concentrado en la mano que movía el ratón por la alfombrilla, y focalizado más aún en el dedo índice, que con sólo hacer click tenía la capacidad de mover el mundo.

Lo veía claro: la red iba a cambiar muchas cosas. Iba a ser imposible no hacer caso de todas las voces que se unían, de los miles de millones de clicks. Por fin la gente podría unirse, coordinarse, y ya nada podría detenerles. Debería crear un evento para reclamar que arreglasen las canchas. Seguro que daba más resultado que el concierto.

Ya había seleccionado a los contactos a los que iba a enviar el evento de la chica desaparecida.

Situó el puntero sobre el botón de enviar.

Hizo click.

2 pensamientos en “La insoportable levedad del click

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Un click es poderoso en un mundo donde todo se reduce a mensajes en un blog, amigos en redes sociales, drogas que comen el cerebro y la falta de empeño en unos jovenes que viven sin vivir cada dia mas.

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